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Jueves, 18 Agosto 2011 00:48

Lo que ni Clarín ni la mediateKa leen en los votos

Escrito por Ignacio González Lowy

Entre la frustración de los medios opositores de derecha y el triunfalismo ensoberbecido de los medios oficialistas de derecha, hay otras lecturas de las elecciones primarias que están censuradas. Aportamos, desde aquí, algo de fuego a un debate que a veces no da ni pena.


1. “Somos la mitad más uno”.


Hay algo que es obvio, que quienes queremos opinar, argumentar y discutir, pero partiendo de la realidad, no podemos obviar: arrasaron, ganaron por paliza, les y nos salivaron de costado a todos los que creímos que este domingo la oleada de luchas (por salario, por tierras, contra la contaminación y la entrega…) que recorren el país se iba a expresar de algún modo en las urnas. Ganaron, y por el 60%, hasta en Jujuy, donde las ocupaciones de tierras de los desheredados hasta hace una semana cruzaban la provincia desde los cuatro puntos cardinales.

Que un gobierno nacional vaya para su tercer mandato ganando en 23 de 24 distritos y que aún pueda decir “somos la mitad más uno”, aunque la frase sea engañosa, el sólo hecho de que la pueda decir, habla de un escenario que le da, por lo menos, un respiro.
De todos modos,

2. No hay cheque en blanco.

Suena obvio también. No es cierto que el casi 50% que no voto a Cristina sea antikirchnerista; de hecho, hubo quienes votaron –por ej.- a Binner y que votarían a los K en un supuesto –aunque ya improbabilísimo- ballotage con –por ej.- Duhalde. Pero, del mismo modo, no es cierto que el 50% y pico que votó a Cristina sea “kirchnerista”, si por tal definición se entiende a aquellos que “defienden el modelo”, se ponen la remera del mismo y “lo bancan”. En efecto, buena parte del voto a CFK fue de aquellos que (operaciones de la“s” corpo“s” mediática“s” mediante) visualizaron como únicos posibles opositores a Duhalde, Alfonsín y compañía. O sea: salir del modelo (del ajuste y la represión) con más ajuste y represión. De Guatemala a Guatepeor. De malo conocido a peor, también conocido.

Aquellos que propusieron el ajuste ortodoxo como receta no enamoraron a nadie, y a algunos indecisos los empujaron a “definirse” por el voto conservador / oficialista.

3. La “corpo mediática K” anda bien.

La mediateKa también aportó lo suyo. Son tiempos en los que ver un partido de fútbol se ha transformado en ver a 22 tipos corriendo detrás de una pelota en el medio de un montón de propagandas del gobierno, insistentes, repetitivas, asfixiantes y muy bien pensadas (desde el punto de vista comunicacional).
La comparación insistente con el 2001 oculta que el país navega desde hace años en un contexto internacional que le habría permitido muchísimo más que simplemente “salir del pozo”. De todos modos, la comparación les sirve. Y el discurso de los derechos humanos, con Néstor ordenando bajar el cuadro y el gobierno acompañando los juicios a algunos de los genocidas, oculta que mientras tanto otros genocidas (sobre todo muchos de los empresarios que más se beneficiaron con la dictadura, como Carlos Pedro Blaquier) son amigos, aliados y socios de este gobierno, que no duda en asesinar aborígenes y desocupados cuando de defender las tierras de los más grandes latifundistas del país se trata. De todos modos, el discurso, los gestos y algunas medidas progresistas sacando la cabeza en un mar de continuidades, les sirven.

4. La “corpo Clarín” también anda bien, pero no tanto.

El grupo Clarín, cómplice de la dictadura desde antes del golpe y hasta el retorno de la democracia, y socio del kirchnerismo hasta hace poco, ya no tiene los efectos de antes, aunque sigue siendo poderoso. Supo instalar al duhaldismo y al alfonsinismo, que dan miedo, como únicos rivales reales del kirchnerismo. Y supo instalar también al frente de Binner como único espacio de centroizquierda existente. Su tibieza y el progreconservadurismo de su gobierno en Santa Fe, no dan miedo, pero no entusiasman ni atraen ni contagian ni dan ganas de nada. La “corpo” de Clarín sí pudo instalar a sus candidatos como los únicos opositores reales, pero no pudo garantizarles una votación digna para quienes hasta hace dos semanas llegaron a delirar que podrían “ganar en primera vuelta” (De Narváez dixit).

5. Y en la esquina de la izquierda…

Por un lado, un Frente de Izquierda y de los Trabajadores Revolucionarios, Subversivos, Troscos, Guerrilleros e Internacionalistas, que apeló al “voto piedad” de la mano de Jorge Rial (que les ¿regaló? una campaña en su twitter con más de medio millón de seguidores y amplios espacios en radio y tv, entre las peleas entre Carmen Barbieri y Marcelo Polino) y terminó brindando con champagne con Chiche Gelblung para festejar los votos conseguidos. Por el otro, un Movimiento Proyecto Sur gravemente herido por el personalismo poco democrático de Pino Solanas, que decidió “bajar” a Capital Federal (con poco resultado) y condenó a las fuerzas con las que se constituyó el frente a remarla, con un programa interesante, nacional, antiimperialista y popular, pero con candidatos que, aunque fueran de lujo (sobre todo en la figura de Alcira Argumedo) no tenían un mínimo nivel de conocimiento entre las amplias masas del pueblo. La ley proscriptiva del bipartidismo coronó el ninguneo con que los medios (de todos los colores) condenaron a este frente.

