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Martes, 31 Diciembre 2019 17:41

Cuando todo Santa Clara...

Escrito por Claudio Puntel

Con mi padre tuvimos acuerdos y disidencias. En los acuerdos llegábamos a ser empalagosos, por momentos parecía que nos dábamos la razón a lo pavote, fuera de todo juicio crítico. Y cuando nos enfrentábamos, eramos horribles, al punto de terminar a las puteadas y despedirnos sin saludarnos. También a lo pavote y lejos de toda posibilidad de pensar críticamente. Había un punto en el que siempre coincidimos: la admiración y el respeto por Ernesto Che Guevara.

Recuerdo que a poco de finalizada la dictadura juntamos unos pesos, compramos un par de máquinas y remozamos el viejo taller de soldaduras. Ampliamos el galpón y diseñamos un nuevo portón por el que entrarían los cientos de nuevos trabajos que avizorábamos esperanzados. Cuando instalamos el nuevo portón, corredizo, Lucio propuso que pintáramos un letrero: TALLER DE SOLDADURAS "CHE". Cero márketing, pero firmes de convicciones. La realidad política y económica no ayudó mucho y el taller se mantuvo a duras penas, con períodos buenos y otros muy flojos.

En el 89, me fui de mi pueblo y el viejo siguió solo con los fierros y las herramientas. Hasta el día de hoy, cada vez que necesito encontrarlo enciendo la amoladora o acaricio alguna maza y ahí está él, de nuevo, en los lugares que nos juntaban, con un tango y el convite a hacer un asado.

El otro punto de encuentro fue siempre la llegada del nuevo año, que siempre ameritó fiesta y alegría. Aquel año nuevo de 1998 se unía todo, la juntada y los 40 años de Santa Clara y del triunfo de la Revolución Cubana. A la hora del brindis ocurrió algo inesperado, en el equipo de música empezó a sonar el "Hasta siempre" y nos pusimos a cantarlo a grito pelado; Lucio, que siempre enarbolaba la V de Victoria, aquella vez levantó el puño cerrado. Así recibimos el 1998.

Volvimos a encontrarnos en la Semana Santa para terminar juntos un trabajo y al mes siguiente sufrió el ACV contra el que estuvo luchando durante casi 20 días. Entiendo que le falló una arteria malformada, pero también sé que el ajuste neoliberal y la falta de trabajo fueron el principal atentado contra su salud.

Hoy, con la noticia del fallecimiento de Pombo, los recuerdos se realimentan y seguramente volveré a sentir muy cerca el brazo entrañable de Lucio. Y volveré a verlo con el puño en alto. Aunque ni el viejo galpón, ni su portón corredizo existan más, volveré a brindar para que en ningún hogar de nuestro pueblo falten el trabajo y la alegría del encuentro.

¡Por un 2020 de luchas y conquistas!

¡Salud, viejo!

Modificado por última vez en Lunes, 06 Enero 2020 00:40

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