Será en el campo mixto “La Esmeralda”, ubicado en el departamento Nogoyá. Allí se compartirán durante dos días diferentes experiencias, vivencias, reflexiones y técnicas para pensar la agricultura desde la agroecología.

Publicado en Pago chico

El médico Medardo Ávila Vázquez es coordinador de la Red universitaria de ambiente y salud y médicos de pueblos fumigados. Tiempo atrás participó de una charla con integrantes de organizaciones ambientales de la provincia y de distintos puntos del país en la que explicó, científicamente y con detalles, cómo actúan los pesticidas sobre las células del cuerpo humano, basado en investigaciones realizadas por él mismo y otras que se desarrollaron en el ámbito del CONICET, el ministerio de Salud de la Nación y en los Estados Unidos. Cáncer, abortos espontáneos, malformaciones y daños neurológicos irreversibles son algunas de las consecuencias que genera sobre las personas la exposición al glifosato, presente en el ambiente de los pueblos fumigados.

Publicado en Pago chico

Los agricultores familiares y los pequeños productores agropecuarios tiene una tremenda responsabilidad en esta pandemia que es alimentar a la poblaciones cercanas a sus chacras, en el caso -como indican muchos voceros- de se agudice más la situación de la infección en las ciudades con el Covid 19.

Los agricultura familiar fue objeto de derecho por varios años en la Argentina; en el 2009 se creó la subsecretaria de Agricultura Familiar y luego se logró el Monotributo Social Agropecuario para que estos productores que vivían en la informalidad, que no podían tener acceso a una obra social y a aportes jubilatorios, los pudieran tener. Además, se creó una red de técnicos que recorrían a lo largo y ancho nuestro territorio, acompañando a las organizaciones de campesinos para crecer y fortalecerse.

En los últimos cuatro años se dio una política de desguace de este organismo del Estado y de toda política que fomentara la Agricultura Familiar, a tal punto que eliminaron el Monotributo Social Agropecuario, pasándolos a todos a Monotributo Social, teniendo que pagar la Obra Social, cosa que antes era a costo cero para el productor, además de despedir a más del 70 % de los técnicos de terreno, muchos de ellos profesionales con varios años de trabajo en el sector.

¿Porque recordar esto en este momento? La idea no es seguir alimentando la grieta, pero sí recordar el por qué se está hoy en el lugar que estamos y quizás pensar en lo diferente que hubiera sido si en estos últimos 4 años se hubieran destinado los fondos suficientes para que la agricultura familiar siga creciendo y que todos los técnicos se encontraran trabajando en el territorio acompañando a los miles de agricultores familiares en todo el país durante esta pandemia.

Hoy la responsabilidad que recae sobre estos agricultores familiares en este momento de pandemia es inmensa, son los responsables de hacer llegar la verdura, frutas, los huevos, la carne a la mesa de cada una de las familias de nuestro país, ya que son los productores de cercanía los que están en los periurbanos, los ejidos, los cinturones de las ciudades y son ellos los que producen y son capaces de llegar con esta producción a cada rincón del país.

Para esto se necesita un Estado presente, un Estado que no sólo garantice condiciones de producción, generando estrategias de fortalecimiento como pueden ser ayudas en insumos, créditos, maquinaria, herramientas; sino también en los procesos de comercialización de estos productos y generando la logística para su distribución.

Estamos seguros que los agricultores familiares se van a poner al hombro esta responsabilidad ya que lo han demostrado sosteniendo las ferias, los mercados populares, los verdurazos y demás acciones que han demostrado el poder de organización que se posee y el alcance que pueden tener.

La tarea que nos va a quedar para cuando salgamos de esta situación y que venimos planteando desde las organizaciones sociales es la incorporación de varios miles más, recreando cordones verdes alrededor de los pueblos y ciudades, cediendo tierras públicas y haciendo ordenanzas que permitan incorporar otras, con desgravaciones impositivas para sus propietarios. En una Argentina con millones de desocupados que no pueden llevar el sustento a su hogar sería una doble medida estratégica generando trabajo y alimentos de forma agroecológica.

En lo inmediato proponemos una primera medida concreta para fortalecer a los productores hortícolas, con un aporte en insumos (semillas, plantines) y tecnologías apropiadas (riego, mediasombra) para aumentar y mejorar la producción de estos productores familiares.

