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Lunes, 26 Septiembre 2011 23:20

Rosa Nassif: "Sin conocimiento no hay justicia”

Escrito por Claudio Puntel

Continuamos con la segunda parte de la entrevista a Rosa Nassif, psicóloga, psicóloga social y militante revolucionaria, que recientemente presentó en Paraná un libro imprescindible titulado ¿Es posible conocer la realidad?



Que la realidad no pueda ser conocida, como pretenden las corrientes agnósticas y relativistas, es una afirmación con implicancias que van mucho más allá de lo epistemológico. Rosa Nassif cuenta que en el proceso de la investigación, la reflexión y los debates para la elaboración del libro, “fuimos viendo cómo el agnosticismo filosófico y el agnosticismo político se alimentaban mutuamente”. Pero además percibieron que “aquél escepticismo estaba detrás de muchas de las patologías psicológicas que comenzaban a predominar”.

La difusión de la creencia en el fin de la historia es un atentado a la salud mental; sobre todo de los sectores populares. “Primero se festejaba que éste era el mundo de la realización plena de todos los deseos. Esa ilusión cayó rápidamente debido a la Guerra del Golfo y las crisis que vinieron después; entonces, se abocaron a plantear que no es el mejor de los mundos, sino que es el único mundo posible”, recuerda Rosa. Ahora bien, si éste es “el único mundo posible y es como es -en el sentido en que empieza a sentirse la precarización de trabajo; que estás a merced; que creés que vas a ser el trabajador de 10, te sobreadaptás pero igual te echan, o si no te echan te transformás en un obsesivo grave- entonces es una encerrona”.

Las patologías de época tienen una estrecha relación con esta encerrona. “Si este es el único mundo posible y es tan terriblemente nocivo para la mayoría de los seres que lo habitan, y no hay ninguna posibilidad de cambiarlo, entonces tratás de adaptarte al máximo y te enfermás. La depresión, el síndrome de pánico y todas las patologías que han predominado en ese período tienen esa base. Lo mismo ocurre con las adicciones, tomadas como una forma de satisfacción ilusoria de necesidades y resolución de las tensiones”.

Hegemonía en la academia

Rosa Nassif cuenta que antes de la publicación del libro se plantearon un gran interrogante: “si todavía tenía vigencia esto. O sea, que si estos planteos que habían dado lugar a una polémica tan virulenta en un período de los ‘90 y ahora parecía estar aplacado”, tenía vigencia en algún campo.

Considera que suponer que las corrientes posmodernas se debilitaron “es el gran engaño”. Explica que ahora “aparecen más inadvertidos porque pasaron a formar parte de la ideología dominante. Tiene esa invisibilidad de lo hegemónico; entonces, ya no necesitan estar en guerra, como cuando venían para desalojar a las otras”. Rosa relata que cuando comenzó a revisar “qué se enseña en las universidades; qué discusiones aparecen en los medios de comunicación”, ya no le quedaron dudas. Explica que, por ejemplo, en la prensa “han establecido ya que la objetividad no es posible; que la idea de un periodista objetivo en realidad es la de un periodista no comprometido; equiparan la neutralidad con la objetividad”.

La autora de ¿Es posible conocer la realidad? dice que lo que hacen en la prensa, tanto en los medios oficialistas como en los opositores, es “discutir un relato contra otro relato”. Y describe: “si mirás 6,7,8,  te muestran un relato; ves TN y es otro relato. Pero en ninguno de los dos aparece la confrontación de los relatos con cómo son las cosas”.

Lo que se advierte es que esto está presente en muchos otros campos de la vida social; en lo académico “está en Comunicación Social, en Trabajo Social, en Psicología”. Y también en la vida cotidiana fue incorporada su terminología, “porque es habitual que en la charla común se hable de imaginario, de paradigma, etc. Entonces, efectivamente ya ha sido incorporado con esta estratagema de lo hegemónico que es lo obvio”.

