ESTAFAS VIRTUALES 955x100

Lunes, 23 Mayo 2011 20:48

Entre la cultura y el poder

Escrito por Martín Tactagi

El gobernador Urribarri, semejante a su modelo a seguir, Néstor Kirchner, ha construido una imagen popular, de buen tipo, de amigote, de hombre con camisa arremangada tan parecido a cualquier vecino entrerriano. Pero esto no se corresponde con…


El gobernador Urribarri, semejante a su modelo a seguir, Néstor Kirchner, ha construido una imagen popular, de buen tipo, de amigote, de hombre con camisa arremangada tan parecido a cualquier vecino entrerriano. Pero esto no se corresponde con los negocios de la provincia. Bailar chamamé en la feria del libro, danzar como pasista en los corsos de Gualeguaychú y gritar los goles de patronato en la cancha, desentona con los pool de siembra, concentración y modelo vertical de la producción. Al menos, en apariencia.

En la feria del libro, cuando fue “el día de Entre Ríos”, en un arranque telúrico, el gobernador sorprendió a todos al salir a bailar chamamé sin que estuviera programado. En los corsos de Gualeguaychú también posó de bailarín popular en el barrio Matecito, algo semejante a su actuación de hincha fervoroso en la cancha de Patronato, donde la hinchada lo homenajea cada partido con una bandera que dice “GRACIAS URRI”. Esta idea de ser popular, de parecer uno más, fue inaugurado por Néstor Kirchner allá por el 2003, cuando recién asumido, con su estilo fresco, saco desabrochado, firmó con una bic la asunción presidencial. También de aquellos días algún memorioso recordará escenas de Kirchner sacándole la gorra a Alderete de la CCC y de otras organizaciones populares como las de Delía. La diferencia fue que la CCC recuperó la gorra, Delía, Hebe de Bonafini, Yasqui, y la CGT, no.

Al estilo populista que pretende pasar por “cultura nacional y popular”, vale la pena pensarlo en términos de ¿qué es ser popular? Pierre Bourdieu habla de dos culturas, una que lleva el hombre común y otra que intentan imponer desde el poder. El menemismo de los 90 impuso la cultura de la “pizza con champain”, en la que el mundo de la farándula y del deporte se codeaba con el mundo político, donde las exhibiciones casi pornográficas de políticos viviendo en el lujo contrastaba con los chicos desnutridos. La imagen del político de la farándula cambió, y se impuso un modelo distinto, más cerca del pueblo, como si fuera uno de nosotros, tomando mate y comiendo asado. En este sentido, Urribarri ha ido trabajando una imagen distinta a la de su predecesor, Jorge Busti. A Urribarri le gusta el fútbol, va la cancha, baila chamamé, baila en los corsos, sale fotografiado con la camisa arremangada. Otra vez, ¿esto es ser nacional y popular?

La esencia son las políticas

Detrás de la imagen que se nos pretende vender, circulan las políticas. El escenario donde lo nacional y popular se pone a prueba es donde la imagen, por mucho que se parezca al hombre sencillo, no alcanza para sacarle el hambre a los chicos del volcadero o a los pibes de las barriadas pobres de concordia. Las cocineras de los comedores escolares deben resolver desayuno y almuerzo de los chicos con dos pesos por día. Hay escuelas sin agua que son abastecidas con camiones cisterna. Los maestros señalan la desnutrición como factor común en los chicos más humildes. Toda esta realidad se oculta detrás de las noticias con la que nos apabulla el gobierno presentando las grandes obras. Se construyen caminos, se convierten rutas en autopistas y se proyectan políticas de concentración y súper producción.

En esto se enmarcan las políticas de sojización. En la última campaña de soja se sembraron 1.300.000 hectáreas de un total de tierras cultivables de 1.600.000 hectáreas. Es decir que se sembró el 81 % de las tierras cultivables con soja en detrimento de otros cultivos y del ganado vacuno, cuyo stock descendió en el último año en 500.000 cabezas. Si alguien buscaba el motivo por el cual aumenta la carne, acá tiene la respuesta; la ley de oferta y demanda. Esto es lo que impera en el gobierno de los Kirchner y de Urribarri, la ley de mercado. No porque no se pueda hacer nada al respecto sino porque se ajustan a los proyectos políticos que mejor les sientan. La soja a través de las retenciones es el ingreso más importante de la caja estatal, con la que Cristina hace política. Este modelo apoya y desarrolla Urribarri en la provincia, con grupos concentrados como “Granja 3 Arroyos” en la producción de pollo o “Cabañas Argentinas” de Pedro Blaquier (dueño de Ledesma y autor del tristemente recordado “apagón”, durante la última dictadura militar) cuya elaboración está concentrada en la producción de cerdos.

Esta política de súper producción y concentración en la soja, los pollos y los cerdos, sólo es sostenible con grandes complejos industriales y concentración de la tierra en pocas manos. Para estos grupos son pensadas las autopistas y las grandes obras. Autopistas por la que circulan desde hace años los expulsados del campo. Aquellos pequeños arrendatarios que no tuvieron la espalda económica para competir con los pool de siembra, y que van a para a las barriadas pobres de las grandes ciudades donde, paradójicamente no llega el agua potable. Pero todo esto, desde ya, no sale en las noticias.

Otra vez, ¿ésto es ser nacional y popular? Pensando en lo que plantea Pierre Bourdieu, hay una cultura popular, la nuestra, y hay otra que nos tratan de imponer con sutilezas los grupos de poder. Por más que Urribarri baile chamamé, tome mate y grite a más no poder los goles de Patronato, por más que se empecine en fotografiarse con la camisa arremangada, su verdadera esencia está condenada por lo que hace y no por lo que nos muestra. En todo caso, el desafío para el entrerriano de a pie será no comprar lo que los grupos de poder nos quieren vender como un “amigo” más, mientras los beneficiados con los negocios son siempre los mismos. O, como diría mi abuela, que no nos vendan  gato por liebre.

Publicado en Río Bravo el 23 de mayo de 2011.

845x117 Prueba

18 600x360 Marzo VdV pautaweb

Agmer255x255

Amet 300

UsuariosyConsumidoresUnidos