Martes, 01 Mayo 2012 21:38

La bufanda de Ateo

Escrito por * Paola Robles Duarte
Esta mañana, como cada año desde 1943, se realizó en el Cementerio Municipal el homenaje a los mártires de la ‘Matanza de Plaza Independencia’ ocurrida en la ciudad el 1º de Mayo de 1921, mientras se conmemoraba por primera vez el Día Internacional del Trabajo. Con motivo de la fecha, una entrevista a Ateo Alcides Jordán, hijo de uno de los iniciadores del movimiento obrero en Gualeguaychú y su continuador…

Ateo tiene 73 años y una caja de tesoros: un libro que agotó  su primera edición de 100 ejemplares, una fotografía con Osvaldo Bayer, premios literarios, plaquetas como homenaje de los trabajadores, recordatorios del sindicato que alberga sus esperanzas, hijos y nietas, el cálido recuerdo de los alumnos de las escuelas “Gervasio Méndez” y “Héroes de Malvinas”, un puñado de recortes de diarios, el ejemplo y el inmenso amor por su padre Ángel Nicolás Jordán.
Ateo Alcides Jordán nació el 1º de julio de 1939 en Gualeguaychú; hijo de un hogar humilde, fue sobre todas las cosas hijo de aquella jornada del 1º de mayo de 1921 en la entonces Plaza Independencia (actualmente Plaza San Martín); y durante toda su vida custodio de la bandera que la denominada Liga Patriótica fue a reclamar a la concentración obrera aquel día, cerca de las 15, y por la cual se desató la matanza. Pero esa es una historia que vendrá más adelante…
La tarde fría de un abril que se despide, fue la escogida para encontrarnos con Ateo. Comenzaron las palabras y el mate a entibiar el encuentro; y como si fuera una larga bufanda de tiempo, Ateo comenzó a tejer la historia…
 
