Lo dijo la última Encuesta Permanente de Hogares del Indec: la política del kirchnerismo logró que el 10% más rico de la sociedad argentina se lleve el 30% de la riqueza generada por todos, y para el 10% más pobre sólo queda el 1,4%. Son datos oficiales.
Para mantener esta situación, el gobierno de Cristina Fernández coloca a Berni en la Secretaría de Seguridad, al genocida Milani en la conducción del ejército y reconoce como representante de obreros al “agente leal y útil” Gerardo Martínez. En nuestros barrios, cuando reconocemos a un fascista, lo menos que hacemos es cruzar de vereda. La presidente no tiene empacho en subir a su palco y llamar “Gildo”, así, por su nombre de pila, a un represor mataindios.
Agarran esos edificios, testimonios de la desaparición y la tortura, para sus asados, para las fiestas, para retiros espirituales de los yuppies de la política; los decoran para mostrarlos como souvenires del dolor, museo de una historia que ya fue, fantasmas de un viejo pasado, para convencernos de que represión era la de antes.
Se rodean de represores porque, como en los ’90, su modelo no cierra sin represión.
Traición a la patria
La “década ganada” es, por ejemplo, haber convertido en entrega lo que pudo haber sido un acto de soberanía, como el pago de los 5 mil millones de dólares a Repsol. Repsol es deudor de la Argentina por incumplimiento de sus obligaciones; sin embargo, por un mágico acto el gobierno K pasó a reconocerlo como acreedor. Lo que menos importa es si el “marxista” Kicillof dijo o no dijo que no se le iba a pagar nada; la realidad es que hoy tenemos un bono de deuda por U$ 5 mil millones pagaderos al valor que se les ocurra a los usureros. No cierra sin represión.
Pagaron 500 millones de dólares, una fortuna, a los fondos buitres que ganaron juicios en el Tribunal del Banco Mundial. O sea, nos jugaron en su cancha, con sus leyes de juego, pusieron los árbitros y relatores y el gobierno les aplaude la goleada y les paga – ¡otra que la coca y el sánguche!- la fiesta, la vuelta olímpica y la copa de oro. Como si les gustara, siguen negociando nuevos acuerdos con esos fondos buitres.
Para continuar acrecentando la deuda externa, se arrodillan y acuerdan con el Fondo Monetario Internacional nuevos dibujos y truchadas en el Índice de Precios y en el índice de crecimiento del PBI. Mandaron a Kicillof a abrir negociaciones con el Club de París para seguir pagando la usuraria, fraudulenta y odiosa deuda de la dictadura. El pronóstico prevé nubes de ajuste para pagar deuda. O sea, no cierra sin represión.
La inflación, el brutal ajuste que aplicaron al pueblo con la devaluación del peso, el techo rasposo que quieren imponer en las paritarias, los impuestos regresivos (con reformas tributarias, como la que en Entre Ríos ofrendaron algunos “representantes” de los trabajadores) son un atentado criminal contra la “mesa de los argentinos”. No cierra sin represión.
Con represión tampoco
A veces, una sola frase de su boca ahorra miles de explicaciones. Como la del jefe de policía que gritó “¡Hay que eliminar a ese!”, apuntando al presidente de la Federación Nacional Campesina en Pampa del Indio. Se pintan solos y de cuerpo entero.
Reprimen a los que reclaman. Penalizan, asesinan, encarcelan, gasean, golpean, al trabajador que pide mejor sueldo, al pueblo que pide agua potable, al que defiende nuestra soberanía ante las multinacionales extractivistas y contaminadoras, al que pide un pañuelo de tierra para trabajar y producir, a la familia que necesita un pañuelito de tierra para plantar su casa y criar los hijos, al que quiere trabajar, al que necesita un hospital para no enfermarse o curarse, al que quiere estudiar, al originario que prefiere su monte a la soja de los pooles. Reprimen a los que se solidarizan con los reprimidos.
Todavía no se dieron cuenta, pero la represión no les rinde. La bronca de abajo impone mayor organización y unidad para luchar. Hasta los alcahuetes lo perciben y se ven obligados a –aunque sea- irse de boca. No hubo día de enero y febrero que no tuviera a cientos de argentinos en la calle movilizando, en un piquete, en una toma, en una asamblea, o en un escrache. Y la semana que ya empieza también estará teñida de la lucha. El 5 de marzo será una de las fechas claves con el paro nacional de trabajadores estatales y el no inicio que desde las escuelas se impuso frente al insulto de las paritarias tramposas. Y la lucha continúa.
Publicado por Río Bravo el 01 de marzo de 2014.

