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Sábado, 01 Marzo 2014 21:22

Los trabajadores de Fepasa y una situación muy complicada

Escrito por Santiago Joaquín García

Lamentablemente, la realidad que viven los obreros del frigorífico uruguayense, lejos de haber mejorado ha empeorado. Las deudas siguen a la orden del día, y la faena nunca alcanza a completar la semana entera. En esta nota, algunos datos importantes y las mentiras al desnudo.

 

 

Desde Río Bravo hemos seguido la realidad de los trabajadores de los frigoríficos entrerrianos desde nuestro propio nacimiento como revista. Lógicamente, nuestra mirada tiene poco que ver con los medios comprados por la publicidad gubernamental o las noticias de los que reproducen la palabra de empresarios ladrones y sindicalistas traidores. En este informe, intentaremos nuevamente expresar la realidad de los trabajadores con su propia voz e incorporar información nueva.

Esclavos de la corrupción

Una verdadera triada corrupta, integrada por la patronal esclavista, el gobierno cómplice y el sindicato traidor, llevó a que durante más de dos años los trabajadores vieran violentados todos sus derechos. Hubo despidos, traslados y suspensiones, sumado a las renuncias, que dejaron a la mitad del personal afuera. No se cumple el convenio colectivo de trabajo, no se cobra en blanco, no hay recibo de sueldo, no hay aportes, no hay nada. Son changarines, que faenan “cuando nos mandan un mensaje de texto para avisarnos, a cualquier hora del día, se llama a uno o se hace cadena por el facebook”, relata uno de los obreros. Esto puede ser una, dos o tres veces por semana, nunca más y se paga (cuando se paga) en negro. Tal como anticipamos en este sitio (“Fepasa y el sueño entrerriano: más de 60 despedidos”), uno de los posibles objetivos de la triada corrupta, era lograr reducir el personal a la mitad y precarizar sus condiciones al extremo. Vaya si lo han conseguido.

Concurso de acreedores

Las últimas noticias tampoco son alentadoras para los trabajadores. Los medios han informado que para evitar la quiebra en Fepasa, hasta fines de marzo, las contadoras “Olga Amoroso, Patricia Avanzatti y Mabel Cruz actuarán como síndicos, según quedó establecido luego del sorteo realizado en el Juzgado de Quiebras y concursos, a cargo de Leonardo Portela, y en base a un listado acercado por el Colegio de Profesionales de Ciencias Económicas”. La función del síndico, en términos generales es la de “conservar, administrar, liquidar y distribuir el patrimonio del deudor”. Ejerce los derechos de los acreedores (entre los que se encuentran los trabajadores, los principales perjudicados). Básicamente, para decirlo en criollo, tienen que cuidar que Davrieux y sus secuaces no sigan dilapidando millones de pesos por mes, agrandando la deuda con los trabajadores, entregando cheques en blanco, etcétera.

Malas manos

Lamentablemente, los antecedentes de una de esas contadoras no son alentadores. Mabel Isaira Cruz, contadora pública, tuvo participación en otro hecho lamentable para los trabajadores. Su firma avaló el último balance del Sindicato de Empleados de Concepción del Uruguay, aprobado en el medio de duras denuncias. Entre otras irregularidades, dicho documento ha sido denunciado porque el secretario general del SEC, Roberto Lencina, secuestró “el libro de actas, libro diario contable, libro de caja y el libro de registro de afiliados aportantes”, según consta en la presentación ante el Ministerio de Trabajo de la Nación. Es indudable que dichos libros resultan esenciales para que los números del balance no sean truchados. Una contadora que firma eso, por lo menos, deja lugar a muchísimas dudas y deberá ser seguida de cerca para evitar que los ladrones que manejan Fepasa se salgan con la suya.

Dos patrones del mal

Roberto Lencina, quien en la anterior gestión del SEC fuera tesorero, sigue los pasos del emblema de los sindicalistas traidores: Sergio Vereda. Como si nada, el secretario general del Sindicato de la Carne, explica ante los medios que los obreros trabajan tres veces a la semana, han sufrido ciento veinte despidos en dos meses, y que hay personas a las que se les deben quince mil pesos o más.
Según sus palabras, es una situación “bastante jodida”. De todos modos, rescata que “confía en que la planta seguirá en pie” (es decir, que no la van a demoler) y que “las condiciones están dadas para que se trabaje” (aunque no se cobre, eso es un detalle), como también destaca que hay trabajadores “que están al día” y que “nos presentaremos para ver cómo sigue la empresa”. Realmente, es admirable que tenga el coraje de hablar con los medios. Después de haber evitado los paros antes de las elecciones, de haber armado listas negras contra los que querían luchar (no ahora, hace años), de haber reproducido las mentiras de la empresa, sigue hablando. Sindicalistas como Lencina y Vereda, más que gremialistas son patrones. Si los trabajadores no se organizan para pasar por encima de las conducciones entreguistas, su futuro en el medio de esta tremenda crisis económica es muy oscuro.

Problemas de fondo

La cuestión de fondo de la política uruguayense, entrerriana y nacional es la misma. Quién paga la crisis: los trabajadores y el pueblo, o los empresarios y funcionarios cómplices que la generaron. Mientras los obreros ven un futuro incierto, el intendente Carlos Schepens se reúne con empresarios responsables de despidos y precarización laboral. Justamente, un municipio que ha llevado los niveles de precarización laboral a un extremo tan terrible, que explotaron con la imperdonable muerte de Rocío Quintero en el choque del Puente de Fierro. Allí quedó bien en claro que mientras los funcionarios y los empresarios han juntado fortunas, los trabajadores han recibido precarización, despidos y muerte.

 

Publicado por Río Bravo el 01 de marzo de 2014.

 

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