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Domingo, 19 Diciembre 2010 12:19

Cuando las cacerolas alimentaron rebelión

Escrito por Claudio Puntel


Por Claudio Puntel – Esta nota celebra dos encuentros: el del piquete y la cacerola en 2001 y otro más reciente de Río Bravo con el artista plástico Gabi Rubi. Había un desafío previo que consistía en escribir y dibujar sobre la pueblada del Argentinazo de diciembre de 2001. Hoy, no podríamos decir si se trata de ilustraciones para una nota o un texto sobre las ilustraciones; a nosotros nos gusta pensar que se trata de una confluencia de palabras e imágenes diciendo sobre un mismo hecho histórico.

 

"La ollita es la condenada
dice el pueblo y dice bien..."
(Armando Tejada Gómez)

 

Al grito "...la lucha es una sola", la cacerola se sumó al piquete. En 2001, Argentina fue río de manos con fondo musical de olla vacía. Como pocas veces en la historia, el hambre del pobrerío, el de las barriadas, el de compatriotas desocupados, se fundió con el de las capas medias saqueadas y fueron vendaval.

 

Algo le estaba faltando a nuestras luchas. El interior venía bravío desde la resistencia a las políticas menemistas que decretaban "zonas inviables". Las provincias fueron pueblada a partir de aquella siesta santiagueña en diciembre del ‘93, cuando ardió todo. Desde entonces, se puso de pie todo el NOA; después fueron  la Patagonia, el Litoral ...y el mapa se tiñó de fuegos. El otro país supo fundir campo y ciudad en un solo puño. En las rutas, nuestro pueblo trabajador -ocupado, desocupado, jubilado- venía plantando la bandera de su dignidad. La rebeldía era saludada por paisanos cuentapropistas, profesionales y sectores de las clases medias que veían con simpatía y solidaridad aquel torrente. Ellos también venían con sus propias luchas, menos articuladas, menos visibles, menos colectivas; pero con necesidad de confluencia.

 

Y se juntaron nomás, y nos juntamos nomás. A pesar de los temores, los prejuicios, las dudas, la prensa en contra, la desconfianza, la clase media fue uniendo su reclamo al de las clases trabajadoras. Como en las familias grandes, donde se liman las desavenencias para la fiesta, el velorio o las necesidades; dejamos atrás viejas rencillas y marchamos hombro a hombro. Ganamos fuerzas cuando fuimos un sólo combate en las calles y las barricadas, pocas veces nos habíamos sentido tan bien acompañados. "Lo lindo es estar sentados / todos en la misma mesa / porque si nos desunimos / puede volver la tristeza", describió Tejada Gómez en su Coplera de las Cocinas.

 

Fueron muchas manos rascando el fondo de la olla vacía. Hubo que revolver bastante nuestro "guisito de esperanza". Las cacerolas hervían y hartas del encierro en las cocinas ganaron las calles. Para parir una patria libre no hace falta preguntar si el fueguito es de leña, carbón vegetal, garrafa social o gas natural de red. Queremos romper con la dependencia, dejar de ser colonia, terminar con el embudo unitario, que la cobija sea para todos y que no haya invierno, que las ollas no estén vacías; no son humildes las pretensiones del pueblo que se levanta. Es preciso "quemar el cielo" y para eso son necesarias todas las llamas populares.

 

Diciembre de 2001 tuvo mucho de todo eso. La libertad de la revuelta francesa en el cuadro de Delacroix, en la Argentina se hizo olla hirviente. El clanc, clanc, clanc de las cacerolas comenzó como golpeteo monótono y desesperanzado. Primero sonó a "tarreada" en los barrotes de la cárcel; ganó bronca cuando se juntó con los bombos del piquete; tuvo ritmo frenético contra el estado de sitio y fue batucada desenfrenada cuando el helicóptero despegó llevándose vendepatrias.

 

Existen sectores que reivindicándose como nacionales y populares miran con desprecio a las clases medias. En un país dependiente, disputado y sometido por el imperialismo, con clases sociales dominantes propias de los países sojuzgados (burguesía intermediaria de las potencias imperialistas, oligarquía terrateniente, etc.), con resabios feudales en muchas costumbres y en regímenes laborales, con una parte importante del territorio ocupada por el colonialismo, ese desprecio es un error histórico. Como hace 200 años, para la liberación nacional y una segunda independencia -ésta sí, definitiva- lo necesario es que todos los sectores populares marchen como un sólo torrente. Pararse como nacional y popular en la Argentina de hoy exige enfrentarse a los monopolios y bancos imperialistas; plantarse frente ante la burguesía intermediaria e instalar una verdadera industria nacional; arrancarle poder a la oligarquía terrateniente poniendo la tierra en posesión de quien quiere y necesita trabajarla, y para ello son imprescindibles también las capas medias de nuestro pueblo. 

 

Hay muchos que, para posar de nacionales y populares -inclusive, algunos presumiendo de proletarios- suelen decir: "la clase media sólo lucha cuando le tocan el bolsillo, es el mediopelo que hay que combatir". Una parte es verdad: con el mediopelo no podemos contar. Pero no hay que confundir al mediopelo con la clase media, así sin más ni más. Quien repita esa falsedad histórica, no entiende la Argentina de hoy, no entiende la compleja configuración de clases de nuestro país, no entiende a nuestra clase media, no entiende al pueblo argentino, no entiende a Jauretche (cuyo Manual del Mediopelo dicen citar) y no entiende tampoco al verdadero mediopelo. Si en 2001 nos hubieran manejado esos prejuicios no habríamos podido hacer ningún Argentinazo.

 

 

Gabi Rubi

 

Quien visite el blog de Gabi Rubi va a encontrarse con un artista plástico impresionante. No sabemos cómo nos encontró en la web, pero un día nos dejó un correo haciendo comentarios sobre Río Bravo, brindándonos sus ilustraciones y poniéndose a disposición de lo que necesitemos. Primero nos conmovió el gesto humilde y desinteresado por parte de alguien que es grande en serio (el adjetivo no es gratuito, basta ver la calidad y originalidad de sus trabajos). Seguimos conmovidos al saber que Río Bravo encontró un ilustrador, un compañero y un amigo. Y ahora nos conmueve la polenta de las ilustraciones que creó para ilustrar una nota sobre el Argentinazo; esa interpretación en clave argentina de un clásico (La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, sobre la rebelión en París de 1830) y el sol-cacerola y cucharón componiendo nuestra bandera son símbolos muy poderosos.

 

 Publicado en www.riobravo.com.ar el domingo 19 de diciembre de 2010.

Modificado por última vez en Domingo, 19 Diciembre 2010 17:34

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