En cada Asamblea Comarcal, de Cordillera, en los parajes y localidades afectadas por el fuego, se reclama una y otra vez al Estado que contemple los daños al ecosistema, no sólo las casas o el ganado quemado, los bienes arrasados… cada poblador está muy afectado por lo que ya es ceniza, más allá de su propiedad, de sus bienes materiales… y esto es porque el Amor al Bosque es una labor delicada y constante, ese amor y ese respeto hacen que cada proyecto de vida se construya despacio, lentamente, dando lugar a que avancemos en equilibrio. Esa construcción reflexiva es constante, incansable, tan valiosa que duele más.
En Argentina, este sentido único e inseparable en nuestro corazón rural, es atravesado por una división histórica que remite a un concepto rudimentario de territorio y habitantes… Bosques pertenece a Nación, Tierras a Provincias. Y por ambos lados se establecen circuitos burocráticos y perjudiciales para nuestra soberanía. Negligencias, falta de previsión y desamparo desde Nación en Parques Nacionales por un lado. Irregularidades y eterna entrega a extranjeros, desde Provincias. Pobladores históricos con derechos de ocupación precario, con cada vez más requisitos para negar la documentación patrimonial correspondiente, cambios y revisiones en la ley de tierras a merced de conveniencias extractivistas. Por mencionar algunos puntos álgidos que generan un gran riesgo de desalojo y continuidad de injusticias.
Parece una situación local, en la base de cada cerro, en los refugios de montaña, al lado de los lagos… sin embargo cuando más 50 mil hectáreas son arrasadas, dimensionamos nuestra realidad con el peor de los pronósticos. Si nos detenemos a observar los mapas y las grandes áreas quemadas, quienes vivimos aquí sentimos la muerte misma atravesando cada especie, volvemos a oír en eco, una y otra vez, el rugir de las llamas, la fauna sin salida, los árboles rindiéndose, la medicina extinguida, las motosierras cortando más bosque para trazar cortafuegos, los gritos, las órdenes, el silencio desolador… ese es el que permanece, ese sentimiento que nos enmudece para no quebrarnos y reponernos una vez más.
Como todos los años, constantemente los pobladores han alertado sobre posibles próximos focos en procura de que las autoridades locales y provinciales tomaran medidas de prevención eficaces. El profundo conocimiento del ecosistema y sus variantes en disponibilidad de agua, el estudio permanente de riesgos en función de los recorridos sobre el territorio, el asesoramiento y preparación autogestivos, la noción del panorama meteorológico en época invernal que condiciona a la época de calor, son puestos a disposición para ser atendidos a las entidades del estado en procura de colaborar y favorecer su tarea. Una y otra vez ignorados, sin respuesta ni atención. Aunque son los informes oficiales los que luego muestran estos datos. Los alertas de sequía y riesgo de incendio se contraponen a los proyectos turísticos, que se intentan no detener, a pesar de que las condiciones no están dadas a veces ni siquiera para transitar por ruta. Es difícil comprender que se fomente el turismo y las fiestas tradicionales de fruta fina y cerveza en los mismos lugares incendiados, donde los productores han perdido todos estos recursos… frambuesales, lupulares, etc. Sin embargo los centros turísticos que ahora nuclean las empresas extranjeras, se convierten en un festival para ponderados y exclusivos, a la par que la habilitación de cateos a mineras, emprendimientos inmobiliarios y manejo irregular de fondos avanzan.
“Sabíamos que iba a pasar”
En 2025 el incendio de la localidad de Epuyén, en Chubut, tardó 3 meses en ser controlado, luego de una devastación enorme en su extensión. Al día de hoy gran parte de la población damnificada no sólo no ha contado con el resarcimiento económico indicado según sus pérdidas patrimoniales, daños morales o implicancias en salud, sino que además, en el incendio de este año, iniciado el 5 de enero de 2026, han vuelto a sufrir la situación de incendio. Situación que se ha extendido a más pobladores y a más territorio.
Si bien estos incendios se han ido intensificando y avanzando rápidamente por la sequía, y las condiciones meteorológicas de viento y calor inusual, como cada vecino relata en su testimonio “sabíamos que iba a pasar, sabíamos de la sequía, lo venían anunciando”.
La zona ígnea y de estrago contempla también la localidad de El Hoyo, donde el fuego comenzó con un foco mínimo iniciado en Puerto Patriada el día 3/1/26 y al día de hoy se extendió incontrolablemente pese a los esfuerzos de brigadistas y vecinos hacia Epuyén, El Pedregoso, Villa Riv adavia, Futeflaufquen y Cholila. Estamos hablando de más de 15 mil hectáreas arrasadas por el fuego que incluyen zona poblada de interfase y bosque nativo sólo en este sector comarcal de la provincia de Chubut. Por otro lado, el incendio controlado de diciembre de Parque Nacional los Alerces se reactivó hacia el 9/1/26 llegando a unas 40 mil hectáreas afectadas.
