Desde siempre, Adriana entendió que la lucha por los derechos humanos no tiene dueños y es de todo el pueblo. Adriana definía que “los derechos humanos sólo los viola el Estado, así está establecido en todo el derecho internacional”. Y por ello decía que “un organismo de derechos humanos no puede depender del gobierno ni tener a sus integrantes en el gobierno”. En ese sentido fue crítica del papel oficialista que pasaron a cumplir dirigentes históricas como Hebe de Bonafini y Estela Carlotto. “Si los miembros de un organismo tienen a sus hijos como ministros, como diputados oficialistas, o aparecen todo el tiempo con funcionarios, o viven en el Salón Blanco más que en la calle, bueno, hay una contradicción muy grande”, fundamentaba.
Adriana fue secuestrada en La Plata a principios de 1977, estaba embarazada. Durante un traslado al Pozo de Banfield, con las manos atadas, parió a Teresa. Pudo reconocer al médico Bergés, quien cortó el cordón umbilical y le hizo expulsar la placenta a patadas en el vientre. “Ese día hice la promesa de que si mi beba vivía y yo vivía, iba a luchar todo el resto de mis días para que se hiciera justicia”, explicó una vez. Cumplió su promesa, jamás faltó a la cita.
Adriana Calvo siempre dejó claro que “los derechos humanos son integrales, no sólo pasa por mandar a la cárcel a los genocidas”. Además de luchar denodadamente para que los asesinos y torturadores de la dictadura sean juzgados y tengan prisión efectiva, insistió siempre que “hay que defender los derechos de hoy, como que los chicos no tengan hambre, tengan escuela y vivienda, que sus padres puedan salir a trabajar; esos son derechos humanos básicos”.
Estuvo en la primera línea de la lucha por la aparición con vida de Luciano Arruga y Julio López; mientras el oficialismo kirchnerista se encargaba de calumniar al principal testigo en el juicio que llevó a prisión a Etchecolatz. Y entre los derechos sojuzgados de la actualidad, esgrimía una larga lista en la que incluía el repudio al “pago de la deuda externa, el gatillo fácil, los despidos y las suspensiones”, que los derechos humanos kirchneristas dejan afuera.
Hoy nos falta su voz firme y coherente para acompañarnos en las denuncias de los crímenes contra el pueblo quom y los asesinatos en Villa Soldatti de nuestros compañeros que luchan por tierra y vivienda. De haber estado presente en la “Fiesta de los Derechos Humanos” que el gobierno organizó el domingo, no le hubieran faltado palabras para denunciar los crímenes del presente y señalar a sus responsables.
Publicado por Río Bravo, 15 de diciembre de 2010.

