Dialogamos con Julián Villarraza, autor de "Visita Guiada. Fotografías de la Escuela Normal de Paraná", editado recientemente por Editorial Municipal Paraná. El libro incluye también textos poéticos de Rocío Lanfranco. La presentación promete un montaje, narración de anécdotas, ambientación sonora y un brindis.

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Desde la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (FHAyCS) de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), invitan a estas jornadas sobre literatura entrerriana que se realizarán en Paraná y Concepción del Uruguay entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre.

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En una apuesta por promover nuevos talentos literarios y ayudar a publicar a autores noveles, la editorial Ana invita a escritores y escritoras que vivan o hayan nacido en Entre Ríos, mayores de 18 años a presentar cuentos, con temática libre, aunque con la única premisa de que se desarrollen en la geografía entrerriana. Seleccionarán 25 obras que serán publicadas en una Antología.

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Con más de 30 presentaciones de libros, acompañadas de una diversidad de expresiones artísticas, con autores y autoras de diferentes puntos de la geografía provincial, Entre Ríos se hace presente en la Feria Internacional del Libro, que comenzó el pasado jueves. "Nos llena de orgullo poder abrir el juego a todos, desde aquella persona que juntó su platita y se editó el libro hasta las editoriales independientes y oficiales", dijo a Río Bravo el director de la Editorial de Entre Ríos, Fernando Kosiak.

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Martes, 22 Marzo 2022 11:26

23 de marzo de 1976

"Empecé a escribir el día que murió mi viejo", cuenta Ariel Oliveri al ser consultado sobre su oficio y las razones que lo llevaron por ese camino después de muchos años como profesor de Educación Física, su principal fuente de ingresos. Fue justamente la necesidad de contar la historia de vida de su padre, cargada de unos niveles de humanidad y sensibilidad inconmensurables (y también sus contracaras) lo que lo volcó ya decididamente a la literatura. El 23 de marzo de 1976 (fecha que da título al relato que reproducimos), Néstor Oliveri llega del trabajo y le dice a su esposa: "Prepará rápido las cosas y ándate con los chicos a Mar del Plata"...

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Viernes, 29 Octubre 2021 22:49

El tipo del montecito

Adrián la pateó para cualquier lado. La pelota levantó vuelo y se zambulló en el montecito que está debajo de la barranca. Todos miramos al Gringo que estaba en el arco. Es ley, el arquero busca la pelota.

"Yo no voy", se atajó el Gringo. Entonces debía ir Adrián. Se ve que nos dio lástima mandarlo solo, porque nos miramos y salimos todos juntos rumbo a la barranca.

"Todos juntos" éramos los cinco que habíamos quedado en el potrero, porque los del otro pasillo aprovecharon para rajarse mientras tironeábamos para definir a quién correspondía regresar la número cinco a la cancha. Era una Tango blanca y negra que el Pato cuidaba mucho. Si hubiera sido la Pulpo del Gringo, capaz que la dejábamos para buscarla al otro día. Pero todavía nos quedaba un poco de tiempo para regresarla y practicar algunos tiros de penal o una cabeceadita entre los que quedábamos.

Gera hizo la punta y descendimos en fila india por la muralla arcillosa, vadeamos algunas montañas de basura deseando que la búsqueda no nos obligue a alejarnos mucho. Después de varios vistazos, ingresamos al montecito por un camino angosto y tupido de cizañas y cardos.

Enseguida vimos el bulto del hombre tirado junto al tronco de un árbol. Después supimos que estaba muerto, pero nuestra primera impresión fue que dormía. Si es por nosotros, que duerma tranquilo, que disfrute sus sueños de alcohol. Seguimos buscando la pelota mientras echábamos algunas miradas furtivas al fulano.

A mí me llamó la atención que no se moviera a pesar del ruido que hacíamos. Adrián, en tanto, se acercó y avisó que la ropa del hombre tenía sangre. El Pato empezó a llamarlo a los gritos, a ver si lo despertaba y el tipo, inmóvil. No mostraba ninguna reacción.

Éramos cinco, nos sobraba coraje. Fuimos acercándonos hasta rodearlo a apenas un paso. No era nadie que conociéramos. Estaba descalzo, tenía un pantalón gris y un pulóver granate, aunque después Gera me discutió que era marrón, pero estoy seguro que era granate. A poca distancia reposaban sus zapatillas, bastante rotas y mugrientas. Las manchas de sangre se veían sobre todo en el pantalón. No era muy viejo como me había parecido al principio, alguien de la edad de mi papá o del hermano mayor de Adrián. Pero no era ni mi papá, ni el hermano de Adrián, por suerte. Tenía los ojos abiertos, como mirando algo que había sobre la copa de los árboles. De cerca la piel me pareció muy pálida.

