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Jueves, 07 Octubre 2021 19:00

Obreros rurales, una historia de conquistas y derechos violentados

Escrito por Lucas Milocco
Obreros rurales, una historia de conquistas y derechos violentados La imagen pertenece a la ilustración de tapa del libro "De patrones y peones", de Sebastián Premici, realizada por Mora Sarquis Adamson.

El Día del trabajador rural conmemora el primer Estatuto del Peón, la norma que cambió las relaciones laborales en el campo. Para los obreros rurales significó una conquista por la que desde décadas venían luchando, derramando su sangre y sacrificando sus vidas. Inmensa es la historiografía al respecto. Pero hoy, más que la celebración se impone la defensa de una Ley que nació, entre otras cosas, para erradicar el trabajo esclavo rural, aún moneda corriente entre los grandes ruralistas y empresarios del campo.

El 8 de octubre se celebra el Día del Trabajador Rural. La fecha conmemora la firma del Decreto 28.169, primer Estatuto del Peón de Campo, un importante avance para los obreros rurales y el campesinado pobre de la época.

La norma fue impulsada por el entonces secretario de Trabajo y Previsión de la Nación, Juan Domingo Perón. Este estatuto cambió lo que, hasta entonces, era el trabajo rural en las estancias argentinas.

Si se mira para atrás del 8 de octubre de 1944, el horizonte de la historia se dilata como la misma llanura. No hace falta, ahora, abundar en detalles sobre lo que ya se ha denunciado sobre el padecimiento de los más pobres del campo; pero para hacernos una idea de aquella situación de explotación laboral, sólo al inicio del siglo pasado (1921), vale hacer referencia a dos rebeliones obreras en las grandes estancias, que marcaron la historia argentina para siempre, por su crueldad inhumana: una en el sur, protagonizada por lo peones en los acontecimientos que pasaron a la historia como la Patagonia rebelde, principalmente en Santa Cruz, en los latifundios de la oligarquía lanera; y otra en el norte, la lucha de los obreros del tanino contra el imperio de La Forestal, con epicentro en la provincia de Santa Fe. Tanto en una como en otra, fueron miles los obreros asesinados con la excusa de “poner en vereda a los extremistas”.1

"...Y esa gente ¿qué come? ¿De qué manera se trata? ¿Qué salario se le abona y qué ganancia produce a los habilitados y a la empresa? Contestar a esto es revelar una serie de crímenes… Hagámoslo..."

AguasBajanTurbiasDelCarril

Hay, también, otra historia, la de la vida de los mensúes en los yerbatales misioneros, a la que alude Horacio Quiroga abundantemente en sus cuentos. O la que describe el periodista Alfredo Varela en su novela El rio oscuro (de 1943), adaptada y llevada al cine luego por Hugo del Carril, con el nombre de Las aguas bajan turbias. En la novela de Varela se desarrolla lo que el anarquista español radicado en Paraguay, Rafael Barret, denunció en su artículo “Lo que son los yerbatales paraguayos”, publicado en El Diario de Asunción en 1908: “Sumad el ejército de los mensualeros, atacadores de mboroviré (N. de la R.: yerba canchada), troperos de carreta, picadores, boyeros, expedicionarios desprovistos de lo más preciso, obligados a cruzar desiertos y pantanos interminables; chateros a quienes se paga por viaje de un mes y que regresan, entorpecidos por las sequías, después de tres o cuatro meses de combate aguas arriba, con el pecho tumefacto por el botador (…) Y esa gente ¿qué come? ¿De qué manera se trata? ¿Qué salario se le abona y qué ganancia produce a los habilitados y a la empresa? Contestar a esto es revelar una serie de crímenes… Hagámoslo”.2

El devenir del Estatuto

El Estatuto del Peón de Campo, promulgado con el Decreto 28.169 el 8 de octubre de 1944, fue el resultado de largas décadas de lucha y estableció algunos avances por los que los obreros rurales habían derramado su sangre y sacrificado sus vidas, sus familias y porvenir: vacaciones pagas, salario mínimo, descanso dominical obligatorio, el pago en moneda nacional y no en especias, el alojamiento en condiciones mínimas de higiene y la asistencia médica, entre otras. Por primera vez se reconocieron los derechos laborales básicos a los trabajadores del campo, dignificando su labor y asegurando un salario.

La situación del peón en el país es de extraordinario desmedro para los hombres que trabajan en el campo. La Constitución del '53 abolió la esclavitud, pero lo hizo teóricamente porque no es menor la esclavitud de un hombre que en el año 44 trabajaba para ganar 12, 15 o 30 pesos por mes.

