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Lunes, 04 Octubre 2010 18:05

Diario de un escritor entrerriano

Escrito por Román Ortiz
por Román Ortiz - Pensé que no había nada más temible que la hoja en blanco. Sin embargo, la realidad no sólo supera a la ficción, sino que le hace la vida imposible. Es decir, que la supera y la humilla, la deja en ridículo…

Semana 1

 

Vivimos en un país absolutamente periodístico. De hecho, los comunicadores son vedettes (los de los grandes medios, obvio), que ahora hacen alardes de una militancia que tiene como ideología varios ceros o varios cargos. En ese contexto, los periodistas de medios chicos trabajan por el sanguche y la coca, o trabajan de otra cosa para vivir, porque no se puede vivr del amor, ni a fiambre tampoco.

 

¿Y nuestra provincia? Entre Ríos es una edición de bolsillo de la Argentina. Si hasta el gobernador ensaya el estilo K, aunque en el fondo sea KKK. Urribarri practica ese nacional popularismo tragicómico, con trenes que descarrilan a 30km por hora, con obreros que quedan en la calle cada semana, y vendiendo humo. Eso sí que le sale igual que a los pinguinos desarrollistas.

 

¿Se dan cuenta? Quise hablar de la literatura, y ya me fui para el periodismo. Son tiempos bravos para el escritor. Así como Pizarnik se podía abstraer en la rosa hasta pulverizarse los ojos, Brecht siempre nos recuerda que hasta las flores son criminales en tiempos violentos. Y el paisaje, no se vayan a creer que ayuda mucho. Peces muertos en los ríos contaminados, soja por único verde, en tierras que son de los que dicen ser enemigos de la soja, pero son sus principales beneficiarios. Las vacas ya no son negocio, y entonces ni el asado nos queda de los tiempos del Martín Fierro. ¿Quién puede escribir con tantas en contra?

 

Pero acá estamos, y le ponemos el pecho a las balas. Esto no va a estar corregido, ni mucho menos. Esto es crudo, como los tiempos de microondas y mate listo. Qué bajo hemos caído, con este sistema capitalista que hasta la siesta nos quitó por estas tierras. Ya no se oye el silencio después de comer. Cada vez son más los que profanan las horas muertas, el sueñito, y nos impiden la frase: “me tiro un ratito y arranco de vuelta”.

 

Y encima la vida del escritor transcurre demasiado vinculada a la tecnología, y cada vez más lejos de las calles. No sea cosa que perdamos el tacto, el termómetro ese que tenemos que tener de los tiempos que vivimos. Lo que hizo grande a Balzac y a Juanele, a Manautta y a Soriano. Desde ya, existen las excepciones y son muchas. No todos se dejan engañar por los avatares y las vidas paralelas, para dejar de lado el comportamiento del río o la parábola de los limoneros. Ojo que yo hago mi autocrítica, eh. Entre el Feisbuk y el Buitre, se me fue colando el capuccino y el edulcorante. Así no se puede.

 Bueno, me despido hasta el próximo posteo, si dios quiere. Ah, cierto que lo eliminé de mis contactos.

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