Para aquellos que intentaron o aún intentan convencer de que vendrán nuevos tiempos y mejores, nuevos paradigmas o nuevas formas de hacer.
Quizás el análisis de esos términos sirva para detenernos un momento en la vorágine de todos los días y reflexionar desde otra perspectiva sobre la realidad política actual.
En el mundo de la publicidad, a estos términos se los llama “slogan”. Es una palabra o frase corta fácil de recordar, un lema original e impactante, que se utiliza en la publicidad, la propaganda política, religiosa, como frase identificativa y para generar confianza. Es un término derivado del inglés, slogan, donde sluagh significa ejército y ghairm corresponde a lloro o grito. Sluagh-ghairm sería entonces el "grito de guerra" que identificaba a un determinado grupo.
El slogan en una campaña política lo es todo porque es la síntesis de la ideología del candidato, es, en última instancia, por lo que vamos a recordarlo. Y si no, hagamos el ejercicio mental de recordar candidatos por esa palabra, frase o “grito de guerra” que lo identificó y logró convencer a los votantes. Ahí van: “Los argentinos somos derechos y humanos”. “Ahora…el hombre que hace falta”. “Síganme. No los voy a defraudar” “Un país en serio”. “La fuerza de un pueblo” “Vamos juntos” “Cambio”…
¿Los recordaron? ¿Pudieron visualizarlos?
Y es que al elegir esa palabra o frase, quienes producen el slogan consideran que uno de los aspectos mas importantes a tener en cuenta son las necesidades primordiales del votante, es decir, que prometa solucionar o mejorar aquello que le aqueja a la sociedad y que lo mantiene intranquilo, asegurándole que son los indicados para dar una respuesta a ese problema y por ello se los debe votar.
Si volvemos a leer los ejemplos, podríamos analizar y hasta historizar cuáles han sido las necesidades de la sociedad argentina en las últimas cuatro décadas. O podríamos analizar cuanta perversidad e hipocresía hubo en algunos que usaron esos slogan, solamente como estrategia argumentativa.
Retomando apenas un poco de la compleja realidad política, y tomando como parámetro los slogan, pensemos si el último que aún resuena en nuestros oídos, tuvo que ver con las necesidades que demandaba la sociedad. Pensemos también, si en estos escasos meses a los que me refería al comienzo pudimos ver indicios de ese “Cambio” prometido. Pensemos si los resultados, aunque sean parciales, ¿son positivos, alentadores, o no? ¿Cómo imaginamos que será en unos meses, y en un año? ¿Se votó al candidato, la propuesta, o sólo fue al slogan?
O mejor dejemos de pensar que si éste es malo, hubiera sido mejor el otro, que si éste es bueno es porque el otro era malo. Dejémonos de fórmulas binarias, y veamos más allá, como a vuelo de pájaro. Veámonos a nosotros, como sociedad, como pueblo, como Estado (porque somos parte de él) comprando slogan año a año, década a década. Sin poder construir una propuesta que nos abarque a todos realmente.
Una sociedad donde no haya despidos, donde haya fuentes de trabajo genuino. Una sociedad donde no se reprima por reclamar derechos. Una sociedad donde no haya corrupción, que no se use la necesidad de la gente para enriquecerse unos pocos. Una sociedad que respete a la tierra y piense en las generaciones futuras, que respete los derechos de los pueblos originarios, como así también de quienes vienen a nuestro país buscando trabajo y un mejor vivir. Una sociedad donde no haya muertos ni víctimas por el narcotráfico. Una sociedad donde no desaparezca nadie, por ningún motivo. Una sociedad donde las leyes no sean letra muerta o no se retuerza el contenido a beneficio del gobierno de turno. Una sociedad donde el salario alcance para que no falte la comida en la familia y para mucho más.
Simple, la sociedad que queremos todos. Y no es un slogan.
Y ojalá de aquí en más podamos leerlos más allá de las intenciones explícitas, para no dejarnos engañar por tanto marketing político. Ojalá podamos tener la lucidez suficiente para ir más allá del slogan.
Porque cuando nos definimos como trabajadores que luchamos por mejores condiciones laborales o salario digno no nos preguntamos qué slogan creíste o compraste. Cuando se muere un chico por balaceras entre narcos, no preguntamos a quién votaron sus padres. Cuando vamos al supermercado, la cajera no nos pregunta a quién votamos antes de decirnos el precio. Cuando una madre llora a su hija perdida o muerta el único slogan válido es Ni una menos!.Cuando se mueren personas por causa de agrotóxicos no preguntamos si votó al gobierno que lo permitió, sólo rechazamos y repudiamos.
Ojalá podamos detenernos y mirarnos como sociedad, desechando fórmulas que dividen. Ojalá podamos mirar al otro a los ojos y reconocernos como seres humanos que queremos una Vida digna. Porque lo merecemos. Porque es nuestro derecho y ese debería ser nuestro “grito de guerra”.
Es una expresión de deseo, un anhelo mío, quizás tuyo. Seguro, un anhelo colectivo.
Publicado por Río Bravo el 1º de febrero de 2016.





