El fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner ha provocado una conmoción social y política de tal magnitud que, en principio, abre una etapa de gran incertidumbre en la Argentina. Artífice de todas las políticas llevadas adelante desde el 2003 hasta la fecha, la figura política más trascendental de la última década, su paso por la presidencia ha causado amores y odios equivalentes a su fervor por los debates.
El arco político opositor que se ha expresado por su fallecimiento ha enviado las condolencias pertinentes a la presidenta, rescatando sus virtudes políticas en los tiempos de primer mandatario. También se están pronunciando presidentes y políticos del mundo entero. La noticia ocupó la portada de los diarios más importantes del mundo. Todo esto sirve de síntesis para graficar lo que fue la figura de Kirchner en términos políticos.
Lo que se abre hacia el futuro, qué ocurrirá en la arena política, es indescifrable. Como presidente del PJ, había comenzado lo que parecía su campaña por la reelección. Medía mejor que la presidenta en las encuestas y era la figura central del oficialismo, todo lo anudaba él, incluso el vicepresidente Cobos declaró que su presidencia fue la mejor que tuvo la Argentina en décadas. Con su muerte, desaparece la figura que anudaba todo ese marco heterogéneo de empresarios, intelectuales y sindicalistas, y se abre la incógnita de quién ocupará ese lugar, no sólo en términos de candidato, sino como coordinador de todo el espectro. Cuanto más grande es la figura del hombre, más difícil se torna reemplazarla cuando desaparece. Este es el costo que habrá de pagar el Frente para la Victoria por no haber construido una figura que lo secundase. Por lo pronto, su reemplazo en el PJ estará a cargo de Daniel Scioli, quien deberá convivir con adversarios del tamaño de Moyano y los barones del conurbano.
Muchas son las especulaciones que se deben estar haciendo de un lado y otro. Pero el duelo manda silencio y respeto por los deudos. No obstante, se aproximan semanas de intensas definiciones. Si hasta su fallecimiento, el escenario 2011 presentaba grandes incógnitas, ahora la confusión y, por consecuencia, la movilidad de candidatos, será mayor aún. Incluso las determinaciones que vaya a tomar la presidenta, ahora que ha quedado sin su compañero de toda la vida.
Nosotros, por lo pronto, guardamos silencioso respeto, y nuestras condolencias a quienes llevan su fallecimiento con hondo pesar. Nos vemos en la obligación de decir que estamos en las antípodas de aquellos que en estos momentos procuran rescatar su gobierno y figura después de haberlo criticado duramente. La muerte ni dignifica ni justifica a nadie. Desde su llegada a la primera magistratura hemos sido críticos de su gobierno primero y con el de Cristina después. Mantenemos esas críticas, no movemos ni una coma, ni un punto de lo dicho, y lamentamos su fallecimiento en tanto presidente de una democracia que al pueblo tanta sangre y lágrimas le costó.

