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Sábado, 07 Mayo 2011 12:34

Urribarristas abandonan la Rojo y Negro de AGMER

Escrito por Santiago Joaquín García

Uno de los objetivos políticos más preciados por el urribarrismo es provocar divisiones y disgregaciones en la conducción de la Asociación Gremial del Magisterio. Esta semana, de la mano del aparato propagandístico del gobierno, hubo novedades.

Desde sus comienzos, el gobierno de Urribarri intentó meter las garras en el seno de la agrupación Rojo y Negro que con debate, democracia interna y participación de cada escuela, conduce uno de los pocos sindicatos provinciales que representa cabalmente a sus trabajadores.

 

La Agrupación Rojo y Negro, 1º de Mayo, es una fuerza gremial cuya construcción llevó muchos años de esfuerzos por unir y nuclear fuerzas departamentales diversas y heterogéneas. Es enorme el trabajo militante acumulado desde los primeros acercamientos; las primeras coincidencias; el punteo de acuerdos generales y objetivos; el salto cualitativo que implicó pasar de las definiciones por “lo que no queremos” a “lo que queremos”. Es un tránsito que va desde esos orígenes, pasando por hitos como la recuperación del sindicato, los Encuentros de Educadores Populares, la permanente defensa de los trabajadores y de la escuela pública y el debate horizontal y democrático instalado en cada lugar de trabajo para ser llevado a los congresos previo consenso en las asambleas de delegados por seccionales. Hoy, pasado bastante más de una década de sus comienzos, contiene toda la riqueza y a la vez la complejidad de lo heterogéneo.

 

La convicción de que era necesaria la unidad para crear una fuerza capaz de conducir el sindicato docente y ponerlo al servicio de los intereses de los trabajadores de la educación es producto de varios factores: la conciencia de muchos delegados y militantes comprometidos que recogen el pensamiento de las bases, la historia interna del sindicato y la historia política, social y económica de la provincia. La construcción de la agrupación tuvo momento claves, entre los que se destaca la lucha contra los Federales y sus secuelas durante los gobiernos de De la Rúa- Duhalde-Montiel.

 

Otro hito importante fue la movilización de muchos compañeros junto a los pequeños y medianos productores rurales y medieros en la lucha contra la 125. Fue un camino de unidad con los sectores más oprimidos y despojados del campo, que tuvo un centro importante en el cordón agrícola de Paraná y la simbólica lucha del Túnel. Como dijo una directora de escuela rural e histórica militante de Agmer: “¿cómo no iba a acompañar a los pequeños productores de la campaña?, si los conozco de cerca, porque ellos son los vecinos de mi escuelita y los que aportan sus productos a nuestro comedor escolar y a los eventos de nuestra cooperadora”. Esta justa unidad en la lucha contra la sojización, la dependencia y la concentración económica y latifundista, rindió frutos en la unidad e implicancias que se tradujeron luego en el apoyo masivo de la docencia y el unánime repudio a la entonces conducción celeste de Elízar.

   

Las políticas gubernamentales que en aquel momento consolidaron la necesidad de una docencia de pie y en lucha, hoy se profundizaron con el accionar del urrikirchnerismo en la nación y en Entre Ríos. Por eso, siguen estando vigentes y siendo necesarias las políticas de unidad con los demás trabajadores y sectores sociales; la defensa irrestricta de los intereses de los trabajadores de la educación; la soberanía pedagógica; la independencia de los partidos políticos, del estado y las patronales; políticas plasmadas como principios constitutivos de la Rojo y Negro. Con esos principios como faro y bandera, la agrupación logró ganar en las elecciones para vocales representantes de los docentes en el CGE y luego, la recuperación del sindicato. Al mismo tiempo, fue y sigue siendo un pilar en la construcción nacional del frente Lila en Ctera.

 

En las elecciones de 2008, la agrupación 1º de mayo triunfó enfrentando al mismo tiempo al gobierno, al estado y a la conducción celeste de Maddoz, Elízar y Montaldo. Ese “trío más mentado” (estado, gobierno y celestes) opuso todos los recursos económicos, legales (y no tan legales), profesionales, patotas y mañas a fin de impedir la recuperación del Agmer al servicio de los docentes. Opusieron hasta el fraude. Finalmente, las elecciones complementarias de comienzos de 2009, fortalecieron el triunfo Rojo y Negro.

 

En este tramo de la historia, los entrerrianos asistimos a situaciones inéditas, como el hecho de ser recibidos y escuchados en el propio CGE por sus vocales y defendidos en todas y cada una de las situaciones de injusticia vividas; ver a la conducción gremial salir de una audiencia de paritarias y anunciar que la propuesta será debatida por las bases (mientras que Elízar, luego de cada encuentro con el gobierno de turno declaraba: “hemos recibido una propuesta más que interesante, todo indica que la vamos a aceptar”). A estas actitudes coherentes -no obstante las pesadas herencias de la celeste- se deben notables conquistas: recomposiciones salariales significativas y con importantes blanqueos, producto de las esforzadas luchas docentes; frenado el cierre de cargos con el protagonismo de toda la comunidad educativa (como ante la Res 937).

