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Miércoles, 27 Octubre 2010 01:47

El kirchnerismo cruzó uno de sus límites

Escrito por Ignacio González Lowy
Por Ignacio González Lowy - Cristina FK no mató a Mariano Ferreyra. Pero sí lo mató, entre otros, la complicidad de su gobierno con las estructuras de poder que efectivamente gatillaron el miércoles pasado. La actitud de los periodistas e intelectuales “progres” y “nacypop” ante esta muerte jugó con una frontera que incluso muchos simpatizantes, y hasta militantes del gobierno, no están dispuestos a cruzar.

 

Que este gobierno tomó la agenda de los derechos humanos y la hizo realidad, que este gobierno no reprime, que este gobierno promueve la participación política y la democracia… éste es el discurso que, desde el inmenso oligopolio mediático oficial venimos escuchando desde hace años (con más fuerza aún desde que el otro multimedio, Clarín, dejó de ser su principal aliado; hace poco más de dos años). Este libreto fue repetido hasta el hartazgo, sobre todo por periodistas e intelectuales que concitaban (y en algunos casos aún concitan) cierto respeto entre amplios sectores de público (fundamentalmente de las distintas variantes de la clase media) que se define como progresista y / o del campo nacional y popular. Docentes, estudiantes, profesionales, militantes de diversos signos políticos dentro del heterogéneo espectro de la izquierda y la centro-izquierda (eufemismo que muchas veces esconde a las versiones más maquilladas de la derecha liberal), tomaron con seriedad y convicción las palabras de intelectuales como Sandra Russo y José Pablo Feinmann, sólo por citar dos ejemplos de escritores y periodistas hoy devenidos en espadachines propagandísticos del gobierno nacional.

 

El gobierno de los derechos humanos

 

Desde aquel argumento acerca de los derechos humanos (olvidando las clásicas consignas exigiendo por los “derechos humanos de ayer y de hoy”), estos autores pasaron a defender abiertamente todo lo que hiciera, dijera, no hiciera y no dijera, el gobierno nacional. Todo lo que uno dijera en contra, y hasta la simple duda, lo convertía a uno en un “gorila-funcional-a-la-derecha”. Llamativamente, entonces, era servil a la derecha quien denunciaba la entrega de los recursos naturales nacionales al extranjero (minas, petróleo, tierras…), las alianzas del gobierno con “multinacionales” en los rubros más concentrados de la economía local, la irrupción de testaferros y empresarios prestanombres que se enriquecían, en el negocio del juego y de los transportes, de las telecomunicaciones y de los bancos, a la sombra del gobierno nacional y sus socios... Tan sólo por ejemplo, para estos periodistas Mariano Ferreyra (si no hubiese muerto, ya que hoy no se animan a decirlo) le estaba “haciendo el juego a la derecha” al cortar las vías del ex Ferrocarril Roca, denunciando la mafia de las tercerizadas (en la que el gobierno, la Unión Ferroviaria y Ferrobaires y demás empresarios, son socios y cómplices directos).

 

De todos modos, hasta el momento, estos periodistas callaban ante la ocurrencia de muertes por represión indirecta (tercerizada) en caso de, principalmente, conflictos gremiales. Que los hubo, los hubo (Mariano F. no es el primero), y todos los muertos los puso el mismo bando, siempre: quienes combaten a las burocracias o burguesías sindicales, a los jerarcas enquistados desde hace décadas en el poder en tantos sindicatos; esos son los que vieron correr la sangre de sus compañeros durante todos estos años. Desde aquél debut en 2003, con el asesinato por parte de la policía jujeña del militante de la CCC Cristian Ibáñez y días después de Marcelo Cuellar; pasando por el trágico intento de copamiento en 2008 de la Seccional Rosario del sindicato de los trabajadores lácteos; hasta el crimen, el 4 de septiembre pasado, del dirigente social y director de “Mundo Villa TV” (Villa 31, Retiro, Cap. Fed.), Adams Ledesma Valenzuela; la estrategia del periodismo “progre-K” ante la eliminación de militantes sociales por parte de quienes forman parte de estructuras mafiosas de poder, fue siempre el silencio. El ninguneo. El mirar para otro lado.

