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Jueves, 26 Abril 2012 00:30

Crónica de una lucha democrática

Escrito por Ramiro García
La escuela Normal funcionando bajo control de la Asamblea Universitaria durante todo un día, clases públicas y actividades artísticas, una marcha a Casa de Gobierno que promete masividad y un fallo judicial que puede dar respuestas positivas a la lucha por la normalización… o ignorarla y darle más impulso y fuerza.

El martes 24 de abril a partir de las 13 horas la escuela Normal, en la cual funcionan las facultades de Humanidades y Ciencia y Tecnología de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, pasó a estar bajo control de la Asamblea Universitaria por un día. Dicha medida fue acordada en la asamblea interclaustros que se realizó el pasado miércoles 18, junto a una serie de acciones que conforman el actual plan de lucha por la normalización.

Un día de toma

Un grupo de estudiantes invitando a sacarse una foto junto a un cartel a favor de la normalización, otro preparando sandwichs y cajas de facturas para acercar a la improvisada cantina, atendida a su vez por estudiantes con el fin de juntar fondos para la lucha y saciar el hambre de los “tomadores y tomadoras”, que pasan la larga tarde del martes ocupando con total legitimidad su espacio de formación. Más de un centenar escucha con atención la clase pública de Alejandro Haimovich sobre el derecho a la protesta social; y rondas y más rondas de mate y charla se multiplican por todas partes, en un clima relajado y alegre, de unidad en la lucha. Otros eligen el deporte, y se arma un picado de futbol en el patio de la escuela para hacerle frente a los 10 grados de temperatura, que por cierto no fueron ningún impedimento para que centenares de estudiantes y docentes se congreguen en el lugar. Más tarde, una potente batucada de adolescentes irrumpe como protagonista de la escena durante alrededor de media hora, y se arma la ronda de baile, el trencito y los cantos; el frío quizás se haga sentir, pero sobran formas de burlarlo. A las 19 se proyecta “El Uaderazo”, documental que registra la histórica lucha del 2007 por la conquista de concursos docentes ordinarios, año en que las facultades fueron tomadas por última vez: la lucha que hoy en día aún no termina, y hay mucho que aprender de los procesos anteriores. Ya a las 20:30 suenan Los Redondos mientras se preparan las bandas para tocar y cerrar la jornada: la toma comenzó a las 13, pero cada vez hay más gente en la Normal. Varias banderas y pancartas adornan el edificio tomado, todas reivindicando de alguna u otra forma la autonomía universitaria y la inmediata normalización de la Universidad. Entre ellas, una se distingue: U.N.A.D.E.R. “Universidad No Autónoma De Entre Ríos”.

El miércoles 18 de abril más de 200 personas participaron en la asamblea interclaustros que decidía el rumbo de la lucha. Se concretó un plan que agrupa tres medidas principales: primero, una toma de la escuela Normal para el jueves 19, que se desarrolló con dictado de clases, asambleas por curso de alrededor de 20 minutos para debatir el camino a seguir, y cierre de las oficinas administrativas por una hora. Segundo, la toma del martes 24: sin clases, o mejor dicho con clases públicas, y con actividades de lucha, artísticas y recreativas dentro y fuera de la escuela Normal. Y tercero, la marcha desde la esquina de Corrientes y Urquiza hasta Casa de Gobierno, convocada para este jueves 26 a las 18hs, que reclamará a los principales responsables de que no se haya normalizado, que lo hagan de una buena vez. Las condiciones están dadas, falta la decisión política de hacerlo.

Lo político

¿Qué está en juego alrededor de la normalización? ¿Quiénes ganan y quién pierde si ésta se da? ¿Qué ganan unos y qué pierden otros? Conversamos con Leandro Gillig, presidente del Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias Sociales y militante de la Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA), quien nos explica la importancia de esta lucha que ya lleva casi dos meses.

Lo que está pasando es gravísimo. En la historia de la Argentina y de su universidad, desde 1918 hasta acá, ¿qué gobiernos o procesos le discutieron la autonomía a la universidad? Principalmente las dictaduras. Quizás el caso más emblemático sea la Noche de los Bastones Largos de 1966, bajo el proceso dictatorial de Onganía. Y, salvando las diferencias, son cuestiones de esa magnitud las que estamos abordando: si la universidad es autónoma respecto del gobierno o no. La UADER no es autónoma, nunca lo fue. Los gobiernos que hemos tenido siempre han tratado de controlar la universidad.” 

