El sojero amigo del gobierno Kirchnerista, que había participado en Punta del Este de una reunión entre unos 1000 empresarios y funcionarios y políticos uruguayos, volvió derrochando loas al escuchar de labios del ex-tupamaro Mujica que sus "arrogantes sueños juveniles de cambiar el mundo, en un segundo dieron lugar a un sabio entendimiento de que somos parte de un proceso". El CEO de uno de los más grandes pooles del país destacaba que "con lenguaje paisano", el Pepe Mujica explicó "lo que necesitamos entender sobre la globalización y su dinámica, el capitalismo y su lógica, las tensiones propias de la sociedad entre el oportunismo y la solidaridad, sobre los desafíos del país y de la región".
No hace falta decir que la sorpresa es fingida y sobreactuada, apenas instrumentada para justificar un artículo periodístico. No hay tal sopresa porque son públicas y conocidas otras declaraciones del gobierno uruguayo que van en el mismo sentido, tan públicas y conocidas como sus políticas. Grobocopatel escuchó lo que fue a escuchar.
Tampoco necesitaba cruzar el río más ancho del mundo para recibir mensajes de ese tipo. Sin ir más lejos, en su discurso en el Congreso Nacional, el 1 de marzo, la presidente Cristina Fernández dedicó algunos párrafos a llevar tranquilidad a los empresarios.
En medio del proceso de paritarias, con los trabajadores haciendo fuerza para romper el techo salarial de 22 por ciento fijado por el gobierno y las empresas, la presidente les recordó las alzas de las ganancias logradas durante los dos períodos del gobierno nacional y popular. “Si uno mira el tipo de cambio deflactado por salarios promedio 1995-2001, era del 1.33; en diciembre es del 1.83, una diferencia del 37,4 por ciento”, dijo en el discurso. Hizo mucho incapié en la incidencia de la política de dólar alto como factor de estos beneficios. Ahora bien, para entender quiénes se perjudican cuando crecen las ganancias de los empresarios, hay que establecer algunas relaciones entre los datos y agregar la incidencia de la inflación.
Las ganancias de los empresarios crecen a costas de otro sector, la competencia capitalista no permite que el crecimiento ocurra de otro modo. Las cifras expuestas por la presidente significan que para los trabajadores el salario se encuentra en 37,4 por ciento más bajo que durante la década de los ‘90, cuando acá imperaba la convertibilidad. Al mismo tiempo, a valor dólar, la canasta familiar cuesta mucho más que en aquél período.
Cuando se recuerda que a poco de iniciado su presidencia y reunido con los armadores pesqueros en España, Néstor Kirchner les pidió “no miren lo que digo, sino lo que hago”, estas cuestiones quedan mucho más claras. Uno de los aspectos en que coinciden el kirchnerismo y el frenteamplismo es el del doble discurso, esa política que les permite, por ejemplo, hablar de distribución de las riquezas, cuando en realidad favorecen la concentración y la superexplotación. De ahí a hacer pasar los intereses de las clases dominantes como si fuera “el genuino interés colectivo”, hay sólo un paso y es posible de darlo tanto en 6,7,8 como en La Nación.
Publicado en Río Bravo el 12 de abril de 2011