 

Por eso, creemos, esta vez atravesaron un límite que ellos mismos se habían autoimpuesto, que ellos mismos venían respetando.

 

Un límite menos

 

Efectivamente, el kirchnerismo tiene, todavía, muchos argentinos que lo avalan, lo apoyan, lo defienden, no por estar “cooptados”, “comprados” o “presionados”, sino por sincera y manifiesta convicción. Ahora bien: aún con toda el agua que corrió bajo el puente y todos los sapos que ya se tuvieron que tragar, quienes honestamente defendían a este gobierno adoptando como propio el libreto de sus intelectuales orgánicos, asistieron sorprendidos al humillante espectáculo que estos pensadores dieron cuando tuvieron que salir a opinar sobre el crimen de Mariano.

 

Los datos y los hechos eran claros, y ellos los sabían, ellos los conocían: Pedraza y la dirección de la Unión Ferroviaria eran socios de las concesionarias ferroviarias y de la Secretaría de Transporte del gobierno nacional, en un negocio multimillonario que incluye subsidios, “negreo” de trabajadores, empresas tercerizadas y todos los tipos de flexibilización laboral que a uno se le puedan ocurrir, y más. José Pedraza, el sindicalista empresario que en la década de los ‘90 se enriquecía mientras Menem desguazaba y remataba al sistema ferroviario argentino, ahora era parte de la estructura político sindical de este gobierno, y eso también era un hecho.

 

Es por eso que CFK y su gabinete concurrieron hace menos de un año a un acto de la Unión Ferroviaria a abrazarse y fotografiarse con José Pedraza y a decirle, como le dijo Cristina, que él era un fiel representante de ese sindicalismo modelo, que no se opone sino que construye (efectivamente: no se opuso a la liquidación de las fuentes de trabajo de sus “representados” y construyó un enorme negocio con ese derrumbe). Y es por eso que, también, Pedraza le dijo a Cristina, aquél mismo 12 de noviembre de 2009, que él y su gente defendían y defenderían a este gobierno nacional. Por eso es, también, que Pedraza mandó a parte de su tropa al acto que el 15 de octubre pasado organizó en River la CGT de Moyano, con quien la mujer del “ferroviario” (y Franco Macri) son socios en el Belgrano Cargas; y será por eso también, quizá, que entre sus abogados ha figurado el actual Ministro de Trabajo Tomada y aún lo hace el hijo del Procurador General de la Nación, Esteban Righi. Finalmente, quizá sea por eso que la patota de la Unión Ferroviaria contó con la “zona liberada” de la Policía Federal el día en que mataron a Mariano (su asesino, de hecho, se tuvo que ir corriendo por entre los patrulleros, testigos mudos de la emboscada).

 

Con todos estos datos en mano, los intelectuales “nacypop” defensores del gobierno decidieron salir a difundir la versión (que el programa 6,7,8 aún sostiene, una semana después) de que el asesinato de Mariano Ferreyra había sido planeado por Eduardo Duhalde; aferrados a una nota del periódico El Cronista de un año antes y que ellos decían que era del día anterior (luego, como al pasar, reconocerían este “error”, pero igual mantendrían la versión de la conspiración que sobre ese “error” habían fundando).

 

La foto de Sandra Russo

 

Es totalmente cierto que la foto de Sandra Russo (columnista del programa – propaganda oficial 6,7,8) con uno de los sospechosos del homicidio de Mariano, Cristian Favale, no dice mucho. O sea: no dice que Sandra Russo sea cómplice de un crimen y ni siquiera que sea amiga de un criminal; pero sí dice, por lo menos, que por lo visto Favale tenía entre sus “admirados” a ella y a los ministros nacionales Sileoni y Boudou, y que a esa peña, organizada por este último, alguien lo había invitado (sólo se entraba con tarjetas personales).

 

Ahora bien: también es cierto que si en el programa 6,7,8 hubiesen encontrado una sola foto de Favale con Duhalde, o Magnetto, o Biolcati, o Bergoglio, o cualquiera de los impresentables que pululan en la oposición dentro de la interna de la derecha y del bloque de los sectores dominantes en Argentina; habrían dado por cerrado el “caso” de Mariano y condenado irrefutablemente a quien apareciera en dicha fotografía.

