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Domingo, 08 Noviembre 2020 09:56

PINO, por Alejandro Olmos Gaona

Escrito por Alejandro Olmos Gaona

El historiador y denunciador de la deuda externa como herramienta de sometimiento imperialista, Alejandro Olmos Gaona, recuerda en este texto a su amigo y compañero en las luchas por la soberanía, Fernando Pino Solanas. Una mirada desde lo íntimo, que también es político, para recordar y homenajear a este enorme referente de la cultura y las causas populares que acaba de partir, víctima de la pandemia de Covid-19.

PINO

Es difícil escribir algo cuando se ha perdido a un gran amigo, con el que compartimos 16 años de trabajos, de luchas, de algún enojo circunstancial, de permanentes intercambios de ideas, de visitas a tribunales a denunciar a funcionarios corruptos, y a otros que no habían cumplido con su misión de defender el interés nacional.

Su vida pública es conocida, porque se habla de sus acciones políticas, de su militancia desde joven, de esa excepcional carrera cinematográfica que le deparó los más importantes premios internacionales, también de muchos memorables discursos en el Congreso de la Nación.

Hoy en las redes sociales hay cantidades de referencias sobre cómo sus documentales formaron a generaciones de luchadores, que se sintieron identificados con sus ideas, con sus propuestas con ese denodado trabajo por la preservación de los recursos naturales, la defensa del ferrocarril, el cuidado del ambiente, las denuncias por el endeudamiento externo, donde cuestionó a presidentes, ministros, legisladores, funcionarios, en un trabajo, que no conoció de descansos, ni paréntesis, ni aflojadas, porque siempre estuvo presente en esas luchas por la defensa de la Nación.

Quizás lo que no trasciende, lo que poca gente conoce, solo unos pocos de los que fuimos sus amigos, fue ese trabajo incansable que comenzaba apenas empezaba al día, y terminaba a las mil, imaginando proyectos, siguiendo con sus documentales (uno terminado sobre el proceso creativo de artistas como él, Yuyo Noé y Tato Pavlovsky), peleando en diputados primero y después en el Senado, donde jamás apoyó un proyecto contrario a sus convicciones, y donde por el contrario trabajó como pocos para cambiar todo un sistema legal que nos condicionaba. Y allí están cantidades de proyectos de ley sobre entidades financieras, minería, ética pública, inversiones extranjeras, ministerio público fiscal, auditoría de la deuda, ambiente, humedales, la protección del cine argentino, y tantos que sería muy largo citar.

No era raro que me llamara a las siete de la mañana o muy tarde a la noche, porque se le había ocurrido algo que nadie había pensado y que le parecía importante ponerlo en ejecución. No descansaba nunca, ni aún en sus viajes fuera del país, donde estaba pendiente de todo lo que ocurría, siempre imaginando algo nuevo para emprender, porque nada le era ajeno de lo que pasaba. Hace muy poco, antes de viajar a Roma, hablamos sobre la deuda externa, y le mandó una carta al presidente para que no volviera a ceder ante los acreedores.

Tampoco se conoce que toda esa tarea la hacía con una salud que no era demasiado buena, con afecciones que tuvo, sobreponiéndose a muchas de ellas, porque seguía siempre adelante, sin que obstáculos ocasionales superaran una voluntad que no se doblegó nunca ante las adversidades.

Duele mucho que se haya ido de esta manera, que esta vez el virus maldito pudiera más a pesar de que lo enfrentó como pudo. Pero quedan los testimonios de su trabajo, sus documentales, mucho de lo que escribió en defensa del patrimonio público, y fundamentalmente el ejemplo de toda una vida de lucha que comenzó desde muy joven y que no supo de sometimientos y claudicaciones.

Desde donde esté, seguramente nos va a seguir impulsando a seguir adelante, a mostrar que “es posible” como le gustaba decir, y lo vamos a recordar siempre. No hay posibilidad alguna que olvidemos a un grande como él.

Texto y fotos publicados por el autor en su muro de Facebook, reproducidos por Río Bravo el 8 de noviembre de 2020.

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