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Sábado, 09 Octubre 2010 16:21

Diario de un escritor entrerriano (II)

Escrito por Román Ortiz
Román Ortiz, 2da entrega - Otra vez acá. Frente a la pantalla de un monitor apenas tapado por mate amargo del bueno. Yerba barata, pero nada de bombillas obstruidas. Una vez que alguien aprende a cebar sin que todo se vuelva un “Relato del palo naúfrago”…

Otra vez acá. Frente a la pantalla de un monitor apenas tapado por mate amargo del bueno. Yerba barata, pero nada de bombillas obstruidas. Una vez que alguien aprende a cebar sin que todo se vuelva un “Relato del palo naúfrago”, se gana una de las medallas del entrerriano hecho y derecho. Es una prueba mucho más importante que conocer “Luz de provincia” o “Río de los Pájaros”.  

 

Un fresco abrazo de agua los nombró para siempre a estos ríos, que supieron ser cielos azules viajando, y hoy son depósitos de codicia envenenada. De esa agua no deberías beber. Próximamente, tampoco bañarte. Y en un futuro quién sabe. Depende de vos, y del que tenés al lado, y del que se acaba de hacer el salame sabiendo que lo iba a señalar a él. “Elige tu destino”, decía el Mortal Kombat, y tenía mucha razón.  

 

Girando hacia un costado más intelectual, definitivamente el derecho en los últimos tiempos, hay temas importantes por discutir: ¿Cómo escribir la novela entrerriana sin que parezca mejicana? Esto que parece un absurdo, es muy serio, teniendo en cuenta que todo apunta a que las fiestas de disfraces y los carnavales proto-brasileros parecen ser la “nueva onda”. Con esto no estoy haciendo un llamamiento a que los adolescentes tengan su iniciación amorosa gracias al hamacarse chamamecero, ni un manifiesto por la defensa del facón en la cintura, pero tampoco vendamos tan barata la derrota. Espero que la siesta resista un poquito más, a pesar de su personalidad pachorrienta.

 

Y este diario que es burlón y compadrito, quiere ser un campo de batalla disfrazado de monólogo. Es terrible no verle la cara al lector. La otra gran pesadilla, junto a la hoja en blanco. Pero suponiendo que mueve la cabeza para arriba y para abajo, lentamente, asintiendo por no llorar, o riendo por no discutir, vamos a continuar.      

 

Hagan un ejercicio mental, y piensen en el vecino de al lado. Ese al que le conocemos los mil defectos, pero que igual le mangueamos cosas y al que siempre le consultamos por el estado del tiempo. ¿En qué estará pensando? Les voy a dar tres opciones:

 

1- El ascenso de Patronato y el mal momento de Gimnasia de CdelU.

2- Lo que vale comerse un asado.

3- La lucha entre la consolidación del cuasi monopolio de información del Estado y el cuasi monopolio de información privada.

 

El tipo la tiene clara. No lo subestimes tanto. Sin saber otra cosa de las matemáticas más que sumar con dificultad, me dí cuenta hace poquito que el pueblo sabe ir de A hasta B, sin necesidad de pasar por X, ni discutir el problema de los que a la R la convierten en G. Es simple, es Claro.  

 A veces los intelectuales (si me permiten colarme en ese grupo de grosos) discutimos cosas que no determinan nada, y encima lo hacemos a destiempo. Antes de pelearnos por la marca del martillo y el filo de la hoz, tendríamos que ver si queda algo de celeste y blanco en la bandera que hay izada en el patio de la escuela de los chicos. Entre tanto dueño de tierra extranjero y empresa ídem, y testaferros nacionales y populares, a veces me pregunto qué va a pasar el día que mi porta termo diga: MADE IN INDIA.

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