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Jueves, 21 Marzo 2013 18:45

Lo que dicen las maniobras contra el ahora Papa peronista

Escrito por Claudio Puntel

La designación de Jorge Bergoglio como Papa marca algunos cambios en la política argentina. De ello hablan con elocuencia las piruetas que dio el kirchnerismo antes y después del cónclave.

Primero, aclaremos lo obvio, a la política argentina no la cambia un papa ni un presidente; la cambian las luchas del pueblo. Ahora bien, una cosa es luchar solos, aislados, con nuestras voces ocultadas por todos los sectores de la prensa y del poder, y otra es hacerlo contando con algún acompañamiento. En tal sentido, no es poco para el pueblo argentino que el actual jefe de la iglesia romana sea la misma persona que acompañó a los familiares de las víctimas de Cromañón y de la masacre del ferrocarril Sarmiento; que apoyó a los curas villeros que lidian contra los estragos del paco en las barriadas pobres; en quien organizaciones como la Fundación La Alameda encontró un aliado para denunciar el trabajo esclavo en las textiles y las redes de trata. Desde una perspectiva de clase, la llegada de Bergoglio al papado puede ser un aliciente para los sectores populares. También para los intereses nacionales es un gran paso que el nuevo Papa sea alguien que alzó la voz más de una vez para reclamar la soberanía argentina en Malvinas.

Otra cosa son los planteos de Bergoglio sobre el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto. Desde Río Bravo hemos acompañado con distintas acciones y notas todas las luchas por la despenalización del aborto y festejamos el avance que significó para nuestra democracia la sanción del matrimonio igualitario. Por eso, cada vez que el entonces cardenal abrió la boca para despotricar contra estos temas, estuvimos en la vereda de enfrente. También, para ser sinceros, hay que decir que alguien que tuviera una posición distinta no hubiera llegado a cargos de jerarquía dentro de la iglesia romana y que en estos aspectos, el pensamiento de Bergoglio no es distinto de lo que cree cualquiera de los demás cardenales. De todos modos, no es a ninguna iglesia a quienes debemos arrancar estos derechos, sino al estado que hoy dirige el kirchnerismo.

Piruetas y operetas

La suerte está echada”, finaliza diciendo el periodista Roman Lejtman en el artículo donde relata los pasos que dio el kirchnerismo a través de Juan Pablo Cafiero, embajador en el Vaticano, para trabar el camino de Bergoglio al papado. Cafiero no pudo lograr una conferencia de prensa para desmentir lo que ya era público: que el kirchnerismo le encomendó una opereta para obstaculizar la designación de Bergoglio, con la complicidad de personajes como Esteban Caselli y aprovechando sus vínculos con Tarcisio Bertone y Ángelo Sodano (quienes en los expedientes secretos del Vatileaks aparecen implicados en el encubrimiento de operaciones de lavado de dinero y de la actuación de religiosos denunciados como pedófilos). Lo que hizo Cafiero fue filtrar entre los cardenales del cónclave un dossier que armó basándose en los artículos de Horacio Verbitsky, quien desde Página12 intentó responsabilizar a Bergoglio de la desaparición de dos monjes jesuitas durante la dictadura.

Verbitsky, que en los primeros años de la dictadura estuvo al servicio de la Jefatura Segunda de Inteligencia de la Fuerza Aérea, a las órdenes de Basilio Lami Dozo, y que en 1979 fue elogiado por el comodoro Ricardo Güiraldes por su “permanente aliento” y colaboración en la escritura del libro El poder aéreo de los argentinos para la fuerza aérea, había denunciado a Bergoglio por complicidad con la represión y por haber entregado a los curas jesuitas Yorio y Jalics, quienes fueron secuestrados y torturados en 1976. Es conocida su experiencia para generar rumores, armar operativos de prensa, preparar “carpetas” para tirarle a la cara de quien se plante frente a sus patrones y levantar figuras mediocres a rangos insospechados.

Ni Verbitsky, ni el embajador en el Vaticano, dijeron el resto de la información: que los dos curas fueron liberados y pudieron salir del país; que Bergoglio declaró sobre este tema en el tribunal Federal que dictó la prisión perpetua para los represores Alfredo Astiz, Jorge "el Tigre" Acosta, Antonio Pernías y Ricardo Cavallo, entre otros; y que no fue acusado por los jueces, quienes entendieron que “los sacerdotes desafiaron con mucha valentía a sus superiores, para seguir actuando frente a un régimen ciego y sangriento”. No sólo no dijeron eso, sino que además Página12 difundió fotografías de un religioso dando la comunión a Videla, favoreciendo el rumor de que ese cura era Bergoglio.

Da mucha bronca la puesta de circulación de tanto bagre podrido, pero sobre todo, alarma el modo en que esto fue reproducido por las más diversas vías, hasta por personas y medios opositores al kirchnerismo sin que mediara la menor duda. Parece que la propagandizada “democratización de la comunicación” no es un antídoto contra la repetición de rumores ni garantiza el juicio crítico en la lectura.

Otro aspecto lamentable de aquella operación de prensa de Verbitsky es que se inició cuando en sus homilías Bergoglio comenzó a señalar la corrupción en el gobierno kirchnerista y se intensificó con el acercameinto del entonces arzobispo de la CABA a los familiares de Cromañon y del Ferrocarril Sarmiento. Los dichos de Verbitsky no sólo fueron usados acríticamente por el dossier de Cafiero, sino que también fueron repetidos por Estela de Carlotto, Luis D’Elía y algunos kirchenristas más.

Aunque ahora digan que fue una mentira más de Clarín, el mote de “diablo con sotana” que Néstor Kirchner acuñó dirigido a Bergoglio existió y fue repetido más de una vez. De aquél “colaborador de la dictadura” al ahora “papa peronista” hay más de un paso. Hay cambios profundos que se producen en el contexto internacional y también en el nacional. Más allá de que José Pablo Feinmann pueda estar gagá, no fue la demencia senil la que lo llevó a la tele a decir sobre las fotos de la presidente lloriqueando en el Vaticano que “aquí se está jugando la apropiación de Francisco”. Nuestro heideggeriano de la primera hora está enunciando un postulado de estos verdaderos campeones de la cooptación, a quienes su experiencia los ha convencido que toda voluntad es comprable. Claro, lo que en los hechos es un intento de reacomodamiento del kirchnerismo a la nueva situación es enunciado por Feinmann como la demostración de un poder que hoy, la presidente difícilmente tenga.

Publicado por Río Bravo el 21 de marzo de 2013.

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