Sábado, 30 Octubre 2021 01:49

El tipo del montecito

Adrián la pateó para cualquier lado. La pelota levantó vuelo y se zambulló en el montecito que está debajo de la barranca. Todos miramos al Gringo que estaba en el arco. Es ley, el arquero busca la pelota.

"Yo no voy", se atajó el Gringo. Entonces debía ir Adrián. Se ve que nos dio lástima mandarlo solo, porque nos miramos y salimos todos juntos rumbo a la barranca.

"Todos juntos" éramos los cinco que habíamos quedado en el potrero, porque los del otro pasillo aprovecharon para rajarse mientras tironeábamos para definir a quién correspondía regresar la número cinco a la cancha. Era una Tango blanca y negra que el Pato cuidaba mucho. Si hubiera sido la Pulpo del Gringo, capaz que la dejábamos para buscarla al otro día. Pero todavía nos quedaba un poco de tiempo para regresarla y practicar algunos tiros de penal o una cabeceadita entre los que quedábamos.

Gera hizo la punta y descendimos en fila india por la muralla arcillosa, vadeamos algunas montañas de basura deseando que la búsqueda no nos obligue a alejarnos mucho. Después de varios vistazos, ingresamos al montecito por un camino angosto y tupido de cizañas y cardos.

Enseguida vimos el bulto del hombre tirado junto al tronco de un árbol. Después supimos que estaba muerto, pero nuestra primera impresión fue que dormía. Si es por nosotros, que duerma tranquilo, que disfrute sus sueños de alcohol. Seguimos buscando la pelota mientras echábamos algunas miradas furtivas al fulano.

A mí me llamó la atención que no se moviera a pesar del ruido que hacíamos. Adrián, en tanto, se acercó y avisó que la ropa del hombre tenía sangre. El Pato empezó a llamarlo a los gritos, a ver si lo despertaba y el tipo, inmóvil. No mostraba ninguna reacción.

Éramos cinco, nos sobraba coraje. Fuimos acercándonos hasta rodearlo a apenas un paso. No era nadie que conociéramos. Estaba descalzo, tenía un pantalón gris y un pulóver granate, aunque después Gera me discutió que era marrón, pero estoy seguro que era granate. A poca distancia reposaban sus zapatillas, bastante rotas y mugrientas. Las manchas de sangre se veían sobre todo en el pantalón. No era muy viejo como me había parecido al principio, alguien de la edad de mi papá o del hermano mayor de Adrián. Pero no era ni mi papá, ni el hermano de Adrián, por suerte. Tenía los ojos abiertos, como mirando algo que había sobre la copa de los árboles. De cerca la piel me pareció muy pálida.

Lo miré mucho. Sé que para otros pibes de mi edad, la cercanía a un cadáver no era ninguna novedad. No era mi caso. Mamá me hizo llamar la atención sobre el asunto una vez que salió para un velorio y no me dejó acompañarla, porque eso no es para chicos. Aquello se repitió alguna vez más, y desde entonces me poblaba un temor morboso. No perdía la oportunidad de preguntar detalles sobre la ceremonia de los velatorios, si se veía la cara del muerto, si se parecía a alguien durmiendo. Algunos iniciados arrimaban detalles, que la tía tenía bolitas de algodón en la nariz, que al hermano del compañero de catecismo las manos se le veían muy blancas o que al abuelo de otro lo habían velado sobre una mesa. Pero aquella vez teníamos ante nuestros ojos a un hombre muerto sin la escenografía del velorio, casi al natural, sin los trucos del maquillaje, los implementos del ritual y sobre todo, sin ninguna relación que nos genere lástima o tristeza. Así que no le mezquiné ojo. No había ese olor a podrido de los perros o los gatos muertos, por eso pensé que había fallecido hacía pocas horas.

Adrián lo tocó con una vara, pero el hombre no se movió. Lo empujó con más fuerza, y nada. Su inmovilidad nos convenció y lo abandonamos para seguir buscando la Tango. En un momento, Gera se descolgó la honda del cuello y le acertó una pedrada en la rodilla, el impacto sacudió un poco la pierna pero no hubo ninguna reacción por parte del ñato ese. El Gringo le calzó un bochazo en la cadera con el mismo resultado y el valiente de Adrián volvió a acercarse y lo surtió en el abdomen con la vara. Escuché un "¡Tup!", como si fuera un tambor de parche flojo. No sé qué quisimos hacer, pero por unos cuantos segundos lo sacudimos a pedradas, a palazos y el hombre no respondía de ningún modo.

Salimos lentamente del montecito. Atravesamos el pajonal a los saltos, ya sin cuidar de esquivar los cúmulos de basura y trepamos la barranca a toda velocidad. Ya en el campito, nos sentamos todos en el suelo. Ahí vi que el Pato estaba abrazado a la pelota, andá a saber en qué momento la había encontrado. Nos mirábamos en silencio, a nadie se le ocurrió retomar el juego. Al cabo de un rato, cuando recuperamos el ritmo de la respiración, el Gringo dijo "mañana vemos" y nos volvimos, cada uno a su casa. Entendíamos que eso de ver mañana significaba guardar el secreto, no abrir la boca y luego, más serenos resolver juntos qué hacer con el tipo que habíamos dejado bajo los árboles.

