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Martes, 04 Octubre 2016 23:46

Los incendios de la escuela pública

Escrito por Santiago Mac Yntyre

“Ya se tomaron los recaudos y las evaluaciones legales para adjudicar y contratar en los próximos días”. Con una celeridad sin antecedentes, con las imágenes tan presentes del piano hecho carbón, con el angustiante olor a cenizas imposible de olvidar, el funcionario procedió (o prometió proceder) como no lo había hecho antes, como si otros "incendios" no amenazaran decenas y cientos de edificios escolares a lo largo y a lo ancho de la provincia. Mientras tanto, Bordet le esquiva al asunto y la "llama libre" redime de culpa y pecado a los responsables.

Hizo falta un incendio para que aparecieran funcionarios por la Escuela Nº 3 Bernardino Rivadavia, de Paraná, a ver qué pasaba. Pero no es un caso aislado. La provincia está llena de "incendios".

Hizo falta que las ratas defecaran en los bancos de los alumnos y escritorios de los docentes para que hubiera desinfección en la Escuela Nº 75 Del Bicentenario.

Hizo falta una maestra solidaria para que, a través de una fundación, la Escuela Nº 29 Fray Mocho, de San Jaime de la Frontera, contara con una bomba de agua para poder tener agua potable después de tres años.

Hicieron falta nueve años de reclamos de los docentes, alumnos y directivos de la Escuela Nº 19 Raúl Humberto Záccaro para que comenzaran a reemplazar los techos que se llovían y terminar con las paredes electrificadas y los días sin clase.

Hizo falta que docentes y padres de la Escuela Nº 202 Gaspar Benavento hicieran asambleas y movilizaciones y que la directora Mabel Bradolín oficiara de gestora yendo una y otra vez a pedir que la Dirección Departamental de Escuelas desinfecte los tanques de agua.

Hizo falta que la Municipalidad multara al director (¡Sí, al director!) de la Escuela Nº 2, 25 de Mayo, de Paraná, por no arreglar la vereda, para que el gobierno de la provincia asumiera sus funciones y colocara las no más de 20 baldosas que faltaban.

Hizo falta que padres y docentes de las escuelas Newbery, Zubiaur y Enrique Berduc cortaran calles para obtener al menos una demostración de interés por las condiciones en que sus hijos y alumnos, y los propios trabajadores, asistían a clases.

Hizo falta todo eso y mucho más para que el Estado provincial tomara cartas en el asunto. Sólo cuando los problemas obtuvieron repercusión mediática o llegaron a situaciones límites, aparecieron algunas respuestas.

Hizo falta todo eso pero, al parecer, no es suficiente. Hoy todo el mundo habla de la escuela Rivadavia y por eso tuvo el gobierno que actuar rápido para apagar el otro incendio, el de la bronca, el del descontento de padres y docentes que ven las consecuencias del abandono. Prometió el inicio de la obra que se licitó en mayo e instaló la curiosa explicación de la "llama libre" (sobre el origen del fuego), para quedar eximido de culpa y cargo.

La preocupación está más emparentada, los hechos lo demuestran, con el temor a los efectos políticos que con una voluntad de garantizar las condiciones básicas, indispensables para una educación digna y de calidad.

De lo contrario, el Estado provincial hubiera dejado de lado su accionar limitado a "tapar baches" y asumiría que verdaderamente hay una crisis de infraestructura escolar que se evidencia semana a semana con nuevos casos. No parece ser esa la intención. No se escuchó aún al gobernador Bordet hablar del asunto.

 

Hay una pregunta que me da vueltas en la cabeza hace rato:¿Quién le aplica descuentos al salario del gobernador y sus funcionarios por los días que se pierden de clases debido al estado de los edificios?

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