Lo miré mucho. Sé que para otros pibes de mi edad, la cercanía a un cadáver no era ninguna novedad. No era mi caso. Mamá me hizo llamar la atención sobre el asunto una vez que salió para un velorio y no me dejó acompañarla, porque eso no es para chicos. Aquello se repitió alguna vez más, y desde entonces me poblaba un temor morboso. No perdía la oportunidad de preguntar detalles sobre la ceremonia de los velatorios, si se veía la cara del muerto, si se parecía a alguien durmiendo. Algunos iniciados arrimaban detalles, que la tía tenía bolitas de algodón en la nariz, que al hermano del compañero de catecismo las manos se le veían muy blancas o que al abuelo de otro lo habían velado sobre una mesa. Pero aquella vez teníamos ante nuestros ojos a un hombre muerto sin la escenografía del velorio, casi al natural, sin los trucos del maquillaje, los implementos del ritual y sobre todo, sin ninguna relación que nos genere lástima o tristeza. Así que no le mezquiné ojo. No había ese olor a podrido de los perros o los gatos muertos, por eso pensé que había fallecido hacía pocas horas.

Adrián lo tocó con una vara, pero el hombre no se movió. Lo empujó con más fuerza, y nada. Su inmovilidad nos convenció y lo abandonamos para seguir buscando la Tango. En un momento, Gera se descolgó la honda del cuello y le acertó una pedrada en la rodilla, el impacto sacudió un poco la pierna pero no hubo ninguna reacción por parte del ñato ese. El Gringo le calzó un bochazo en la cadera con el mismo resultado y el valiente de Adrián volvió a acercarse y lo surtió en el abdomen con la vara. Escuché un "¡Tup!", como si fuera un tambor de parche flojo. No sé qué quisimos hacer, pero por unos cuantos segundos lo sacudimos a pedradas, a palazos y el hombre no respondía de ningún modo.

Salimos lentamente del montecito. Atravesamos el pajonal a los saltos, ya sin cuidar de esquivar los cúmulos de basura y trepamos la barranca a toda velocidad. Ya en el campito, nos sentamos todos en el suelo. Ahí vi que el Pato estaba abrazado a la pelota, andá a saber en qué momento la había encontrado. Nos mirábamos en silencio, a nadie se le ocurrió retomar el juego. Al cabo de un rato, cuando recuperamos el ritmo de la respiración, el Gringo dijo "mañana vemos" y nos volvimos, cada uno a su casa. Entendíamos que eso de ver mañana significaba guardar el secreto, no abrir la boca y luego, más serenos resolver juntos qué hacer con el tipo que habíamos dejado bajo los árboles.

Adrián tuvo que ir y abrir la boca. Se mantuvo callado hasta que a la mamá le llamó la atención que no quisiera cenar. Le preguntaron qué le pasaba, le hicieron algunas preguntas y empezó a relatar en cuotas lo que habíamos encontrado, cómo era y hasta lo que habíamos hecho con el difunto cuerpo. Los padres primero no le creyeron, después lo interrogaron mucho, pidieron detalles, plantearon cuestionamientos; más o menos como los pasos que dimos nosotros en el montecito, hasta estar un poco más convencidos.

Al otro día fueron a la comisaría e hicieron una exposición. Adrián, Gera, y el papá de Adrián acompañaron a los policías hasta el monte para indicar el lugar donde habíamos hecho el hallazgo. Ahí ocurrió lo más extraño, porque lo único que encontraron fueron las piedras que le habíamos tirado, muchas. Estaba la vara con que lo sacudimos a palazos y una de las zapatillas del tipo al costado del árbol. Pero el hombre no estaba. Los canas dijeron que iban a seguir investigando, nunca supimos si descubrieron algo o no.

Después de aquello cada uno tuvo sus encuentros con otros cadáveres. Algunos muy queridos y otros con detalles mucho más truculentos. Pocas veces volvimos a comentar lo de esa tarde. A mí todavía me queda la duda de si era realmente un muerto.

Publicado en Río Bravo el 30 de octubre de 2021

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La Editorial Municipal Paraná, el Consejo General de Educación y el Club Patronato lanzaron una convocatoria abierta para niños y niñas de nivel primario que quieran escribir relatos o cuentos de fútbol.