Planteamos la entrega de semillas, plantines, manguera de riego, mediasombra, para los productores que hoy están en plena producción, que estén vendiendo en las ferias o mercados populares de cada localidad, que no posean mas de un empleado (ya sea permanente o transitorio) coordinando con los organismos del Estado nacional, provincial y municipales, así como con las organizaciones de la agricultura familiar de cada provincia o región, para identificar estos productores, entregándose los insumos, apuntando a aumentar en el mediano plazo la producción local y ayudando en la logística para llegar con estos productos en forma rápida y segura a las familias de las ciudades.

Esperamos que los gobiernos nacional, provincial y locales entiendan y den respuesta para poder lograr que miles de pequeños productores y la agricultura familiar de la Argentina den un paso importante, garantizando, como se dijo, el alimento en la mesa de nuestras familias.

(*) Pablo Benetti es Ingeniero Agrónomo e integrante de la Federación Nacional Campesina (FNC) de Entre Ríos.

Publicado en Río Bravo el 31 de marzo de 2020

Publicado en Otras yerbas

A pocos días de asumir la presidencia de la Corporación del Mercado Central de Buenos Aires, Nahuel Levaggi, lanzó una campaña denominada “Compromiso social de abastecimiento”, con el objetivo de frenar la especulación en torno a la comercialización de frutas y verduras y garantizar precios justos a los consumidores. El nuevo funcionario apunta a darle al Mercado un fuerte viraje hacia la soberanía alimentaria, la agroecología, el protagonismo de pequeños productores y los derechos de los consumidores a alimentos sanos y accesibles.

Una de las primeras sugerencias que arroja el buscador de Google al poner el nombre Nahuel Levaggi es, sencillamente, “quién es”. Y el primer artículo enlistado es una nota del diario Clarín centrada más en consideraciones estigmatizantes que en los antecedentes propios y los lineamientos que intenta darle a su gestión y que pareciera haber comenzado a poner en práctica con las primeras medidas en medio de la pandemia.

Fiel a su estilo policíaco contra todo posicionamiento político, militante o dirigente que no se ajuste a las demandas del establishment, “el gran diario argentino” define a Levaggi -con tono inequívocamente descalificante- como “un ex piquetero que comanda a un grupos de pequeños productores”.

Lo cierto es que, más allá de toda especulación política o repaso de archivos, se trata del coordinador nacional de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) que, junto a otras organizaciones como la Federación Nacional Campesina (FNC), impulsó y protagonizó los “verdurazos” durante la gestión de Mauricio Macri, cuestionando las políticas de destrucción de las economías regionales y de la agricultura familiar.

Y es precisamente sobre esos ejes donde aparece el mayor énfasis en la presentación que el propio Levaggi hace de su gestión y de la campaña que acaban de lanzar.

Venimos a construir y fortalecer el fundamental rol social que cumple en la cadena de producción, comercialización y consumo de este lugar que concentra y por el cual transita una gran cantidad de los alimentos”, dice en un video institucional de poco más de dos minutos de la Corporación del Mercado Central de Buenos Aires.

Levaggi asegura que su gestión apuntará a “fortalecer y construir la soberanía alimentaria, de la mano de los productores y de los consumidores y “defender y representar a los miles de argentinos y argentinas que necesitan acceder a esos alimentos sanos a precios justos”.

Otro de los ejes sobre los que buscará trabajar la nueva administración del Mercado Central es la producción agroecógica y, en ese nuevo horizonte de gestión, donde la soberanía alimentaria pareciera adquirir un papel preponderante, aseguran que “este mercado va a tener las puertas abiertas para garantizar la posibilidad de acceso de los pequeños y medianos productores y productoras, por un lado y, por otro lado, una comunicación diaria y transparente de los precios de comercialización de la frutas y las verduras para que los vecinos y vecinas tengan precios de referencia todos los días”.

Primeras medidas en medio de la pandemia

Apenas asumido, Levaggi y sus colaboradores decidieron tomar dos medidas con carácter urgente, en el marco de la pandemia de Coronavirus, relativas a la cuestión sanitaria por un lado y al control del precios y abastecimiento por el otro: “la primera fue implementar un protocolo para garantizar la seguridad y la sanidad de todos ustedes (por los consumidores) y de toda la comunidad del Mercado Central, y la segunda, lanzamos un compromiso social de abastecimiento a precios justos: en conjunto con una gran cantidad de operadores de mercado acordamos mantener precios mayoristas semanalmente y también sugerir un precio minorista para que ustedes, en sus mercados de cercanía, sepan lo que tienen que pagar”.

