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Sábado, 16 Octubre 2010 09:10

Diario de un escritor entrerriano (Semana 3)

Escrito por Román Ortiz
Por Román Ortiz - Ya se van templando las cuerdas de esta guitarreada, y se arriman paisanos con comentarios al pie del fogón. Aparentemente, es un buen momento Don Niembra para plantear que toda ficción entrerriana debe comenzar por los mitos y leyendas de la región.

 

 

En esta oportunidad vamos a compartir un relato que no es muy popular, pero sí bastante verosímil:

“Cuenta la historia que hace muchísimos años, cuando aquí aún habitaban los pueblos originarios, hubo un grupo de copias piratas que quisieron destruir estas tierras aún sin nombre. Lo intentaron fundiendo las industrias autóctonas como la frutícola, echando campesinos de sus tierras, cerrando frigoríficos, privatizando las empresas públicas, destruyendo el ferrocarril, abandonando los puertos, y renunciando al federalismo, pero no lo lograron. Luego, como durante esas cruzadas habían construido sus castillos con los dineros de nuestros paisanos, decidieron inundar las tierras para que todos murieran ahogados menos ellos y sus familiares directos. Pero como no sirven ni para espiar, y el país es una empresa imposible de fundir, el agua se escurrió hacia los costados y así estos parajes adquirieron su forma actual, que les valió el nombre de Entre Ríos. Se dice que en cada personaje que contamina las aguas o permite el saqueo, se encarna un antiguo copia pirata que sigue adelante con su sueño apocalíptico. En la Biblia estos sujetos son representados con cuerpos pintados íntegramente de rojo, que emanan un penetrante olor a azufre y tienen cuernos grandes como buenos guampudos que son”.

“La leyenda de los vende patria litoraleños” (Anónimo)

 

Una vez que llegaron Cristóbal Colón y su banda de ex convictos, violadores, chorros y otros sinónimos de exploradores, empezaron a hacerse la América. Luego vino Don Pedro de Mendoza, Buenos Aires se convirtió en capital del contrabando y muchos etcéteras más. En ese momento, surge la figura de Tomás de Rocamora, tatara-tatara abuelo del bebé Rocamadour, quien recupera el nombre de Entre Ríos, y en la ciudad de Gualeguay (cuando todavía no se llamaba Campito de Jodor y sus secuaces) la nombra y funda por primera y única vez.

 

Después de estos sucesos, Zeus (que era un Dios bastante pata de lana) necesitaba alguien que le enviara cartitas de amor a las hermosas chinitas de espaldas a la celosa Hera. Así cobró protagonismo el famoso chasqui de la Revolución de Mayo, don Francisco Ramírez, y el resto es historia tergiversada o re contra olvidada en la escuela que dirigen Graciela Bar y otros ex funcionarios del Menemato del Río de la Plata.

 

Ahora bien, ¿qué lugar ocupan charrúas, guaraníes y chanás en esta historia? Un lugar muy chiquito, casi un monoambiente. El sujeto que adorna el billete de 100 lucas, tuvo una idea que se parece bastante a lo que pensaban Domingo Faustino 50 pé y Bartolomé Todo por 2 pé. A su vez, Don Juan Manuel 20 pé hizo de las suyas,  y sólo pondría las manos en el fuego por Don José de 5 pé y Manuel 10 pé. La mezcla da como resultado la irrisoria operación de 172 contra 15. Es un afano, y Osvaldo Bayer tiene razón, aunque las caripelas de los billetes, en comparación con la inflación, no le importan a nadie.

 

“Irás contra la muerte y el olvido”, reclama Shakespeare en sus Sonetos, MEMORIA también pide Chiche Gelblung, y a todos los años reta el Martín Fierro para que le traigan el olvido. En este caso, el partido termina en un ajustado 2 a 1, por lo que nos inclinamos a favor de seguir ejercitando la memoria, ese montón de espejos rotos de Borges que nos gustaría reconstruir, el sueño de la vida y de la historia de León Gieco. Porque aquellos que deciden olvidar intencionalmente, y gambetean la responsabilidad como si acumularan facturas de ENERSA hasta cargar con una cuenta impagable, llega el momento en que el corte los sorprende desprevenidos, y todo se vuelve una oscuridad irreversible.

Modificado por última vez en Sábado, 16 Octubre 2010 09:18

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