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La obra María Remedios del Valle, de la artista visual y poeta paranaense Natalia Garay, fue una de las 14 premiadas –la única entrerriana– entre 619 participantes del Concurso Nacional de poesía María Remedios del Valle, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación en homenaje a la Madre de la Patria. "Estoy muy feliz de poder revalorizar y visibilizar la lucha de esta inmensa mujer", destacó.

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El llamado a denunciar el “adoctrinamiento” en educación que hizo la ministra porteña de Educación, no es un caso aislado. Entre Ríos también muestra un avance de las miradas reaccionarias sobre qué es lo que se puede decir y qué no en el ámbito escolar. En un país con historia en la materia, el profesor Miguel Andrés Brenner nos propone un repaso con memoria, que es también un llamado a estar alertas y atentos ante estas señales.

Pensamos

“Decreto nº 3155 - Buenos Aires, 13/10/77. Visto las facultades conferidas al Poder Ejecutivo por el artículo 23 de la Constitución Nacional, durante la vigencia del estado de sitio, y Considerando: que uno de los objetivos básicos fijado por la Junta Militar en el Acta del 24 de marzo de 1976, es el de restablecer la vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino… Que del análisis de las publicaciones tituladas ‘Un Elefante Ocupa Mucho Espacio’ de Elsa Isabel Bornemann, y ‘El Nacimiento, Los Niños y El amor’ de Agnés Rosenstiehl, ambos de ‘Ediciones Librerías Fausto’, surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone. Que en ambos casos, se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento, que resulta preparatoria de la tarea de captación ideológica del accionar subversivo. … Que actitudes como ésta constituyen una agresión directa a la sociedad argentina… lo que corrobora la existencia de formas cooperantes de disgregación social, tanto o más disolvente que los violentos. Que una de las causas que sustentaron la declaración del estado de sitio fue la necesidad de garantizar a la familia argentina su derecho natural y sagrado a vivir con nuestras tradiciones y arraigadas costumbres. … Por ello, el Presidente de la Nación Argentina decreta: Artículo 1º. Prohíbese la distribución, venta y circulación, en todo el territorio nacional, de los libros ‘Un Elefante Ocupa Mucho Espacio’ de Elsa Isabel Bornemann y ‘El Nacimiento, Los Niños y El Amor’ de Agnés Rosenstiehl, ambos de ‘Ediciones Librerías Fausto’ y secuéstrense los ejemplares correspondientes. Art. 2º. Dispónese la clausura, por el término de diez días de ‘Ediciones Librerías Fausto’ con domicilio en Santa Fe 1715, Capital Federal. Artículo 4º. La Policía Federal dará inmediato cumplimiento a lo dispuesto en el presente decreto.” Firmado Jorge Rafael Videla.

En referencia al libro de Jacques Prévert, Cuentos para chicos traviesos, en el cuento “Escena de la vida de los antílopes”, se narra lo siguiente: “Los habitantes de África son los hombres negros, pero también hay hombres blancos que van para hacer negocios y necesitan que los negros los ayuden, pero a los negros les gusta más bailar que construir caminos y ferrocarriles […], pero es un trabajo muy duro que a menudo los hace morir […] los negros se ven obligados a hacer el ferrocarril […] y los blancos los llaman ‘trabajadores voluntarios’ […], a menudo los negros están muy mal alimentados”. El cuento también utiliza términos como “camaradas” para referirse a los animales, ya que la historia está narrada desde la visión de los antílopes.

En referencia al libro de Elsa Bornemann, Un elefante ocupa mucho espacio, Víctor, un elefante de circo, decide declarar una huelga general en el circo del que formaba parte por considerar que, junto al resto de los animales, “trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero”. Luego de convencer al resto y oficiar de delegado se declaró “Circo tomado por sus trabajadores. Huelga general de animales”. Los animales doblegaron a los hombres y los hicieron hacer piruetas, hasta que los humanos se dieron por vencidos. Como resultado de la contienda, los curiosos huelguistas regresaron a la selva en libertad. Todos viajaron en un avión, menos Víctor que ocupó uno él solo porque “todos sabemos un elefante ocupa mucho, mucho espacio”.

En referencia al libro de Agnes Rosenstiehl, “El nacimiento, los niños y el amor”, básicamente se cuestiona la forma en que se explica a los niños como llegan los bebés al mundo. A menudo, las personas mayores sienten la tentación de responder a las preguntas de los niños con discursos. Pero aquí no hay discurso, no hay clase magistral, se trata de un diálogo padres-hijos, muy simple, muy verdadero acompañado de un intercambio de impresiones entre dos chicos, un futuro hombre y una futura mujer, igualmente interesados y en la forma más natural del mundo. No hay ilustraciones en color, ningún adorno.