Publicado en Actualidad

La nueva propuesta académica, que comenzará a dictarse a partir del año próximo, recibió la aprobación curricular por parte del CGE y se dictará en el Instituto de Educación Superior de Cerrito. Desde el municipio resaltaron la necesidad de formar recursos humanos en el área, en línea con un plan estratégico para el cuidado ambiental.

En la mañana de este lunes, el intendente de Cerrito Ulises Tomassi recibió de manos de la presidenta del CGE, Marta Landó, la Resolución 4.969, que aprueba el diseño curricular de la carrera de nivel superior “Tecnicatura superior en Agroecología”.

Desde el municipio destacaron que esta carrera, que se inscribe en las propuestas de formación de nivel superior de Educación Técnico Profesional de la provincia de Entre Ríos, “representa un desafío en cuanto a su carácter innovador que se ve reflejado no sólo en la especificidad de la temática que aborda, sino también en el diseño de la estructura curricular y en su vinculación con el contexto local y regional”.

Asimismo resaltaron que en nuestro país existe “una clara necesidad de formar recursos humanos en el área de la agroecología”. En ese sentido señalarón que Cerrito, con el plan estratégico para el cuidado ambiental, “es un ejemplo, y contar con este espacio educativo en la temática, cobra mayor relevancia, sumándose además, a las declaraciones de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (2018)”.

¿Qué es la agroecología?
La agroecología es una ciencia que busca la aplicación de conceptos y principios ecológicos en los agroecosistemas para lograr una doble sostenibilidad; tanto a nivel del cultivo como de las sociedades locales que lo producen.

Básicamente, los agrosistemas son sistemas agroalimentarios sostenibles que se basan en principios como el reciclaje de nutrientes, la diversidad, las sinergias o la integración. Es decir, el tratamiento del espacio de cultivo como un lugar vivo, que tiene valor como fin en sí mismo.

En los últimos años ha ganado impulso paulatino en nuestro país a partir de las consecuencias ambientales y sanitarias que generan la reacción de las comunidades y movimientos ambientalistas pero también por el alto costo de insumos que el paquete tecnológico de semillas transgénicas, plaguicidas y el sistema de siembra directa imponen a los productores.

Uno de sus principales impulsores es el Ingeniero Agrónomo Eduardo Cerdá, fundador de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA) y coordinador de numerosos grupos de productores y profesionales en siete provincias de la Argentina y en Uruguay.

 


 

Publicado en Pago chico
Jueves, 17 Enero 2019 20:45

La mejor opción es la agroecología

Un compromiso a mediano y largo plazo, que excede con creces los oportunismos electorales.

El pasado 15 de enero el gobierno de Entre Ríos convocó a una mesa de diálogo a los diferentes sectores vinculados a la producción agropecuaria para conformar un foro de agroecología. En la reunión participaron el secretario de Producción, Álvaro Gabás, acompañado por el secretario de Ambiente, Martín Barbieri, la Mesa de Enlace (Federaciones Agraria Argentina, Entrerriana de Cooperativas –Fedeco-, Asociaciones Rurales –Farer- y Sociedad Rural), la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, el Centro de Acopiadores, la Coordinadora Provincial “Por una Vida sin Agrotóxicos en Entre Ríos Basta es Basta”, el INTA y la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER. El objetivo de la misma fue la de establecer políticas públicas que promuevan la agroecología en la provincia, trabajando aspectos técnicos y productivos, la certificación participativa y la comercialización de productos agroecológicos.

Hasta aquí lo que replicaron los medios locales, recuperando algunas declaraciones de los participantes, pero sin ahondar demasiado en algunos conceptos que son claves para entender la trascendencia de dicha reunión y la profundidad con que debe ser abordada esta problemática, la cual, por otro lado, afecta directamente a cada entrerriano y entrerriana, trabaje o no en el campo (No es éste el espacio oportuno para ello, pero vale recordar que el modelo productivo hegemónico vigente impacta en la salud a través de las fumigaciones para quienes viven en el campo, la contaminación de cursos de agua y la persistencia comprobada de pesticidas en las frutas y verduras que compramos en la ciudad).

Es justo aclarar, entre otras cuestiones, que la convocatoria a conformar este foro de agroecología no es una iniciativa genuina del gobierno, sino que forma parte de uno de los pedidos que realizara la “Coordinadora Por una vida sin agrotóxicos, Basta es Basta” el 21 de noviembre de 2017, cuando, ante la alarmante cifra de niños con cáncer, consecuencia de las fumigaciones, se presentó al gobierno un documento contundente de denuncia y propuesta. Dicha Coordinadora, conformada a nivel provincial por organizaciones ambientales, gremiales, docentes, productores, ingenieros, abogados, vecinos, víctimas de fumigaciones llevó adelante durante todo 2018 una serie de acciones que marcaron la agenda provincial en la temática.