Respecto de cómo funciona en relación al gobierno provincial, Leandro nos dice que “la UADER tiene órganos de co-gobierno imperfectos, no es como el resto de las universidades públicas (la UNER, por ejemplo). Acá los Consejos son consultivos, no resolutivos. Las decisiones son tomadas por rector y vicerrector, en el caso del Consejo Superior; y decanos y vicedecanos en los Consejos de cada facultad. Ninguna de estas personas ejerce su cargo producto de elecciones, todas ellas han sido y siguen siendo designadas directamente por el Poder Ejecutivo provincial, quien por cierto puede pedirles la renuncia en cualquier momento si no acuerda con su accionar. El resto de los consejeros: estudiantiles, docentes, no docentes y graduados, son consultados pero no deciden. Todo esto cambiaría con la normalización de la universidad. Se llevarían a cabo elecciones para designar decanos y rector, en las que participen los cuatro claustros y toda la comunidad universitaria; y serían los Consejos quienes decidirían democráticamente qué necesidades atender y qué políticas llevar adelante en la universidad”.

¿Qué se está perdiendo mientras la UADER permanece intervenida por el gobierno provincial? Prosigue nuestro entrevistado: “Por un lado, el presupuesto no es transparente. Acá no se sabe bien cuánta plata llega, de dónde viene, en qué se gasta ni quién la maneja, y siempre llega menos de lo que se presupuesta. Y, por otra parte, lo académico. No se da de manera democrática quién define los planes de estudio, qué docente entra o no a trabajar, a quién se le asignan horas cátedras y en qué cantidad. Algunos consejos funcionan bien, son democráticos, pero otros no. Y este tipo de decisiones de esas facultades son tomadas sólo por los decanos o directamente por el rector o el vicerrector.”

La lucha

La presión por la normalización dio un salto adelante a fines del año pasado y partió de las bases, de los estudiantes, docentes y sus correspondientes representantes en los cuerpos colegiados. En septiembre el Consejo Superior estableció el cronograma electoral, que en menos de ocho meses culminaría con la elección de un nuevo rector luego de las respectivas elecciones de los claustros docente, no docente, estudiantil y de graduados. El gobierno obligó a renunciar a la rectora Mingo y asumió en su lugar el hombre del apellido impronunciable, Marino Schneeberger, como rector “normalizador”; léase interventor. Lo acompañaba su secuaz, el vicerrector Alejandro Aguilar, un hombre procedente de las filas de la Universidad Católica Argentina, y juntos encararon el noble desafío de finalizar el proceso de normalización. Qué tan dispuestos a hacerlo estaban y cuánta voluntad pusieron en lograrlo: nada; con qué nobleza asumieron tal responsabilidad: nula; cuánto hicieron para frenar tal proceso: mucho.

A comienzos del año académico 2012 un grupo de siete docentes provenientes de la facultad de Schneeberger y Aguilar -Ciencias de la Gestión- reclamaron al Consejo Superior postergar las elecciones hasta tanto concluyan sus concursos docentes, para así poder participar en los comicios. Este cuerpo no dio lugar al pedido y ratificó el cronograma en su sesión del 28 de febrero (de esperar a que terminen de desarrollarse todos los concursos docentes para poder realizar las elecciones, éstas no se producirían nunca: en cualquier universidad hay concursos llevándose a cabo todo el tiempo). No obstante, pasando por encima al Consejo Superior y su ratificación del cronograma, el rector interventor Schneeberger redactó la resolución 187/12, que ofrece en forma tramposa una serie de argumentos que convalidan la posibilidad de frenar la normalización. Ignoró así por completo todos los criterios expuestos por la mayoría de los consejeros para desatender al reclamo de esos siete docentes y continuar con la normalización, y dio vía libre a la Justicia para que intervenga y se viole un principio básico de la universidad como es el de gobernarse autónomamente y elegir sus autoridades por sí misma.

Seguidamente, y no contentos con las decisiones tomadas por la comunidad universitaria, ni mucho menos con que se concrete la normalización esperada por más de 12 años, este pequeño grupo de docentes acudió al Poder Judicial para que dirima en asuntos de pura índole académica. Presentaron un recurso de amparo al cual sí se dio lugar en el Juzgado de Instrucción Nº 3 de Paraná. Esto desató la lucha.

En un marco muy desfavorable porque aún no había empezado la cursada y sólo se estaban realizando mesas de exámenes y algunos propedéuticos, estudiantes y docentes organizaron y llevaron adelante una serie de medidas que incluyó marchas a Casa de Gobierno y Tribunales, cortes de calle frente al Rectorado, intervenciones artísticas y difusión del proceso a nivel nacional, todo esto acompañado de asambleas periódicas que decidían el rumbo a seguir. A pesar de que la gran mayoría del estudiantado aún no había vuelto a frecuentar las facultades, las medidas tuvieron gran repercusión en los medios locales y despertaron la atención de la población paranaense y entrerriana. Muchos sectores acompañaron y se solidarizaron con el reclamo de la comunidad universitaria de la UADER y se logró que la lucha no quede aislada y que el gobierno no avasalle sin problemas la autonomía de la universidad.

Al respecto, Leandro Gillig nos cuenta: “el proceso de la lucha es muy positivo. Hay pocos precedentes de marchas estudiantiles que hayan convocado tanta cantidad de gente, y más aún teniendo en cuenta el momento del año en que se dieron. Estas medidas y las discusiones al interior de la UADER se han profundizado con la presencia de los compañeros de años avanzados que ya están cursando.”

