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Miércoles, 20 Julio 2011 19:44

La matriz productiva peronista ¿cuál de ellas?

Escrito por Luis Lafferriere

El profesor Luis Lafferriere propone un debate a partir de la vinculación que algunos realizan de la política económica kirchnerista con el peronismo. Con datos y comparaciones varias, analiza y toma posición frente a la declamada, desde el gobierno, política nacional, popular y redistributiva.

Este gobierno pretende seguir, recuperar y profundizar la matriz productiva peronista
Afirmación de un simpatizante kirchnerista en un comentario volcado en internet

Hablar de ‘la matriz productiva peronista’ es una afirmación muy genérica, considerando las múltiples caras y experiencias del peronismo en la historia Argentina. Una cosa es la promoción de la industrialización sustitutiva de los años '40 del siglo XX, con un estado con proyecto nacional y empresas públicas que fueron modelo, y con empresarios nacionales pequeños y medianos que jugaron un rol importante. Una matriz productiva que promovía el empleo y una distribución del ingreso menos desigual (llegando casi al 50 y 50 entre capital y trabajo). Otra muy distinta y más reciente es la matriz productiva peronista de los años '90, que destruyó estado, empresas nacionales y soberanía, además de educación pública y tejido social. Que promovió empleo informal y desigualdades crecientes. Con corrupción y entrega del patrimonio público.

Lamentablemente, la matriz productiva peronista que hoy caracteriza a nuestra economía es en esencia la misma de los noventa, a partir de la gestación de un modelo neocolonial extractivista, donde la enorme concentración del ingreso y la riqueza está acompañada de una creciente extranjerización de nuestros bienes comunes y de un saqueo inédito y depredador. Las 500 mayores empresas de la Argentina aumentaron su incidencia en un 50% en relación al PBI entre el 2003 y el 2010. Dentro de esta cúpula de los dueños del poder, creció a límites inéditos la participación de las empresas transnacionales extranjeras, que controlan los principales mercados y se quedan con el esfuerzo del trabajo argentino y con las riquezas de nuestro territorio.

La industria crece principalmente en el sector de los agronegocios y en el complejo automotriz, que están en manos de oligopolios extranjeros y que son altamente dependientes del exterior, en tecnología y en insumos claves. Cada auto que salía de una fábrica hasta principios de los años '70 tenía un 80% de componentes nacionales, hoy tiene apenas un 20%. Los productos del agro son generados con semillas e insumos de las firmas internacionales que controlan el mercado mundial, y la comercialización externa está en manos de los grandes pulpos cerealeros extranjeros.

Ni hablar de las riquezas petroleras y gasíferas, que son sobreexplotadas por firmas extranjeras, que se quedan con los recursos que extraen, con las divisas que logran y con las superganancias que obtienen, mientras nuestras reservas energéticas disminuyen peligrosamente (poniendo al borde del colapso el abastecimiento interno cada vez que tenemos altas o bajas temperaturas). Las megamineras extraen con métodos ultra contaminantes las riquezas de nuestras montañas y tienen tratamiento preferencial y privilegios impositivos, al punto tal que sólo pagan por regalías un punto y medio de lo que se llevan, pero el Estado ‘nacional y popular’ les reintegra entre un 5 y un 12 % de lo que saquean.

Mientras tanto, la producción científica y tecnológica no aporta al fortalecimiento del tejido social o económico nacional, ni tampoco a la solución de graves problemas que afectan a sectores mayoritarios; sino que actúa consolidando la estructura económica dependiente y neocolonial. El porcentaje que el Estado destina a ese fin es muy bajo en comparación con países que priorizan el conocimiento, pero lo más grave es que lo poco que se invierte en ciencia y técnica no está al servicio de la sociedad, ya que es el proyecto dominante y quienes administran el mismo, los que deciden y se benefician de la producción de nuestros científicos.

