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Viernes, 11 Febrero 2011 16:18

Qué nos dicen los egipcios a los argentinos

Escrito por Ignacio González Lowy

Por Ignacio González Lowy - Tras 18 días de intensa lucha, los sectores populares unidos para enfrentar a Mubarak lograron el primero de sus cometidos: el dictador renunció. De dónde viene y a dónde va esta rebelión nos dice mucho más a los argentinos de lo que algunos quieren hacernos creer.

Uno los puede imaginar. Los globalizados, timoratos, dudosos, “quebrados”, cansados; de esos que uno se encuentra por decenas en el periodismo, en los gremios, en las universidades, en los partidos políticos; acá en Paraná, en Córdoba, en Rosario y en cualquier parte del mundo… ¿qué habrían dicho hace 25 días si alguien les hubiera preguntado por Egipto? “Pueblo tibio, acostumbrado, sometido, entregado, rebaño de sumisos sin futuro ni posibilidades ni coraje ni conciencia” ni nada de eso que a ellos, los teóricos y militantes de la derrota, aparentemente tanto les sobra.

 

El pueblo egipcio, como antes el de Túnez, recogiendo una historia que es mundial y es milenaria, le dio una nueva lección a los pueblos del globo entero: nunca digas nunca, cuando del hartazgo de los pueblos se trata.

 

Lecturas en pugna

 

¿Qué es lo que van a decir? Mejor aún: ¿qué es lo que ya deben estar diciendo? “En Egipto no va a cambiar nada”; tanta bulla, tanta sangre, tanto lío para que ahora cambien las figuritas y el régimen siga intacto, quede ileso. Es lo que dijeron tras el Argentinazo de diciembre de 2001, y tras el Cordobazo en el ’69, y tras el Caracazo y el Bogotazo y tras todas y cada  una de las rebeliones populares que sacudieron cada punto del globo en los últimos 50 años.

 

Pero en Egipto nadie va a poder gobernar como lo venía haciendo desde hace 30 años Mubarak, y el pueblo no va a estar dispuesto a tolerar muchísimas de las cosas que el mubarakismo sí pudo imponer en este tiempo. Que eso no lo vean los apologistas del desencanto, tiene más que ver con sus propios miedos y sus anteojeras que con la realidad.

 

¿Y con los argentinos qué tiene que ver?

 

Estos agoreros de la desesperanza que plantean que lo máximo a lo que puede aspirar el pueblo egipcio es a aceptar algunas de las salidas diplomáticas y las transiciones moderadas que EEUU, Israel y la Unión Europea, entre otros imperialismos, están impulsando; son los mismos que nos dicen que el kirchnerismo y su doble discurso son la salida más popular que nos podríamos bancar los argentinos: todo para Eskenazi, Grobocopatel, Cristóbal López, la Barrick Gold, etc.; lo que sobre para el pueblo, no vaya a ser que nos echen como a De la Rúa. Es que el trabajador argentino es “individualista, sin conciencia de clase, conservador”, nos dicen, para ocultar nuevamente sus propios miedos y sus límites conservadores y reaccionarios.

 

El pueblo egipcio no inventó su rebeldía de un día para el otro: venía incrementando sus medidas de lucha y protesta en los últimos años, principalmente por derechos laborales y sindicales, pero también nacionales, democráticos y religiosos. De todos modos, la forma en que una vez estallada la rebelión en Túnez el fuego se esparció por toda la pradera de los países árabes, y miles y miles de egipcios que quizá nunca se habían imaginado desafiando el poder de Mubarak se vieron saltando, marchando y peleando en las calles; confirma que esa “conciencia de lucha” de la que hablan nuestros resignados posmodernos de cartón, se forja mucho más rápido en la propia lucha y en la práctica que en sus progresistas mesas de bar.

 

Lecciones

 

- Amplia unidad: el rezo conjunto de musulmanes y cristianos en la Plaza de la (más que nunca) Liberación es quizá el símbolo más gráfico. Nadie pidió credenciales ni currículum vitae a quienes se sumaron a la plaza: todos los hombres y mujeres de pueblo que tuvieran bronca y odio y sed de venganza contra el régimen de Mubarak, tenían su lugar. Allí entraron obreros, profesionales, comerciantes, estudiantes, campesinos, y hasta seguramente en los cuarteles y en los propios tanques hubo muchos que comulgaban con y se sentían parte de esta oleada de rebelión (tendencia en pugna con los jefes militares pro-imperialistas y su “necesidad” de reprimir para poner límites y encarrilar a la masa desacatada).

 

- Lucha larga: los apalearon, los tirotearon, los reprimieron de diversas formas y siguieron en la calle. Les dijeron que no, que Mubarak no se iba, que iba a haber otras salidas, y acampando en la plaza cada noche fueron más.

 

- Con los enemigos del pueblo, no hay “pacifismo” que valga: más de 300 vidas, muchas de ellas jóvenes, se lleva sobre sus espaldas el dictador derrocado. Cuando quienes con las movilizaciones esperaban una solución más “tranquila” se dieron cuenta de que la respuesta desde el poder eran las balas de la policía y de los mercenarios y matones a sueldo de Mubarak; las molotovs, las piedras y los palos pasaron a ser de uso común entre los rebeldes. Se organizaron, constituyeron grupos de autodefensa y dispusieron formas de control y reacción ante las provocaciones y los ataques del gobierno.

 

- Por último, los egipcios le recordaron a quienes lo hayan olvidado, en el mundo entero, que sí se puede. Que la historia no terminó. Que los pueblos van a seguir dándole sorpresas a los antipueblo y a los derrotistas y propagandistas de la posmodernidad sin conflictos.

 

Decir que nada va a ser igual en Egipto a partir de ahora no quiere decir que va a cambiar todo. Quiere decir que se dio un paso importante, fundamental, y que nadie en Egipto va a salir intacto de esta historia, que nadie sabe tampoco cómo va a terminar. Lo que sí podemos asegurar es que la historia sigue. Y eso, aunque parezca mentira, acá en Argentina, como en Túnez y en Francia, a muchos les duele. Y les da miedo.

 

Publicado por Río Bravo el 11 de febrero de 2011.

 

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