Agus Spies, mártir de Chicago: “La voz que intentan sofocar será más poderosa en el futuro que las palabras que pudiera yo decir”
“Quiero contar la historia de cómo nace la conmemoración del Día Internacional del -Trabajador. En Estados Unidos, en 1984, se reúne un congreso nacional de trabajadores estadunidenses, en el cual se decide dar dos años de plazo a las patronales para que se pongan al día con la legislación laboral vigente. Nadie respetaba la ley sancionada en 1829,  la gente trabajaba 12 o 14 horas, aunque lo que mandaba la ley  era claro:  que el obrero debía trabajar 8 horas, tener 8 horas de instrucción y otras 8 horas de descanso. Entonces, en 1886 se cumple ese plazo de dos años sin que ningún patrón haya respetado o cumplido esta ley. Los trabajadores llamaron a una huelga general y más de 5.000 manifestaciones paralizaron los Estados Unidos. Empezaron los ‘mítines aclaratorios’ en una fábrica metalúrgica: una comisión de delegados le explicaba a los obreros acerca de por qué era necesario realizar el paro. Estos trabajadores fueron salvajemente reprimidos por las fuerzas de seguridad, que a sablazos y garrotazos querían disolver el acto que se estaba realizando. En esa época predominaban, en la lucha por las 8 horas de jornada laboral, los anarquistas y comunistas que eran muy habilidosos para hacer bombas caseras; así es que parte una bomba hacia el foco de la represión policial, matando a un efectivo e hiriendo a unos cuantos más. En un rápido accionar, el gobierno norteamericano arma una causa federal y van presos todos los organizadores de la manifestación.
La Justicia entonces condena a esos trabajadores a la horca. Empiezan las apelaciones, el pedido de clemencia al tribunal por la vida de estos hombres. El 11 de noviembre de 1887 van a la horca Adolf Fischer, alemán de 37 años; Augus Spies periodista alemán de 31 años;  Albert Parsons norteamericano de 39 años y George Engel, tipógrafo alemán de 50 años. Louis Linng, un tipógrafo alemán de 22 años, no soporta la injusticia a la cual fue sometido, y se suicida en su celda.
Se equivocaron quienes supusieron que iban a callar al movimiento internacional enviando el mensaje de la horca a todo aquel que se animara a salir a luchar por las 8 horas; quisieron apagar un incendio con nafta y en todo el mundo explotó la profunda indignación de los trabajadores, y raíz de estos hechos comenzaron los actos todos los 1º de mayo en distintos lugares, ya que se considera ese día como el inicio de la lucha por las 8 horas de trabajo.  En julio de 1889, la Segunda Internacional Socialista, declara el 1º de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores. Anteriormente, un congreso de trabajadores europeos había reconocido como tal la fecha, pero aún no se había internacionalizado. 
La Argentina no podía estar ajena a estos acontecimientos, y el 1º de mayo de ese año se realizó la primera manifestación en el Prado Español conmemorando el Día Internacional del Trabajador. A partir de esa fecha, todos los 1º de mayo se realizaban  actos en varios lugares del país. Se salía a la calle, se hacían huelgas contundentes en protesta por las 8 horas de trabajo; siempre había represión y muertos en cada manifestación. Podemos decir que ya hacia 1907 anarquistas, socialistas y comunistas eran los que conducían las medidas que se llevaban adelante en nuestro país. En 1909  una movilización de estos tres sectores se convocó en Plaza de Mayo; estaban ya los lugares preparados para el ingreso de las columnas cuando el coronel Ramón Lorenzo Falcón, Jefe de la Policía de Buenos Aires, reprime a los trabajadores, asesina a 8 anarquistas y hiere más de 200. El anarquismo siempre desquitó sus muertos, y a raíz de esto un joven obrero anarquista, Simón Radowitzky, comenzó a seguir a Falcón para matarlo.  Pero este viejo bandido sabía que los anarquistas jamás mataban cuando iban acompañados por niños o por mujeres; entonces salía a todos lados rodeado de sus nietos, hasta que un día se descuidó. Salió con su secretario y con su chofer, que era de Gualeguaychú, de apellido Landaburu. Radowitzky  los tomó por sorpresa y los tres murieron por la explosión de una bomba. Al joven obrero lo apresaron y lo enviaron confinado al penal de Tierra del Fuego, luego de 21 años de presidio lo indultaron por la lucha de todo el movimiento obrero y lo llevaron a Montevideo. Finalmente, murió en México, luego de combatir en el bando de los republicanos en la Guerra Civil Española, pero esa es otra historia…”
 
La Liga Patriótica Argentina
“En 1919, a raíz de los despidos de dos delegados de la fábrica VASENA, una metalúrgica de capitales ingleses, las fuerzas de seguridad mataron a cuatro obreros metalúrgicos en una manifestación: dos de ellos fueron enterrados al otro día; ambos eran sindicalistas. Entonces, los trabajadores los llevaron a pulso al cementerio de La Chacarita.
El 3 de enero de 1919 se formó la Liga Patriótica Argentina, mercenarios a sueldo entrenados en el Ejército Argentino, nucleados por la burguesía y los terratenientes, para sofocar las huelgas obreras. Manuel Carlés, diputado radical asociado a los conservadores, fue el primer presidente de la Liga Patriótica Argentina. Tenía filiales en todo el país, se fue formando en las provincias como una fuerza paramilitar. A cuatro días de su fundación, tuvo su bautismo de fuego en el conflicto de VASENA.  Ese 7 de enero de 1919 los trabajadores transportaban en sus manos los féretros de sus compañeros muertos en la represión y cruzaron por el Convento del Sagrado Corazón de Jesús, allí los estaban esperando… Mataron a más de 200 en esa emboscada conjunta con la Iglesia. El féretro seguía caminando. Pasó por la fábrica y allí estaban esperando a los trabajadores el testaferro Vasena y el directorio de ingleses junto a la Liga Patriótica. Ahí mataron cerca de 1.000 trabajadores más. La columna siguió avanzando y llegó a La Chacarita, pero cuando estaba por hacer uso de la palabra un dirigente anarquista, los ametrallan y les quitan los féretros. Se combatió toda la semana con la intervención del Ejército Argentino, porque el Departamento de Policía estaba desbordado frente a semejante rebelión. En esos enfrentamientos murieron más de 1.500 obreros en una lucha sin cuartel; los hechos fueron conocidos posteriormente como la ‘Semana Trágica’.”
 