EstatutodelPeonEl Decreto 28.169 fue ratificado por la Ley 12.921, promulgada en junio de 1947. Luego se complementó con la Ley 13.020, que reguló el trabajo de cosecha y creó la Comisión Nacional de Trabajo Rural, un espacio paritario donde negociar salarios y condiciones de trabajo. Al respecto, el mismo Perón diría: “Este estatuto tiende a solucionar posiblemente uno de los problemas más fundamentales de la política social argentina. La situación del peón en el país es de extraordinario desmedro para los hombres que trabajan en el campo. La Constitución del 53 abolió la esclavitud, pero lo hizo teóricamente porque no es menor la esclavitud de un hombre que en el año 44 trabajaba para ganar 12, 15 o 30 pesos por mes. Y esa es la situación del peón. Se encuentra en una situación peor que la del esclavo, porque a éste el amo tenía la obligación de guardarlo cuando viejo, hasta que se muriera; en cambio al peón, cuando está viejo e inservible le da un chirlo como al mancarrón para que se muera en el campo o en el camino. Es una cuestión que ningún hombre que tenga sentimientos puede aceptar. Yo sé que el Estatuto del Peón ha sido, es y será resistido, pero sé también que ha sido, es y será indispensable establecerlo”.

Como es sabido, la última dictadura militar barrió con todo lo que pudo en materia de derecho laboral. Con la Ley 22.248, se aprobó el Régimen Nacional del Trabajador Agrario, dictado el 10 de julio de 1980. En su artículo 4, esta Ley deroga el Decreto-Ley 28.169/44 y la Ley 13.020 entre otras.

Pasaron 30 años para que recién en 2011 se dictara el Nuevo Estatuto del Peón Rural, con la Ley 26.727 publicada el 28 de diciembre de ese año. Con la nueva normativa, no sólo se recuperaron las conquistas pasadas, sino que se establecieron otras nuevas como: la reducción de la edad jubilatoria a 57 años; la limitación de la semana laboral a 44 horas y el descanso de 35 horas entre sábados y domingos; el pago con recargos de las horas extras; la ampliación a 30 días de la licencia por paternidad; la reglamentación de las condiciones de habitación, alimentación, higiene y seguridad, abarcando también a los trabajadores temporarios; la creación de la figura del trabajador permanente discontinuo, posibilitando la estabilidad en el empleo.3

Pisa la tierra, duerme negrito

Es importante recordar el 8 de octubre por la gravedad de la misma historia que le precede, pero lo es también por la descarnada realidad presente. En un simple recorrido de noticias actuales y del pasado reciente, se puede visualizar lo mucho que queda por recorrer para lograr que se respete la dignidad y la vida de muchas familias rurales, campesinas, obreras. Veamos algunos ejemplos.

El 14 de junio de 2021, la revista digital de difusión científica Periferia (http://www.periferiaciencia.com.ar/), publica una denuncia que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) hiciera en redes sociales sobre el trabajo de niños/as en campo, en el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, propuesto por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la ONU.4

...oculta muchas veces bajo la máscara de la cultura del esfuerzo, hasta la más atroz explotación suele ser embellecida por los más pudientes dentro de la actividad agropecuaria.

Según resalta el INTA, “206.635 niños y niñas de 5 a 15 años trabajan en zonas rurales. Allí, el 19,8% de los niños y niñas realizan al menos una actividad productiva. Todo esto se desprende de los resultados de la última Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), elaborada por el INDEC junto a la Secretaría de Gobierno de Trabajo y Empleo en 2018. Considerando el porcentaje de niños y niñas que hacen al menos una actividad productiva, el trabajo infantil en el agro afectaría a casi 41.000 chicos”. Y es que  muchos productores agropecuarios aprovechan la rentabilidad monetaria de contratar menores de edad.

TrabajoInfantil

Por supuesto que esto está penalizado y prohibido por las leyes vigentes, pero oculta muchas veces bajo la máscara de la cultura del esfuerzo, hasta la más atroz explotación suele ser embellecida por los más pudientes dentro de la actividad agropecuaria. Ante aquella denuncia del INTA, el agro-diputado por la provincia de Buenos Aires, Luciano Bugallo (de Juntos por el Cambio), sostuvo por redes que “es puro verso ideológico”, porque "para los vagos que nunca laburaron, todo trabajo es explotación". A este dirigente rural se lo recuerda por el “tractorazo” y por la organización “Campo + Ciudad”, pancarta que flameó en muchas protestas oligárquicas.

