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Viernes, 03 Abril 2015 19:32

Discursos sobre Malvinas, como escritos en Inglaterra

Escrito por Ignacio González Lowy

No existe otro tema en el que sean tan palpables las coincidencias entre los discursos de sectores supuestamente disímiles como el kirchnerismo, el macrismo, el “progresismo”, una parte del “troskismo”, el nacionalismo inglés y la derecha argentina más rancia. Pasen y vean.

 

Como todo 2 de abril, la homogeneidad sofocante de los discursos pretendidamente progresistas (aunque hasta Macri los repita como un loro) invadió los medios masivos de difusión y los discursos políticos de cartón. Las coincidencias son apabullantes y prácticamente uno podría tomar cualquier escrito de los referentes kirchneristas y ponerles la firma de algún periodista de Clarín o ciertos militantes “troskistas”, y viceversa, y nadie podría notar el cambio.

De qué hablamos

Hay datos objetivos archi conocidos pero que no por ello debemos dejar de repetir, de tanto en tanto, ya que son los datos que más a menudo olvidan incluir en sus análisis los relatores de la “desmalvinización”.

A saber: el conjunto de islas que de un modo sintético y afectuoso reunimos bajo el nombre de Islas Malvinas está ubicado a menos de 500 km de la costa continental argentina y a más de 13.000 de las de Inglaterra. Las islas fueron ocupadas por la fuerza por el Reino Unido desde 1833 hasta el 2 de abril de 1982 y desde el 14 de junio del mismo año hasta nuestros días. Hoy en las islas viven menos de tres mil personas, de los cuales la mitad son soldados británicos y la otra mitad son “Kelpers”, descendientes de la población impuesta por los ocupantes. En la actualidad, las islas han sido convertidas en una fortaleza militar inglesa y además en un próspero negocio: ayer, en coincidencia con un nuevo aniversario del conflicto bélico, tres firmas informaron que descubrieron yacimientos petrolíferos a 220 kilómetros de Malvinas. Las islas, además, son un punto clave para un estado guerrero como el inglés, puesto de control entre el Atlántico y el Pacífico, y son un trampolín y un reaseguro para las evidentes, nada disimuladas, pretensiones británicas sobre la Antártida, lo que implica una superficie adicional estimada en 3 millones de kilómetros cuadrados.

Esas islas son las que el 2 de abril de 1982 fueron recuperadas para la soberanía Argentina. La decisión del gobierno de Margaret Tatcher de desatar el conflicto bélico, un mes después, llevó a una guerra que culminó el 14 de junio del mismo año. Posteriormente, sucesivos gobiernos constitucionales firmaron acuerdos (Madrid I y II y Londres) que garantizaron la entrega y la continuación del despliegue británico en las Islas; acuerdos que aún siguen en pie pese a que, con los plazos originales vencidos, podrían haber sido revisados y suspendidos.

Los veteranos y combatientes de Malvinas son los únicos Héroes de Guerra vivos en nuestro país, que venera en sus libros de historia a aquellos que pelearon por nuestra independencia junto a San Martín y Belgrano, pero a menudo olvida este para nada pequeño detalle. Que en la guerra nuestro ejército haya sido conducido por una dictadura antipopular (que justamente por ello no planificó ni garantizó una respuesta militar a la altura de las circunstancias; no convocó a los miles de argentinos que se anotaron como voluntarios ni se respaldó en los países latinoamericanos que ofrecieron y prepararon su ayuda, mientras desviaba las provisiones recolectadas por la solidaridad de nuestro pueblo; no afectó los inmensos intereses económicos británicos en nuestro país; entre un largo etcétera); no mancha en absoluto el accionar de quienes se jugaron en Malvinas el pellejo por nuestra soberanía e independencia nacional.

Los ejes del discurso único oficial

El discurso “oficial” en la actualidad (reproducido hasta el hartazgo por referentes kirchneristas, macristas, pseudo “progresistas”, “troskistas” y hasta fascistas) tiene ejes en común que, en la gran prensa y en la mayoría de los actos políticos conmemorativos, aparecen como indiscutibles.

A saber: la Guerra de Malvinas fue una guerra provocada por un General borracho que decidió “invadir” (sic) las islas con el único objetivo de perpetuar en el poder a la dictadura militar argentina. Para ello tomaron de “rehenes” a los “chicos” que llevaron a pelear y a morir de hambre y frío, casi desarmados. El pueblo, bruto, llenó la Plaza de Mayo para vivar a Galtieri y dejarse llevar como un rebaño a la guerra. Desde ya, comparten los cultores de este discurso la idea de que Argentina jamás podría enfrentar (ni debería haberlo hecho) al ejército imperial británico y que, de última, debemos agradecerle a los ingleses que nos hayan liberado de los dictadores. Dicha desmalvinización, de hecho, comenzó en la propia dictadura, cuando los mismos que habían decidido la acción militar resolvieron “esconder” a los combatientes e impedir que se los homenajeara como correspondía. Inmediatamente después, el libro de Daniel Kon “Los chicos de la guerra” (primera edición, agosto de 1982) establecería la línea oficial que hasta el día de hoy como loros siguen repitiendo en coro tantos periodistas y referentes políticos.