Adrián tuvo que ir y abrir la boca. Se mantuvo callado hasta que a la mamá le llamó la atención que no quisiera cenar. Le preguntaron qué le pasaba, le hicieron algunas preguntas y empezó a relatar en cuotas lo que habíamos encontrado, cómo era y hasta lo que habíamos hecho con el difunto cuerpo. Los padres primero no le creyeron, después lo interrogaron mucho, pidieron detalles, plantearon cuestionamientos; más o menos como los pasos que dimos nosotros en el montecito, hasta estar un poco más convencidos.

Al otro día fueron a la comisaría e hicieron una exposición. Adrián, Gera, y el papá de Adrián acompañaron a los policías hasta el monte para indicar el lugar donde habíamos hecho el hallazgo. Ahí ocurrió lo más extraño, porque lo único que encontraron fueron las piedras que le habíamos tirado, muchas. Estaba la vara con que lo sacudimos a palazos y una de las zapatillas del tipo al costado del árbol. Pero el hombre no estaba. Los canas dijeron que iban a seguir investigando, nunca supimos si descubrieron algo o no.

Después de aquello cada uno tuvo sus encuentros con otros cadáveres. Algunos muy queridos y otros con detalles mucho más truculentos. Pocas veces volvimos a comentar lo de esa tarde. A mí todavía me queda la duda de si era realmente un muerto.

Publicado en Río Bravo el 30 de octubre de 2021

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La Editorial Municipal Paraná, el Consejo General de Educación y el Club Patronato lanzaron una convocatoria abierta para niños y niñas de nivel primario que quieran escribir relatos o cuentos de fútbol.

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La obra María Remedios del Valle, de la artista visual y poeta paranaense Natalia Garay, fue una de las 14 premiadas –la única entrerriana– entre 619 participantes del Concurso Nacional de poesía María Remedios del Valle, organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación en homenaje a la Madre de la Patria. "Estoy muy feliz de poder revalorizar y visibilizar la lucha de esta inmensa mujer", destacó.

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El llamado a denunciar el “adoctrinamiento” en educación que hizo la ministra porteña de Educación, no es un caso aislado. Entre Ríos también muestra un avance de las miradas reaccionarias sobre qué es lo que se puede decir y qué no en el ámbito escolar. En un país con historia en la materia, el profesor Miguel Andrés Brenner nos propone un repaso con memoria, que es también un llamado a estar alertas y atentos ante estas señales.

Pensamos

“Decreto nº 3155 - Buenos Aires, 13/10/77. Visto las facultades conferidas al Poder Ejecutivo por el artículo 23 de la Constitución Nacional, durante la vigencia del estado de sitio, y Considerando: que uno de los objetivos básicos fijado por la Junta Militar en el Acta del 24 de marzo de 1976, es el de restablecer la vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino… Que del análisis de las publicaciones tituladas ‘Un Elefante Ocupa Mucho Espacio’ de Elsa Isabel Bornemann, y ‘El Nacimiento, Los Niños y El amor’ de Agnés Rosenstiehl, ambos de ‘Ediciones Librerías Fausto’, surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone. Que en ambos casos, se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento, que resulta preparatoria de la tarea de captación ideológica del accionar subversivo. … Que actitudes como ésta constituyen una agresión directa a la sociedad argentina… lo que corrobora la existencia de formas cooperantes de disgregación social, tanto o más disolvente que los violentos. Que una de las causas que sustentaron la declaración del estado de sitio fue la necesidad de garantizar a la familia argentina su derecho natural y sagrado a vivir con nuestras tradiciones y arraigadas costumbres. … Por ello, el Presidente de la Nación Argentina decreta: Artículo 1º. Prohíbese la distribución, venta y circulación, en todo el territorio nacional, de los libros ‘Un Elefante Ocupa Mucho Espacio’ de Elsa Isabel Bornemann y ‘El Nacimiento, Los Niños y El Amor’ de Agnés Rosenstiehl, ambos de ‘Ediciones Librerías Fausto’ y secuéstrense los ejemplares correspondientes. Art. 2º. Dispónese la clausura, por el término de diez días de ‘Ediciones Librerías Fausto’ con domicilio en Santa Fe 1715, Capital Federal. Artículo 4º. La Policía Federal dará inmediato cumplimiento a lo dispuesto en el presente decreto.” Firmado Jorge Rafael Videla.

En referencia al libro de Jacques Prévert, Cuentos para chicos traviesos, en el cuento “Escena de la vida de los antílopes”, se narra lo siguiente: “Los habitantes de África son los hombres negros, pero también hay hombres blancos que van para hacer negocios y necesitan que los negros los ayuden, pero a los negros les gusta más bailar que construir caminos y ferrocarriles […], pero es un trabajo muy duro que a menudo los hace morir […] los negros se ven obligados a hacer el ferrocarril […] y los blancos los llaman ‘trabajadores voluntarios’ […], a menudo los negros están muy mal alimentados”. El cuento también utiliza términos como “camaradas” para referirse a los animales, ya que la historia está narrada desde la visión de los antílopes.