Comenzaba a nacer el movimiento obrero gualeguaychuense
“En 1921 mi padre organiza el Sindicato de Obreros Panaderos; tenía 20 años. Con unas pocas organizaciones, que eran incipientes sindicatos, como por ejemplo los trabajadores del comercio y los ‘carreros’,  que eran muy poderosos para la lucha porque todo llegaba en barcos y se distribuía en la ciudad por carros. En esa época se formaban unos terribles pantanos si llovía, se armaban doble o triple fila de caballos para poder salir y la Del Valle era angostita y tenía apenas unas pocas cuadras más después de Rocamora. La salida del puerto era por la calle Alem, que se llamaba justamente ‘Del Puerto’, en la que abundaban profundos pozos y se volvía un pantano también en los días de lluvia.  Los ‘carreros’ distribuían toda la mercadería que llegaba. Mi viejo contribuyó con esas organizaciones para que se formaran sindicatos que confluyeran en una Federación Obrera Departamental de un claro corte anarco-socialista. Estos trabajadores se organizaban para luchar por las 8 horas de trabajo y estaban apoyados por la Federación Obrera Marítima que de 1916 a 1921 fue el sindicato más poderoso del país: si tocaban a un trabajador se paraban todos los puertos, en una época en la que se conocía a Argentina como ‘El granero del Mundo’. Aquí había venido a ayudar a construir Ramón Suárez, un gallego socialista fundador del Partido Comunista, que seguramente vino corrido de España. Ramón era representante de los marítimos de Buenos Aires y llegó a Gualeguaychú a organizar a los obreros para luchar por las 8 horas de jornada laboral. Se hicieron huelgas grandes en toda la provincia, y logró arraizar en varios lugares. El incipiente movimiento de mi padre estaba apoyado por él, incluso se habían hecho grandes amigos.”
 
La masacre de la Plaza Independencia
“El 1 º de mayo de 1921 se solicitó la Plaza Independencia (hoy plaza San Martín), para reclamar las 8  horas de trabajo. La Liga Patriótica Argentina también pidió la plaza para celebrar el ‘Pronunciamiento de Urquiza’, que se conmemora el mismo día. Ese pedido ya vino disfrazado porque habían librado un comunicado para toda la Liga de Entre Ríos, dándose cita en ese acto con intención de reprimir a los obreros que iban a estar en la plaza. El gobierno le concedió a la Liga Patriótica Argentina la plaza por la mañana y un desfile por calle 25 de mayo que concluiría en un almuerzo en el Hipódromo de la ciudad. Allí  hicieron ocho vaquillas con cuero y ocho bordelesas de vino, cada una de 200 litros. Toda la gente que trajeron eran paisanos de las estancias para quienes el patrón era la bendición en muchos casos; y los estancieros, los patrones, les habían dicho que habían venido a reprimir unos rusos que querían cambiar la Bandera Argentina por un sucio trapo rojo. La Policía les comunicó a los obreros que se les concedía la plaza desde las 15 horas para hacer el acto.
Supuestamente, a las 14 la Liga Patriótica tenía que desconcentrar y salir de la ciudad, pero no lo hizo. Calcularon la iniciación del acto de los obreros e hicieron un acto ellos en el Hipódromo en el que habló el diputado radical y presidente de la Liga, Manuel Carlés; el senador provincial Alberto Montiel y un estanciero de Talitas, Eusebio Muñoz, quien termina el discurso arengando a los paisanos con las palabras: ‘¡A sacarse el poncho que en el otro mundo no hace frío!’. Así los invitaba a enfrentarse con los obreros. En calle Chalup y San Martín se dividieron las brigadas para el combate. La Brigada Blanca, por sus caballos tordillos, la encabezaban Alberto Montiel y Tomás Pauletti de Larroque. Ellos ingresan por calle 3 de Febrero, quedándose media cuadra antes de la plaza. En la esquina de Chalup y San José se repartían las armas que escondían en una ambulancia disfrazada. La Brigada Negra, llamada así por los caballos de pelaje oscuro, encabezada por el diputado nacional Francisco Morrogh Bernard y el ex comisario Sixto Vela, ingresó por Chalup -en aquel momento denominada calle Chile-. En esta última delegación se encontraban los hermanos Luciano, que les decían ‘los botas fieras’ porque se habían comprado unas botas que nunca lustraban y entonces se ganaron ese apodo. Morrogh Bernard, Vela y los hermanos Luciano fueron a pedir la bandera de los trabajadores. El Jefe de Policía envió un grupo de efectivos para conducirlos hasta la Jefatura para que no haya derramamiento de sangre, y los obreros se negaron a darle a la Liga Patriótica la bandera del acto. En la comisión que se había designado para hablar se encontraba mi padre.  El palco de los trabajadores, ubicado donde se encuentra ahora el monumento a Artigas, eran seis mesas que tenia la confitería de la esquina y la escalera para subir a ese precario escenario era una silla.  Cuando estaba por empezar el acto, llegó la Liga Patriótica. Volvieron a pedir la bandera y como los obreros no se la concedieron, Vela caminó hacia la Iglesia San José, y según mi viejo, al cruzarla hizo una seña con el brazo de arriba hacia abajo y ahí retumbaron los primeros tiros que venían desde el campanario. Estaban complotados con la Liga los curas Colombo y Vela que eran párrocos de allí. Seguramente estaban apostados desde temprano los tiradores que, con gran destreza, dispararon sobre los trabajadores. La bandera de los manifestantes no iba enarbolada, porque era una bandera de arrastre. De un extremo la llevaba el Negro Ángel Silva, changarín hijo de esclavos, y en el otro Celedonio Iglesias, de la Federación Obrera Departamental. Mi padre no se acordaba quienes iban en el medio. A Silva lo asesinaron de un balazo en la cabeza y a Iglesias le dieron dos tiros en el estómago.”
 