Como muestras de la homogeneidad de este discurso hegemónico en ámbitos políticos y periodísticos, veremos algunos ejemplos:

El repudio a la Guerra como un crimen argentino. La Guerra de Malvinas (que desató la decisión inglesa de atacar las posiciones argentinas en las islas, el 1º de mayo de 1982) es presentada invariablemente como “culpa” de los argentinos y como una “locura” o una “aventura” que hay que repudiar y, obviamente, “jamás repetir”. En esto coinciden desde el gobierno nacional (que no se cansa de aclararle a los ingleses a través de la embajadora “argentina” en el Reino Unido, Alicia Castro, que jamás los argentinos deberíamos haber pisado las islas sin su permiso en 1982) hasta Mauricio Macri (“Hace 33 años, la insensatez hizo que el agua del océano y la tierra fría se llevaran a 649 hombres”, en su Facebook, ayer, 2 de abril), pasando por cuanto periodista de “la Corpo” se les ocurra (Gabriel Levinas ayer tuiteó: “Las peores cosas nos hicieron los gobernantes en nombre de la PATRIA, una palabra que a veces me da escozor”). El editorial de Ernesto Tenenbaum en su programa ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?, por Radio Con Vos, fue especialmente virulento en este sentido (y obviamente así consiguió que otros tantos periodistas reprodujeran sus palabras): “Lo de Malvinas no fue una gesta. Lo que ocurrió el 2 de abril de 1982 fue una vergüenza, una canallada, un crimen. El 2 de abril debería ser un día de repudio a los militares que hicieron la Guerra de Malvinas, no un día de reivindicación de las Malvinas.”  Esta idea de que la Guerra de Malvinas es culpa de los argentinos (una "aventura militar"), también es sostenida por algunas agrupaciones troskistas como el PTS.

El pueblo argentino llenó la plaza para vivar a Galtieri, sumándose a una trampa para perpetuar la dictadura. Es uno de los latiguillos más conocidos y por eso hasta aburre repetirlo, pero no podemos dejarlo afuera de este racconto. A saber: el 10 de abril de 1982 la Plaza de Mayo se llenó de argentinos que concurrieron para afirmar que, ahora que habíamos recuperado las Malvinas, no debía haber vuelta atrás. No importa que algunos de los carteles (pocos, había que animarse) dijeran “Las Malvinas son de los trabajadores, no de los torturadores”, y “Malvinas sí, Proceso, no”; el análisis simplón hace palo y a la bolsa: el pueblo es una manada y el monito que habla desde el balcón es el que los conduce. Nuevamente, en esto coinciden los materiales publicados por el gobierno argentino (hasta el propio sentido del Museo de Malvinas y de los festivales y homenajes por la Memoria concurren en esta dirección) y la mayoría de las crónicas de los periodistas de “la Corpo” y del “progresismo” argentino. El mismo Tenembaun, en el editorial citado, sintetiza: “Malvinas fue una de las grandes mentiras, uno de los grandes oprobios, una de las grandes vergüenzas de la historia argentina. Militares asesinos buscando consenso para su gobierno, llevando de rehenes chicos indefensos…” En el caso del gobierno argentino, es más que llamativo que en los mismos materiales en que se reivindica la patriada del Gaucho Rivero y la resistencia contra las invasiones inglesas de 1806 y 1807, materiales en los que se aclara incluso que aunque la población impuesta se defina británica el territorio de las islas es suelo argentino; se asuma como indiscutible que no tenemos derechos soberanos para desembarcar en las islas ocupadas por el imperio un siglo y medio después.

Sobre esta diferenciación que el discurso oficial no ve, se expresa el periodista entrerriano Pablo Felizia: “El pueblo argentino, con la recuperación de las Islas, ocupó las plazas de numerosas ciudades del país y produjo una de las más grandes movilizaciones registradas por aquellos años de control militar sobre la población: supo ubicar por encima del carácter del gobierno de facto, al enemigo en ese momento: Inglaterra. Podría sostenerse que desde el punto de vista histórico hubo un cambio en la contradicción principal.”

