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Miércoles, 17 Agosto 2011 22:28

Qué nos dice hoy San Martín

Escrito por Ignacio González Lowy

Hoy, nosotros, aquí en Paraná, nos preguntamos: ¿qué puede seguir diciéndonos este hombre? ¿Qué sentido tiene decir San Martín hoy en Argentina? ¿Por qué lo recordamos y honramos? Intentaremos aportar a la reflexión algunas posibles respuestas.

Don José de San Martín, lo sabemos, fue un militar. Nació en Yapeyú en 1778, cuando aquél poblado formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Partió de niño con su familia para España y allí estudió y se formó en la carrera militar. Podría haberse quedado en Europa viviendo tranquilamente de su salario como militar. Pero decidió, junto con otros sudamericanos, venirse para estas tierras a pelear por nuestra independencia.

Lo hizo en el momento más difícil: en Europa, la corona española comenzaba a juntar fuerzas nuevamente para pocos años después lanzarse a reconquistar los territorios que el imperio había perdido o visto amenazados. Los ejércitos patriotas estaban siendo derrotados o jaqueados en Chile, en Venezuela y en Colombia. Las fuerzas del rey mantenían el Perú y amenazaban nuestras tierras desde el norte, donde los detenían como podían los heroicos gauchos dirigidos por Martín Miguel de Güemes.

En este contexto, San Martín se decidió a encabezar los ejércitos que libertarían el Chile y el Perú y consolidarían la independencia Argentina. Lo hizo resistiendo todas las tentaciones y las presiones de propios y de extraños. Lo tentaron con el poder y con la comodidad, lo amenazaron, lo llamaron traidor, fue derrotado y casi lo asesinan en San Lorenzo. Le quitaron apoyo desde el gobierno unitario de Rivadavia, intentaron convencerlo de que se quedara en casa, tranquilo, que no siguiera con sus campañas con la bandera de la libertad por toda América del Sur.

Y pese a todo, contra el viento, contra la corriente, contra el poder, contra la realeza, contra los verdaderos traidores, San Martín siguió. No lo hizo solo, lo hizo apostando a la mayor unidad posible del pueblo para que éste fuera el protagonista de la lucha por su emancipación. Sumó a los esclavos y les garantizó la libertad, sumó a los aborígenes y a los gauchos, coordinó fuerzas con Artigas y con Bolívar, organizó a las mujeres y a las familias más humildes para que cada uno aportara su esfuerzo a este sueño que parecía tan lejano: que ningún poder extranjero se sintiera dueño de nuestras vidas, nuestros hijos, nuestras tierras y nuestros destinos.

Confió siempre en las fuerzas de este pueblo. Rechazó sobornos y regalos, diciendo que no estábamos en tiempos de “lujos”. Le peleó al miedo de tantos dirigentes que no se animaban a gritar y pedir la libertad, y les exigió a los congresales de Cuyo, que fueron en 1816 a Tucumán: “Pensemos en grande, y si la perdemos, que sea con honor”. Y no la perdieron. Con coraje, con valor, sin medir riesgos, San Martín sumó su grito al coro con que le hicimos oír al mundo entero el grito sagrado de nuestra libertad. Nuestra independencia. No sólo de España y sus reyes sino, como señala el Acta de la Independencia, de “toda otra dominación extranjera”.

Mucho para decirnos

San Martín, por eso, hoy tiene mucho para decirnos.

San Martín significa libertad, independencia, soberanía: nadie, ni el Banco Mundial, ni Estados Unidos, ni Inglaterra, nos pueden decir qué tenemos que hacer entre nosotros, los argentinos. Eso lo sabía San Martín, aunque los enemigos de entonces fueran otros.

San Martín significa coraje, fuerza, valor: “seamos libres, lo demás no importa nada”, decía, y juraba que así se quedaran sin armas y municiones, pelearían por la liberad aunque tuvieran que “andar en pelotas, como nuestros paisanos los indios”. Lo importante era no rendirse, porque se estaba luchando por el derecho del pueblo a escribir su propia historia, y ese derecho es irrenunciable.

San Martín significa justicia: porque nunca creyó que bastara con romper los lazos con la corona española, y siempre peleó para que en nuestras tierras no hubieran ricos dueños de todo y pobres que no tuvieran ni un pedazo de tierra donde caerse muertos. Supo aliarse a aquellos que más hicieron para que este país creciera con justicia e igualdad. En esa lucha, él lo supo, fue derrotado. De todos modos, nos enseñó junto a Belgrano, Castelli y Moreno, un camino a seguir, y nos enseñó que si nos decidimos, siempre estamos a tiempo de continuar la batalla.

San Martín significa entrega, porque le brindó sus fuerzas y su salud a una lucha que tantas veces pareció perdida: nadie puede ser feliz (nos decía con sus palabras pero también con su vida y ejemplo) si el pueblo no es libre. Nadie puede ser libre entre esclavos. Eligió despojarse de los lujos que tuvo a su alcance y vivir entregándose entero por la libertad de sus compatriotas.

Lucha inconclusa

Por supuesto que la tarea emprendida por San Martín y los suyos no está concluida ni mucho menos. Por supuesto que nuestra independencia no será completa hasta el día en que en nuestras Islas Malvinas esté flameando, otra vez y para siempre, nuestra bandera argentina. Y que seremos independientes también cuando esa bandera, la nuestra, flamee de nuevo sobre nuestros pozos petroleros, en nuestras rutas, nuestros aviones, nuestros ferrocarriles, nuestras industrias; y todo aquello que fue hecho por argentinos y para argentinos pero que alguna vez perdimos, algunos traidores regalaron o nos fue quitado.

Que esos sueños no son imposibles, lo supieron los héroes y las heroínas de la patria y millones de argentinos que trabajaron y trabajan para  hacerlos realidad. ¿Qué nos dice San Martín hoy? Que los sueños de libertad y de independencia no deberían negociarse nunca. Que es nuestra obligación apostar a estar unidos en esa lucha y no abandonarla jamás, aunque parezca a veces que remamos contra la corriente.

San Martín, triunfando en Lima, Perú, el centro del poder de la corona española en aquél entonces en nuestro continente, nos demuestra desde la historia que si se confía en el propio pueblo, en el valor de los desposeídos y en la lucha de los que sueñan con la libertad; todo es posible. Aunque a veces aturda el coro de los indecisos, de los cobardes, de los posibilistas, de los mediocres… que encima por estos pagos tienen la maldita costumbre de gobernar.

Aunque a veces el horizonte parezca lejano, San Martín nos recuerda, siempre, que vale la pena hacer el intento.

Publicado por Río Bravo el 17 de agosto de 2011.

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