Seguimos pensando, pero también nos preguntamos

En época de la última dictadura genocida cívico militar, la represión principalmente apuntaba a las conciencias. En época de la actual democracia liberal, la República es un sello, donde el opresor se hace carne y mente en la conciencia de muchos que objetivamente no ocupan el poder hegemónico, pero “le hacen el aguante”. Y los culpables serían los pobres.

Habría que preguntarse por qué hacia mediados de los años setenta del siglo XX no existían los llamados, por quienes inventan categorías, “planes vagancia”. Tampoco en Argentina existía una deuda externa asfixiante, ni la fuga de capitales, fuga que favorece la especulación financiera, dinero que no entra en la producción ni crea empleo.

Formulamos esta explicación puesto que no se deben explicar avatares históricos desde coyunturas puntuales, sino desde procesos que abarcan un “tiempo largo”. ¿Qué podemos responder a ello?

¿No era, acaso, que la dictadura genocida cívico militar es cosa del pasado?

El Gorila Gorilón

Cuento “El Gorila Gorilón”.

A fines de octubre el portal de contenidos educativos Aprender, que depende del Consejo de Educación de la provincia, publicó el audiocuento ‘El Gorila Gorilón’ que narra la historia de un gorila que tenía todo y que protestaba cuando alguien necesitado recibía una ayuda. ‘El Gorila Gorilón’ es un audiocuento para jardines de infantes escrito por Matías Finucci Curi, autor de varias publicaciones que el portal Aprender de la Provincia de Entre Ríos tomó como contenido pedagógico. En la narración, se cuenta que este animal tenía ‘mucho de todo’, por lo que ‘nunca le faltó nada y nada le faltará jamás’, pero ‘se enfadaba cuando alguien recibía una ayuda’. ‘Eso no está bien – gruñía con furia – si lo quiere, que se lo gane solito’, añadía el relato. En el material de trabajo que acompañaba la pieza, se especificaba que el individualismo y la meritocracia ‘son dos pilares fundamentales de la desigualdad social’, que generan consignas socialmente aceptadas como ‘el pobre es pobre porque quiere’, que impiden que las personas gocen de los derechos humanos. Esta publicación fue primeramente denunciada hace poco por la docente Yohana Fucks, quien publicó en redes sociales que: ‘Hace unas horas, indignada, tras haber visto en el sitio oficial de contenidos educativos de nuestra provincia, un cuento infantil cargado de un profundo sesgo ideológico político, escribí mi descargo en mi página docente «El diario de una maestra». El escrito generó repercusiones y el descontento general de muchísimos de mis lectores, docentes y padres de diferentes puntos del país, que compartieron con esa misma indignación mi escrito. Apenas una hora más tarde, el contenido fue borrado del sitio. El cuento en audio, las capturas y demás pruebas de lo sucedido, circulan igual por otros portales en las redes, pero me indigna aún más que consideren que bajando el cuento titulado «Gorila gorilón» y la propuesta que instaban a desarrollar para niños de nivel inicial, ya el problema fue resuelto. No callaré jamás ante hechos como éste, repudiables e injustos. Donde el mensaje va cargado de odio, fomentando a acrecentar una grieta social, que como representantes del Estado, somos responsables de trabajar para intentar cerrarla.” Fuente 

Si hay libertad de expresión, ¿por qué se lo eliminó de la web? ¿O la libertad de expresión es, más que nada, para los medios “parientes” del “Gorila gorilón”?

¿Qué piensas tú, al respecto? ¿Qué reflexionamos en comunidad, al respecto?

Publicado por Río Bravo el 19 de noviembre de 2020.

* Por Miguel Andrés Brenner. Prof. Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Buenos Aires, noviembre de 2020

Publicado en Reman estas aguas
Sábado, 24 Octubre 2020 14:56

La selva prometida

El pendejo abría la boca y se maravillaba con cualquier cosa. Allá iba, volando por sobre la selva. Entraba y salía del túnel verde nada más que con mover dos o tres dedos. Elevaba la cabeza y ascendía en el aire, de repente se largaba en picada. La media hora que llevaba sobre el techo del camión bastó para llegar a dominar la técnica que según había leído es la que aplican los cóndores para remontarse y planear.

Hacía cincuenta kilómetros que habían hecho dedo al camión repleto de materiales de construcción, se acomodaron sobre la pila más alta de bolsas de cemento y allá estaban, barrenando las ondulaciones de las sierras misioneras.