Al respecto, en una entrevista que realizó Alejandro Fantino al periodista Nicolás Kasanzew el 31 de marzo de 2012, quien reporteara los aconteceres de la guerra desde las Islas en 1982 respondió: “Cuando Galtieri sale al balcón el 10 de abril, cada vez que dice ‘yo presidente de los argentinos’, es silbado, insultado y abucheado; y cada vez que dice ‘les presentaremos batalla’ es ovacionado. El pueblo hacía finamente la diferencia entre el gobierno de turno y la causa nacional de Malvinas. Cuando Galtieri se da cuenta de que Estados Unidos no va a permanecer neutral y que cayó en la trampa, le dice al Frúgoli que era el Ministro de Defensa: ‘Saquemos las tropas de Malvinas’, y el ministro le responde: ‘No podemos, el pueblo nos cuelga en Plaza de Mayo’. Por eso muchos combatientes te dicen: ‘a mi no me envió la Junta militar, a mi me envió el pueblo argentino.” (Ver AQUÍ)

A Malvinas no fueron soldados sino chicos, los Chicos de la Guerra. Este quizá sea uno de los lugares comunes más archirepetidos en cada 2 de abril y en cada ocasión que encuentran los pregoneros de la desmalvinización. Contar Malvinas con el eje puesto exclusivamente en lo que sufrieron los “chicos” que fueron a las islas a morirse de frío y de hambre, sufriendo las torturas de sus superiores (depravaciones que efectivamente existieron y deben ser condenadas, así como hubo oficiales que lucharon a la par de sus soldados), es uno de los ejes de este relato. Así se subestima a los combatientes que demostraron osadía, un valor que hasta los propios británicos admiraron, actos de arrojo y heroísmo conmovedores, y mucha destreza; a la vez que se oculta a los principales enemigos del país y de dichos soldados en la guerra: el Reino Unido. En efecto, los ingleses son los personajes ausentes por excelencia en muchas de las crónicas, películas (Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer -2005-, es un claro ejemplo de esto) y los discursos de la desmalvinización. No hay héroes allí, sólo hay niños indefensos que nada pudieron ni supieron hacer. A este relato, en el que coinciden casi palabra por palabra la presidenta CFK y el “opositor” Mauricio Macri (que a lo sumo reivindican al veterano de guerra pero como víctima de la “aventura castrense”), le pone la frutilla del postre el cínico personaje fascista, ficticio pero masivo, de la Dra. Alcira Pignata, que ayer tuiteó: “Bueno no seamos tan pesimistas con los caídos en Malvinas. De otra manera esos pobres jamás hubieran viajado en avión ni conocido la nieve.”

Al respecto, la psicóloga Rosana Borini en su libro Malvinas la tierra sin mal. Efectos Psicológicos y Pscicosociales de la Guerra de Malvinas en sus Combatientes, sostiene que el proceso de desmalvinización contribuyó a convertir a los combatientes y veteranos de guerra en una “población de riesgo” (se estima que desde 1982 a la fecha se suicidaron casi tantos argentinos como los que cayeron en combate).

Al final, los ingleses no eran tan malos. La idea de que a los ingleses prácticamente les debemos agradecer que con su victoria en la guerra le hayan puesto un punto final a la dictadura, es sostenida con mucho más cuidado y vergüenza propia, pero también está presente en los discursos de la desmalvinización. De algún modo, lo sostienen algunos periodistas de “la Corpo” (Gustavo Noriega tuiteó ayer: “¿Sacarme la remera inglesa? Preferiría no hacerlo”) hasta otros “progresistas” (Ernesto Tenenbaum, en el citado editorial, desresponsabiliza a los ingleses al sostener: “La culpa no la tuvieron los ingleses. Los ingleses lo único que hicieron fue defender sus intereses. La tragedia la generó la dictadura militar, la generaron argentinos”). Confluyen aquí el discurso más rancio del liberalismo cipayo y eurocéntrico, que desde hace 200 años entiende que no tenemos nada que hacer parándonos frente al imperio, con la idea de que durante la dictadura (antes y después de la Guerra de Malvinas) no hubo luchas populares que la fueron desgastando y arrinconando hasta hacerla caer.

Hoy el ejército argentino no tiene hipótesis de conflicto. De forma coherente con el permiso para que la República “Popular” China construya una base con fines militares en el sur de nuestro país, el gobierno argentino, su cancillería y la embajada en Londres, no se cansan de aclarar que no existe ninguna posibilidad de que Argentina represente un riesgo o amenaza para las fuerzas de Su Majestad Isabel II, reina del Reino Unido. Argentina es, por definición oficial, un país con un ejército sin hipótesis de conflicto, pese a que (esta es la parte que suelen olvidar en los discursos oficiales) está siendo agredido militarmente todos los días desde el 14 de junio de 1982, cuando el ejército imperialista británico ocupó nuestras islas Malvinas.