 

Por eso el montaje de 6,7,8 alrededor de la nota de El Cronista es tan indignante. No porque uno lo defienda a Duhalde: éste aún debería rendir cuentas en la “justicia” por los crímenes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, así como lo debería hacer su entonces secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández (actual jefe de Gabinete). El tema es que caer en las mismas manipulaciones que sostienen que realiza el grupo Clarín, pero para sacarle de encima al gobierno nacional cualquier proximidad con la responsabilidad en la muerte de Mariano; los vuelve miserables. Los pone a la altura de “ellos”. Les empatan. Y, lo que es peor, les hace empatar un partido en el que estos intelectuales tienen todas las aptitudes para ganar por goleada. Y eso, lo vería hasta el más gil chiflando desde la tribuna, los vuelve más miserables aún.

 

El aparato de Feinmann

 

En el intento por desligar al gobierno de cualquier relación con el crimen, el periodista y escritor José Pablo Feinmann, por su parte, escribió en el Página 12 del domingo pasado que las patotas sindicales le remiten a Duhalde porque “Dualde es el Aparato. De Narváez es el aparato”. Ahora bien, José Pablo: ¿“el aparato” de Duhalde no es el que le hizo ganar las elecciones a Kirchner en marzo de 2003, cuando dos meses antes al patagónico no lo conocía ni el 5% de los que luego lo votaron? La estructura sindical de Gerardo Martínez de la UOCRA (a pleno en el acto de Moyano en River), ¿no es “el aparato”? Todos los intendentes del conurbano bonaerense y de las cientos de ciudades del país que hace décadas son gobernadas por las mismas familias y que hoy se proclaman kirchneristas de pura cepa, ¿no son “el aparato”?

 

En el mismo Página 12, Luis Bruschtein, el viernes pasado, escribió: “Si no hubieran asesinado a Mariano Ferreyra, sus verdugos, o sea los matones de la Unión Ferroviaria, habrían sido los héroes de la historia para los medios que después se rasgaron las vestiduras.” Es totalmente cierto. Ahora bien, ¿no habrían sido héroes, estos matones al servicio de la patronal, también para los gobiernos provincial (Scioli) y nacional? Esta represión tercerizada que fue a hacer la tarea sucia que el gobierno nacional no se anima a hacer directamente con la policía, para que no se le caigan los últimos estertores de su discurso “progre”; ¿no es la típica mugre que tanto el gobierno como Clarín suelen barrer bajo la alfombra de la agenda mediática (“opositora” y oficial), confirmando una vez más que frente a la lucha de los trabajadores estos “dos polos” se tocan, se cruzan, se juntan y coinciden?

 

Se están suicidando

 

Lo que queremos decir es que del mismo modo en que El Diario de Paraná remató la poca credibilidad que le quedaba desde que fue comprado por un testaferro K, también los intelectuales “progres-K” están rematando sus trayectorias, sus nombres y sus valores (o los que decían tener) con este tipo de actitudes.

 

Quienes organizaron la patota que mató a Mariano tomaron la decisión de reprimir a un grupo de trabajadores despedidos en lucha. No lo hicieron desde el Estado pero sí con su aval, silencio y complicidad, que para el resultado concreto de sangre y dolor que consiguieron, es más o menos lo mismo.

 

Los kirchneristas, los propagandistas y pensadores de este gobierno, deberían saber que incluso parte de sus seguidores no están dispuestos a bancarse tanta impunidad, esta impunidad. No la de los perejiles (que son asesinos también) que jalaron el gatillo, sino la política. La impunidad de un gobierno que no se resigna a pagar el costo de ninguna de sus alianzas, de sus negocios, de sus traiciones, de sus complicidades.

 

Hay kirchneristas, simpatizantes e incluso militantes, que algún día les van a decir basta. Y ese día, Sandra Russo y compañía se van a quedar sin su platea preferida. Y entonces, quizá, los que no estén “comprados”, ni “cooptados”, ni “presionados”; se terminen dando cuenta finalmente de que ellos sí, durante un buen tiempo, se estuvieron traicionando, se estuvieron mintiendo, y le estuvieron “haciendo el juego a la derecha”.

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