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FAMILIAS DE ABRIGO 955x100

Martes, 02 Noviembre 2010 19:06

Cuerpos descartables

Escrito por Rafael Sosa

Por Rafael Sosa- Como si fueran piezas de una obsoleta maquinaria, los frigoríficos de la provincia se sacan de encima a los trabajadores cuando el cuerpo no da más. Además del despido, encontraron nuevos métodos que Río Bravo desnuda en esta nota.

 

La faena está brava. No sólo se lleva puestos a los bichos, sino que arrasa con todo lo que se ponga delante de la noria. Este triste panorama, que es una constante en todos las plantas entrerrianas que el Gobernador vende al exterior como si fueran modelos productivos, abre un nuevo capítulo en su historia de ruinas e injusticias. Lamentablemente, por las relaciones aceitadas que tienen empresarios, sindicalistas traidores y el Estado, nos reservamos muchos datos de los entrevistados, para que no pierdan su empleo y la tragedia sea aún mayor.

 

El cuerpo está pidiendo basta

 

José tiene 5 hijos y va por el sexto. Su mujer tiene 26 años, y él 32. Lleva 7 años en la empresa, desde que llegaron del Chaco. Trabaja en la parte de empaque. “Mucha fuerza hay que hacer ahí”. Llegó con una mano atrás y la otra adelante, consiguió el trabajo, y “ahora el cuerpo está pidiendo basta”. El problema es que está embargado hasta los dientes, lleno de créditos que en la misma empresa le enseñaron a sacar con su recibo de sueldo. “No sé leer ni escribir”, explica con un dejo de vergüenza. Lo único que hace es firmar su nombre en los recibos de sueldo, y para pedir los adelantos que saca semanalmente, casi como un ritual. En Chaco “vivía en un rancho en el medio del monte”, y si tiene documentos es “por pura suerte del destino”.

 

“Hoy me dejan en el aire”

 

Ahora que no tiene fuerza, es material descartable, y la empresa se lo quiere sacar de encima. Le van cortando los víveres, los créditos, los adelantos, y hasta alguna que otra compra que hizo ya le sacaron. Cuando llegó le ofrecieron un mundo nuevo, y “hoy me dejan en el aire”. Encima la empresa no les enseña a defenderse ante el inminente paso del tiempo, que indefectiblemente los deja fuera de juego. “Nunca me ayudaron a estudiar”, ni le recomendaron que hiciera algo de su vida para cuando el cuerpo dijera basta. Querían un burro de carga, y lo tuvieron. En los primeros tiempos, “levantaba carga como un toro”. Ahora que está arruinado, es una molestia y lo quieren sacrificar. Pero tanto José como su mujer están contentos porque se viene el sexto gurí. Uno más y por lo menos se amplía el subsidio. Su historia es una constante en las faenas entrerrianas.

 

Jubilación anticipada

 

Hace dos meses que se está hablando de la jubilación anticipada. Es un beneficio para aquellos que en su juventud sacrificaron su salud en las cámaras de frío, sufriendo las heladas en el lomo, acumulando enfermedades en los huesos año tras año, tendones rígidos, artritis deformante, tumores en la piel (por la exposición a vaya uno a saber qué químicos) y una lista interminable de afecciones. “Al principio parecía todo un triunfo”, explicó Héctor, uno de los que está marcado para irse. Esta dichosa jubilación, como muchos beneficios para el trabajador, costó años de lucha. En gran parte por culpa de las empresas, y otro poco por la complicidad de los sindicatos. Tras muchos años, hoy parece una realidad. Pero no todo lo que brilla es oro.

 

“Los limpiamos a los viejos”

 

Lamentablemente, las modificaciones que transaron entre la empresa y el sindicato, son un “arreglo”. Según se le escuchó decir a un alto jefe: “con esta ley los limpiamos a los viejos”. Y un día empezaron a llegar cartas documento a muchos hombres y mujeres que pasaron por la empresa sin importar su puesto. Sólo necesitaban haber trabajado alguna vez con las aves, y 25 años de aportes. Son como la visita de la muerte, con la guadaña y todo. El problema es que “tenés 55 años, trabajaste toda tu vida, no terminaste la primaria, tu vida pasa por el trabajo y nada más, y de repente te llega una carta que te obliga a jubilarte”. Uno de los “condenados” lloraba pensando que lo habían despedido, sin saber qué había hecho mal. “Si yo nunca hice paro”, repetía. Algunos que tienen cuña se reían y todo, como si no les fuera a tocar a ellos en un tiempo. Veinte años no es nada, dice el tango.

 

“Terminó siendo un castigo”

 

La matanza fue pareja. Todo aquel que supera los 55 años recibió su carta, sin importar puesto, años de aporte, situación económica, personal, nada. Algo que se pensó como un beneficio opcional, hoy es un castigo obligatorio, sin ningún tipo de información, y con rumores de estafa. Los pocos que pueden y se animan, recurrieron a algún abogado, pero son pocos. “Lo que iba a ser un beneficio para los trabajadores, terminó siendo un castigo”, se lamentó Carlos, que también está en la “lista negra”. Obviamente, la idea fue darle una herramienta a las empresas para deshacerse de los viejos que cargaron con el peso de la empresa sobre sus espaldas. En las buenas y en las malas. “Siempre pusimos el lomo, y hoy terminamos como descarte”.

 

Los que ayudan a barrer las sobras

 

La empresa no contiene, no orienta. No ayuda a que los trabajadores se hagan la idea que se pueden quedar afuera de un día para el otro. Y todas esas personas, que dieron su vida en la cámara frigorífica, algunos de los cuales se pasan el verano usando buzos al sol (ya que “el frío se te pega en el alma”), hoy son material descartable. El sindicato, bien gracias. Reptando alrededor de Moyano, o quien tenga el poder que más les convenga. Como buenos girasoles que son. Hasta se dan el lujo de hacer un sorteo entre todos los afiliados y se reparten los premios entre los miembros de la Comisión Directiva. Ni siquiera tienen oficio para robar. La impunidad tiene esas cosas. Da lugar a muchos excesos, obscenos, desubicados. Mientras dure, que la aprovechen. Ya les va a llegar la hora de rendir cuentas ante una Justicia que sea verdaderamente justa.

 

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