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Lunes, 29 Agosto 2011 22:55

Libia: entre la guerra civil y la intervención imperialista

Escrito por Agustina Felizia

El del pueblo libio es un levantamiento con características particulares. Un gobierno popular que fue degenerando en cipayo, y las potencias del mundo haciendo su juego, caiga quien caiga. Historia y presente de un pueblo del mundo, en un análisis desde nuestros pagos.


Al analizar la situación de Libia, es necesario no caer en la encrucijada entre el apoyo al régimen de Gadafi, que gobernó Libia los últimos 40 años y progresivamente fue traicionando muchos de los principios que lo llevaron al poder en 1969; o el apoyo a aquellos “rebeldes” libios respaldados por una coalición internacional, dirigida por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, que bajo la excusa de intervenciones humanitarias, la defensa de los derechos humanos y la democracia, una vez más viola los derechos más elementales de los pueblos, como la soberanía nacional y la autodeterminación, e invaden un país para garantizar sus propios intereses. En realidad, hay entre estos contendientes, un tercer jugador que ambos bandos necesitan doblegar: el pueblo de Libia, que hastiado de años de dictadura se rebeló para conquistar sus derechos y garantizar un gobierno que responda a sus necesidades.

La llegada de Gadafi al poder

Gadafi fue miembro del Grupo de Oficiales del Ejército que participó del Golpe de Estado que derrocó al Rey Idris I y puso fin al Reino de Libia. Durante los primeros años, llevó adelante medidas para mejorar las condiciones sociales en las que vivía el pueblo libio (que lejos de una homogénea identidad nacional, está compuesto por un conglomerado de tribus diversas y a veces enfrentadas), con políticas sociales como la Reforma Agraria y políticas de independencia económica como la nacionalización del petróleo. Además, eliminó bases norteamericanas e inglesas y sostuvo una posición de apoyo a la causa palestina contra la invasión y la ocupación por parte de Israel. Estas son algunas de las causas por las que obtuvo durante muchos años el apoyo de numerosos sectores del pueblo libio y por las que aún hoy, parte del pueblo, lucha por mantener su régimen y defenderse de la intervención extranjera.

Sin embargo, Gadafi fue estableciendo una dependencia económica y política cada vez más profunda hacia las potencias europeas (los principales destinatarios del petróleo libio son Italia -antigua colonizadora-, Alemania y Francia). Durante los años ´70 colocó al Estado Libio del lado de una de las superpotencias de la Guerra Fría: la URSS, que para ese entonces hacía tiempo había dejado de ser un país socialista y abrazaba una política intervencionista en su bloque, al mejor estilo imperial. El régimen de Gadafi fue adquiriendo características dictatoriales con su pueblo, lo que se profundizó luego de la caída de la URSS y con el estrechamiento de los lazos con occidente.

El levantamiento del pueblo y la respuesta de las potencias mundiales

En febrero de este año, comenzaron los levantamientos del pueblo libio. Como un proceso de emulación se fue generalizando la rebelión en los países del norte de África. La chispa que encendió la pradera e hizo estallar la primera dictadura, se encendió en Túnez y produjo la caída de Ben Alí. De allí se propagó por Egipto, Argelia, Libia, Yemen.

Gadafi reprimió duramente las primeras protestas del pueblo libio, que reclamaba por sus derechos democráticos, y así dio inicio a un proceso que desembocó en la guerra civil. Hoy, después de más de seis meses de guerra, el gobierno de Gadafi parece llegar a su fin, si bien se mantienen fracciones leales al oficialismo en Trípoli y el dictador, del cual no se conoce su paradero, intenta una salida negociada.

Lo que distingue al proceso libio del resto de los que se dieron en el norte africano, además de cierto apoyo popular al gobierno, es la decisión de las grandes potencias imperialistas de intervenir en la rebelión.

La Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la situación en Libia, autoriza a “los Estados Miembros (de la ONU) a adoptar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles y las zonas pobladas por civiles que estén bajo amenaza de ataque” y decide establecer “la prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo de Libia”, exceptuando aquellos cuyo propósito sea humanitario o aquellos vuelos autorizados para el bienestar del pueblo libio. Así, a intervención de la OTAN, con EEUU, Gran Bretaña y Francia a la cabeza, fue un hecho. La operación "Odisea del Amanecer" convirtió la guerra civil en una guerra donde los países más poderosos del mundo intentan imponer una salida acorde con sus intereses.

Hace apenas una semana las fuerzas rebeldes al gobierno de Gadafi lanzaron su mayor ofensiva para derrocar al gobierno e incluso lograron entrar al complejo presidencial. En las últimas declaraciones del Primer Ministro británico David Cameron, asegura "ahora nuestra tarea es hacer todo lo posible para apoyar la voluntad del pueblo libio que es encontrar una transición efectiva a una sociedad libre, democrática e inclusiva".

Una vez más, bajo una especie de “velo democrático”, las grandes potencias imperialistas occidentales (con la abstención de China y Rusia, que podrían haber utilizado el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU contra la Resolución 1973, pero no lo hicieron) intervinieron militarmente para subordinar al enorme movimiento popular que ha dejado su vida en la lucha por terminar con el régimen dictatorial de Gadafi y para acicatear aquellos sectores dentro de la heterogénea oposición que son afines a sus intereses. El Consejo Nacional de Transición que se conformó durante la rebelión, al cual las grandes potencias ya le han asignado unos 500 millones de dólares para garantizar salarios y servicios esenciales; aglutina sectores diversos, entre grupos armados, ex soldados de Gadafi y vecinos autoconvocados. Tal es el grado de disputa entre los sectores rebeldes, que semanas atrás asesinaron al Comandante en Jefe de las Fuerzas Rebeldes Fatah Younis y aún no se han establecido los autores del hecho.

Perspectivas

Mientras la crisis económica se profundiza en el mundo y tiene epicentro en EEUU y Europa; mientras se destartala la “unidad” europea con indignados españoles, griegos, británicos;  mientras EEUU va perdiendo su hegemonía relativa en el continente americano y nuevas potencias le disputan el control económico del mundo; los gobiernos norteamericanos, ingleses y franceses, buscan salir de la crisis con más guerra. Entre las motivaciones, estará la necesidad de garantizar los recursos petroleros libios, la importancia de controlar los pasos estratégicos africanos, o la obligación de someter el estallido popular norafricano para demostrar quién manda. La realidad, es que frente a la inminente caída de Gadafi, será el pueblo libio el que deberá evitar que se impongan aquellos sectores que ya piensan en los nuevos negocios que le permitirán un nuevo gobierno y una alianza renovada con las grandes potencias. Será el pueblo libio, el que ha sostenido más de seis meses de guerra sin cuartel, el que deberá imponer su poder y lograr un gobierno popular que garantice sus necesidades y derechos democráticos.

Publicado por Río Bravo el 29 de agosto de 2011.

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