Poner el debate al servicio del pueblo

Sin embargo, algo diferente sucede cuando observamos lo que ocurre donde se están librando las luchas sociales. Hubo otro momento en que la autora se preguntó si tenía algún sentido la difusión de este debate y fue cuando se presentó el libro en Jujuy, “justo en la semana de la represión en Libertador”. Rosa recuerda que viajó a Jujuy “un día antes para estar en el acto de Libertador San Martín. También tenía un prurito de decir ‘esto es medio descolgado, la gente está peleando, la están matando y nosotros vamos a venir a presentar un libro de filosofía’. Lo pensé mucho”. La práctica le dio la respuesta, porque “en ese acto, que fue extraordinario, frente al ingenio de Ledesma, en el corazón de los Blaquier, con unas quince mil personas y la marcha encabezada por gente de los pueblos originarios de la etnia guaraní, cada uno de los que hablaba exigía que se pueda saber la verdad".

Verdad era la exigencia en cada tema, “por ejemplo: ¿quiénes son los dueños de esta tierra? Y decían ‘nosotros, los pueblos originarios somos los dueños. Nosotros fuimos desalojados de acá; nos hicieron el primer genocidio, ahora quieren hacernos un nuevo genocidio’. ¿Qué títulos tienen los Blaquier? ‘Si los Arrieta se quedaron con esto y después los Blaquier porque se casaron con los Arrieta’. ¿Son de los Arrieta y Los Blaquier o de los originarios?; ¿quién asesinó? Una viejita guaraní llevaba una foto de su nieto que era uno de los asesinados. Y ella decía 'yo quiero saber quién mató a mi nieto'; porque algunos dicen que fue la policía de los Blaquier, su seguridad privada; pero yo quiero saber quién ha sido’. ¡Claro! Acá tenemos que ver  quién dice la verdad”.

Ese reclamo “nos sirvió para ver con claridad y lo dijimos en la presentación del libro: la lucha de clases se libra en el terreno de lo social alrededor de quién tiene la verdad y a quién le interesa que se sepa la verdad y a quién le interesa encubrirla”. En seguida pregunta: “¿A quién serviría que yo diga que cada uno tiene su verdad? O sea, que Blaquier tiene su verdad y los originarios tienen su verdad; la policía tiene su verdad y los combatientes tienen su verdad... Porque las cosas han ocurrido de determinada manera y queremos descubrirla. Verdad y justicia”. Cuenta que también, “en el terreno donde damos el debate filosófico sucede lo mismo: hay una verdad objetiva”. Si bien, “no la podés descubrir en forma individual, es un proceso social, es compleja, no es simple; pero en ese proceso es posible llegar a comprobar a través de la práctica. Entonces, se instala algo que todas estas teorías soslayan, que es el tema de la práctica como cuestión central, como la base del conocimiento. La práctica te provee la posibilidad de comprobar si tu conocimiento es verdadero o erróneo e ir corrigiéndolo”. Al mismo tiempo, "la práctica es el objetivo del conocimiento. Conocés para transformar, conocés para que se haga justicia; si no hay conocimiento no hay justicia”.

¿Lo posible o lo necesario?

Un fenómeno que emerge habitualmente en las discusiones sobre la necesidad de cambios es el del posibilismo. Se trata de una posición que asumen, sobre todo, amplios sectores de intelectuales. Para Nassif, “el posibilismo está relacionado con el agnosticismo y el relativismo desde la idea de que acá, cambiar la sociedad, como cambio de sistema, es imposible. Esa es una convicción impuesta por las clases dominantes”. Pone el ejemplo de Mujica, “el presidente de Uruguay, que dijo: ‘nosotros, que queríamos cambiar el mundo, ahora tenemos que resignarnos a cambiar la vereda’. Ahí tenés el núcleo teórico de eso”, expone.