La presidenta prioriza más los intereses de la Barrick Gold (foto) que la protección de los glaciares, que constituyen la principal fuente de reservas de agua potable de la Argentina. La presidenta prioriza más los intereses de Repsol y otras petroleras extranjeras (que logran una renta fabulosa que antes se distribuía al conjunto de la sociedad) antes que el uso del petróleo para el desarrollo nacional. La presidente aumentó a cifras exorbitantes los subsidios a los grandes grupos empresariales en detrimento de los servicios públicos esenciales. La presidenta destina en el presupuesto nacional más recursos al pago de los usureros internacionales que a los excluidos del modelo. La presidenta permite que continúe el uso masivo de agrotóxicos en más de diez millones de hectáreas, afectando a doce millones de argentinos en su salud, violando todo tipo de principios en defensa de la salud y el ambiente, empezando por el precautorio, en virtud del cual nunca debió autorizarse la aplicación sistemática y generalizada de esos agrotóxicos. La presidenta vetó la ley que intentaba devolver algo de los recursos que corresponde legítimamente a los jubilados, para usar la plata que se les roba a nuestros ancianos en pagar una deuda ilegítima y prestarle dinero a la General Motors. La presidenta desconoce el federalismo al quedarse con recursos que les corresponden a las provincias argentinas, violando las normas vigentes y la propia Constitución Nacional.

Como resultado de este modelo de concentración, entrega y desigualdades crecientes, tenemos un país cuya economía crece a tasas enormes, inéditas, pero más de un 30% de la población vive en la pobreza, y un porcentaje similar en niveles muy cercanos luchando por no caer. También más de un tercio de los trabajadores ocupados son informales y precarios, y un porcentaje significativo con ingresos que no cubren la canasta básica. Son varios millones de compatriotas que viven en la indigencia, y muchos millones más que no tienen futuro en el marco de esta matriz productiva peronista que algunos defienden de manera descarada.

Entonces, querer engañarnos con espejitos de colores, mostrando una realidad con la mirada tuerta, no ayuda a comprender qué nos está pasando ni hacia dónde nos conduce este modelo que se quiere profundizar. Ha habido crecimiento, es cierto, enorme crecimiento. Pero no sólo ha crecido el PBI, sino también hubo crecimiento de la inflación que afecta a los que menos tienen. De la concentración y de la extranjerización. De las desigualdades y de la depredación de los bienes comunes de la naturaleza. De la corrupción y del clientelismo deleznable. De la censura oficial en los medios de comunicación y de la hipocresía del discurso oficial.

¿Qué tal si dejamos de mirar la realidad con el ojo tuerto del engaño oficial y de lo que nos quiere mostrar también cierta oposición retrógrada, que aspira a reemplazar a este gobierno en la administración del proyecto dominante? ¿Qué tal si comenzamos a pensar a la ciencia y la técnica al servicio del cambio social y de la independencia nacional, para que se beneficien los sectores mayoritarios y no las grandes transnacionales? ¿Por qué no promover un modelo productivo que avance a recuperar la soberanía alimentaria y que defienda la salud de la población? ¿Por qué no usar la renta energética y minera para mejorar las condiciones de vida de la gente y promover energías no contaminantes y renovables?

¿Qué pasará en la Argentina en las próximas décadas cuando los efectos depredadores de este modelo extrativista queden al desnudo y las voraces transnacionales se hayan llevado nuestras riquezas dejando tierra arrasada? ¿Por qué no reflexionamos sobre estas cuestiones tan esenciales y estratégicas? Antes que insistir en potenciar el ojo tuerto de la propaganda oficial, debemos ver lo que nos ocultan detrás, informarnos y cuestionar, como primer paso para debatir los caminos para la transformación de la economía y la recuperación de la sociedad.

Como siempre, esta es una opinión modesta y subjetiva (tan subjetiva como la de cualquier otro que opine sobre la realidad social).

Publicado por Río Bravo, el 20 de julio de 2011.

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