En referencia al libro de Elsa Bornemann, Un elefante ocupa mucho espacio, Víctor, un elefante de circo, decide declarar una huelga general en el circo del que formaba parte por considerar que, junto al resto de los animales, “trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero”. Luego de convencer al resto y oficiar de delegado se declaró “Circo tomado por sus trabajadores. Huelga general de animales”. Los animales doblegaron a los hombres y los hicieron hacer piruetas, hasta que los humanos se dieron por vencidos. Como resultado de la contienda, los curiosos huelguistas regresaron a la selva en libertad. Todos viajaron en un avión, menos Víctor que ocupó uno él solo porque “todos sabemos un elefante ocupa mucho, mucho espacio”.

En referencia al libro de Agnes Rosenstiehl, “El nacimiento, los niños y el amor”, básicamente se cuestiona la forma en que se explica a los niños como llegan los bebés al mundo. A menudo, las personas mayores sienten la tentación de responder a las preguntas de los niños con discursos. Pero aquí no hay discurso, no hay clase magistral, se trata de un diálogo padres-hijos, muy simple, muy verdadero acompañado de un intercambio de impresiones entre dos chicos, un futuro hombre y una futura mujer, igualmente interesados y en la forma más natural del mundo. No hay ilustraciones en color, ningún adorno.

Seguimos pensando, pero también nos preguntamos

En época de la última dictadura genocida cívico militar, la represión principalmente apuntaba a las conciencias. En época de la actual democracia liberal, la República es un sello, donde el opresor se hace carne y mente en la conciencia de muchos que objetivamente no ocupan el poder hegemónico, pero “le hacen el aguante”. Y los culpables serían los pobres.

Habría que preguntarse por qué hacia mediados de los años setenta del siglo XX no existían los llamados, por quienes inventan categorías, “planes vagancia”. Tampoco en Argentina existía una deuda externa asfixiante, ni la fuga de capitales, fuga que favorece la especulación financiera, dinero que no entra en la producción ni crea empleo.

Formulamos esta explicación puesto que no se deben explicar avatares históricos desde coyunturas puntuales, sino desde procesos que abarcan un “tiempo largo”. ¿Qué podemos responder a ello?

¿No era, acaso, que la dictadura genocida cívico militar es cosa del pasado?

El Gorila Gorilón

Cuento “El Gorila Gorilón”.

A fines de octubre el portal de contenidos educativos Aprender, que depende del Consejo de Educación de la provincia, publicó el audiocuento ‘El Gorila Gorilón’ que narra la historia de un gorila que tenía todo y que protestaba cuando alguien necesitado recibía una ayuda. ‘El Gorila Gorilón’ es un audiocuento para jardines de infantes escrito por Matías Finucci Curi, autor de varias publicaciones que el portal Aprender de la Provincia de Entre Ríos tomó como contenido pedagógico. En la narración, se cuenta que este animal tenía ‘mucho de todo’, por lo que ‘nunca le faltó nada y nada le faltará jamás’, pero ‘se enfadaba cuando alguien recibía una ayuda’. ‘Eso no está bien – gruñía con furia – si lo quiere, que se lo gane solito’, añadía el relato. En el material de trabajo que acompañaba la pieza, se especificaba que el individualismo y la meritocracia ‘son dos pilares fundamentales de la desigualdad social’, que generan consignas socialmente aceptadas como ‘el pobre es pobre porque quiere’, que impiden que las personas gocen de los derechos humanos. Esta publicación fue primeramente denunciada hace poco por la docente Yohana Fucks, quien publicó en redes sociales que: ‘Hace unas horas, indignada, tras haber visto en el sitio oficial de contenidos educativos de nuestra provincia, un cuento infantil cargado de un profundo sesgo ideológico político, escribí mi descargo en mi página docente «El diario de una maestra». El escrito generó repercusiones y el descontento general de muchísimos de mis lectores, docentes y padres de diferentes puntos del país, que compartieron con esa misma indignación mi escrito. Apenas una hora más tarde, el contenido fue borrado del sitio. El cuento en audio, las capturas y demás pruebas de lo sucedido, circulan igual por otros portales en las redes, pero me indigna aún más que consideren que bajando el cuento titulado «Gorila gorilón» y la propuesta que instaban a desarrollar para niños de nivel inicial, ya el problema fue resuelto. No callaré jamás ante hechos como éste, repudiables e injustos. Donde el mensaje va cargado de odio, fomentando a acrecentar una grieta social, que como representantes del Estado, somos responsables de trabajar para intentar cerrarla.” Fuente 

Si hay libertad de expresión, ¿por qué se lo eliminó de la web? ¿O la libertad de expresión es, más que nada, para los medios “parientes” del “Gorila gorilón”?

