A más de un mes de radicada la denuncia en la Defensoría de Pobres y Menores Nº 2 de Gualeguaychú, Mónica afirma que “no se cumple la orden de restricción para los abusadores”.
Mónica López vive en Villa Paranacito, sobre un pequeño cerro… en la casita que le fue otorgada en febrero de este año por el IAPV. Trabaja en un comedor y tiene una vida de solidaridad con sus vecinos. Es clara al momento de hablar: “Condeno el abuso, jamás estaría de parte de un violador o maltratador de niños, por eso salgo a hablar: Para que todo esto no quede en la nada, para que estos chicos tengan al menos la oportunidad de tener una vida diferente, feliz”.
Mónica López es hermana del hombre acusado de abuso y maltrato a tres menores: Uno de ellos hijo biológico de la pareja, y otras dos adolescentes que le fueron entregadas en custodia por el Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (COPNAF) en el año 2005.
Mónica López es hermana de Omar López y cuñada de Alejandra Arce. A lo largo de su conmovedor testimonio, en diálogo con Beat (99.1), narra el calvario de María (17) y Andrea (15), esperando “que alguien salvaguarde la integridad de las nenas”, y denunciando la “connivencia política con los abusadores” por parte de quienes conducen los destinos de esa comunidad: el senador por el departamento Islas del Ibicuy, Eduardo Melchiori, y su esposa Carmen Toller, Intendente de Villa Paranacito.
“Conozco a las chicas en el año 2005 cuando mi papá se enferma. Ahí las empecé a ver esporádicamente; Andrea y María venían de un historia difícil, de un núcleo familiar con muchas dificultades y por eso el COPNAF las entrega en guarda a Omar López y Alejandra Arce”, comienza su relato la mujer.
“Omar López, tiene 46 años y está casado con Alejandra Arce; juntos tienen seis niños. A raíz de una situación detectada en el jardín al que asiste uno de los chicos, Jeremías, es que comienza la causa judicial por la situación en la que viven esos gurises”, explicó a la vez que agregó: “Mi mamá conocía lo que pasaba en esa casa, y por el 2012 comenzó a contarme del maltrato que Alejandra les propiciaba a las nenas. Durante un tiempo no pude acercame, ni hacer demasiado por ellas, porque no me dejaban verlas y yo trabajo todo el día”.
“En esa época que mi mamá empezó a contarme lo que pasaban los chicos, ellos vivían en el desaguadero y tenían un patio en común. Mi mamá veía las palizas y escuchaba los gritos de Alejandra hacia las nenas. En noviembre de 2012 le hice saber, a través de una amiga, a la señora Carmen Toller y al senador Eduardo Melchiori la situación de mis sobrinos. Luego volvía a hablar con ellos en marzo de 2013 reiterando mi pedido de que intervenga el estado en favor de los menores de esa casa”, contó López.
Y profundizó: “De a poco iba juntando relatos que daban cuenta que Alejandra las torturaba; las nenas no hablaban conmigo por miedo a que luego las golpearan. Sus tutores se preocupaban cuando yo estaba cerca porque sabían que yo estaba atenta a lo que en verdad ocurría en esa casa. Mi mamá empezó a callarse, a no contarme más nada. Nunca supe que eran abusadas, hasta hace un mes…”
Relatos del horror
“En febrero me habían contado parte del horror que hace años viven las chicas. La pastora Inés Galeano, me dijo que había visto cosas espantosas en diciembre de 2012. Su hija Priscila había ido a la casa de mi cuñada en vez de ir a la escuela. Me contó que cuando llegó a buscarla estaba todo cerrado como si no había nadie; golpeó y le abrieron la puerta los chicos. Les pregunto por los padres y ellos contestaron que estaban en el Aeroclub. Enseguida se da cuenta de que faltaba María; pregunta por ella y las otras nenas le dicen que estaba encerrada, castigada. Inés intentó entrar en la habitación, que estaba trabada con maderas y palos, y la encuentra a la nena hecha un bollito. María le pide ayuda a gritos, entonces la pastora le levanta la remera y ve que la nena tenía su cuerpo lastimado, lacerado por golpes que iban desde los pechos hasta la parte abdominal. Pese al pedido de ayuda de María, la pastora cruza el río y se va a su casa sin hacer ninguna denuncia. Cuando llega a su casa le cuenta al pastor Hugo Díaz, pero él le recomienda que no haga nada. Alejandra al enterarse que Inés había estado en la casa en su ausencia, se fue hasta lo de los pastores. Allí ellos la hablaron y en medio de esa charla Alejandra les dice, a modo de explicación, que ella descargaba así la rabia que le tenía a la nena, porque lo había encontrado a Omar con los pantalones bajos encerrado con María. Cuando me contaron esto supe que mi hermano abusaba sexualmente, al menos, de María. Y lo triste es que los pastores se pudieron haber cruzado a la policía y hacer la denuncia, pero no lo hicieron. Nadie hizo nada: Desde el 2005 que están ahí las chicas, es mucho lo que han pasado.”, narró con dolor la mujer.
