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Sábado, 10 Julio 2021 21:45

Para el pueblo lo mejor

Escrito por Leandro Gillig

Gracias por otra hazaña colectiva.

La selección argentina de fútbol ganó la Copa América frente al local Brasil, en el estadio Maracaná, después de 28 años sin títulos para la selección mayor, una alegría absolutamente necesaria que llega en un contexto muy complejo: nada más ni nada menos que una pandemia mundial que se llevó miles de vidas y costó grandes sacrificios en todo el mundo.

Una gran parte de nuestro pueblo festeja, se desahoga, está feliz y agradecido, felices por nosotros y por muchos de estos jugadores que padecieron tantas críticas despiadadas de los mercaderes de los medios.

Y nosotros partimos de la premisa de que la felicidad es colectiva o no es. Por eso, más que nunca, se hacen necesarias algunas palabras que expliquen este estado de gratitud y felicidad.

Seguramente para quienes piensan que ganar es una obligación, que no existe otra cosa, tal vez esta victoria no les parezca tan importante, ni una hazaña, ni nada; para ellos, ganar debe ser algo tan natural como respirar.

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Quienes lo valoramos de otra forma, somos conscientes de lo difícil que es ganar un torneo donde juegan 10 equipos y sólo gana uno.

Y como si fuera poco, ganarle la final a un Brasil que con Tite como entrenador no había perdido partidos de local.  Y sabemos, aunque algunos se enojen, que Tite y este Brasil son de los mejores.

Más allá de los cantitos que a todos nos gustan y el folclore sabemos lo difícil que es, y estamos agradecidos. Sabemos que, hasta antes de esta final al menos, lejos estábamos de ser el papá de Brasil, de hecho la última final que la selección Argentina le había ganado a Brasil fue en 1937, después perdimos en 2004, 2005 y 2007,  claro que en el medio hay partidos muy recordados como el del mundial Italia 90 con Diego Gardel Maradona y su Lepera personal, Claudio Caniggia. Por eso la hazaña de los Messi y Di María cobra más relevancia.

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Quizá quien piensa que al rival se lo achica con un par de patadas y un poco de actitud tal vez no valore lo suficiente la victoria de la selección, pero la mayoría estamos felices y agradecidos porque entendemos que hacer jugar mal a Brasil tiene un mérito enorme, y al que piensa que con un par de patadas basta para que el rival sienta miedo, que mire el partido de Neymar y de inmediato comprenderá que lo de intimidar al rival con patadas es un consuelo amateur.

Seguramente algunos muy cómodos, desde un sillón en su programa de la tarde, dirán que para los jugadores es un deber dar la vida por la camiseta. Tal vez a estos tipos no valoren o no les llame la atención ver a un jugador arriesgar su integridad física y jugar con el tobillo sangrando como Messi y Montiel o recuperarse en una semana de una distensión de ligamentos como Cuti Romero, y ni hablemos del esfuerzo mental de estos jugadores, aislados, sin ver a sus familias (algunos de ellos fueron padres en estos días) y que priorizaron seguir en el plantel de la selección. Se lo agradecemos. Yo en particular –que cuando refresca un poco les digo a mis compañeros que no le peguen tan fuerte a la pelota porque “quema”– les agradezco el esfuerzo.

Y le agradecemos a los defensores que les tocó marcar a estos cracks con lo difícil que es, porque el que tiene la pelota tiene las de ganar y el defensor tiene las de perder y ellos la tuvieron mucho y son buenos de verdad. Hasta el arquero Ederson, que ni siquiera se le mueve un pelo cuando lo presionan con la pelota en los pies y sale jugando, como si nada.

Y le agradecemos al Dibu Martínez, porque sabemos que atajar en la selección es algo un poquitito más complicado que decirle un par de palabrotas a unos fulanos. Eso lo hacen todos se los aseguro, pero atajar 3 penales en una semifinal lo hacen sólo unos pocos.

Y estamos felices y le agradecemos a Lionel Scaloni, que primero armo un equipo y después lo trajo a Messi para que se sume, porque con la del Messias no había funcionado, porque el colectivo es la base.

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Quizá a muchos nos queda la espina de pensar que la selección no se lució como nos hubiera gustado, pero también sabemos que el rival juega y acá nos enfrentamos a rivales de primer nivel que también intentan imponer condiciones y hay momentos de los partidos en los que hay que NEGOCIAR: negociar el control de la pelota, negociar la presión, negociar el desgaste físico, si achicamos para adelante o para atrás, entre otras cosas y eso no implica claudicar en todo, simplemente, como en la vida, requiere reconocer que hay un OTRO, un otro que existe, que también juega y que también tiene jerarquía y en todo caso de lo que se trata es de en un proceso construir algo que nos permita estar en mejores condiciones a la hora de negociar, al momento de reconocer al otro que también juega. Pero esto ya forma parte de un debate más profundo vinculado a la estructura de nuestro fútbol.

Hoy entre tanta pálida, y con el Diego como jefe espiritual futbolístico, nos toca festejar un rato y agradecer.

Publicado en Río Bravo el 11 de julio de 2021

Modificado por última vez en Domingo, 11 Julio 2021 16:15

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