En un artículo publicado ayer en el diario inglés “The Independient”, “nuestra” embajadora Alicia Castro lamentó que hayan quedado atrás los tiempos en los que era pensable una “administración compartida” de las islas o una “devolución” pacífica de las mismas por parte del RU, “como hizo con Hong Kong”. El texto de la carta es una seguidilla de “flores” para el Partido Laborista inglés, partido al que Argentina no tiene nada que agradecer y con el que no avanzamos un milímetro en nuestras reivindicaciones cuando estuvo en el poder en Londres (ver ACÁ). Desde ya, a este argumento abona distintas fuerzas “troskistas”, planteando en cuanta ocasión tienen que las Malvinas son una reivindicación “patriotera” propia “de la dictadura” (“Yo soy Argentino, y no me interesa reclamar la soberanía de Malvinas”, sostiene el conocido perfil de Facebook “Esto es Harvard, no La Matanza”).

Por abajo, la historia cuenta otra cosa

Aturdidos, asistimos al espectáculo miserable de tantísimos políticos y periodistas que no pondrían en riesgo ni el vuelto de su sueldo por una causa que exceda sus intereses más individuales y mezquinos, pontificando, subestimando y estigmatizando a quienes se jugaron sus vidas poniendo en suspenso hasta el más básico instinto de supervivencia, en pos de la soberanía y la independencia nacional. ¿Por qué diablos será que en nuestro país uno siente que tiene que pedir disculpas para honrar a los combatientes de una guerra por nuestra soberanía? (pero “aclará que fue una dictadura”, pero “aclará que eran unos pibes”, pero “aclará que los mandó un borracho”, pero “aclará”, pero “aclará”…).

Alumbra esperanza y da fuerzas para seguir en la lucha contra la desmalvinización y por nuestra soberanía, lo que pasa por abajo mientras tantos dirigentes políticos y periodistas repiten la cantinela de los de arriba. Es que entre los vecinos de a pie, en muchas actos escolares en los que se les pide la palabra a los Veteranos de Guerra, en cada estadio de fútbol y en cada recital de rock en los que nace de las multitudes el cantar popular antiinglés; es donde hoy claramente se siguen haciendo carne aquellas estrofas de la Marcha de Malvinas que exclaman: “¿Quién nos habla aquí de olvido, de renuncia, de perdón? ¡Ningún suelo más querido de la Patria en su extensión!”.

Fernando Sassetti es integrante de la comisión por la Conmemoración de la Gesta de Recuperación de Malvinas, organizadora de la Marcha de Antorchas que todos los 1º de abril camina junto a los combatientes de Malvinas hacia la vigilia en espera del 2 de abril, desde hace unos años en Paraná. Explica así ese sentimiento que tanta prensa desmalvinizadora no puede acallar: “Homenajeamos a los 649 caídos en la guerra y acompañamos a los veteranos que volvieron de Malvinas, que tuvieron que vivir un proceso de desmalvinización importante que tuvo consecuencias en su salud y provocó cantidad de muertes por suicidios cuando regresaron al territorio”.

Como dijo Ciro, uno de los músicos más populares del rock nacional, en el desfile junto a los combatientes del 20 de junio de 2013: “No se puede borrar lo que fue hecho con coraje y honor y lo que estuvo respaldado por el sentimiento de amor a la patria.” Y aclaró que cuando en la canción “Héroes de Malvinas” se refiere a los “altos mandos”, lo dice por Galtieri y compañía, porque “me explicaron bien que hubo oficiales y suboficiales que pelearon a la par” de los soldados rasos. (ver AQUÍ).

Así, mientras el Centro de Ex-Combatientes y los Veteranos de Malvinas de Ushuaia le da la espalda al doble discurso del acto nacional oficial, la comunicación popular hace lo propio en esta batalla. AQUÍ se puede ver el trailer del documental “Malvinas, Volveremos”, de Pehuén Producciones, decidido a batir sables contra la hipocresía desmalvinizadora.

Esta es la lucha contra la idea de que no podemos enfrentar a Inglaterra y sus aliados (incluyendo la Unión Europea en pleno, que le reconoce las anexiones territoriales ilegítimas sin chistar); contra el doble discurso oficial que dice soberanía pero no cuestiona los tratados entreguistas (y “noventistas”) de Madrid y de Londres; una lucha por separar claramente la paja del trigo y por reafirmar, una vez más y hasta que la bandera celeste y blanca vuelva a flamear sobre las Malvinas, que no podemos tolerar ni naturalizar jamás que una parte de nuestro territorio esté ocupada por una potencia imperialista. Aunque un coro de periodistas y funcionarios diga lo contrario, eso es así, y por abajo seguirá indignando a millones de compatriotas que no consienten la idea de que exista una parte de nuestro suelo a la que solo se puede acceder con pasaporte.

Publicado por Río Bravo el 3 de abril de 2015.

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