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Sábado, 21 Mayo 2011 17:51

La masacre de Guernica, versión 2011

Escrito por Ignacio González Lowy

Ni la justicia, ni la policía, ni el gobierno, ni la prensa, se van a hacer cargo de lo que les toca. Una familia de desheredados menos, noticia breve para sus flashes de madrugada. Un incendio, un ratito, y todas las injusticias de la historia en ocho cadáveres (casi) NN más.


Salvando las distancias, motivos, actores, fechas y contextos; el nombre de Guernica parece condenado a estar atado a las masacres. Esta vez no fue en el país vasco, no fueron los nazis, nadie buscó matar para truncar la historia, pero…

En el barrio de La Loma, en la localidad de Guernica, partido de Presidente Perón (provincia de Buenos Aires), la familia Santa Cruz subsistía hasta hace unos días con el trabajo de albañil y changarín de papá Rafael, paraguayo de nacimiento. María Rosa Vera, su mujer, se dedicaba fundamentalmente al cuidado de sus siete hijos, todos varones y de entre 15 y 6 años (Christian, Luciano, Víctor, Rubén, Ayrton y Adrián) salvo la beba Alma Silvana, de 11 meses.

El miércoles por la noche, Rafael, al volver de trabajar, discutió con un vecino, Eugenio Báez, de 55 años, también paraguayo, quien hace un mes había sido acusado de violador en el barrio y, según relatan con miedo varios vecinos, pertenecía a una banda de “pesados” de la zona. La discusión fue una clásica discusión de y entre pobres: Eugenio quería “colgarse” de la luz de la casilla de los Santa Cruz, y Rafael (que no quería tener nada que ver con este temeroso rufián), se lo negaba.

En la madrugada del jueves llegó la “tragedia”: Báez prendió fuego la tapera de los Santa Cruz mientras éstos dormían, y el incendio consumió rápidamente los parches de membrana en el techo de cartón y se esparció por los ladrillos de canto de las paredes. María Rosa alcanzó a sacar a la beba y Rafael corrió a la habitación de los chicos, pero el techo se derrumbó y la que había sido su casa se transformó en su cárcel y su verdugo. Los bomberos demoraron más de 30 minutos en llegar por la falta de pavimento en la zona y los vecinos ayudaron como pudieron mientras tanto (no todas las casas de la cuadra tienen agua potable).
María Rosa llegó al hospital de Guernica en estado de shock emocional y con quemaduras en el 30% de su cuerpo. Allí se enteró que no sólo habían muerto su marido y sus 6 hijos “mayores”, sino también su beba, aún en sus brazos, por un paro cardiorrespiratorio.

Hoy María Rosa sigue internada, por las quemaduras y el shock, y Báez está detenido, acusado del delito de "incendio agravado por la muerte de ocho personas", que prevé penas de entre 8 y 20 años de cárcel.

Los nadies

Cuando una vecina de los Santa Cruz se animó a relatar ante la prensa que el incendiario asesino ya tenía varias denuncias, con pruebas y nombre y apellido, por amenazas contra varias familias del barrio, a las que (junto con su banda) intimidaba para que abandonaran sus casas y terrenos para luego revenderlos; el círculo pareció cerrar. Ni el juez ni la policía los escucharon en los meses que pasaron antes de la masacre, con las denuncias ya ingresadas. Hoy es tarde.

¿Qué decir que ya no esté dicho cuando en un solo hecho se manifiesta tan pero tan claramente el carácter clasista de nuestra “justicia”? El mundo, la ciudad de Guernica, el juzgado que recibió las denuncias y no les prestó atención, la policía que prefirió atender otros negocios, la propia prensa que no dedica más que algunas líneas a familias como la Santa Cruz; todo seguirá funcionando “normalmente”. Acá no pasó nada. Se murieron ocho “paraguas” más (más allá de dónde hayan nacido los pibes), el mundo seguirá girando.

¿Cómo no preguntarse qué habrán pensado sobre sus propias vidas, mañana, los pibes Christian, Luciano, Víctor, Rubén, Ayrton y Adrián? ¿Habrán soñado con ser changarines, albañiles, colectiveros? ¿Con jugar al fútbol en el Pincha o en el Lobo de La Plata? ¿Y Alma, la beba? ¿Habría sido linda piba de grande? Al cumplir 15, ella, ya Christian habría tenido 30. ¿Habrían puesto unos pesos entre los hermanos para ayudar a los viejos a hacerle la fiesta a “la nena”? ¿De qué club habrán sido hinchas esos pibes? ¿Qué música habrán escuchado? ¿Habrán llegado Christian, Luciano y por lo menos Víctor, a tener su primera novia?

El mundo seguirá girando, y en octubre se vota en Guernica. Gobernador, intendente, presidente, diputados, senadores, concejales… y el mundo seguirá girando. Las calles de tierra, de barro, las taperas con techo de cartón, las casas sin agua, los vecinos sin luz, los padres sobreviviendo de changas y las familias en manos de las bandas con complicidad de la policía. Y los jueces mirando para otro lado, limpiándose el trasero con la Constitución Nacional, la Declaración Universal de los Derechos del Niño, el Pacto de San José de Costa Rica y todas esas cosas con las que salen tan lindos discursos.

Historia y naturaleza

Eduardo Galeano publicó en “El libro de los abrazos”, en 1989, ese texto breve, estremecedor, que cierra diciendo que los “nadies” cuestan menos que la bala que los mata. No cambió nada desde entonces para los nadies, en Uruguay, y menos en Guernica. Los Santa Cruz ya no están como ya no están los Gill en Crucecita Séptima, desde hace nueve años; y el mundo seguirá girando. La inmensa mayoría de los candidatos, en sus campañas, seguirán discutiendo cómo emparchar este sistema, porque “otra no queda”.

Cuando María Rosa alcanzó a salir de su casa, con la beba Alma en brazos, creyó haberla salvado. Rafael y sus seis hijos ya no saldrían más. Pero no: Alma también murió. Los 7 muertos eran 8. El mundo siguió girando y seguirá girando también si María Rosa llega a no zafar en el hospital de Guernica, y los muertos llegan a 9.

Pero esto está atado con alambres, hermano. Pasarán estas elecciones y quizá pasen otras más después, pero algún día, ay, algún día, va a tronar ese escarmiento del que tantos delincuentes de guantes blancos vienen zafando. Pasó antes en la historia y cada vez que pasa de nuevo, pasa mejor. Fuenteovejuna. Indignados. Argentinazo. Como quieran llamarlo. Y ese día, hermana, el mundo va a tener que parar sus jodidas vueltas al menos por un rato. Y cuando vuelva a girar, porque esa sí es una ley natural; ya nada va a ser lo mismo. Y esa, queremos creer los que en algo de entre todo este fango queremos creer, es una ley de la historia.

Publicado en Río Bravo el 21 de mayo de 2011.

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