Así fue que, iniciado el año con un regresivo proyecto de ley sobre la regulación del uso de agroquímicos con media sanción en la Cámara de Senadores, se realizó el Ciclo de Socialización de Saberes “Hacia un nuevo modelo de producción de alimentos” en la Cámara de Diputados, con el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, el ingeniero químico Marcos Tomassoni, el biólogo Sergio Federovisky, el médico Damián Verzeñassi y el investigador Damián Marino, quienes expusieron sus conocimientos, aportando al debate que debían dar los legisladores entrerrianos. En mayo, el proyecto fue rechazado. Pero el modelo productivo seguía intacto. Y los entrerrianos seguían enfermando y muriendo por causa de las fumigaciones.

La “ronda de los martes”, iniciada el 16 de enero de 2018 y continuada de manera ininterrumpida hasta la fecha, fue la manera de reclamar, denunciar y visibilizar este genocidio silencioso. Quien haya cruzado por la Casa de Gobierno de la capital provincial cualquier martes de 2018 a las 20.15 habrá visto un grupo de personas, más o menos numeroso según el día, portando velas encendidas y carteles referidos a los agrotóxicos y sus impactos en la salud, quienes precedidos de un pasacalle con la leyenda “Paren de fumigar” camina alrededor de la Casa Gris. Hasta que cambie el modelo productivo. Hasta que la agroecología sea una política de estado.

Llegó agosto y la justicia entrerriana recibió un amparo ambiental colectivo promovido por el Foro Ecologista de Paraná y AGMER (ambas organizaciones integrantes de la Coordinadora Basta es Basta), solicitando que se ordene al Gobierno y al Consejo General de Educación que adopte una serie de medidas que tiendan a dar seguridad a las escuelas diseminadas por todo el territorio provincial de modo que queden a salvo de las constantes fumigaciones. En dicha oportunidad se adjuntó numerosa documentación científica y fundamentos del Comité de los Derechos del Niño y la Organización Mundial de la Salud para la infancia. El gobierno entrerriano no tardó en responder pidiendo la nulidad del amparo, priorizando una vez más los intereses económicos por sobre la salud de la población. Sin embargo, la acción fue ratificada y el fallo judicial del 29 de octubre dejó firme la prohibición de fumigar cerca de las escuelas rurales, a 1000 metros por vía terrestre y a 3000 metros por vía aérea.

No tardaron en escucharse los argumentos de grandes productores, y del propio gobierno, acerca de la imposibilidad de producir sin agroquímicos, de las pérdidas económicas que genera la restricción de fumigar y de la consiguiente inviabilidad del amparo ambiental.

Y 2019 nos recibió con un decreto del propio gobernador por el cual, desoyendo el fallo judicial vigente, habilita las fumigaciones a solo 100 y 500 metros de las escuelas rurales por vía terrestre y aérea respectivamente.
La Coordinadora Provincial Basta es Basta reiteró la plena vigencia de la sentencia del máximo tribunal y realizó las presentaciones judiciales pertinentes para que se determine la improcedencia e invalidez del decreto del Poder Ejecutivo.

Hasta aquí la crónica de los hechos, con sus idas y vueltas legales. Sin embargo, y volviendo a la noticia que dio inicio a estos párrafos, aún resta un análisis que, si bien para algunos puede parecer obvio, en tiempos de etiquetas y bombardeos verborrágicos vacíos, resulta imprescindible.

“El” campo no existe

¿Qué piensa un lector cuando ve una noticia referida al “campo”? Pueden venir a su mente las intensas lluvias que dificultan las actividades agropecuarias, las cotizaciones en dólares de cada exportación o las pulverizaciones con agroquímicos (o envenenamiento con agrotóxicos, según qué biblioteca hayamos leído).

En primer lugar, debemos decir que “el” campo no existe. Existen, por un lado, los grandes y medianos productores, dueños de la mayor cantidad de tierras en la provincia, que acatan las reglas de juego de las multinacionales (el paquete tecnológico de semillas transgénicas y cócteles cada vez más grandes de plaguicidas) a través del asesoramiento de ingenieros formados en universidades financiadas o sponsoreadas por dichas corporaciones y el aval de un gobierno que legisla en su favor. Para ellos existen las “buenas prácticas agrícolas”, las derivas de las fumigaciones son controlables y no existe otra manera de producir que sea rentable. Por lo tanto, se oponen a cualquier otro modelo productivo, aún a costa de la sustentabilidad. Todo este sector desconoce más de mil estudios científicos que prueban la toxicidad de los productos que aplican en los campos y sus impactos letales en la salud humana y siguen exigiendo pruebas que hace mucho tiempo están al alcance de cualquiera interesado en la temática.