Que las fuerzas que formaron ese movimiento mantengan la unidad en la apuesta por las luchas populares que se están desarrollando y las que se vienen, es un desafío y una histórica oportunidad.

6. Prepararse para la que se viene.

Si hay algo que los une a los K y a Alfonsín, Duhalde, De Nárvaez y Macri, es la preocupación por la gobernabilidad. El triunfo electoral oficialista amplio puede envalentonar al gobierno nacional a pensar que las muertes por represión (14 en poco más de un año) no le “quitan votos”, recrudeciendo de este modo (cuando las condiciones internacionales se lo exijan) la descarga del ajuste sobre el pueblo, para que éste pague la crisis. Y, al que no le gusta, descuento por paro, carro hidrante o bala de plomo, según lo “permita” el contexto.

7. Las elecciones, una entre otras canchas.

Si alguien creía que es en las urnas donde se define el futuro de los millones de argentinos que a duras penas llegan a fin de mes, aunque se deslomen laburando, en negro, en blanco, en pasantías o contratados; le pifió de entrada. En las elecciones no se define la situación de Eurnekian y de Eskenazzi (que la van a seguir juntando con pala, gane Cristina, Duhalde o Alfonsín) ni la del almacenero de la esquina, del chofer del colectivo o del maestro de la escuela (que van a seguir sudando la gota gorda mientras lo más grueso de sus impuestos se va en “deuda externa” y subsidios a los grandes empresarios; gane Cristina, Duhalde o Alfonsín).

8. Ni una bandera abajo.

Desde Río Bravo hay ciertas cosas que nos exigimos y juramos sostener con coherencia. Una de ellas es el apego a la verdad: esta nota no busca tapar el sol con las manos ni inventar que si sumamos los votos opositores, más los votos en blanco, más los que no fueron a votar, más los que viven en Colombia y se quedaron dormidos... resulta que “la gente quiere un cambio ya”. Pero, del mismo modo, insistimos: un voto no es un cheque en blanco. Memen arrasó en 1995 (y no por eso estar en la vereda de enfrente era ser “antipueblo”) y cuatro años después era un cadáver político (hoy resucitado de la mano del kirchnerismo).

El gobierno nacional no ha aprovechado en estos ocho años el crecimiento económico que tanto proclama para que los millones que no llegan a la canasta familiar con sus sueldos o subsidios, salgan de la pobreza. La historia nos permite suponer que su sonrisa triunfalista de estos días tiene fecha de vencimiento, aunque aquí nadie sea gurú y no podamos saber el cuándo. Es que ese cuándo no está escrito: lo dirán las luchas, lo dirá el pueblo, su “aguante”, su paciencia, sus posibilidades de resistencia, su capacidad de organización para exigir por sus derechos, y nuevamente la historia.

9. Hacer historia.

A veces, quienes planteamos que la emancipación nacional es posible y necesaria, en un país con sus islas Malvinas ocupadas, sus pozos petroleros entregados, sus tierras secuestradas; sentimos que remamos “contra la corriente”. Como las Madres de Plaza de Mayo cuando arrancaron y eran 20 “locas” chocando contra una dictadura que se creía eterna. Como San Martín cuando el gobierno unitario le negaba recursos, fuerzas y apoyo, para una empresa libertaria que hasta algunos de sus aliados pensaban imposible. Como los peronistas en el ’55, cuando la Plaza de Mayo se llenó para repudiarlos, y los proscribieron, los persiguieron, los reprimieron. Como quienes luchaban contra el menemismo y las privatizaciones a principios de los ‘90s. Como los docentes entrerrianos, que marcharon de a miles y miles por las calles de la provincia la semana pasada, aunque los diarios y la tele ni se enteraran ni hablaran de ellos.

Pero a la historia no la hacen los timoratos, los cobardes, los tibios, los “posibilistas”, los mediocres. A la historia la hacen los pueblos. Y el pueblo argentino ha demostrado muchas veces que “la mitad (y mucho más que) uno” quiere vivir con dignidad. Habrá que ver en qué, cuándo y cómo decanta esa voluntad histórica. Lo del domingo fue sólo un acto. A quienes soñamos con la emancipación nacional, nos dejó un sabor amargo, pero no mucho más (al contrario) amargo que el que nos dejó el asesinato de Roberto López, qom de Formosa. La diferencia, en todo caso, es que con los que le pusieron el voto a este gobierno creyendo que es el mal “menos peor”, tenemos que discutir, escuchar, argumentar, volver a charlar. En cambio, con los que mataron en Formosa, en el Indoamericano, en Jujuy, con los que ordenaron reprimir y los que mataron y que van a volver a matar; con esos no hay nada para conversar. Esos, Fito Páez, esos… esos son los que dan asco.

Publicado por Río Bravo el 18 de agosto de 2011.

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