Seguramente, no va a ser recordado por los grandes medios de comunicación. No se hará una campaña mediática para convertirlo en padre de la democracia, ni en militante mitológico. Porque el “Enri” luchó contra las corporaciones que bancan a ésos medios, y contra el Estado que nos oprime, con igual tenacidad. Lo hizo en todas las condiciones adversas que se puedan imaginar. Enfrentó las dictaduras, con los golpistas de todos los colores incluidos. Se plantó frente a los que usaron a la democracia como escudo para la corrupción. Encabezó infinidad de reclamos por la situación de nuestros campesinos, que algunos intelectuales no saben que existen en Entre Ríos. Colaboró con la lucha de los docentes, que todavía sufren por la traición de los que ayer avalaron los descuentos. La peleó desde el plano ideológico, siendo el nexo con grandes compañeros del mundo de las ideas. Y como si todo esto fuera poco, le ganó la guerra durante años a una maldita enfermedad, que sólo sirvió para reafirmar que Dios no existe. Era guapo hasta con el dolor.
Desde ya, esto dista mucho de ser una biografía. Porque no es suficiente el espacio, y además hay muchos compañeros que han transitado más años y están más capacitados para hacerlo. Será una deuda que reclamaremos, para aprender de este fenómeno. Simplemente, es una primera piedra, que sirve como disparador para que muchos otros investiguen, y se den el lujo de conocer cómo viven y cómo mueren los mejores hijos del pueblo. Apenas si tengo un par de anécdotas para compartir, pero espero que sirvan para pintarlo un poquito.
Cuando lo conocí, me increpó porque nos desencontramos en una esquina en la que lo tenía que buscar. Iba a una charla sobre la situación de los campesinos pobres. Me hizo enojar bastante, pero era tan franco para la discusión que en seguida se me pasó. Ahí nomás empecé a admirarlo. En una reunión en Paraná, me tiró unos nombres de periodistas para sumarse a la Río Bravo que nunca pude ubicar. A la siguiente vez que nos vimos, me recriminó que nos los haya contactado. Así era él. Una máquina de luchar, que arrastraba una enfermedad que lo quería tirar en la cama, y él no le aflojaba ni de casualidad.
Tengo muy claro que estas líneas no le hacen Justicia a Enrique Zucco. Supe (por los que lo vieron), que luchó hasta el último día desde su cama en Chajarí por aportar algo a la libertad de los entrerrianos, de los argentinos, de los latinoamericanos, de todos los pobres del mundo. Me toca despedirlo con mucha emoción, pero con la tranquilidad de saber cuál es la mejor forma de homenajearlo. Su nombre fue, es y será sinónimo de lucha para todos nosotros. Por eso el dibujo elegido para graficar la nota: un puño cerrado que nace del pueblo, que en él tiene sus raíces. Hasta la victoria, Enri, siempre.
* Enrique Zucco, luchador del campo y del pueblo, fue miembro del Partido Comunista Revolucionario e impulsor de la filial Chajarí (Entre Ríos) de Federación Agraria, de la mano de la corriente de Chacareros Federados.
Publicado por Río Bravo el 9 de julio de 2011.