Lo que han instalado, “ya no por razones filosóficas, sino políticas, es que acá el proceso de cambio revolucionario no puede ser. Tampoco dan demasiadas explicaciones de porqué no puede ser; porque si uno parte de las necesidades, la gente además sigue luchando por lo que necesita, no por lo que es posible”. Entonces, las clases dominantes “afirman una idea de que hay que pelear por lo posible, porque sino viene lo peor”. Hoy, en la Argentina “es una idea con mucha penetrabilidad en las masas, porque está muy fresco el recuerdo de lo que ha sido el 2001. A eso también contribuye la expresión de una oposición que es terrorífica. Porque lo ves a Duhalde, que es como el muerto vivo que aparece; inclusive Alfonsín o De Narvaez o Carrió. Entonces, le oponen al kirchnerismo esa oposición de derecha que son propuestas para volver atrás. Frente a eso, al kirchnerismo lo hacen aparecer como lo mejor de lo posible. Por eso es tan importante romper esa pinza y plantear con claridad que es posible luchar por lo necesario”. Rosa Nassif sabe que ello “no ocurrirá de un día para otro, no es un camino que aparece al alcance de la mano; pero muchas veces hemos dicho que aquello que aparece como lo más difícil, lo más lejano, resulta a la larga el camino más firme para llegar al objetivo que tenemos planteado”.

¿Cómo hacerlo?

Rosa describe que “estamos en otro momento en la Argentina y en Latinoamérica, también en el mundo. Por un lado, transitando un gravísima crisis global del capitalismo imperialista de la que nuestro país no quedará al margen. Pero a la vez, es un momento distinto porque los pueblos resisten y luchan. Y ha adquirido fuerza la idea de que es necesario producir cambios en la sociedad. La discusión hoy, en el terreno político es alrededor de si deben ser cambios dentro del sistema o cambiar el sistema. Para lo cual no se puede renunciar a la revolución”.

Entonces, propone “partir de analizar las condiciones concretas; concebir la realidad como contradictoria; saber que siempre hay algo desde donde tirar; que hay que encontrar de dónde tirar; tomar conciencia que la resolución de los problemas está en los propios problemas, no vienen de afuera”. Explica que “si la base del movimiento es la unidad y la lucha de los contrarios, cuando aparece uno, está el otro. Si aparece la resistencia, está también el proyecto; si aparece lo negativo, está también lo positivo”. Finalmente, nos alienta recordando que “muchas veces, lo nuevo aparece como pequeño, como débil; cuesta más verlo y pesa mucho más lo ya establecido, pero si uno lo busca sabiendo que está, siempre habrá de donde tirar. Sobre todo, yo creo que el mandato del poder ha sido mucho tiempo la desconfianza en nuestras propias fuerzas, en lo que tenemos al lado, en que nosotros no podemos”.

Rosa, profesional y a la vez militante revolucionaria, considera que “como expresión de los trabajadores, del pueblo que lucha, debemos afirmarnos mucho de verdad en la convicción de que en nosotros está la fuerza y la potencialidad para cambiar todo esto. Aunque no es fácil la situación,  juntos podemos y debemos romper con ese discurso negativista”. Es necesario desembarazarnos de “ese mandato de impotentizarnos a nosotros y de que busquemos refugio en lo individual, en lo aleatorio, en lo compensatorio y no en lo de fondo, en lo que nos une”.

Concluye alentándonos porque “estamos en un muy buen momento histórico y social para quienes queremos cambiar el mundo. Nunca como hoy se mostró tan claramente que este sistema basado en la opresión de una minoría sobre una mayoría; en la opresión de los países imperialistas sobre los países como el nuestro, está en una crisis total; no sólo económica, sino también social y además ideológica. No tiene ya ideas con las cuales sostener su propio dominio, están en crisis; por lo tanto hay una apertura a que nuestras ideas, nuestras concepciones, nuestro camino, puedan penetrar como la búsqueda. Es momento de avanzar hacia el encuentro de una sociedad donde los hombres y las mujeres recuperen la posibilidad de vivir como seres humanos, que es algo que el capitalismo niega y destruye cada vez más”.

Publicado por Río Bravo el 26 de septiembre de 2011.

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