Por otro lado, existen, casi invisibilizados, un número creciente de productores agroecológicos que también son “el campo”, o bien, son el otro campo, que apuestan a una producción con campesinos y sin venenos, que producen alimentos para la población local y no toneladas de granos de soja para engordar chanchos chinos.

Y aquí es donde se hace necesario aclarar el siguiente concepto, que ha empezado a circular en los medios pero que corre el riesgo de banalizarse o vaciarse según los intereses: agroecología. Para quien recién se arrima a estos debates, es bueno aclarar que la agroecología no es un invento de los ecologistas que se oponen al progreso, tampoco es una actividad limitada para mini emprendimientos familiares. Numerosas experiencias demuestran que, sin ser una receta, la agroecología es la alternativa necesaria para descontaminar los campos, sanear los suelos y asegurar la supervivencia en los próximos años. Algunos la definen como disciplina científica, otros como un tipo de agricultura alternativa, o un conjunto de técnicas; lo cierto es que no se trata de un sinónimo de producción orgánica, va mucho más allá. La agroecología implica un agroecosistema autónomo, que utiliza recursos locales, minimiza los impactos ambientales y al mismo tiempo busca la productividad, el respeto del entorno natural y sus poblaciones, la producción de alimentos sanos y relaciones económicas justas.

Hay tantas maneras de hacer agroecología como emprendimientos existan, pueden ser de pocas hectáreas o de manera extensiva. Por solo dar algunos ejemplos en nuestra provincia, podemos mencionar a Alicia Schvartzman, granja agroecológica La Dorita y grupo Agropoético Guardianes de la Dorita, en el que trabajan unas cuantas familias, en la costa del Uruguay; a la familia Verzeñassi y viñedos agroecológicos en plena ciudad de Paraná, Nicolás Indelángelo, quien asesora diversos productores en Tabossi y Libertador San Martín, Damián Posadas y su producción de cítricos y huevos en la zona de Diamante, Demetrio Romero, en Mojones Sur, Tincho Martínez, en su granja La Porota en La Picada, Ricardo Sito, en Aranguren, Federico Otto en Gualeguaychú, Leo Kosntner y su producción ganadera agroecológica en la zona de María Grande, la Cooperativa Apícola El Espinal, la Escuela Agrotécnica y la escuela de las hermanas franciscanas en Villa Urquiza y la Escuela Almafuerte en La Picada, Juan Ramírez Montrull. La lista es interminable y diversa. Cada uno de estos emprendimientos merece un artículo detallado para conocer cómo trabajan; todos ellos están demostrando con sus propias acciones que la agroecología es posible.

También hay productores con muchas inquietudes y angustias que se han dado cuenta de que no hay buenas prácticas con venenos y buscan alternativas para producir alimentos sanos pero se encuentran atrapados en el paquete tecnológico corporativo. Transición es cambio, el cambio genera resistencia, y la resistencia en el fondo es miedo (en cualquier aspecto de la vida). Escuchar a otros que ya iniciaron el camino, ayuda a dar el primer paso y a partir de ahí es un camino de ida.

Y, en ese camino, falta mencionar la huella de los consumidores, quienes cada vez son más, exigiendo alimentos sanos, seguros y soberanos, que el modelo actual no puede ofrecerles y apoyando en consecuencia las iniciativas agroecológicas.

Ya estamos en transición hacia la agroecología, y no por la iniciativa de los gobiernos ni la voluntad del agronegocio, sino por el trabajo serio y comprometido de pequeños productores y la conciencia de ciudadanos organizados y perseverantes. Es tarea de quienes dicen representarnos ofrecer las condiciones objetivas para que la protección de la salud de toda la población entrerriana y nuestros bienes naturales comunes sean una realidad y no un discurso oportunista en un año electoral.

Mientras tanto, cada martes al anochecer, una ronda con velas alrededor de la casa de gobierno, y replicada en más de veinte localidades del interior de la provincia, nos recordarán ese compromiso.

Publicado en Río Bravo el 18 de enero de 2019.

* María José López Ortiz es educadora, militante por la agroecología y Secretaria de Educación Ambiental de AGMER Seccional Paraná. 

Publicado en Otras yerbas