Sentía que casi no le faltaba nada. Tal vez algo de música para los momentos detenidos al borde de la ruta. Y una melena bien larga como la de los muchachos cordobeses que habían encontrado en un cruce de rutas la tarde anterior. Pero el walkman acababa de inventarse y él todavía no había visto uno, la música todavía era algo poco transportable. Tampoco era posible la melena, los pocos días del verano no alcanzaban para recuperar los recortes impuestos por los preceptores.

Los cordobeses, que ya iban remontando el regreso, dijeron algunas cosas sobre los rigores del clima y el ambiente agreste. Algo se notaba en los rostros despellejados a golpes de sol y los raspones de ramas en la piel. Pero eso les pasaba a ellos, al pendejo no. Él se comía el paisaje, la exhuberancia del follaje y la vida que se le presentaba ahí, hacia el frente en cada tramo de ruta.

Las dos materias que le quedaron para marzo no ayudaron mucho a la hora de negociar el permiso con los padres. Lo conquistó a regañadientes bajo rigurosas promesas de encerrarse con las carpetas y los libros de Repetto, Lisnkens y Fesket, apenas regresado. Él, que no arrugaba nunca, redobló la apuesta y cargó la carpeta en la mochila. Y allá iba, con una mochila recargada, haciendo fuerzas para no revolear la carpeta en el próximo puente que crucen. Ya había tirado el repelente que la vieja le deslizó a escondidas en un bolsillo de la mochila. Cuando entendió que en la meseta misionera no hay mosquitos, el tarro de Off pasó a ser una molestia.

Por aquí anduvo Quiroga. Llegó como fotógrafo acompañando a Lugones, enviado por La Nación. Lugones regresó apenas terminado el reportaje. Quiroga se quedó y nunca más regreso. O sí, regresó, pero ese que volvió ya no era el mismo Quiroga. En sus años misioneros, luchó por sacarle agua a la piedra; describió como nadie al hombre de la selva y las chacras; conoció el alma del inmigrante; saboreó enfermedades y muertes; trabajó la tierra, la madera y el alma; derrochó con generosidad pólvora, tinta e ingenio. Su tránsito por el Teyú Cuaré se asemeja al relieve de la provincia, con mesetas, subidas y feroces descensos.

El pendejo no. El pendejo vivía otra historia. Pasó momentos de angustia y algo de miedo la madrugada anterior, cuando los prepearon los policías en la garita de la ruta 12 en Posadas. Todavía le duelen las patadas que recibió arriba de la cintura y desde entonces mira con recelo los borceguíes. Pero todo lo demás era vida, futuro y libertad.

Bajaron del camión de materiales y saltaron a una camioneta que parecía esperarlos. Los dos mochileros polvorientos se mezclaron con rostros ucranianos, pieles morenas, tonadas brasileñas, polacas y el idioma dulce del guaraní de las selvas. Los miraban con curiosidad, preguntaban cosas sobre el viaje. No se animaron a contar directamente que andaban de vacaciones. Tuvieron algo de pudor frente a esos hombres que iban a trabajar, tal vez a los yerbales, a carpir en un tabacal o a trozar troncos en algún aserradero. Al cabo de unos kilómetros, la camioneta frenó para que se bajen y luego se esfumó en un camino rojo y polvoriento. Ya no se lo veía más, pero seguían llegando los saludos a gritos pelados de los compañeros de viaje.

Era el segundo día de la travesía. Aquella noche dormirían al costado de un arroyo muy cerca ya de las cataratas. Armaron la carpa, no paraban de compartir impresiones, evaluar la experiencia, e intercambiar registros mientras armaban un par de sánguches de galleta y mortadela. Se propusieron que a la vuelta acamparían sobre el otro arroyo que habían cruzado, aquel donde el puente hace una curva sobre el agua.

Cataratas era mucho más de lo que imaginaban. Les entraba por la piel, los ojos, los oídos y las narices. Si alguien iba y les decía que ahí había un centro cósmico y que navegar esas aguas era una especie de viaje astral, se lo hubieran creído de inmediato.

El regreso también estuvo cargado de descubrimientos.. Llegaron al arroyo colgados de los estribos de un camión de gaseosas. Al descender encontraron patrulleros, una ambulancia y una lanchita de la que bajaban un bulto envuelto en unas mantas. Ayudaron a cargar en la ambulancia el cuerpo del mochilero ahogado. Esa noche hablaron poco. Tampoco practicaron los prometidos saltos desde los pilotes del puente.

Él sigue volviendo al encuentro con la selva, la madera, los pájaros y el agua. Sigue volviendo a encontrarse. No le costó mucho entender qué llevó a Quiroga a aquietarse junto a las barrancas al borde del monte.

Publicado por Río Bravo el 24 de octubre de 2020.

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