¿Qué piensas tú, al respecto? ¿Qué reflexionamos en comunidad, al respecto?

Publicado por Río Bravo el 19 de noviembre de 2020.

* Por Miguel Andrés Brenner. Prof. Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Buenos Aires, noviembre de 2020

Publicado en Reman estas aguas
Sábado, 24 Octubre 2020 17:56

La selva prometida

El pendejo abría la boca y se maravillaba con cualquier cosa. Allá iba, volando por sobre la selva. Entraba y salía del túnel verde nada más que con mover dos o tres dedos. Elevaba la cabeza y ascendía en el aire, de repente se largaba en picada. La media hora que llevaba sobre el techo del camión bastó para llegar a dominar la técnica que según había leído es la que aplican los cóndores para remontarse y planear.

Hacía cincuenta kilómetros que habían hecho dedo al camión repleto de materiales de construcción, se acomodaron sobre la pila más alta de bolsas de cemento y allá estaban, barrenando las ondulaciones de las sierras misioneras.

Sentía que casi no le faltaba nada. Tal vez algo de música para los momentos detenidos al borde de la ruta. Y una melena bien larga como la de los muchachos cordobeses que habían encontrado en un cruce de rutas la tarde anterior. Pero el walkman acababa de inventarse y él todavía no había visto uno, la música todavía era algo poco transportable. Tampoco era posible la melena, los pocos días del verano no alcanzaban para recuperar los recortes impuestos por los preceptores.

Los cordobeses, que ya iban remontando el regreso, dijeron algunas cosas sobre los rigores del clima y el ambiente agreste. Algo se notaba en los rostros despellejados a golpes de sol y los raspones de ramas en la piel. Pero eso les pasaba a ellos, al pendejo no. Él se comía el paisaje, la exhuberancia del follaje y la vida que se le presentaba ahí, hacia el frente en cada tramo de ruta.

Las dos materias que le quedaron para marzo no ayudaron mucho a la hora de negociar el permiso con los padres. Lo conquistó a regañadientes bajo rigurosas promesas de encerrarse con las carpetas y los libros de Repetto, Lisnkens y Fesket, apenas regresado. Él, que no arrugaba nunca, redobló la apuesta y cargó la carpeta en la mochila. Y allá iba, con una mochila recargada, haciendo fuerzas para no revolear la carpeta en el próximo puente que crucen. Ya había tirado el repelente que la vieja le deslizó a escondidas en un bolsillo de la mochila. Cuando entendió que en la meseta misionera no hay mosquitos, el tarro de Off pasó a ser una molestia.

Por aquí anduvo Quiroga. Llegó como fotógrafo acompañando a Lugones, enviado por La Nación. Lugones regresó apenas terminado el reportaje. Quiroga se quedó y nunca más regreso. O sí, regresó, pero ese que volvió ya no era el mismo Quiroga. En sus años misioneros, luchó por sacarle agua a la piedra; describió como nadie al hombre de la selva y las chacras; conoció el alma del inmigrante; saboreó enfermedades y muertes; trabajó la tierra, la madera y el alma; derrochó con generosidad pólvora, tinta e ingenio. Su tránsito por el Teyú Cuaré se asemeja al relieve de la provincia, con mesetas, subidas y feroces descensos.

El pendejo no. El pendejo vivía otra historia. Pasó momentos de angustia y algo de miedo la madrugada anterior, cuando los prepearon los policías en la garita de la ruta 12 en Posadas. Todavía le duelen las patadas que recibió arriba de la cintura y desde entonces mira con recelo los borceguíes. Pero todo lo demás era vida, futuro y libertad.

Bajaron del camión de materiales y saltaron a una camioneta que parecía esperarlos. Los dos mochileros polvorientos se mezclaron con rostros ucranianos, pieles morenas, tonadas brasileñas, polacas y el idioma dulce del guaraní de las selvas. Los miraban con curiosidad, preguntaban cosas sobre el viaje. No se animaron a contar directamente que andaban de vacaciones. Tuvieron algo de pudor frente a esos hombres que iban a trabajar, tal vez a los yerbales, a carpir en un tabacal o a trozar troncos en algún aserradero. Al cabo de unos kilómetros, la camioneta frenó para que se bajen y luego se esfumó en un camino rojo y polvoriento. Ya no se lo veía más, pero seguían llegando los saludos a gritos pelados de los compañeros de viaje.

Era el segundo día de la travesía. Aquella noche dormirían al costado de un arroyo muy cerca ya de las cataratas. Armaron la carpa, no paraban de compartir impresiones, evaluar la experiencia, e intercambiar registros mientras armaban un par de sánguches de galleta y mortadela. Se propusieron que a la vuelta acamparían sobre el otro arroyo que habían cruzado, aquel donde el puente hace una curva sobre el agua.

Cataratas era mucho más de lo que imaginaban. Les entraba por la piel, los ojos, los oídos y las narices. Si alguien iba y les decía que ahí había un centro cósmico y que navegar esas aguas era una especie de viaje astral, se lo hubieran creído de inmediato.

