El pasado 26 de diciembre de 2025, cuando hacia unas horas terminábamos el brindis de navidad, en el senado de la nación, hoy “el pesebre del oficialismo”, nacía el presupuesto 2026. Y, como todos sabemos, en un pesebre existen diversas figuras: el papá, la mamá, los reyes magos, ovejas, bueyes y burros.
Este nuevo presupuesto, es presentado por quienes integran ese pesebre, hoy el senado, como “un punto de inflexión donde los ciudadanos son protagonistas de la decisión de que Argentina vuelva a creer en sí misma". Lo defienden no solo como una herramienta económica, sino como el punto de partida para una Argentina diferente.
Esta ley en todo momento nombra el famoso equilibrio fiscal. Reconoce que los tiempos son difíciles, pero sostiene que el esfuerzo actual tiene sentido porque el cambio impulsado por el gobierno ya se siente en la vida real y restaura la fe en el futuro.
El nacimiento del presupuesto fue una sesión con fuertes cruces y debates acalorados, donde las ovejas hacían ¡meeee!, los burros rebuznaban y los reyes magos ofrecían regalo con el moño de ATN, o sea “con la nuestra”.
Al final, el nacimiento del presupuesto conoció luz como a las 22 hs. del 26 de diciembre de 2025. En los balcones del senado estaban los sonrientes reyes, exhaustos de tantos regalos realizados en tan poco tiempo, aunque regalos que no son más que “la tuya, la de todos”.
La votación quedó en 46 votos a favor, 25 en contra y 1 abstención. Con esto, la aprobación del artículo 30 trasciende lo meramente presupuestario para constituir una redefinición estratégica del rol del Estado. Al derogar los pisos mínimos de financiamiento para educación (6% PBI), ciencia y tecnología (1% PBI) y educación técnica (0,2%). Se desmantelan consensos legislativos planificados a largo plazo que entendían a estas áreas como inversiones estratégicas para la soberanía y el desarrollo. Este movimiento intercambia seguridad jurídica y planificación de Estado por la discrecionalidad anual del presupuesto, subordinando el futuro productivo y educativo a la volatilidad política y fiscal, o en el peor de los casos a algún “Donald Braden” que venga a imponer sus recetas en base a las necesidades de su imperio.
Así como a ese niño nacido en Belén hace unos 2000 y pico de años lo llamaron Jesús, este ajuste también tiene nombres y apellidos, los cuales se inscribieron (con tinta importada) en el artículo 30, desprotegiendo y precarizando derechos y herramientas fundamentales para la mayoría de los argentinos. Este articulo 30, deroga leyes que garantizaban, aunque mínimamente, un financiamiento previsible para la escuela pública (ley 26.206), para los científicos que investigan (ley 27.614) y para la formación de técnicos que el país necesita (ley 26.058). De esta forma se cambian compromisos de Estado a largo plazo por promesas de gobierno que no son más que politiquería de propaganda estilo Goebels, dejando de lado la posibilidad concreta de una argentina educada, innovadora y con industrias competitivas.
El ajuste estructural reside en el artículo 30 de la ley de presupuesto, como ya se mencionó, que actúa como una cláusula derogatoria expresa de principios financieros clave, o sea, traducido en criollo: quita plata/ recorta guita. Elimina la meta del 6% del PBI, el horizonte de planificación del sistema, que, si bien no se alcanzó desde hace una década, sí tuvo porcentajes que se acercaban a la meta propuesta. En cuanto a ciencia, tecnología e innovación, suprime la escalada progresiva hacia el 1% del PBI que debía alcanzarse en 2032, lo cual es un retroceso tan histórico como los aplausos y rebuznos que se oían desde los balcones del senado. La educación Técnico-Profesional, o sea las escuelas técnicas y agro técnicas, quedan sin el piso mínimo del 0,2% del presupuesto nacional que contribuía, principalmente a la formación de mano de obra calificada.
¿Qué significa en la práctica el artículo 30?
“En criollo”, esto significa que los proyectos que dependen de plazos largos, como la construcción de una escuela técnica, la beca para una especialización, el desarrollo de un satélite o la compra de un radar, pierden su continuidad, o sea, no se destruye automáticamente, pero no se pone plata en eso y por ende se interrumpe la cadena de planificación, lo cual hace que el planificado desfinanciamiento haga su trabajo de “desmantelamiento por desfinanciación”. Un docente no puede saber si habrá fondos para insumos, un investigador si su equipo se renovará, un industrial si encontrará técnicos calificados. Se cambia inversión de largo plazo por gasto cortoplacista, hipotecando el futuro para hacer creer que se administra austeramente el presente y obviamente tirando la culpa de todos los males a los anteriores gobiernos como si fueran una especie de “poncio pilato” de la política y a su vez, ratificados por los “cuatro evangelios” que vendrían siendo los periodistas que se encargan de decir gansadas para que su público bale o rebuzne y actúe como tal.
Es realmente preocupante, sobre todo porque hay burros que festejan, ovejas que balan por balar y bueyes que, a cambio de algunos regalos de los reyes, cambiaron su mugido, aunque siguen luciendo con orgullo su cornamenta fabricada en argentina, pero al servicio de sus gringos pastores.
Publicado por Río Bravo el 29 de diciembre de 2026.






