En menos de un año, se han registrado cerca de cien despidos. Muchos de ellos son por problemas de salud ocultados por la empresa. Los trabajadores viven amenazados por los capataces. La empresa no respeta los derechos gremiales, y el sindicato está en crisis y salpicado de sospechas.
Cristina Fernández de Kirchner visitó la planta del frigorífico Tres Arroyos en Concepción del Uruguay en febrero de 2008 (
foto). Allí se deshizo en elogios para el empresario Joaquín De Grazia, un enorme beneficiario de subsidios y créditos, y aseguró que se trataba de “
una planta modelo”. A los tres meses, el Superintendente de Riesgos de Trabajo, Juan González Gaviola (funcionario oficialista), denunciaba que sólo un tercio de los trabajadores estaban registrados, y reclamaba “
información sobre la forma de diagnosticar enfermedades”. Luego todo quedó en el olvido para algunos, pero las enfermedades se sucedieron y los cuerpos se continuaron estropeando. Mientras el gobierno se burla de las tendinitis (que aquí son moneda corriente), los obreros son descartados luego de ser usados hasta arruinar su salud. Urribarri pasea los empresarios por el mundo, y las autoridades locales, que le han regalado hasta una calle a la empresa, no se preocupan por los trabajadores.
“Las garras del pollo valen más que nosotros”
Río Bravo tuvo la oportunidad de conversar con trabajadores de la planta, y uno de los despedidos, que “
ya son cerca de cien en este año”, quien nos comentó lo que se vive allí adentro. “
Desde que se armó el último quilombo (un reclamo salarial que terminó con la planta cerrada, el despido de delegados, sanciones al sindicato y un virtual estado de indefensión)
las cosas están cada vez peor. A mí me echaron como un perro, después de que me han arruinado la salud, porque con la espalda arruinada y los hombros destrozados nadie me va a dar trabajo” –explica Raúl, a quien le protegemos su identidad por el poder que tiene la empresa en al ciudad. “
Lo que pasa es que cuando te accidentás, te pasan por seguro interno, que es una forma que tiene la empresa de esquivar las denuncias de riesgos de trabajo. Los médicos se te ríen en la cara, te dicen que no tenés nada, te dan unas pastillitas de colores que no sirven para una mierda, y a los pocos días tenés que volver entero. Como dice un compañero que todavía está adentro, las garras del pollo valen más que nosotros” –denunció mientras muestra los estudios y las huellas en sus brazos.
Sin controles
“
Nos está matando la noria” –reclama Ezequiel, quien sigue trabajando. “
Cuando viene inspección la bajan a la mitad de velocidad, y nos quedamos dormidos, acostumbrados al ritmo de todos los días”. Con el mismo número de trabajadores, Tres Arroyos afronta mayores faenas, aumentando sus ganancias y descargando el peso sobre las espaldas de sus obreros. Para colmo de males, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA), que nuclea a los obreros de la planta, se encuentra muy debilitado gracias a que la empresa aprovechó las traiciones de sus dirigentes. Ahora despedir a un delegado es cosa corriente, y los obreros se sienten desamparados. “
Vos estás trabajando, y viene El Brasilero (uno de los encargados),
y te dice que cuides el trabajo. Los pibes que recién entran le tienen terror, agachan la cabeza y trabajan hasta quedar destrozados”. De la provincia y la municipalidad no se puede esperar mucho, teniendo en cuenta que las pocas veces que han intervenido en los conflictos gremiales de los frigoríficos, fue para traicionar a los trabajadores, presionando a la Justicia para que los detenga, o usando las carteras laborales en beneficio de Tres Arroyos. No nos olvidemos que fue este Gobierno el que quiso desalojar a los pastajeros de Santa Elena a punta de pistola, para entregarle tierras a precios irrisorios a Tres Arroyos. Un precio que no está disponible para nuestros productores. Paradojas del truchi progresismo.
Un “modelo” enemigo de los trabajadores
Hacer un paro es “
una extorsión”, pero quitar la personería a los gremios, ocultar enfermedades o despedir obreros es un modelo a seguir. La rotura de la sociedad entre Cristina y Moyano, no logra esconder que los trabajadores no están dispuestos a cargar la crisis sobre sus espaldas. “
Nosotros pagamos el impuesto a las ganancias, nosotros nos bancamos la inflación, y los empresarios: ¿qué bancan ellos?” –exige Ezequiel. Créditos millonarios del Bicentenario (esa utilización perversa de nuestra historia), y todo tipo de subsidios (a los que no se les pide renunciar), aumentan las ganancias de los exportadores avícolas, de los grandes pooles sojeros. Mientras tanto, los trabajadores la ven pasar, y se les exige mayores sacrificios.
Las fabulosas ganancias que se llevan las petroleras, las mineras, entre otros imperialistas, y los miles de millones que se destinan al pago de la deuda externa usuraria, ilegítima y fraudulenta, dejan bien en claro que este gobierno no tiene nada de nacional. Cacarea por Malvinas, pero negocia con el banco inglés que explota los recursos en nuestras islas. La inflación con la que recauda miles de millones, el IVA sobre los productos de la canasta básica, la represión a los pueblos originarios y a los luchadores sociales (en algunos casos, tercerizada), la judicialización de la protesta, la pérdida de derechos gremiales y la injerencia en las internas de los gremios luchadores, demuestran que no es popular. El resto son discursos, mitos, palabras, mística, verso. A la hora de la verdad, cuando aprieta el hambre, todo eso se va a desmoronar como un castillo de arena. Lamentablemente, los símbolos no se comen. Estaríamos más que satisfechos por estos pagos.
Publicado por
Río Bravo el 26 de diciembre de 2011.