El regreso también estuvo cargado de descubrimientos.. Llegaron al arroyo colgados de los estribos de un camión de gaseosas. Al descender encontraron patrulleros, una ambulancia y una lanchita de la que bajaban un bulto envuelto en unas mantas. Ayudaron a cargar en la ambulancia el cuerpo del mochilero ahogado. Esa noche hablaron poco. Tampoco practicaron los prometidos saltos desde los pilotes del puente.

Él sigue volviendo al encuentro con la selva, la madera, los pájaros y el agua. Sigue volviendo a encontrarse. No le costó mucho entender qué llevó a Quiroga a aquietarse junto a las barrancas al borde del monte.

Publicado por Río Bravo el 24 de octubre de 2020.

Publicado en Otras yerbas

El 18 de junio de 2010 se nos iba José Saramago. Perdíamos a una de las voces más lúcidas y críticas del siglo XX y la primera década del siglo XXI. En aquél momento lo despedíamos con un diálogo imaginario: un poeta portugués del siglo XVI descubre a Saramago. Con permiso especial del almanaque, Camões reflexiona sobre la condena del Vaticano al pensamiento de su compatriota. Hoy, cuando a nuestro mundo le seguirían viniendo muy bien sus polémicas observaciones, sus discusiones con intelectuales contemporáneos, sus proyectos literarios y su voluntad de seguir imaginando una salida con todos, lo volvemos a recordar recuperando aquél artículo con que le decíamos adiós.

Un diálogo en el tiempo

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte

y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

José Saramagacioneso

Observaciones

Alguien sale de su casa dispuesto a algo, por ejemplo comprar determinado periódico, y se encuentra con que ese diario, el de siempre, no está en el quiosco. Un hecho menor, una nada. Fue lo que le pasó esa mañana a Luis de Camões cuando se lo pidió a su diariero de todos los días.

— No, hoy no me lo trajeron, don Luis.

— ¿Llegará más tarde?

Puede ocurrir. Una demora del furgón de reparto, un corte de electricidad cuando estaban imprimiendo, una huelga de los gráficos que ya pudo haberse solucionado.

— No sé, don Luis, pero hoy no lo tengo.

— Déme el que haya llegado, entonces.

Da igual El Tribuno, Debate, La mañana o Journal; no es el mismo de siempre, qué más da. Es papel, letras, tinta y fotos; páginas más o menos, un diario es un diario. Don Luis lo dobla y marcha con el pliego doblado bajo el brazo.

Ya en su casa, lo abre, se detiene en el nombre. "L'Osservatore Romano", pronuncia. Lamenta no haber conseguido otro diario, algo escrito en portugués, castellano o gallego, lenguas más familiares; en fin. El italiano tampoco es una extrañeza. Se dejará leer. Y así avanza página tras página, palabras del Papa, de un cardenal, noticias las de siempre, y un artículo de Claudio Toscani. Ha muerto un compatriota, es lo primero que se entera en la nota de Toscani. Descubre más cosas en el artículo, el hombre en cuestión era ateo, materialista dialéctico, populista extremista, de ninguna admisión metafísica, libertario y otros primorosos calificativos. Camoes se inquieta. Hombre de cien guerras, ya aprendió a disciplinar los temblores. No es que esas palabras en sí mismas contengan una ofensa; por el contrario, sabemos que el hombre señalado por la voz de imprenta de la Santa Sede responderá “¡presente!” con el pecho inflamado al ser convocado como materialista dialéctico, libertario, ateo…

Pero es que lo que Camões lee no son palabras en sí mismas, que las palabras en sí mismas no se encuentran en ningún lado; quien intente tomarlas queda manoteando el vacío. Éstas son palabras dichas en X, por X, para X, contra X, en nombre de X, para significar X, a favor de X. Justamente, estas X, lo que ellas cargan de condena, es lo que inquieta a Don Luis.

Siguió hojeando el periódico; que para eso había bajado los siete pisos del edificio, corrido al quiosco de la esquina y sacado dinero del bolsillo. Esperaba encontrar noticias, enterarse de la guerra, del hambre, de la crisis; nada de eso era observado por aquel que se decía Osservatore. En fin, lo único observable era aquel compatriota. José Saramago se llama, y en más de una página tuvo el buen gusto de citar a Camões.

Don Luis, portugués del siglo XVI, poeta nacional, cristiano y católico, hombre que supo alzar la espada en nombre de la cruz y la corona; poco puede entender sobre materialismo dialéctico; entre otros motivos, por no caer en anacronismos, que ya demasiada licencia es hacerle comprar un diario de esta época. Pero entre sus líneas, sin ser un hombre dialéctico, ha afirmado cosas como estas: “El mundo se compone de mudanza / tomando siempre nuevas calidades”; pensamiento que lo deja mucho más cerca de un comunista hormonal de estos años que de un clérigo de cualquier época, llámese Torquemada, Ratzinger, Williamson o Maulión.

