Una parte de la historia de la salud mental argentina tuvo si hito en nuestra tierra, al norte de Entre Ríos, en el neuropsiquiátrico de Federal. El documental “Comunidad de Locos” cuenta a través de sus protagonistas –especialistas, enfermeros y pacientes- cómo fue la experiencia de las comunidades terapéuticas llevadas adelante contra viento y marea en el Hospital de Ciudad Colonia Federal y en el Centro Piloto del Hospital José Esteves, en Buenos Aires, en las décadas del 60 y 70, hasta que la dictadura las prohibió. Vale la pena verlo, tanto para los psiquiatras, psicólogos, estudiantes y trabajadores de la salud en general, como para los no entendidos en la materia, ya que por un lado genera el debate sobre cómo se desarrolla hoy el trabajo en los hospitales psiquiátricos, signado fundamentalmente por el negocio de los psicofármacos, y por otro cuestiona la mirada que tiene la sociedad hacia “los locos”.
La comunidad terapéutica es una metodología de trabajo en la que los profesionales intentan la reconquista de la dignidad de personas de los pacientes perdida en los hospicios, tan sencilla y tan difícil de implementar por las trabas de las autoridades –hoy sería además por los negocios que existen de por medio- como por los prejuicios que existían, todos barridos por el éxito alcanzado en cuestión de meses o semanas.
Con guión y dirección de Ana Cutuli, la película está basada en la investigación del libro “Las huellas de la memoria, Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los 60 y 70”, Tomos I y II, de Enrique Carpintero y Alejandro Vainer, y además de indignación por las condiciones en que estaban y están hoy la mayoría de los internados –“más por pobres que por locos”, como se lee al principio-, genera expectativas sobre todo lo que se puede hacer por delante respecto de esta problemática, teniendo en cuenta la cantidad de estudiantes y profesionales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos que están dispuestos a encarar los problemas de la salud mental del pueblo, más allá del perfil “de consultorio y de buena tarifa” –espero no ofender- que tengo entendido se impulsa en la formación académica –ni hablar de la UCA-. Claro que acompañado de la lucha por una transformación de fondo del colapsado sistema de salud pública en general.
Wilbur Grimson, Lucila Edelman, Miguel Vayo, Alfredo Moffat, Raúl Camino, Gabriela Barrios, Clara Benítez, Carlos Capusa, Enrique Carpintero, Emiliano Galende y Alejandro Olivera Rovere son quienes rescatan de la memoria el trabajo llevado adelante, y cuentan anécdotas que ponen los pelos de punta.
Además, la película no deja de contextualizar la experiencia históricamente, en la época del Cordobazo, la Revolución Cubana, la Revolución Cultural Proletaria China y la inminente derrota de Estados Unidos en Vietnam. Por otro lado, deja visiblemente la existencia de una salud mental para ricos y otra para pobres. El que puede pagar un tratamiento, más o menos la puede llevar, mientras que aquel que no le queda otra termina preso tal vez de por vida en un neuropsiquiátrico, pese al esfuerzo del trabajo de quienes hoy sostienen los hospitales.
Un ejemplo actual que me parece se aproxima a aquellas experiencias es el trabajo que llevan adelante en el Hospital Antonio Roballos de Paraná los profesionales y pacientes que integran el Área de Comunicación, con diferentes actividades y talleres como la “radio abierta y andariega La Bisagra” (foto). Para conocer y apoyar.
Al documental “Comunidad de Locos” se los puedo prestar, o si no son tan lauchas lo pueden comprar a solo 10 pesitos: se lo encargan al que lo vende en Paraná por feisbuc “Devendetta Discos” o mandan un mail o dejan un mensaje en esta página. A ver si alguien que esté más en el tema puede hacer un comentario más profesional sobre la película.
Publicado por Río Bravo el 19 de Febrero de 2011

