“Prisión perpetua” dice el fiscal. La frase retumba en la cabeza de Andrea Soledad Zapata, esa mujer que hasta febrero de 2012 fue invisible para el Estado municipal, provincial y nacional. La tristeza se refleja en su rostro. A pesar de ser analfabeta, cree entender qué significa prisión perpetua. Igual mucho parece no interesarle. Toda su vida fue castigada. Primero por una enfermedad, después por un hombre y ahora por el Estado. Nadie escuchó su pedido de auxilio: una médica del hospital Masvernat dice no recordarla y el Copnaf prefirió no entrometerse.
Ella junto a su expareja, Víctor Javier Álvarez, fueron juzgados la semana pasada por los homicidios de Hugo y Gustavo, de 5 y 7 años respectivamente. El fiscal Gustavo Castillo pidió reclusión perpetua para el padrastro y la madre de las víctimas. Nada dijo el representante del pueblo de las instituciones del Estado que no atendieron los reclamos.
Castillo aseguró que la investigación arrojó suficiente carga probatoria para encontrar a Víctor Álvarez autor material del delito de homicidio calificado, agravado por alevosía y ocultamiento. Mientras que para la madre de las víctimas, Andrea Soledad Zapata, solicitó también la pena máxima por ser responsable de asesinato agravado por encubrimiento, sindicándole que “ocultó y colaboró”. No se tuvo en cuenta los pedidos de ayuda, las huellas que tiene su cuerpo de las tortura a las que era sometida.
La dura vida de Soledad comenzó a empeorar en noviembre de 2011 cuando conoció a Álvarez, un hombre que logró que un juez le otorgue la tenencia de sus dos hijos biológicos tras el divorcio con su primera mujer. Álvarez se separó de la madre de sus hijos porque ésta lo denunció por golpeador. En su dictamen a favor de Álvarez, el magistrado evaluó que el hombre le pegaba a su mujer, no a sus hijos. Pero durante el juicio, la exmujer de Álvarez, Vanesa Corrado, habló. Primero contó que fue secuestrada por Álvarez cuando tenía 15 años. “Pasé doce años con él”, le dijo al tribunal. Durante su cautiverio tuvo cinco hijos. Ella relató que durante varias horas era sometida a actos de inimaginable crueldad, hasta que pudo escaparse y denunciar el caso. Los datos aportados por la exmujer sirven para apuntalar los informes médicos, psicológicos y psiquiátricos que indican que Álvarez sabe lo que hace y lo disfruta.
Cerca del fin
En los últimos dos meses de 2011, mientras los políticos festejaban sus reelecciones, Soledad comenzaba a transitar un camino sin retorno. Álvarez, ese hombre que no inspira nada, comenzó a atarla y mortificarla. Le arrancó las uñas de los pies con una tenaza. Violó a sus hijos y también a ella. Le quemó la vagina con cigarrillos. Le quemó el cuerpo. Obligó a los niños a comer excremento. Cuando salía electrificaba la precaria vivienda, que en el frente tenía un kiosco que siempre estaba cerrado. La puerta de la habitación de Gustavo y Hugo eran conectadas a un cable directamente enchufado a 220 kilovatios para que no pudieran salir a la calle, por ejemplo durante los días 24 y 31 de diciembre.
En el 2012 no cambió para la familia. No hubo brindis por prosperidad. Al contrario, la situación se agravó. En el primer mes del año, Álvarez mató a Hugo de 5 y lo enterró en una habitación de la casa. Sus hijos biológicos compraron arena y cemento para tapar el cuerpo del nene con un contrapiso. El 22 de febrero mató a Gustavo con un fierrazo en la cabeza, pero esta vez no pudo ocultar el crimen. La madre, Soledad Zapata, salió a la calle con su hijo en brazos, pidió auxilio y la llevaron a un centro de salud y luego al hospital Masvernat, donde el niño llegó sin vida. Intervinieron la Policía y la Justicia, y el horror salió a la luz. En el barrio 80 Viviendas de Concordia, donde vivía la familia, nadie se dio cuenta de nada hasta que ocurrieron los crímenes.
La semana pasada finalizó el juicio. El forense por ejemplo detalló que en el cuerpo del niño encontró “que estaba desnutrido… tenía signos de abusos sexual…”. A esto se sumaban otras trece lesiones. En la escuela nadie se dio cuenta. En el vecindario tampoco. Nadie vio nada. Pero igual el representante del Estado quiere condena.
Fuente: http://judicialentrerios.blogspot.com.ar
Reproducido por Río Bravo el 27 de junio de 2013.