De a poco fue enterándose de las luchas de este hombre bueno a favor de los campesinos desalojados del Alentejo o de cualquier parte del planeta; de los trabajadores del primero, segundo y tercer mundo; su participación en la Revolución de los Claveles. De sus denuncias contra la invasión a Irak o contra las represiones a las luchas populares. De las amenazas, persecuciones y censuras sufridas en su vida consecuente.

Es cierto, pocas cosas hay que un pobre poeta y guerrero del 1500 pueda comprender, aun siendo Camões; pero hay cercanías que sólo la historia puede lograr. Como aquél obispo brasileño, pensó: “De ese dios del que tú eres ateo, yo también lo soy”.

Publicado por Río Bravo el 19 de junio de 2020

Publicado en Otras yerbas
Miércoles, 08 Abril 2020 07:33

Lectura pandémica

La lectura es la que nos permite viajar, es una aventura a la que hemos invitado desde hace tiempo, ¡que obviedad!. Sin embargo no lo es cuando estamos atravesando una crisis, porque esa acción es reconfortante (terapéutica). Esto se evidencia en situaciones de encierro, por ejemplo las cárceles, vaya analogía. Cuando los trabajadores han necesitado reunirse por una situación angustiante lo han hecho con una biblioteca de por medio. La prueba lo dan los sindicatos que han surgido a partir de la creación de una reunión de libros a los que se acercaban para leer o bien para aprender a leer gracias a un compañero que habilitaba ese espacio.

Estamos en un momento de crisis, sin antecedentes en nuestro planeta. Las crisis son la oportunidad propicia para el avance acorde a las alternativas que tomamos. La lectura es una herramienta esencial para esto por la dimensión que nos habilita, nos posibilita visitar espacios donde la imaginación es nuestro pasaje, casi sin retorno, sin embargo volvemos a la realidad con miradas distintas de esta misma. Nos da un pasaporte a mundos en los que podemos disfrutar, reír, llorar, recordar y encontrar respuestas. Esto es buenísimo, sin embargo nos da también la oportunidad de hallar más preguntas y considero que esa es la clave para momentos en los que los conflictos nos enmarcan.

De las lecturas nos nutrimos para nuevos escenarios, por eso me parece inapropiado ver a la lectura como esa nave que podemos abordar porque estamos con tiempo libre o porque no sabemos qué hacer con él. Ingresar al universo de la literatura es la clave para analizar nuestro entorno ofreciendo desinteresadamente la llave para generar otros contextos posibles en los que estemos todos inmersos, es el pasaporte para que surjan ideas que permitan construir realidades en las que podamos habitar con mejores condiciones para todos, sin que nadie quede afuera y si así no lo fuere; tenemos con ella misma, la lectura, la forma de invitar a muchas y muchos a visitarla sin más expectativas que las que cada una, cada uno pueda sentir.

Puede percibirse esto como una conducta individualista, a pesar de eso es un acto puramente colectivo y democrático. Compartir lo que hemos disfrutado o no, ya que si nos gusto diremos eso a quienes se nos consulten, nos hace parte de un conjunto.

Nadie cambio su vida por una lectura, sin embargo sabemos que aporta una visión distinta, diversa del mundo y eso nos enriquece como seres humanos y sociedad.

Publicado por Río Bravo el 8 de abril de 2020. Ilustración: Tute, Página 12.

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Se trata de una iniciativa de la editorial paranaense Ana, que pone a disposición de nuestros lectores Literatura para enfrentar enemigos invisibles, una antología de cuentos y poesías de escritores y escritoras entrerrianos y santafesinos, que puede descargarse de manera gratuita al final de este artículo. Con una declaración que revela compromiso social frente a la situación que atravesamos por estos días, manifiestan: “Los escritores también tenemos algo para dar, una historia, nuestra poesía (…) queremos saludarlos, aportar y dar el presente en esta lucha colectiva”.

“Ofrecemos este libro a todos los lectores de Entre Ríos, de Argentina y del mundo”, dicen con solidaria ambición los trabajadores de Ana Editorial, que busca hacer su aporte para sobrellevar estos días difíciles. Como en una especie de oxímoron, si el encierro es una medida necesaria e inevitable, el aislamiento no es condición infranqueable y así lo dan a entender los autores de esta iniciativa: “Estamos aislados, pero estamos juntos”, sentencian.

El libro consta de dos partes: la primera de cuentos, la segunda de poesías “y persigue un solo objetivo: que quien quiera leer en estos días de encierro, lo pueda hacer”.

Quienes integran la editorial hacen en la presentación del libro un pequeño manifiesto de compromiso: “...queremos saludarlos, aportar y dar el presente en esta lucha colectiva. A lo largo de nuestra historia ya hemos enfrentado numerosos obstáculos, dolores e injusticias; también lo haremos ahora”, advierten.

Descargá el libro desde el siguiente enlace: Literatura para hacer frente a enemigos invisibles

Autores: Juan Manuel Alfaro, Silvina Pugliese, Alfredo Di Bernardo, Melé Graglia, Julián Obeid, Ana María Martínez, Juan Luis Henares, César Penna, Pablo Felizia, Graciela Chisty, Enrique Suárez, Mariana Bolzán, Litto Ganchier, Maura Pierotti y Cecilia Tonina.