Por una parte, actualmente estamos funcionando en una asamblea general, en la que confluyen estudiantes de todas las carreras, los centros de estudiantes, las agrupaciones, los sectores docentes y administrativos. Asimismo, cada claustro tiene sus instancias propias de discusión. Y, por otro lado, todos los compañeros se están interiorizando e informando de la situación para así poder salir a luchar: los cursos están saliendo a la Plaza (de Mayo), al patio y a los pasillos para discutir alrededor de la normalización, para demostrar que no está todo bien, que tenemos muchos problemas. Nosotros propusimos desde un principio que no quede un solo compañero sin discutir o por lo menos conocer el problema que estamos enfrentando, y así se ha masificado el proceso de lucha. Sostenemos que si se toma una decisión lo haga el conjunto, sea del estudiantado o de toda la comunidad; de esa manera va a ser una medida democrática y además el conjunto la va a sostener, garantizando así la unidad y fuerza que se necesitan para forzar la decisión del gobierno provincial de normalizar. Y la línea de acción de que la mayoría protagonice los debates y las decisiones está dando muy buenos resultados.” 

Expectativas

Lucas Barrios integra la agrupación ERA y preside el Centro de Estudiantes de Psicología. Al consultarlo por las expectativas que tienen alrededor de la lucha, afirma “vemos que estamos teniendo buenas respuestas y que los estudiantes están tomando conciencia de esto que nos viene pasando. Los docentes están participando y se están comprometiendo cada vez más; por ejemplo, no ponen falta a aquellos estudiantes que quieren participar de las distintas instancias. Esperamos que a la marcha del jueves venga mucha gente”. Respecto de la posición y las potenciales respuestas del gobierno de Uribarri, Lucas no se muestra tan entusiasta: “creemos que si no normalizamos hasta ahora y si se judicializó el proceso es porque el gobierno de turno no quiere que normalicemos. Hay una historia de lucha paralela a la intención del gobierno de no querer normalizar esta universidad. A su vez hay una cantidad de dinero que no manejamos nosotros. No sabemos para qué se destina el presupuesto, porque el que lo maneja es el rector, o sea el gobierno. Una vez que estemos normalizados, nosotros mismos desde el Consejo Superior podremos decidir qué hacer con el presupuesto.”

La lucha por la normalización que se inició en febrero es un espiral ascendente. Lleva un proceso de crecimiento y agudización que nunca menguó y es cada vez más marcado, que ayer se expresó con una toma total y más de 500 personas circulando y participando de diversas actividades en facultades bajo control de la asamblea. La postura del gobierno provincial es clara: por un lado, no tiene fuerza suficiente para gobernar la universidad y adaptarla a sus intereses en un proceso democrático y necesita tiempo para fortalecerse; empero, esta lucha lo está dejando muy mal parado y es más que obvia su participación en el freno a la normalización. Por otro lado, la UADER implica cantidades de dinero enormes para la caja de la provincia, que hoy está en rojo y tira manotazos de ahogado, como los impuestos inmobiliarios rurales, que empobrecen y saquean a los pequeños y medianos productores, o los flamantes y nefastos bonos que están tratando las cámaras legislativas. Si se normaliza la UADER, se gana un espacio más de lucha, que son los órganos de co-gobierno. Esto implica transparentar el presupuesto y atender una larga lista de necesidades que están insatisfechas y significan dinero que el gobierno no está dispuesto a invertir. Sólo por enumerar algunas de las más mencionadas por los estudiantes: edificio propio, comedor, material de estudio, becas genuinas de ayuda económica, campo de deportes, extensión o investigación.

Definitivamente hay un cruce de intereses entre la comunidad académica de la UADER y la gestión provincial. Una parte viene interviniendo a la otra desde hace años y decidió inmiscuirse a través de la Justicia en el terreno político-académico de la otra; esta última, por su parte, no está dispuesta a seguir soportando atropellos a su autonomía y está completamente decidida a concretar su legítima normalización. La lucha lleva dos meses y es cada vez más intensa y más democrática, y no casualmente lo que está puesto principalmente en juego es la democracia, sintetizada en la autonomía universitaria respecto del Estado. Y esta universidad ha logrado todos sus avances en el terreno democrático con la lucha en la calle, plantándose frente a los sucesivos gobiernos. Así fue con la conquista de los concursos docentes ordinarios, la nacionalización de los títulos y la histórica adquisición del terreno para el edificio propio, que tantas marchas costó. Esta victoria se logrará de la misma manera, pero hay que ver cuánto más aguantan el gobierno y sus personeros en su postura.

Mañana hay una nueva gran instancia que comienza a las 18 en la puerta de la escuela Normal, la Tercera Marcha a Casa de Gobierno de toda la comunidad de la UADER más los sectores que acompañan. Se espera masividad, fuerza y unidad. Habrá que ver.

Publicado por Río Bravo el 25 de abril de 2012.

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