 

Ante toda esta historia hecha carne en una práctica de conducción gremial, no es extraño que el urrikirchnerismo haya destinado ingentes esfuerzos al desgaste, la división, la represión y el desánimo de cada lucha docente. Tampoco deben extrañar todos sus intentos de meter cuña  en el seno de la agrupación que conduce al mayor sindicato estatal de la provincia; este Agmer que no transa, no se entrega ni se vende pasó a ser blanco de sus maquinaciones. La cooptación, la traición, la compra de voluntades, la infiltración, los intentos de provocar fracturas y divisiones constituyen “el pecado original” del kirchnerismo y, para ello, vienen “haciendo caja” desde sus comienzos. Estas prácticas son tan propias de su naturaleza que han dado origen a un nuevo verbo: “la borocotización”. Fueron sufridas por diversas fuerzas políticas, organizaciones sociales, agrupaciones y hasta sindicatos.

 

Tal vez no lo sepan ni el kirchnerismo ni el urribarrismo, quizás aun no hayan aprendido de su historia: el traidor traiciona siempre. Deberían saberlo, por lo menos desde su experiencia con Cobos, quien no dudó en traicionar primero a su partido y luego al gobierno que integra. Sin embargo, siguen apelando a los mismos manejos; seguramente es lo que necesita para mantenerse en el poder un grupo que pretende hacer pasar gato por liebre.

 

En Agmer siempre hubo integrantes con identidad política definida y pertenencia partidaria. Esto, que no sólo corresponde a ciudadanos comprometidos con la realidad; también enaltece ejemplos de históricos militantes y miembros de conducción que siendo peronistas no dudaron en enfrentar las políticas de Moine o Busti y otros que, siendo radicales estuvieron de pie en la lucha contra el gobierno de Montiel. Hubo otros, que al presentársele esta contradicción, optaron por retirarse del sindicato antes que caer en la traición. También existieron quienes en un momento tuvieron participación gremial activa y en otro momento pasaron a integrar gobiernos y aplicar medidas contrarias a lo que sostuvieron cuando fueron trabajadores; es el caso de Blanca Osuna, Celomar Argachá y Graciela Bar.

 

Ahora bien, el caso que tomó estado público esta semana es mucho más complejo, difícil, y artero. Los militantes urribarristas que abandonaron públicamente la Rojo y Negro en un año donde habrán elecciones para renovar conducción venían desde hace mucho tiempo con un puñal bajo el poncho. Si bien este es un trance difícil y una jugada a favor del gobierno -vaya uno a saber con qué precios-, es una acción que fortalecerá a la actual conducción al haberse transparentado una situación que existía desde hace muchos meses. Se trata de personas que siendo miembros de conducción o congresales, venían boicoteando, frenando o impidiendo con su “voto no positivo” todas y cada una de las propuestas de lucha y construcción emanadas de las bases.

 

Cuánto es una jugada del gobierno y no el producto de la conciencia de quienes firmaron el documento de ruptura, queda claro en la actitud de manifestar su decisión frente a la prensa, antes de plantearla en el gremio. Lo evidencian las columnas centrales que destinó EL DIARIO de Urribarri (con caricatura y todo); los minutos de aire que les dedicaron las radios oficialistas; en fin, todo el espacio brindados por la prensa del gobierno, propia o adicta.

  

Estos militantes se retiran conscientes (algunos más, otros menos) de que le hacen el juego al gobierno provincial y nacional. Saben que pusieron su retirada al servicio de los que pagan a los docentes entrerrianos el salario más bajo del país; los que les descuentan los días de huelga y se jactan de su voluntad de romper las medidas de lucha antes que dialogar para solucionar los conflictos. Fueron funcionales a un gobierno que a los ojos de los trabajadores de la educación toma medidas emparentadas a la represión montielista, al poner custodia policial en el CGE para impedirles ingresar a expresar sus reclamos. Sería esperable que, concretada y anunciada la entrega, procedan a renunciar a los cargos; puesto que no tienen nada que hacer en funciones directivas en un gremio que está discutiendo cómo organizar planes de lucha que le arranquen al gobierno la plata que amarretea a los docentes y a las escuelas.

 

El pueblo y los trabajadores entrerrianos seguimos atentos y confiamos que, fortalecidos al despojarse de lastre, los trabajadores de la educación nucleados en Agmer, seguirán siendo un faro imprescindible en la lucha por justicia social, soberanía, independencia, federalismo y libertad.

 

Publicado por Río Bravo el 07 de mayo de 2011

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