Diseño de la tapa: Lucía Puntín

Equipo editor: Pablo Felizia, Nicolás Tavella y César Heinitz.

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Yo soy Ana Martínez, la hija mayor del Zurdo Martínez, no heredé su capacidad musical porque soy sorda pero sí sus valores y su coherencia. Me va la Vida en ello.” Así se presenta Ana María Martínez, la escritora entrerriana que, este jueves 1º de agosto a las 19:30, presentará en la Biblioteca Popular del Paraná su último libro, Mujeres del Verano, editado por Ana Editorial. El encuentro contará con la presencia de la autora y del editor, y el acompañamiento musical con la actuación de María Silva.

El libro

Dice la escritora Julieta Villarroel (de La Plata), en el prólogo: “objetivamente se podría decir que Mujeres del Verano es la recopilación de dieciocho cuentos construidos sobre la base de una prosa limpia, sin giros rebuscados ni grandilocuencia, entre los que asoman breves piezas poéticas y una gráfica original. Pero, ¿quién desea ser objetiva? Por lo tanto, subjetivamente, digo que estas Mujeres del Verano son poesía, son la anécdota contada junto al fuego, son —en su gráfica— la representación del mundo visto con los ojos amorosos de una pequeña mujer del verano de tan solo nueve años.

Como para corroborar lo dicho, nos dice Ana María: “Es un libro que debía escribir. Entre tanta mierda (y no se refiere a otros libros, sino a mucho del mundo que el propio libro expone)... ahí está.”

Aromas, paisajes, historias de lucha, dolor, terror infligido desde el Estado, y de nuevo el río, siempre de nuevo el río, pueblan los cuentos y los capítulos que conforman el libro. Aparecen allí mujeres que de distintos modos formaron parte de la historia de Ana, pero también su padre Miguel Ángel (el reconocido músico “Zurdo” Martínez), en relatos emocionantes sobre cómo fue aquello de sostener la coherencia, el compromiso con la vida y un mundo más justo, en las épocas más oscuras de la historia de nuestro país.

El libro Mujeres del Verano está ilustrado con dibujos de Estrella Castro (nieta de la autora), la foto de tapa es de Facundo Castro (hijo de la autora) y el diseño de tapa de Lucía Puntín. En la fotografía de tapa aparecen Ana y su hija, Violeta, recostadas en la arena, mojadas por el río, de cara al sol.

Una dolorosa ausencia

El jueves, en la presentación, faltará Mario Iturain, “el Pita”. Mario fue un trabajador municipal de la ciudad de Paraná, padre de Romina, niña asesinada por la brutal represión policial que se desató en Entre Ríos tras el estallido social de diciembre de 2001. Compañero y amigo de la autora del libro, llegó a conocer el relato “Cuento tardío de Navidad”, con eje en su familia y en homenaje “A la memoria de Romina Iturain y de todos los muertos del Argentinazo”.

Mario falleció hace pocos días, luego de resultar gravemente herido en el incendio de su vivienda, intentando rescatar algunas pocas pertenencias que le permitieran volver a empezar. Murió sin conseguir justicia y castigo por el crimen de su hija, aunque con la seguridad de haberlo dado todo en esa lucha. No hubo marcha en memoria de los caídos por la represión en la que Mario no estuviera presente con la foto de su hija.

Seguramente, este jueves, allí habría estado.

Del editor

Consultado por Río Bravo, Pablo Felizia, de Ana Editorial, cuenta que este nuevo libro (que ya llegó a las principales librerías de toda la provincia) representó un desafío particular por la responsabilidad que implicó cumplir con la armonía que texto e ilustraciones componían en la idea original.

Este libro, con “cuentos con un enfoque de género desde lo local, desde las historias con sabor a lo cercano”, es un “orgullo para la editorial porque se integra a una línea de trabajo que rescata autores de nuestra provincia pero que, mientras nos ayudan a hacer memoria de aquello que conocemos porque lo vivimos, también nos hablan de dramas y luchas que son globales, que nos exceden”.

Ana María Martínez

La describe así la solapa del libro: “Sostiene una posición clara y contundente (quizás heredada de las enseñanzas de su padre, Miguel “Zurdo” Martínez) contra una estructura económica inhumana y feroz que envenena y mata. Madre de Facundo y Violeta y abuela de Estrellita, ha militado y milita aún por causas justas. Es miembro activo del Movimiento de Vida Independiente y sueña un mundo accesible adonde la Divertad sea el buen vivir de cada persona. Piensa y siente que otro mundo es posible.

Mujeres del Verano es su tercera publicación, después de “Espineleando palabras” y “Anaclareando”.

Textual

"No saben, ignoran que tanto vos como yo, en algún momento, tuvimos la oportunidad de elegir otros senderos, más institucionales, menos escarpados, más accesibles, menos verdes. Y no. Nos elegimos. Y juntas miramos las puestas del Sol y observamos a Guidaí en las noches de estío y soñamos y a veces lloramos, lagrimitas de risa y de tristezas..." (de Mujeres del Verano; Destino).