¿Cuántos obreros murieron esa tarde?
“El único obrero que murió en la plaza fue el Negro Ángel Silva, producto de la crueldad de esa bala. Según mi padre, murieron en total 17 obreros, los cuales están publicados en mi libro ‘Cien años de historia en la lucha obrera’ con nombre y apellido; pero yo descubrí que había dos más. No he podido recopilar mayores datos; de uno de ellos murió el hijo y del otro la familia no quiere hablar del tema. No están ninguno de los dos inscriptos como fallecidos ni en el Registro Civil ni en el cementerio, lo que quiere decir que están enterrados en una casa como se hacía antes. Anduvimos buscando acerca de Juan José Arévalo, que era uno de los sindicalistas; fuimos con mi padre a la casa familiar allá por el año 1950 a buscarlo por el barrio Franco; todavía no había nada más que barro y charcos en aquella zona, había llovido aquel día que fuimos. Los ranchitos estaban hechos de lata de aceite como era para el pobrerío. Llegamos a la puerta de un rancho chiquito del que salió un matrimonio jovencito con un bebé en los brazos. Este muchacho era el hijo de Juan José Arévalo, tenía algo así como un año cuando murió el sindicalista. Mi padre le explicó que andaba buscando el féretro de Arévalo para unirlo con sus compañeros en el Monumento a los Trabajadores sito en el Cementerio Municipal. El muchacho titubeó y nos pidió unos días para hablar con la familia. En esa semana le dio un infarto y se murió. No pudimos entonces dar con el cuerpo de Juan José. Papá sabía que habían sido, junto con Molina de calle Brasil y San Juan, heridos en la plaza y que murieron en sus casas. Respetamos a la familia de Molina que nos negó esta situación, aunque sabíamos bien qué era lo que había ocurrido.
 
