El domingo pasado 25 del corriente hubo una concentración frente a la plaza, más precisamente frente a la jefatura policial de la localidad de Rosario del Tala. Bajo las consignas “basta de represión policial”, y “basta de discriminación”, un grupo de manifestantes reclamaron y repartieron volantes a quienes circulaban por la zona.
El reclamo surgió ante la indignación que provocó el maltrato a dos adolescentes en diferentes oportunidades, por parte de algunos policías. Por eso en los volantes podía leerse: “Hace tiempo que venimos siendo objeto del abuso de autoridad policial, sobre todo con los más indefensos, los humildes y los menores”… “Vivimos, supuestamente, en un sistema democrático. Sin embargo nos siguen golpeando, discriminando y marginando social y económicamente…”
Ni un represor más ni un gurí menos…
…expresaba uno de los pasacalles, y también un documento presentado a los medios locales: ... “La represión, el tormento, los golpes y las detenciones por fuera del marco de la legalidad nos remiten a una época de nuestra historia como país que difícilmente alguien quiera revivir”.
Hace unos días detuvieron a una persona de nuestra localidad acusándola de robar computadoras, la golpearon, la picanearon, le pusieron el arma en la boca, la llevaron ilegalmente al basural e incluso accionaron dos disparos simulando matar a su amigo… esa persona se llama Juan, tiene 15 años, y es probable que nunca más se olvide de este suceso.
Juan apenas mira a los ojos, fija la vista en el suelo cuando habla, su madre nos contó que no quiere salir de su casa ni ir a la escuela: “…Estaba un día en mi casa y llegaron los de investigaciones –nos cuenta Juan- diciendo que había ido a robar a la escuela 4 y 53, y yo les digo que nada que ver… a la tarde vuelven de vuelta… y ahí me llevaron a la policía y me tienen un rato y me pegan en la policía y me largan… al otro día me vienen a buscar de vuelta a la mañana… y me llevaron de vuelta, a la mañana… y me empezaron a preguntar de vuelta dónde tenía las computadoras y ahí me pegaron de vuelta ahí en la comisaria.. a la tarde me vinieron a buscar de vuelta y me llevan al basural… le dijeron a mi papa que me iban a hacer una pregunta… ahí me pegaron de vuelta… el domingo me llevaron de vuelta al basural, ahí me tuvieron un rato y me decían que les devuelva las cosas, ahí después me llevan hasta mi casa… el lunes me volvieron a buscar como a las nueve de la mañana y ahí me llevan …me llevaron al pueblito (barrio marginal de Rosario del Tala)… y ahí me echaron gas pimienta en los ojos y me pusieron un coso que largaba electricidad…, en el cuello, en el pecho, acá en lomo, era un cosito largo... un montón de veces… el lunes también me llevaron de vuelta… el domingo fue cuando tiraron los tres tiros… al otro lo hicieron que se haga el muerto… me hicieron creer que el otro estaba muerto y q me iban a matar a mí.. en la boca también me pusieron la escopeta…"
Walter es un gurí de 17 años, alguna vez sobrevivió a un camión que le dejó una parálisis de un ochenta por ciento en el brazo izquierdo, apenas si usa el brazo, apenas si puede defenderse. En esa mano llevaba la guitarra el miércoles 20 de junio como a las diez de la noche, cuando incomprensiblemente fue objeto de una paliza hasta perder la conciencia por un vecino de la calle Nuestra Señora del Rosario que lo consideró una amenaza. Cuando recuperó la conciencia estaba en la policía, detenido, entre nuevos golpes e interrogatorios.
…eran como las doce o una, yo estaba yendo a devolver la guitarra… y como a media cuadra me saltó un chabón… me golpeó, y ahí me caigo al piso, me doy vuelta y ahí es donde empezamos a forcejear y ahí cayeron –la policía- y me dieron un par de toques más y ahí sí quedé inconsciente… Una vez adentro… me empezaron a pegar nuevamente… -Walter aún tiene marcas en la cara-.
En nuestra sociedad la discriminación está tan arraigada que los prejuicios y los estereotipos nos impiden conocer a nuestro prójimo, a nuestros vecinos. Nuestros chicos, pequeños, indefensos, humildes y sin recursos, además de ser objeto de discriminación y pesquisas y palizas policiales, son discriminados socialmente, versa el documento presentado a los medios locales.
Nosotros no vamos a esperar a que le peguen a nuestros hijos, a nuestros amigos, hermanos o a nosotros mismos, para denunciar sus metodologías, para decirles que a los pobres no se les pega, que no nos torturen por ser diferentes, que no nos prejuzguen, que no discrimen y que no se metan con los nuestros.
En la concentración se hizo presente el Intendente de la localidad, Oscar Rosseti, ofreciéndose como mediador entre la policía y los manifestantes. Junto al Intendente, dos delegados de los manifestantes entraron a presentar los reclamos ante el Sub Jefe del destacamento. Mediante éstos se exigía garantías de seguridad para Juan y Walter, y que se aparte de las fuerzas policiales a los acusados de privación de la libertad con abuso funcional, vejaciones en actos de servicio y apremios ilegales.
Los manifestantes afirmaban que si durante cuatro días consecutivos habían sacado a un menor (Juan) de su casa para torturarlo, no tenían garantías de seguridad. Por otro lado, según el padre de Juan, un policía lo amenazó de que si abría la boca “LO IBAN A ATAR CON UNA CADENA A UNA PIEDRA Y LO IBAN A TIRAR AL GUALEGUAY…”
El Sub Jefe respondió que hay dos investigaciones paralelas, una en la justicia y otra en la policía, si en cualquiera de las dos se prueba el abuso policial ellos separarían de las fuerzas a los implicados.
Estos dos casos -afirman los manifestantes-, donde quienes se tienen que preocupar por nuestra seguridad son quienes golpean y vulneran nuestros derechos, no son casos aislados. Y Walter en sus palabras no cuenta: …“Corte que vos vas re tranquilo a dar una vuelta a la plaza y para la próxima te da una desconfianza de salir como llegaste…”





