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Domingo, 14 Febrero 2021 09:02

La muerte de Menem y las luchas que siguen vigentes

Escrito por Claudio Puntel

En Argentina es imposible hablar de política y evitar la primera persona. No sé si en cualquier otro país del mundo la gente es capaz de explicar que la verdulería del tío cerró sus puertas a causa del Rodrigazo; que el abuelo perdió las máquinas y un terreno, gracias a la 1050 de Martínez de Hoz o que el hermano fue un despedido por la privatización de YPF o el cierre de Agricultura Familiar. En nuestro país, sí.

A mí me pasa que nunca pude hablar del menemismo sin a la vez hablar de mi. Recorro las redes sociales y leo al que enumera las privatizaciones, los cierres de empresas, los indultos, las relaciones carnales. Pero sobre todo, están el que cuenta haber acompañado a una abuela a una marcha por los $450; el que debió dejar de estudiar y volverse al pueblo para contribuir a la economía familiar a principios de los '90 o el que recuerda cómo la depresión se llevó puesto a su padre, obrero de una siderúrgica privatizada. Yo soy de éstos últimos - no hay ningún ánimo de autoreferencia-, pero no puedo dejar de pensar la política desde mi propia experiencia. Y así pienso la muerte de Menem, que no me alegró ni una pizca, aunque entiendo muy bien a los que la celebraron.

Debo ser de la última generación que ingresó a la escolaridad con el mandato familiar de formarse y gozar de los beneficios de la movilidad social. Soñábamos ser obreros calificados en un país que nunca detendría su rumbo hacia la industrialización, a pesar de las contramarchas. También soy de los que iniciaron su militancia política a fines de la dictadura; pero por una cuestión de edad, no pude votar en 1983. Todo esa etapa milité junto a jóvenes de los '70 que votaron por primera vez recién en el '83, porque el golpe videlista no les permitió estrenar el DNI. Teníamos esa mirada de la historia y la política dónde veíamos etapas que se abren y otras que se cierran.

Con Menem en la presidencia aprendimos que ninguna etapa se cierra por decreto. Llevó un tiempo ese aprendizaje, primero hubo una profunda amargura al ver cómo iban cayendo las empresas y entes estatales que habíamos podido mantener en pie contra los planes de la dictadura. Inclusive, aquellas que sobrevivieron al ímpetu "modernizador" de Terragno. A la vez, se desmoronaban las politicas por un estado al servicio del pueblo y el interés nacional. Nos calificaban de nostálgicos por reivindicar la soberanía política, la justicia social y la independencia económica como objetivos de la politica. Fueron bastardeadas las consignas por las que el pueblo trabajador fue a la lucha y entregó su vida. Menem lo hizo.

No fue sólo Menem, lo acompañaron procesos parecidos en toda América Latina y la propaganda imperialista. La intelligentzia local imprimia en ediciones baratas el panfleto de Fukuyama, como para que a nadie le quede dudas de que no habría más historia. No dejamos de luchar, pero pocas veces nos tocó hacerlo en un contexto tan desalentador.

Fue la siesta santiagueña. Fue aquel mediodía del 93 en que el pueblo santiagueño hizo arder la casa de gobierno, la legislatura y todos los símbolos del poder que los oprimía. El santiagueñazo nos mostró que ninguna etapa estaba cerrada. Después vinieron las marchas federales, las tomas, los cortes de ruta, y una diversidad de formas de lucha, algunas recuperadas de la historia y otras nuevas que fuimos inventando. El Argentinazo del 2001 fue contra el gobierno de la Alianza, pero también fue contra el proyecto menemista.

Decía que no me alegra la muerte de Menem en una clínica, con todos los cuidados médicos, rodeado de afectos y homenajes. Nos merecemos que le hubiera tocado vivir escondido ante el escarnio por tanto entreguismo, cipayismo y traición a la patria y al pueblo. Merecemos que le hubiera tocado hacer la caravana por todos los juzgados para rendir cuentas por cada uno de sus actos criminales. Merecíamos que se muriera en una cárcel, como corresponde a cualquier delincuente de su talla.

A la vez, no me alegra porque su muerte no anuncia el fin de ninguna etapa. Su proyecto sigue en manos de sus patrones, sus socios, y sus cómplices. Son los que se resisten a ceder en sus privilegios malhabidos, los que mientras estábamos en cuarentena cortaron rutas y convocaron a las plazas para evitar que les toque pagar los costos de las políticas con las que se enriquecieron mientras las mayorías empobrecíamos, perdiamos las fuentes de trabajo y derechos esenciales.

Esa es la pulseada que sigue vigente. Y cuya historia se reaviva necesariamente en el racconto que hacemos para ubicar en su justo lugar al que acaba de morir. Esa historia nos dice que en uno de los contextos internacionales más difíciles fuimos capaces de desoir la propaganda desalentadora, los cantos de sirenas y enfrentar su proyecto entreguista en las calles y en los lugares de trabajo. El desafío con que nos interpela la muerte de Menem sigue siendo el mismo, el de la unidad del pueblo y sus organizaciones para conquistar la Argentina que pretendieron arrasar hasta de nuestros sueños. El día que estemos más cerca de lograrlo, nos detendremos a brindar por la muerte de cada tirano y cada traidor. Mientras tanto, el futuro sigue siendo de lucha.

Publicado por Río Bravo el 14 de febrero de 2021

Modificado por última vez en Lunes, 15 Febrero 2021 12:42

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