¿Cuántas personas fueron a la plaza para conmemorar ese 1º de Mayo?
“Se movilizaron más de 300 personas. Los trabajadores, socialistas y anarquistas iban con sus familias. Incluso en esa jornada murió una niña de 15 años y un gurisito de 4 años. A la Liga no le importó, tiraban a matar. La plaza no era como es ahora, tenia canteros largos y redondos, pero altos; esos canteros sirvieron como resguardo y permitieron que no murieran más personas. Los paisanos estaban en su mayoría borrachos, los caballos rodaban por el piso, porque venían del festejo en el Hipódromo. Fueron muriendo durante un tiempo los heridos de la plaza. Conocemos los nombres de los heridos que se atendieron en el hospital, pero no podemos precisar cuántos fueron en total. Por ejemplo, un comunista que estuvo ese día, fue el RengoPalacios. Mucha gente lo conocía y todos le decían Rengo, pero muy pocos sabían que había quedado así por un balazo recibido ese día en la plaza.  Hay que decir que quienes encabezaron la matanza fueron Francisco Morrogh Bernard y el comisario Sixto Vela que tiene una ‘linda’ historia. El último fusilado, según lo permitió la ley, fue en Mendoza. Nadie se animaba a matarlo y vinieron a hablarlo acá a Sixto Vela a ver si quería ser quien fusile al detenido. Vela viajó, lo mató y volvió contento.”
 
¿Qué ocurrió con los sindicatos después de ese día?
“El único sindicato que permaneció organizado fue la Federación Obrera Marítima que funcionaba en calle Perú, que hoy es Camila Nievas, entre Gervasio Méndez y Andrade.  Allí funcionaba también el Sindicato de Panaderos.
Desde esa manifestación del 1º de Mayo de 1921, los trabajadores fueron muy perseguidos en Gualeguaychú; los que hablaban de la matanza de la Plaza Independencia no conseguían trabajo y los mataban en el caso de que insistieran.  Incluso, el informe hecho por el Jefe de Policía  Lahittsobre lo ocurrido en la plaza en aquella jornada fue cambiado tres veces, hasta que lo arreglaron. En el último informe dice que las partes llegaron a un acuerdo y que se entregó la bandera, lo cual es una mentira.”
 
¿Qué pasó con la bandera?
“Mi viejo había ido con dos revólveres porque ya la noche anterior se sabía que iban a ir contra los trabajadores y sus sindicatos; andaban paisanos borrachos por las calles de la ciudad a los tiros. La Liga trajo los caballos por el ferrocarril, mi padre que vivía enfrente conocía todos los movimientos.
Cuando mataron a Silva y a Celedonio, cayeron al piso y con ellos la bandera. Mi padre la recogió y alcanzó a tirar con un sólo revolver porque el otro se le trabó; entonces corrió ligero para la zona de Tribunales, adonde ahora está la Caja Forense, esa era la casa de los ‘botas fieras’ Luciano. Cuando mi padre cruzaba por ahí, le salieron los para matarlo, pero las hermanas Luciano lo impidieron poniéndose delante de ellos y golpeándoles el pecho. Mi padre aprovechó esta situación y corrió hasta el sindicato. Allí había un pelotón de la Liga esperando que llegaran los heridos a la Federación para matarlos. Hasta que el Ejército rodeó a la Liga y les exigió que se retiraran; como la Liga no desistía, amenazaron con dispararles y entonces se fueron. Mi padre salvó la bandera obrera de aquel 1º de Mayo.”
 
Ángel Jordán fue uno de los que tuvo que huir cuando llegaron las represalias posteriores a lo ocurrido en la plaza. Siempre buscaron la bandera que era de color roja y tenía una inscripción en un círculo: Federación Obrera Departamental. Ese fue el primer acto en el que se usó y se volvió utilizar recién después de muchos años cuando se volvieron a reunir trabajadores de la ciudad a homenajear a los mártires de la Plaza Independencia.
 
