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Martes, 26 Julio 2011 22:28

Pedro Gutiérrez, maestro con ideas firmes

Escrito por Claudio Puntel

El documental Escuelas Flotantes, ideas firmes, realizado por el docente Mario Manteka Martínez (por AGMER) obtuvo recientemente el primer premio de la región NEA en el Festival de Cortos de Oberá (Mnes). La noticia nos da la excusa para conversar con uno de sus protagonistas.

Pedro Gutiérrez, maestro de isla, ya sabe qué tema trabajará con sus alumnos mañana cuando retomen las clases. Llegará, pondrá el globo terráqueo sobre el escritorio y se dedicarán a buscar la ciudad de Trieste en la superficie de Italia. En aquél lugar de Europa será proyectado este video que cuenta cómo es trabajar en una escuela flotante como es el caso de la Nº 47 Alejo Peyret, de la zona de Islas, en el departamento Victoria.

Mañana a las cinco de la mañana, Pedro comenzará su viaje de casi dos horas hacia su escuela en la Tercera Sección Islas. Calentará el motor de su Falcon, se despedirá de su esposa, y mientras cruce el puente hacia Rosario irá imaginando la alegría de Román, Jorge, Cristian y Kiara -los cuatro hermanos Ponce-; del Naza Vampocke o de Lucy Acosta, cuando se enteren que fue premiado el video que cuenta cómo es enseñar y aprender en su zona de islas. Ellos son los alumnos de distintos grados que comparten un aula en esa escuela montada sobre flotadores.

Pedro nos contó que su escuela está “dividida en cuatro espacios; que son, un aula, un dormitorio para el docente, una cocina y un baño compartido entre los alumnos y el maestro”. La Alejo Peyret “funciona como escuela flotante desde el año 2000; durante años anteriores tuvo diferentes ubicaciones, fue un rancho, luego un edificio de material,  pero siempre dentro del mismo radio”, continúa Pedro. En aquella zona “hay 11 escuelas en total, y un grupo de 14 docentes que realizan las mismas tareas que yo”, explica.

Pedro relata que titularizó en la escuela flotante a fines de 2002. “Y tomé posesión a principios de 2003. Hace 17 años que soy docente en escuelas de islas; allí hice toda mi carrera. Estuve en diferentes lugares de la zona de islas”. Cuando él habla de la isla se refiere a “un espacio muy amplio que abarca unas 360 mil hectáreas”.
¿Cómo es un día en la vida de un maestro islero? “Doy clases de mañana, en invierno de 9,30 a 13,30 y en verano, de 8 a 12. Los chicos almuerzan y desayunan en la escuela. A la tarde estoy disponible, porque vivo en la escuela; no es que vuelvo a mi casa a descansar. Por ahí salgo a visitar a los vecinos, a tomar unos mates, a conversar con ellos; pero por lo general paso más tiempo en la escuela que en mi casa”, describe Pedro.

La palabra Lunapa guarda un secreto que uno sospecha que se refiere a algo muy querido, tal vez nombre de niños. Y es el apelativo con que Pedro denominó a la lancha que pudo comprar hace poco tiempo mediante un crédito que debió solicitar. Antes de deslizarse por las marejadas hacia el Arroyo Brasilero, donde se encuentra la escuela 47, la Lunapa espera sobre un trailer en el balneario de Pueblo Esther, cerca de Rosario. El video que filmó Manteka la muestra sobre el Paraná, conducida por este maestro que hoy reconoce que “el trabajo con el sindicato me hizo conocer que juntarnos para pelear es positivo. Como dice la frase, la unión hace la fuerza”.

Pedro narra que hace 5 o 6 años se acercó al sindicato “para acompañar a una colega de las islas que daba clases en una escuela rancho. Ahí empecé a entusiasmarme con el trabajo que se estaba haciendo desde Agmer y a comprometerme más. En este momento soy congresal representando a la Seccional Victoria”.
Además, “esa experiencia me permitió reflexionar sobre cosas que antes naturalizaba. Por ejemplo, viajaba en la lancha de pasajeros y tenía que estar 3 o 4 días esperando que alguien fuera a buscarme, porque no tenía medio de transporte. O bien, comprarme una heladera para conservar los alimentos del comedor, cuando el estado debía brindárselo a la escuela”. Ese aprendizaje forma parte de algunas de las “cosas sobre las que el sindicato me abrió los ojos, no solo a mí, sino también a los demás compañeros”.

Pedro elogia el trabajo de Mario Martínez, que supo “llegarle a la gente con el armado, la edición y la historia que él cuenta”. A su regreso de Misiones, Manteka relataba que al finalizar la proyección del corto el público le decía “mandale un abrazo a Pedro”. La anécdota “demuestra la identificación de la gente con el video y el buen trabajo que hizo Mario”, cuya mirada “no fue sólo un reclamo sindical, sino contar una historia. El reclamo subyace, pero lo importante era la historia, no sólo del docente sino también de los alumnos y de los padres; todos formando parte de una comunidad”.

Con la caricia de la guitarra del Zurdo Martínez como fondo, “el video habla de la presencia del Estado por medio de una escuela en esa zona y a la vez, habla de la ausencia del Estado. Porque no es sólo construir un edificio y nombrar un docente, conlleva muchas otras cosas; las instalaciones cómodas para los alumnos; becas para los niños, porque muchos deben recorrer distancias en su propia embarcación y gastan combustible de su propio bolsillo”.   

Al hablar con este maestro es inevitable recordar al más grande de los Ponce que, aun niño, aclara en el video que mientras sus hermanos estén arriba de la canoa “están a cargo mío”. O Rubén, el padre de Nazareno Vampocke, ese vecino que espera que sus hijos puedan finalizar la escuela secundaria; aunque ellos sólo se atrevan a desear: “yo quiero cuidar animales o ser pescador como mi viejo”. Pedro cuenta que la experiencia en el sindicato contribuyó a saber combinar el compromiso con su comunidad educativa y su lucha como trabajador de la educación. Esta práctica, les permitió “formar un grupo y en grupo hacer muchos reclamos. Y que por luchar unidos, hayamos tenido respuestas. La experiencia me permitió trabajar uniendo al grupo de islas, que antes estábamos separados, cada uno en su propia escuela, su comunidad, aislados. Ahora conformamos un grupo y juntos tuvimos muchas conquistas”. Entre esos logros, destaca que “conseguimos que el estado nos provea de heladeras; partidas de combustible para los grupos electrógenos”. Antes, el maestro islero percibía junto al sueldo el Código 029 por traslado, que alcanza a 90 pesos. Al pelear juntos, “logramos que se nos reconozca un plus aparte, porque a diferencia de otros docentes, nosotros usamos distintos medios de transporte. Es un trabajo muy positivo y constructivo, también”.

El corto “Escuelas flotantes, ideas firmes” logró “hacer visible lo invisible”, como propone una voz en of al comienzo de la proyección. Y lo que su relato visibiliza es el “trabajo positivo y constructivo” de los hombres y mujeres a los que Mario Manteka Martínez dedicó la obra: aquellos que “día a día defienden la escuela pública”.

Publicado por Río Bravo el 26 de julio de 2011.

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