Estoy desconcertado por la indiferencia general con que se trata (o no se trata, mejor dicho) el tema de la privatización del juego en nuestra provincia.
Porque esa es la verdad, lo que dicen los empleados: lo hagan por los motivos que lo hagan, es verdad.
El propio gobierno lo ha admitido sin ambages; “en el casino de Victoria”, ha dicho, “el Estado pierde mucho dinero, y ante ello hemos decidido aceptar la oferta de un privado para que, a cambio de entregarle el manejo del juego de paño, nos pague el déficit”.
Esto es extremadamente grave, porque el juego no debe nunca entregarse a manos privadas. Se favorece así todo tipo de maniobras repugnantes, de las cuales el lavado de dinero seguramente sea la primera, pero no la única.
Montones de preguntas surgen al leer que el Estado va a entregar el manejo del juego de paño a “un privado” incógnito. Las mismas preguntas que nos causan repulsa desde que el bustimontielismo, esa lacra infame que ha depredado nuestra provincia, entregara el manejo de las “maquinitas” a particulares.
Si las maquinitas son tan buen negocio como son, ¿por qué las manejan particulares, sin arriesgar un centavo, y no el Estado? ¿En qué cabeza cabe lo que ha hecho el bustimontielismo, de ir “miti y miti” en las maquinitas con particulares, pero corriendo el Estado con todos los gastos, y los particulares con nada, o sea que todo es ganancia para ellos?
Y yendo a lo que ahora se prepara para Victoria, ¿a quién le puede caber duda de que este es un primer paso, y que si tiene éxito van a hacer lo mismo en todas las salas de la provincia, entre ellas la de Gualeguaychú por supuesto? ¿En qué cabeza cabe que algún particular sea tan generoso que le saque un déficit al Estado, gratis?
Si el juego de paño puede ser superavitario, ¿por qué no lo sigue explotando el Estado? Y si no puede serlo: ¿no habría que investigar por qué los particulares lo quieren?
La sombra ominosa del lavado de dinero a gran escala, y también la del narcotráfico, se cierne sobre esta barbaridad, que resulta incomprensible en un gobierno que se supone progresista.
Si se tratara de Montiel o Busti, uno ya sabe a qué atenerse, pero acá no están ellos.
Y la verdad verdadera es que la solitaria lucha de los empleados del IAFAS merece todo el apoyo de los que no queremos las mafias gobernando toda nuestra vida.
Poco a poco los mafiosos se adueñan de nuestros bienes. No los dejemos. O, al menos, que les cueste.
Publicado por Río Bravo, jueves 27 de enero de 2011.





