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Jueves, 27 Agosto 2020 08:00

Los huevos fritos y el hambre en la dictadura

Escrito por Claudio Puntel

Las declaraciones golpistas de Duhalde, los discursos contra la democracia en las marchas anticuarentena, su difusión acrítica en los medios monopólicos, no son broma. No son conceptos de un viejo gagá las expresiones al servicio de la desestabilización. Hoy activan la memoria más profunda.

Leí opiniones que hacen un corte generacional para fundamentar que quienes no la vivieron son incapaces de medir lo terrible de una dictadura. Para ser consecuentes con esa idea deberíamos pensar que nos daría lo mismo tener un virrey, total no vivimos en carne propia la opresión colonial.

Habrá también quienes para blindarse planteen que la memoria de nuestros 30.000, la tortura, la maquinaria del terror, las privatizaciones, la timba financiera y el desguace del aparato productivo nacional son asuntos demasiado ideológicos. Como si no bastaran los principios y las convicciones o la indignación ante lo que nos lesiona como humanos. Como si la política y la ideología no tuvieran ninguna determinación en la vida cotidiana.

En un fugaz repaso por los bolsillos de la memoria recordé entre tantos a un profesor de mi escuela primaria. No lo nombraré por una cuestión de pudor, no sé si él no hubiera preferido reservar el episodio a la esfera más íntima.

Mi profesor de Educación Física fue cesanteado en 1977, justo cuando empezábamos nuestro último año en la primaria. Tenía una beba de pocas semanas. En los postes y las paredes del pueblo aparecían pegatinas que encabezaban con "Cesante por agitador". Alcahuetes y correveidiles, con su inclinación al chismerío hacían correr las acusaciones. Tal vez inconscientes de cuán graves podían ser las consecuencias de aquél señalamiento.

Lo cierto es que nuestro profe no huyó ni se escondió. Desatendiendo la orden de cesantía seguía concurriendo a la escuela, seguía dándonos clases. Tal vez cumpliendo con la idea de que al mantener la asistencia tendría chances de recuperar el cargo en algun futuro. Mientras tanto, compañeros cercanos eran detenidos, y otros, desaparecidos.

Los gurises nos enterábamos de muy pocas cosas, y no podíamos imaginarnos que aquellos cartelitos siniestros hablaban de nuestro profesor. Mucho menos nos dábamos cuenta que durante aquél año nos daba clases sin salario. 

En el mes de septiembre nuestra escuela organizó una feria de ciencias. Un grupo de gurises hizo una muestra sobre el arroz, una producción importante por aquellos años en nuestro pueblo. Crearon maquetas de las plantaciones, las taipas y aguadas, las máquinas y herramientas, la reproducción de un molino arrocero y la explicación paso a paso del cultivo y su elaboración. Luego mostraban el final del proceso, con el arroz empaquetado y diferentes platos elaborados con arroz. En una mesa había una fuente repleta de arroz con huevos fritos. Como diez huevos fritos.

El profe atendía las láminas, recorría las exposiciones de los trabajos y daba algunas vueltas alrededor de la fuente donde brillaban los huevos fritos. Ni el arroz con leche, ni el budín de arroz. Su atención iba directa al más sencillo arroz hervido con huevos. Nos hacía bromas: "te apuesto a que me lo como" y cargaba un huevo frito con una espumadera. "A qué no, a qué sí..." y de repente "¡glup!", exclamó zampándose el primer huevo frito. Siguió bromeando hasta que se despachó casi todos los huevos de la fuente.

¡Qué bromista el profe!, pensábamos. Pero no había broma, el profe no nos soltó jamás una palabra sobre su situación. Todavía la inocencia infantil nos hacía confundir el hambre con un chiste ingenuo.

Y que vengan y nos digan que el hambre de un maestro, la falta de un plato digno en la mesa de su familia no tiene nada que ver con la política de una dictadura sangrienta. Que esos asuntos ideológicos reservados para "militantes" no rozan la vida cotidiana de nuestro pueblo. "¡Nunca más!" también es que nunca más un laburante tenga que comerse un huevo frito helado, ojeado por cientos de miradas, inventando excusas para disimular el hambre.

Publicado por Río Bravo el 26 de agosto de 2020

Modificado por última vez en Jueves, 27 Agosto 2020 13:07

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