En Parque Nacional Los Alerces las instituciones oficinales como Parques Nacionales repiten una y otra vez, simplemente que la causa fue por “un rayo”, incumpliendo en contemplar o explicar los motivos por los cuales se disemina con tanta rapidez o se tarda en operar profesionalmente con medios aéreos para contener y sofocar rápidamente. Los monitoreos permanentes permitirían este tipo de abordaje rápido y necesario. Razón por la cual, entre otras, los pobladores del parque han denunciado la incompetencia, falta de previsibilidad y falta de decisión frente a esta grave problemática. También los vecinos de todas las zonas afectadas han planteado además de la negligencia y el desamparo por parte de organismos locales y nacionales que, cuando ocasionalmente participan activamente o en sus directivas, estas han sido insuficientes y entorpecen la acción conjunta con la comunidad o bien abandonan la situación en pleno incendio. El recambio de brigadistas, su alimentación y asistencia médica, son sostenidas organizadamente por voluntarios, por la comunidad.
Finalmente la Asociación de Vecinos Pobladores de Parque Nacional Los Alerces logró a través de la fiscalía descentralizada la Intervención del Parque, removiendo la administración y autoridades denunciadas. Estas intervenciones también son cuestionadas cuando se tiene que llegar a semejante estrago para que se concrete. El Alerzal milenario, sostén de toda la fauna autóctona y la medicina natural ha sido destruido casi en su totalidad, y esa desolación es irrevocable.
Dimensionar las consecuencias de este estrago deriva en otro gran apartado. Como año tras año a largo de Chubut, Río Negro, Tierra del Fuego y la Pampa se repite la situación, ya se están viviendo las consecuencias tanto en salud física como psicológica, la cuestión sanitaria, el empobrecimiento, así como también aunque se niegue públicamente el destino nefasto de mucho territorio, del patrimonio argentino que consiste en ventas ilegales, reformateo de la geografía del lugar, cierre de accesos a sectores que abastecen de agua a la población y el ganado, pérdidas irreparables, mal manejo de los fondos destinados a subsanar los daños, ordenanzas de urbanización rápidas, celeridad de emprendimientos de firmas extranjeras.
La emergencia es una situación no sólo de riesgo sino de peligro real y peligro extremo. El número de accidentados y en ocasiones gravemente heridos, con secuelas de por vida e incluso muerte, debe considerarse como la pérdida mayor… sin posibilidad de enmendarse. La situación de trauma colectivo, basada en el desamparo y desesperación, por el avance y encierro del fuego es irreparable, tanto como la devastación del lugar. Las demandas por abandono de persona, personas damnificadas que no son contempladas por organismos oficiales, quedan sin respuesta o en una falsa promesa de la boca misma de los intendentes y gobernadores recorriendo ciertos lugares. Las comunas y las asambleas son las que se hacen cargo de amparar a pobladores ancianos, madres con niños traumatizados.
La resistencia
La comunidad amplía su potencial a través de redes que actúan rápidamente y voluntariamente, como por ejemplo RED MICELAR (de atención en situaciones de emergencias), Centros Culturales al servicio de infancias y colaboración con la logística solidaria como Centro Cultural Galeano de El Bolsón, Centro Cultural Antu Quillen de Eputén, que convocan a artistas y festivales solidarios que permiten una pronta reconstrucción de casas de al menos las familias más afectadas. Ni hablar de las brigadas forestales autogestivas, grupos de comunicación y dinamización de donaciones de equipamientos y alimentos, Centro operativos como CEA3, y todos los lugares de refugio para curación y tránsito de animales. Este espíritu colectivo que se enciende tiene también cada vez más alcance porque encuentra formas viables y coherentes de llegar a las autoridades, aunque sin depositar la confianza en ella por la reincidencia en la falta de abordaje efectivo.
Año tras año se trata de recomenzar o desistir, pero cada vez con más solidaridad externa y de la misma comunidad cordillerana, con el asecho constante de los Municipios que insisten en rediseñar y urbanizar lugares que son de patrimonio privado, designando cambios arbitrarios en la ubicación de vecinos, reduciendo áreas pobladas, privatizando accesos y rediseñando la geografía del lugar a favor de los grandes empresarios de la zona que son quienes también fomentan un turismo sinrazón, irresponsable e indiferente. Un ejemplo tangible ha sido el caso de la zona de ANPRALE Lago Escondido, una privatización encubierta tras los incendios de la zona productiva y de reserva de Mallín Ahogado, El Bolsón, Río Negro. Lo cual representa la conveniencia económica para sectores mínimos y un peligro para la mayoría los pobladores históricos del lugar, presionados constantemente para vender o retirarse de la zona.