Publicado por Río Bravo el 28 de julio de 2019.

Publicado en Otras yerbas

El viernes 7 de junio, Pablo Felizia presentará Desaparición y muerte en bicicletas rojas (Ana Editorial), un libro de cuentos basados en hechos policiales entrerrianos. La iniciativa será a las 19.30 en la Biblioteca Popular del Paraná de calle Buenos Aires 256. Del encuentro participará el Grupo Arandú de teatro de la capital provincial. Para la realización de esta obra, el autor recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes. La entrada es libre y gratuita.

La cita de este viernes promete sorpresas y buenas lecturas, además del intercambio con el autor sobre esta nueva obra que consolida su propia producción y la de Ana Editorial, una pujante, creativa e insistente editorial entrerriana que ya se ha ganado su lugar entre los lectores de la región. Pablo Felizia es el autor del libro Crónicas Patrias, que ya lleva dos ediciones, con amplia repercusión en la provincia y fuera de ella, reconocimiento oficial y sostenida circulación en escuelas y otras instituciones culturales. El mismo transforma en cuentos las historias reales de combatientes de Malvinas entrerrianos.

El libro

Desaparición y muerte en bicicletas rojas consta de siete cuentos. El primero, el que le da nombre al libro, fue publicado por primera vez entre enero y febrero de 2014, a modo de folletín, en Diario Uno de Entre Ríos. Un año separó la desaparición de Sebastián Ortiz y Juan José Pocho Morales en San Jaime de la Frontera. Los dos vendían en la calle, tenían sesenta y seis años, eran pelados, fueron vistos por última vez minutos antes de las 20:30 en la misma cuadra céntrica y al momento de desaparecer ambos andaban en bicicletas rojas. Esa es la historia real, la historia judicial, en este libro hay ocho capítulos que pertenecen a la ficción, pero caminan por la cornisa de los hechos reales.

Dos pescadores de Bajada Grande fueron protagonistas de varias páginas policiales en junio de 2009. Un puntazo fue suficiente para dar muerte a un hombre entre los puestos de pescado, a metros del río. El hecho fue la excusa para Cachorros, el segundo cuento que integra este libro.

Los poetas de Ramírez es la historia de un grupo de jóvenes dispuestos a repartir sus poesías el día de la inauguración del Túnel Subfluvial Raúl Uranga–Carlos Sylvestre Begnis. El 13 de diciembre de 1969, Juan Carlos Onganía y los interventores de Entre Ríos y Santa Fe, cortaron la cinta que abrió este paso por debajo del río. El cuento es una historia de amor y de lucha y, en esas circunstancias, de traiciones y muertes. En el relato fue reconstruida una ciudad distinta, detenida en el tiempo, esperanzada ante la obra que le cambió la vida; fue publicado por primera vez en dos partes, en el Diario UNO, en enero de 2015.

En diciembre de 2001, fue asesinado bajo las balas de la policía José Daniel Rodríguez, militante de la Corriente Clasista y Combativa. También murió Romina Iturain y Eloísa Paniagua, todos casos en donde la impunidad fue protagonista. Tengo hambre, José es un pedido de justicia, una venganza poética y obtuvo una mención en un concurso organizado por la Biblioteca Popular del Paraná en 2011 y fue publicado por primera vez en una antología editada por esa institución.

El suicidio dudoso de un joven en Gualeguaychú, llevó al investigador Juan Carlos Muñoz a recorrer la autovía, llegar hasta Villa Paranacito y desandar una historia de narcotráfico y mentiras. Inversión a futuro es el título del cuento.

La victoria de los visitantes nocturnos tiene entre sus protagonistas a Silvia Pérez Simondini y a su hija Andrea. Ellas abrieron con gran esfuerzo y pasión un museo en Victoria que se llena de turistas, apasionados por la temática, científicos y curiosos. Hace más de veinte años fundaron Visión Ovni, un grupo de investigación del fenómeno con especialistas en todo el país y se convirtieron en referentes de la ufología argentina. El cuento apareció por primera vez en mayo de 2014, también en Diario Uno; es una ficción llena de experiencias reales a partir de una entrevista de tres días a las dos mujeres. El peritaje ante la mutilación de ganado, de marcas en el suelo y de luces que aparecen a lo lejos forman parte del trabajo de estas ufólogas, como así también la búsqueda y el análisis de documentos y expedientes oficiales sobre el fenómeno.

31 (La Luz) es el cuento que cierra este libro. Como los demás, está basado en hechos reales. Otra vez, pero cuatro años después y frente a una enfermedad que amenaza con dejarlo ciego, el investigador Omar Domingo fue en la búsqueda de la verdad. Llegó hasta Febre para encontrarse con la señora Esther, vidente y sanadora. La mujer le dijo dónde está Pocho Morales.

Publicado por Río Bravo el 2 de junio de 2019.

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