El poder político y el papel del COPNAF
“Ya había pasado tiempo desde la primera vez que le comentamos al senador Melchiori el caso de mis sobrinas; el 26 de marzo de este año me comunico con él telefónicamente y me dice que hable directamente con Ignacio Bacigalupo, titular del COPNAF. Bacigalupo me dice que no podía creer lo que yo le decía porque él mismo le había entregado las nenas a Alejandra, ya que le había dado en su momento un perfil apto para ser la tutora de Andrea y María. Le pedí que por favor mi hermano y cuñada no se enteraran de que yo estaba pidiendo que se investigue el tema, que preservaran la integridad de las chicas, entonces Bacigalupo me dijo que dejara todo en sus manos, que él se iba a encargar”, detalló López.
Y ahondó: “Las nenas estaban amenazadas; si ellas abrían la boca y contaban lo que pasaba incluso podrían matarlas. Los hermanitos tenían que vigilar si las nenas hablaban y qué hablaban. Alejandra las torturaba para que le contaran lo que le decían a tal o cual persona. Sobre todo a María, mucho más que a Andrea que tiene un problemita de discapacidad y de por sí es muy tímida. Las nenas tenían costras, no las dejaban bañarse ni vestirse lindas, dormían con los hermanitos en una piecita todos juntos, las desnudaban y vestían ahí delante de los hermanos varones”.
“Después de semana santa me aboqué a este tema; mi mamá y mi otro hermano me contaron los tormentos que sufrían los chicos, los golpes y las torturas que padecían las niñas. Mi mamá dejó de contarme cosas cuando le dije que por más que sea de mi familia, yo no iba parar hasta que el abusador estuviera en la cárcel”, contó.
La denuncia
“Liliana Choza es la maestra del jardín de Jeremías; un día, ella comienza a notar actitudes sospechosas en mi sobrino; él decía con su media lengua 'para aprender hay que pegar”', entre otros comentarios con sus pocas palabras y su timidez; allí comenzaron a hilvanarse las realidades de esos chicos. Me fui enterando por las maestras con más profundidad lo que ocurría en esa casa. Logro hablar con la maestra de las niñas, Vanesa Capa, y luego se radica la denuncia que actualmente se encuentra en manos del doctor Ricardo Nelson Golly, Defensor de Pobres y Menores Nº 2 de Gualeguaychú. La denuncia por maltrato y abuso a menores, fue radicada el 18 de abril pasado por una de las docentes; a partir de allí comenzó un camino judicial que espero de resultados satisfactorios para la seguridad de las nenas”, manifestó López.
Y continuó: “Estoy segura que esta gente tiene protección política por cómo fueron ocurriendo las cosas en los días posteriores. Melchiori y Toller estaban en conocimiento de todo esto, al menos formalmente a partir de que fue radicada la denuncia el 18 de abril. Al otro día, el 19 de abril por la mañana tuve que rastrear a Ignacio Bacigalupo hasta que lo encontré en Acción Social; ya hacía un día que dormía la denuncia y si no les reclamaba seguramente ni se molestaban en actuar en consecuencia. Me dijeron que tenían la denuncia y que la mayor complicación era no tener una casa donde poder dejar las nenas, frente a lo cual les recordé que yo hace tiempo había pedido que me las dieran a mí, e incluso a mis ocho sobrinos si fuera necesario. Desde el 26 de marzo yo estoy a disposición para que me entreguen las nenas. Frente a mi insistencia Bacigalupo me dijo que me las iba a dar, apenas me tomaron unos datos en una planilla y me dijeron que esperara a las nenas en horas de la tarde. Luego Bacigalupo se comunica conmigo y me dice que iban a llevar a las chicas primero al hospital para revisarlas y luego a mi casa; que si bien mi hermano se podía resistir, me aseguraba que se iba a librar una orden de allanamiento en su domicilio”.