Lo que no dice Bugallo es que es una cosa muy distinta vivir la experiencia como  hijo de patrones, de los propietarios del campo o de una explotación agropecuaria, como niños que “esperaban los fines de semana” para ir a jugar a los farmers, que aquellos niños que forzados por las carencias familiares más básicas, acompañan a sus padres a la cosecha de yerba mate o arándano, muchas veces dejando la escuela, sin poder esperar el feriado como los Bugallo, que no tienen que preocuparse cada día por el plato de comida y llevan una vida llena de comodidades.

“¿Quién quiere cobrar?”, pregunta el capataz

En este relevamiento de noticias, otro caso emblemático es la breve crónica siniestra que tuvo lugar, hace nueve años, en una explotación forestal del departamento Colón, en nuestra provincia. El hecho fue recordado en diario UNO el martes 15 de Junio de 2021, tras conocerse la sentencia de los responsable.5

el obrero, oriundo de la provincia de Misiones, había sido hospitalizado por una fractura de húmero, que había trabajado en un desmonte en condiciones precarias por más de dos meses y que, al reclamar su salario, recibió una golpiza por parte del encargado del lugar”.

Todo comenzó en agosto 2012, cuando un obrero fue internado en el hospital de San José, tras sufrir una grave lesión. El hombre, “mientras estuvo internado esperando la cirugía, le contó lo que le había pasado a una empleada del nosocomio”. Tras horrorizarse por lo ocurrido, la mujer “puso el hecho en conocimiento de la presidenta de la Asociación Civil Yanina, Claudia Munilla, quien envió un mail a la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Damnificadas por el Delito de Trata”.

El CapatazSegún relata la publicación “el obrero, oriundo de la provincia de Misiones, había sido hospitalizado por una fractura de húmero, que había trabajado en un desmonte en condiciones precarias por más de dos meses y que, al reclamar su salario, recibió una golpiza por parte del encargado del lugar”. Tras reclamar el pago de los jornales adeudados, el capataz le preguntó: “¿Vos querés cobrar?”, y seguidamente lo atacó con un tronco.

Cuando el personal de Prefectura Naval Argentina realizó las tareas de observación, informó que “la explotación forestal donde el joven lesionado trabajaba se encontraba en Ubajay, Colonia Mabragaña” y que “durante el tiempo que trabajó allí fue alojado en un edificio abandonado, una excomisaría, en las cercanías de la Escuela N° 27”. Prefectura también observó que “había más personas trabajando en el lugar, sin agua, sin luz, sin condiciones de higiene y seguridad mínimas”.

Ante esto, la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (UFASE), llevó las actuaciones ante el Juzgado Federal de Concepción del Uruguay, que ordenó el allanamiento al lugar. Cuando “los uniformados llegaron al campo ubicado en cercanías de la Escuela Mariquita Sánchez de Thompson, a unos cinco kilómetros de la ruta nacional 14, en el paraje denominado Humaita (…), junto al personal de la Oficina de Rescate de las víctimas de trata, constataron la explotación de eucaliptos y halló a nueve personas, víctimas de explotación laboral, una de ellas de 17 años. Además, se identificó la vivienda donde residían (la ex comisaría abandonada), como así sus deplorables condiciones de habitabilidad e higiene: sin puertas ni ventanas, con techos semiderruidos, sin sanitarios, agua potable y electricidad”.

Según un testigo del procedimiento “el lugar carecía de condiciones mínimas de habitabilidad y de refugio contra las inclemencias climáticas. No tenían baños ni sanitarios, y hacían sus necesidades en el monte. No tenían en el lugar agua potable para su alimentación e higiene. No tenían luz eléctrica. No había forma de refrigerar y conservar los alimentos. ‘Hacían charqui con la carne’, dijo. No tenían cocina y debían preparar su comida (que el patrón les descontaba de la paga) a la intemperie, con leña”.

Empresarios absueltos

A los poderosos del campo no los afecta la Ley. Otra muestra fue el caso deleznable de los hermanos Percara, “allegados al exministro de Agroindustria del gobierno de Mauricio Macri, Luis Miguel Etchevehere. Uno de ellos, Gustavo, estuvo en la primera línea del grupo de productores que defendió los intereses de la familia aristocrática entrerriana en la disputa por la Estancia Casa Grande, en Santa Elena, cuando estuvo ocupada por Dolores Etchevehere y el Proyecto Artigas”.

