Su minúsculo cuerpo ha sido enterrado ya, y con él sus manos, sus ojos y su pulso que construyeron las más hermosas, singulares, chilenas y universales, poesías del sur. Del sur que une el atlántico y el pacífico, y que atraviesa desde la isla de Pascua hasta el norte de América como un tornado, y de allí hasta las dos Europas mal repartidas porque mal han crecido allí los montes Urales, y más allá, por las planicies y los arrozales de Asia también. Es que el sur de Gonzalo Rojas era distinto. Tenía olor a tierra multiplicada y a hermandad.
Nació en 1917 en Lebú (Chile) y prontamente se hizo poeta. Desde 1952 fue profesor de la Universidad de Chile, de Alemania, de Venezuela, más tarde embajador de Chile en Cuba con el gobierno de Allende y, con el golpe de Pinochet, perseguido político. Su vida estuvo signada por la fecha de su nacimiento, y aunque él hablara de su madre como la responsable de su espíritu libertario, podría agregarse que aunque las distancias y la imposibilidad física se interpongan, también fue parido por la revolución rusa, un día de 1917, tal vez más frío que en Chile, quizás menos calmo pero con la fuerza de un parto que dejó en su pluma la impronta de la liberación.
Escribió con palabras sencillas, coloquiales, con una multiplicidad de sentidos en la sintaxis que lo hicieron único. Como supo decir él mismo sobre su proceso de escritura, “el poeta debe ligar una cosa con otra y ésta con otra que no sabemos, pues el hombre aún no ha descifrado todas las cosas”. Todo el idioma fue su instrumento que utilizó con la libertad que un día sus dos madres le inculcaron.
Cuando uno lee sus poemas comprende que la libertad se abre paso en cada palabra, uniendo términos disímiles, redescubriendo nuevos significados, pasando de un tema a otro con absoluta fluidez como el viento, como el agua, con la calma oceánica de saber que no habrá de equivocarse en el decir porque sus convicciones respiran en el trazo de cada línea.Apropósito de su poesía, supo decir Julio Cortázar en 1968, en un congreso internacional de escritores en la Habana: “Estoy hablando de Gonzalo Rojas, que le devuelve a la poesía tantas cosas que le han quitado. Gonzalo Rojas, el poeta del rescate.”
Su muerte abre un socavón en la poesía del mundo y nos hace a todos los lectores un poco más huérfanos. ¿Cómo su pequeño cuerpo, su voz lenta y envejecida, añuda, puede causar tanta desolación? El poeta que nos hizo redescubrir el olor del carbón, el sonido del océano, la inmensidad de la cordillera, ha partido para seguir escribiendo sobre aquello que tanto nombró y renombró, sólo que ahora no podremos leerlo. Nos quedamos en cambio con todo lo que nos dejó. Tal como ocurriera con otros enormes poetas, su producción habremos de leerla y releerla hasta que nos ardan los ojos, ese acaso sea el mejor homenaje que podamos hacerle.
OBRA LITERARIA
- Cuaderno secreto. Lebu, Edición Golfo de Arauco, 1936.
- La miseria del hombre. Ilustraciones de Carlos Pedraza. Valparaíso, Imprenta Roma, 1948.
- Uno escribe en el viento. Concepción, Imprenta Universitaria, 1962.
- Contra la muerte. Santiago, Editorial Universitaria, 1964.
- Oscuro. Caracas, Monte Ávila Editores, 1977.
- Transtierro. Colección de poesía Nos queda la palabra. Madrid, Editorial Taranto, 1979.
- Del relámpago. Colección Tierra Firme. México, Fondo de Cultura Económica, 1981. Segunda edición, 1984.
- 50 poemas. Ilustraciones de RobertoMatta. Santiago, Ediciones Ganímedes, 1982.
- El alumbrado. Santiago, Ediciones Ganymedes, 1986.
- Materia de testamento. Ilustraciones de Roberto Matta. Madrid, Ediciones Hiperión, 1988.
- Desocupado lector. Madrid, Ediciones Hiperión, 1990.
- Antología de aire. México, Fondo de Cultura Económica, 1991.
Publicado en Río Bravo el 30 de abril de 2011.