“Si sabían que llegaba la orden de allanamiento para quitarle las nenas a esta gente: ¿Porque la señora Carmen Toller cita a los abusadores ese mismo día en su casa?”, cuestionó López a la vez que agregó: “Eran alrededor de las 17 del 19 de abril cuando los abusadores fueron con todos los chicos a reunirse con Toller y Melchiori. De mi casa se ve la casa de mi hermano, en medio de las casitas de colores, salí a la puerta esperando se produzca el allanamiento y les quiten las chicas, pero los vecinos comenzaron a contarme que vieron pasar a los abusadores con todos los niños camino a la casa de Carmen. Bacigalupo también lo reconoció, contándome que habían citado al abogado del Municipio, el doctor García Bonzón, y a la señora Angélica Gómez, tía de Alejandra”.
“Cuando logro comunicarme con Bacigalupo, me explica que mi hermano se resistió a entregar las niñas y que sólo estuvo de acuerdo de entregárselas en guarda a la tía de Alejandra, por intermedio del doctor García Bonzón, con la condición de que yo no pudiera acceder a ellas”, dijo López.
“Luego vino el pedido de la restricción para que los abusadores no puedan acercarse a los chicos; esto me fue concedido, pero no se cumple mientras Angélica Gómez, que tiene a las nenas, y mi mamá que tiene a Jeremías, le permitan a los abusadores ver y llevarse los chicos”, reflexionó la mujer.
“¿Dónde pueden esconderse 10 personas durante 48 horas?”
“Las nenas estuvieron en manos de Angélica Gómez a partir del 19 de abril, luego de aquella reunión en la casa de la Intendente. A mí no me permitían estar con ellas, mientras que los abusadores sí las podían visitar. La última vez que las vi fue el viernes pasado en el refugio del Padre Artemio, nos abrazamos con María, en la noche iban a lo de Angélica. Fue precisamente en la noche del viernes que Alejandra buscó a las nenas y a Jeremías de sus casas designadas por el COPNAF y se los llevó. El lunes por la mañana Omar y Alejandra tenían que presentarse en el Juzgado de Gualeguaychú, no lo hicieron. Tampoco ayer martes. Según testigos que los vieron, el domingo a las 18.30 tomaron el micro en Paranacito y se bajaron en Gualeguaychú. A partir de ese momento estuvieron prófugos hasta las 14.30 de ayer. Incluso durante esas horas los estuvo buscando la policía; yo estaba muy preocupada por la integridad de los chicos, a esta altura temo lo peor”, aseguró la mujer.
Y cuestionó: “La policía restituyó los tres menores a las casas designadas por el COPNAF; las nenas volvieron a la casa de Angélica Gómez, de donde se las llevó Alejandra violando la restricción que rige sobre los menores. Hay mucho detrás de este tema, si los abusadores hablan caen todos los que los ayudaron a cubrir las atrocidades a las que sometieron a los chicos. Hay mucha violencia de género y abusos en Paranacito, si se destapa esta olla se destapan otras tantas”.
“¿Con qué dinero se trasladaron, comieron y se alojaron en Gualeguaychú 10 personas sin recursos? Mi hermano no trabaja, vive de las asignaciones a los chicos y de alguna changa que pueda hacer Alejandra: ¿Cómo pudieron hacer semejante despliegue y que durante dos días no se supiera de ellos? ¿Quién los ayudó?”, inquirió López.
“Necesitamos un lugar para que las mujeres golpeadas y abusadas tengan adonde ir”
“Nuestro pueblo es muy pequeño, en Paranacito nos conocemos todos, todo se sabe aunque no salgan a la luz del día muchas cosas que no tendrían que pasar. Yo salí hablar porque me desestabilizó la violencia y la atrocidad del abuso, no puedo creer que estos chicos pasen por todo esto”, lamentó la mujer, a la vez que dijo: “Llevo la carga de ser la hermana de un abusador, tengo que explicar de que lado estoy para que me entiendan, para que me crean cuando digo que estoy de parte de las criaturas y que sólo quiero la paz y felicidad para ellas”.
“Necesitamos un lugar para que las mujeres golpeadas y abusadas tengan donde ir, para que se atrevan a hacer la denuncia y tener que volver a la casa a recibir otra paliza; nos violan y tenemos que mirarle la cara todos los días al violador porque acá no pasa nada, esto es muy grave y alguien tiene que impedir que siga pasando”, concluyó López.
Imagen sólo ilustrativa. Publicado en www.beat991.com.ar, de Gualeguaychú. Reproducido por Río Bravo el 22 de mayo de 2013.