"...los trabajadores (eran) alojados en un colectivo viejo y un tráiler adaptado con camas cuchetas para dormir”. “Durante el día, las víctimas debían realizar tareas vinculadas a la poda y/o raleo de eucaliptus en jornadas de hasta 10 horas y en condiciones infrahumanas".

La noticia, publicada también por el diario UNO de Entre Ríos, el martes 11 de mayo de 2021, destaca que “Empresarios juzgados por Trata laboral fueron absueltos”.6 El periodista José Amado escribe: “Una década después de los allanamientos a establecimientos rurales del sur de la provincia de Corrientes, se llevó adelante el juicio a los empresarios acusados de trabajo esclavo en Paso de los libres, entre ellos varios entrerrianos dueños de una conocida forestal con sede en Chajarí. La Fiscalía los acusó del delito de Trata de personas con fines de explotación laboral, pero el Tribunal Oral Federal de Corrientes consideró que no había pruebas suficientes y los absolvió a todos”. Los empresarios dirigen la Cooperativa Tierra Colorada Ltda. y El Batelito SA., y se trata de Rolando Abel Días y los hermanos Gustavo, Enrique y Diego Percara.

Dice el periodista que “la causa se inició el 8 de febrero de 2011, cuando la Sección Penal Tributaria de la División Jurídica de la Dirección Regional Posadas de la DGI-AFIP advirtió que en una de esas fincas habría trabajadores no registrados, a raíz de una denuncia realizada por el secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), sección Paso de los Libres. Esta denuncia derivó en los posteriores allanamientos. Como resultado, en una de las fincas fueron encontrados 21 trabajadores realizando sus tareas en condiciones infrahumanas y en la otra un total de 19 víctimas en similares condiciones”.

La nota describe, además, cómo procedían los empresarios con los trabajadores: “las víctimas eran captadas en el norte de la provincia de Misiones para luego trasladarlas hasta los campos en remís o en taxi. Una vez allí, los trabajadores (eran) alojados en un colectivo viejo y un tráiler adaptado con camas cuchetas para dormir”. “Durante el día, las víctimas debían realizar tareas vinculadas a la poda y/o raleo de eucaliptus en jornadas de hasta 10 horas y en condiciones infrahumanas: no contaban con agua potable, luz eléctrica, ni elementos para poder conservar los alimentos. Tampoco tenían baños, no contaban con la vestimenta adecuada y, en algunos casos, les retenían los documentos. Tampoco poseían sillas ni mesas al momento de realizar su descanso; lo hacían apostados en la tierra, donde hacían un fogón para cocinar. Y no se encontraban registradas”.

Entre otros padecimientos los trabajadores relataron (un hecho que rememora las viejas prácticas de explotación), que los empresarios “tenían un almacén a través del cual los trabajadores se proveían los alimentos. Sin embargo, luego eran descontados del dinero que percibían”.

El caso de los hermanos Cornejo

...para ellos, los Cornejo eran poco menos que personas: “(…) montaraces, gente que vive en el monte cazando, pescando, vendiendo leña y cueros de animales”, según sus propias palabras.

En esta panoplia de la explotación de la vida en el campo, mostremos un ejemplo más. “La trama del trabajo esclavo en el campo de los Etchevehere” 7, tituló el periodista: Juan Cruz Varela, el 9 de noviembre de 2020, en el sito Página Judicial y la historia que relata es la siguiente: los Cornejo “llegaron al campo con su padre en junio de 1976 y trabajaban (…) de seis a once de la mañana y de dos a seis de la tarde, realizando tareas de desmonte y desmalezado, cortando postes para alambrados, con palas y machetes. En el campo se siembra trigo, soja y maíz, pero su tarea se reducía a juntar la paja que dejaba la trilla y a la quema de ramas; y alguna vez también oficiaron como guías de aviones fumigadores y en el arreo de animales”.

El campo al que se refiere es La Hoyita, que pertenece a la empresa Las Margaritas SA., el conglomerado productivo de la familia Etchevehere. Los patrones son: Leonor María Magdalena Barbero Marcial y sus tres hijos: Luis Miguel, Arturo Sebastián y Juan Diego Etchevehere. Para ellos, los Cornejo eran poco menos que personas: “(…) montaraces, gente que vive en el monte cazando, pescando, vendiendo leña y cueros de animales”, según sus propias palabras.

