Ayer ganó Ferro Carril Oeste. Ganó en el Bajo Núñez y se alejó tres puntos más en la punta. Tal vez a unos cuantos no les importen mucho estos datos, a Oscar Bosetti sí le importaban. “Nos quedan seis finales”, respondía hace una semana a los amigos que le enviaban mensajes celebrando la victoria de Ferro el sábado anterior. Ahora, a Ferro le quedan seis finales. Ahora, los hinchas de Ferro ven muy cerca el ascenso que por 26 años les fue negado.
“Ferro es una metáfora de la clase media argentina” había dicho Bosetti, para analizar el descenso del club de sus amores, en una entrevista a comienzos del siglo. Hablara de fútbol, de radio, de la universidad o del barrio, Oscar siempre lo haría con referencias a la situación social y política. En la universidad fue alumno de Aníbal Ford, de Jorge Rivera, de Eduardo Romano. Pero al que nunca dejó de referenciar como maestro es Timoteo Griguol.
Hoy despedimos a Oscar. No hablaremos de las lágrimas ni de la congoja, no hace falta, todos quienes lo conocieron de cerca o de lejos las estamos compartiendo en las redes o en los mensajes que nos enviamos. Nos preguntamos cómo recordarlo, ¿como hincha verdolaga, como docente, como comunicador, como luchador social comprometido, como intelectual al servicio del pueblo? Es todo eso, todo a la vez, en un mismo hombre.
Todos los que integramos Río Bravo fuimos alumnos de Oscar en alguna de sus cátedras en la carrera de Comunicación Social. Nunca lo manifestamos, pero intentamos hacer Río Bravo poniendo todo lo que aprendimos con él, de él. O sea, todo lo conceptual, lo que tenga que ver con lograr que esto sea lo más comunicable posible, jamás perder de vista la democratización de la comunicación, los tips para la escritura, la dosificación de la información, esas cosas que hacen al oficio del periodista. Y la decencia y el respeto, aspectos sobre los que dio cátedra con el testimonio diario de su vida.
El Guillo Kendziur, cómplice suyo en unos cuantos proyectos dijo una vez: “el Oscarcito con su voz cándida”. Hablaba de la voz de Oscar, la que conocimos en sus clases, en la charla de amigos y a través del aparato de radio. Hablaba de su voz, y a la vez hablaba de Oscar, un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”, a lo Machado. Oscar Bosetti es la mayor referencia para quien necesite indagar sobre la historia de la radio argentina, ahí están sus libros y sus investigaciones. Y están sus clases y sus producciones en radio abierta y en streaming. Y no decimos más, porque a él le daría vergüenza. Si estamos seguros de que la radio “no morirá mientras exista la palabra” es porque él nos lo enseñó ya a mediados de los 90, cuando muchos creían cerca el apocalipsis.
Estamos compungidos y sorprendidos. En contra de lo que nos decían los partes médicos, decíamos que su corazón verdolaga era capaz de seguir resistiendo indefinidamente, si le sobraba entrenamiento. Diremos que en todo caso, el que no resistió fue el músculo, ese que hace sístole y diástole. Porque al verdadero corazón de Oscar, ese que sobrevivió dictaduras y persecuciones; el que enfrentó todas las crisis y ajustes; el que en el peor de los contextos viene remontando cuarto siglo en el descenso, ese corazón no se apaga nunca. Si cuando salió a la cancha recibió la recordada palmada del viejo Timoteo y jugó todos los partidos que le tocó con la dignidad y frente alta que corresponde.
La lucha continúa, nos quedan muchas movilizaciones todavía. Hay que seguir llenando aulas, calles y tribunas. Oscar estará allí, siempre. Y al terminar la jornada nos diremos una vez más, “abrazote, querido verdolaga”.
Publicado por Río Bravo el 28 de septiembre de 2026.