La población afectada, al contrario de lo que insinúan las autoridades, concejales e intendentes, no atenta contra el desarrollo de la provincia, sino que no es posible creer que el sector no afectado directamente por el fuego puede seguir su marcha como si nada sucediera, y seguir promoviendo un turismo que termina provocando más riesgo de incendio en la zona. Turismo al que los pobladores denominan “inconsciente” o “irresponsable” o “turismo arrogante”.
La pérdida de nuestra soberanía
Las áreas afectadas, muchas de ellas áreas “protegidas”, están siendo ocupadas por magnates lindantes, como sucede en zonas cercanas a lagos y glaciares. Estos magnates van comprando o acordando con autoridades locales para no ser intervenidos. En general los intendentes se perpetúan en el cargo año tras año, o se van y vuelven, y a la larga se va consolidando un patrimonio mafioso, o feudo, donde todo está bajo el dominio de los magnates para quienes trabajan. La nacionalidad de esos magnates nunca es argentina, pero sí se consolida a través de representantes de la política argentina. Supuestos inversionistas que recorren y se reparten las mejores áreas en recursos del país.
En qué deviene todo esto… en qué devino… en la pérdida total de nuestra soberanía, en el incumplimiento de los acuerdos internacionales de protección de la biosfera, en la utilización de la ley para cubrir a empresas devastadoras y contaminantes, en la persecución constante a quienes defienden y promueven las garantías constitucionales. Del lado de los intereses imperantes, quienes tratan de hacerse respetar y colaboran entre sí pasan a ser catalogados como terroristas, cómplices contra la autoridad, lejos de ser amparados y fortalecidos en sus ideales y en sus acciones. La amenaza de vida es contante. La observación permanente.
Existen informes técnicos donde se demuestra cómo el avance de especies exóticas, principalmente pino y rosa mosqueta, generan un tipo de foco explosivo y aceleran el ritmo del incendio. Se suma que su sobrecrecimiento termina aplastando de por sí al bosque nativo nuevo, que resurge lentamente luego del fuego. Estas especies de pino absorben mucha más cantidad de agua y acidifican el suelo por lo que su rápido avance tiene un efecto de alto riesgo. Luego de los incendios, los municipios no se han encargado de limpiar los pinos quemados que han quedado en pie, grandes extensiones no abordadas por medioambiente, lo que genera una facilitación de la propagación de un nuevo foco. Esto es año tras año. Mientras los pobladores afectados intentan por sí mismo la reconstrucción de sus viviendas y la comunidad viabiliza solidariamente los medios y colabora para que los afectados puedan tener un techo antes del siguiente invierno.
Territorialidad
La interfase es la porción del territorio donde comulgan los pobladores y el bosque nativo, en una convivencia que procura ser protectiva y no de uso abusivo del recurso natural que sustenta la posibilidad de la vida. Esta franja respetuosa de los ciclos naturales y su transformación convive a diario en la participación y el sentido del territorio no como “propiedad” sino como “pertenencia”.
La Territorialidad como sentido de relación con el ambiente que habitamos no es lo mismo que el Territorio. Como derecho se establece una identidad individual y colectiva donde se es y se está, y la manera de ser y estar es lo que nos da la referencia del bosque como “Hogar”.
En esta contención mutua es que se construye cada comunidad, a diferencia de lo que llamamos sociedad. En esta comunidad existen rasgos y formas que se convocan y se conservan como si fuéramos pilares nutricios, reservas verdaderas donde la referencia principal es el equilibrio, no el progreso que lo sacrifique. Entendiendo también que ese equilibrio es móvil y movilizante en un contexto mayor, pero que en este estado de pertenencia y permanencia da tiempo a discernir antes que elegir qué cambios asumir y cuáles no asumir, proponiendo siempre la salvedad de este Hogar Natural que nos recibe y que nos condiciona.
El desgaste se siente, el desaliento también. Pero hay una característica comarcal que revitaliza todo, que cura las heridas o que nos hace continuar aunque sangremos… los vecinos todos somos nuestras manos… no tenemos grandes maquinarias… “tenemos manos fuertes, tenemos el corazón en las manos… Cuando les cocinamos, cuando hachamos, cuando esquilamos, cuando estamos con los nietos… y les enseñamos y estas manos que tenemos nos están salvando así…”
Publicado por Río Bravo el 7 de febrero de 2026.