Cuando el 28 de mayo de 2014, la inspección del Renatea (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios) constató las “condiciones laborales y habitacionales de extrema precariedad” en La Hoyita, “motivó las denuncia penal que presentó el delegado provincial del organismo, José Luis Lavini, junto al abogado Ramón Begovich”. Sergio y Antonio Cornejo trabajaban en las siguientes condiciones: “Sobrevivían en dos ranchos ‘escondidos’ campo adentro, una casilla hecha de material y otra de chapa y barro, que habían construido ellos mismos, con una habitación que compartían, sin agua corriente ni luz eléctrica; con un baño al que le faltaba el pozo, de manera que no servía como tal; y antes en una especie de carpa de nylon. Salaban la carne para que no se echara a perder, cocinaban en un fogón que también utilizaban en invierno para calentarse y tenían que acarrear el agua para beber e higienizarse desde un pozo distante a unos doscientos metros del rancho, y cuando llovía debían hacerlo en un arroyito”.

Etchevehere

Como es de prever, la causa de los hermanos Cornejo sigue abierta y sin movimientos. “Los Etchevehere condujeron su estrategia a resolver el asunto por la vía extrajudicial”. Ni lentos ni perezosos, los patrones llevaron a los Cornejo a una escribanía de Maciá. Era un domingo por la noche, del 15 de junio. “Allí estamparon sus huellas dactilares en un documento que dice que en abril de 2001 habían firmado un contrato de comodato que indicaba que tenían una casa cada uno con todas las comodidades”. “Ese contrato (…) no fue certificado por ninguna autoridad (…)” y los hermanos Cornejo desconocían su contenido. La tramoya termina con la entrega de 20 000 pesos a cambio de que dijeran que nunca habían tenido un vínculo laboral con los Etchevehere.

Una escena descripta por Varela desborda de elocuencia: “Veinte mil pesos y un helado. La imagen de los dos peones de campo junto a su patrón tomando un helado en el centro de la pequeña localidad de Maciá parece surrealista, como si hubiese sido extraída de una película de principios del siglo pasado. Pero ahí estaban Sergio y Antonio Cornejo, cada uno con 10 000 pesos en el bolsillo y un helado en la mano, sentados junto a Sebastián Etchevehere, luego de haber estampado sus pulgares en un documento cuyo contenido desconocían –no saben leer ni escribir–, pero ahora saben que desligaba a sus patrones de la relación laboral que tenían desde hacía casi cuarenta años en el campo La Hoyita (…)”.

Feudo

Todavía son muchos los casos de explotación laboral ocultos en las estancias. En la prensa suelen aparecer algunos. A ningún patrón le gusta que le vengan a husmear sus miserias, por eso no se le abre la tranquera a cualquiera, así porque sí.

Por lo general, la actitud moral de los estancieros y empresarios rurales es la del soberano, a quien las leyes no lo sujetan. Debe ser cierto, entonces, lo que se dice por ahí, que la Argentina es: por “cada provincia una estancia y por cada estancia…” un patrón.8

Notas

[1] BAYER, Osvaldo  La Patagonia Rebelde.

[2] BARRET, Rafael (junio de 1908). “Lo que son los yerbatales paraguayos”, El Diario de Asunción, citado en Cristina Mateu, De “El río oscuro” a “Las aguas bajan turbias”. Diferencias y confluencias de dos obras artísticas argentinas. En: https://revistalamarea.com.ar/de-el-rio-oscuro-a-las-aguas-bajan-turbias-diferencias-y-confluencias-de-dos-obras-artisticas-argentinas/

[3] Ley 26727, Trabajo agrario. En: https://www.uatre.org.ar/Attach/ley26727.pdf

[4] El INTA cuestionó la explotación infantil en el agro y el campo salió a justificarla. En http://www.periferiaciencia.com.ar/noticia.php?n=3011

[5] Trata laboral: dos condenados por explotar a obreros rurales. En: https://www.unoentrerios.com.ar/policiales/trata-laboral-dos-condenados-explotar-obreros-rurales-n2667917.html

[6] Empresarios juzgados por Trata laboral fueron absueltos. En: https://www.unoentrerios.com.ar/policiales/empresarios-juzgados-trata-laboral-fueron-absueltos-n2660124.html

[7] La trama del trabajo esclavo en el campo de los Etchevehere. En: https://paginajudicial.com/2020/11/09/la-trama-del-trabajo-esclavo-en-el-campo-de-los-etchevehere/

[8] El poema dice: “¿Qué ha sido antes, en sustancia, / la República Argentina? / lo diré sin repugnancia: / cada provincia una estancia, / y cada estancia una mina”. “Mi Programa”, obra de Juan Gualberto Godoy.

Publicado en Río Bravo el 7 de octubre de 2021

Modificado por última vez en Viernes, 08 Octubre 2021 01:41

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