¿Qué pasó con Ángel Jordán después de lo ocurrido en la plaza?
“Papá tuvo que huir y terminó en Concepción del Uruguay, contactado con otro anarquista, Juan Balsecci, que venía luchando en la Federación Obrera de Panaderos desde el año 1918. Allí participó de experiencias como ‘El Despertar del Obrero’ que fue una cooperativa que se creó a partir de la puesta en común de las indemnizaciones de trabajadores despedidos por armar el Sindicato de Panaderos. Esta cooperativa fue creciendo y luego abrió biblioteca y construyó viviendas para los trabajadores. Ahí trabajó papá. Luego tuvo que partir a Colón y cuando volvieron a perseguirlo consiguió trabajo en una arenera y se hizo muy compañero de Alfredo Palacios, líder socialista. Trabajó en el Puerto de Buenos Aires, y también en la empresa Mihanovich; formó parte del trabajo solidario desde La Federación Obrera Marítima con los trabajadores de La Forestal. Mi viejo que era el cocinero de noche, alimentaba a algunos indios que rescataba de su cautiverio.
Cuando volvió a Gualeguaychú formó su familia. Desde 1921 hasta 1937 anduvo disparando por la matanza de la Plaza Independencia. A cada rato nos rodeaban el rancho, allá por el año 1943. Me acuerdo que en las rondas a las 12 de la noche, la Policía pasaba a caballo. A veces venían y nos pateaban la puerta; los gurises estábamos enseñados que teníamos que seguir con lo que estábamos haciendo. Cuando sentíamos pisadas de más de un caballo, sabíamos que venían para entrar. Entonces le tirábamos la bandera del 1º de Mayo a nuestra corajuda vecina, Margarita Lavallén, que ya estaba avisada; y así salvábamos la bandera una vez más.
Papá volvió a trabajar de panadero, siempre fue perseguido en la cuestión gremial. Hubo un patrón de apellido Figun que lo quiso muchísimo y lo amparó. Allí, desde calle San Juan y Primera Junta, organizó nuevamente el Sindicato de Panaderos, con sede a una cuadra del Puerto. Consiguieron eliminar el trabajo nocturno, entre otras conquistas. Fue secretario 27 años del Sindicato de Panaderos. Murió en 1985 a los 88 años.”
 
¿Cómo surgió la iniciativa del monumento como homenaje a los caídos en Plaza Independencia?
“El Monumento a los Trabajadores ubicado en el cementerio municipal fue realizado por Ramón Suárez, este gallego que había venido a organizar a los trabajadores por las 8 horas de jornada laboral allá en 1921. Suárez lo diseñó; es una vela tronchada frente a la cual hacemos una misa todos los 1º de Mayo por la mañana.”
 
¿Qué le parece fundamental destacar un día como hoy?
“Los trabajadores tienen que tomar conciencia que para llegar a estas 8 horas que tenemos ahora, hubo gente que dio su vida. Los gobiernos no los reconocen, no se publica sobre esto. Hay gente que cree que las 8 horas cayeron del cielo o que las dio Perón por decreto. Pero lo cierto es que hubo mucha gente que luchó, que murió, que fue perseguida, que tuvo que dejar sus familias y esto es lo primero que tenemos que decir. Pero después que se partidizó el sindicalismo, ni en los propios sindicatos se dicen estas cosas. Se ocultan estas cosas a veces por falta de educación y otras veces por viveza, porque no les conviene que el trabajador esté anoticiado de sus conquistas; cuanto más nos callemos más cómodos están. Los trabajadores tienen que tomar conciencia de esta lucha, desde lo que ocurrió con los mártires de Chicago, pasando por la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde hasta las otras luchas que tienen sus víctimas en la actualidad. El movimiento obrero peronista está enraizado, se va transmitiendo culturalmente entre las distintas generaciones, por eso somos fuertes; aunque a veces se nos meta gente como los Menem y estos Kirchner que no son peronistas,  los verdaderos peronistas vamos a seguir luchando.”
 
Historia del “sucio trapo rojo” que tanto atemorizaba a la Liga Patriótica
 
Ángel custodió toda su vida, con gran conciencia y amor de clase, la bandera de aquel 1º de Mayo; la tenía bajo llave. Pero cuando se descuidaba, Ateo junto a un amigo la sacaban de su lugar y la extendían en el piso. Eran gurises y entonces podían jugar a  contar los agujeros de la tela, que eran el recuerdo de cuatro balazos que la atravesaron. “Algunos confunden que había dos banderas ese día; pero no es así. Hubo solo una bandera. Esta bandera. La Bandera Argentina a la que a veces se hace alusión es la de la Federación Obrera de la República Argentina (FORA),  que vino mucho tiempo después”.
La bandera de la Federación Obrera Departamental que marchó aquel 1º de Mayo de 1921 descansa doblada adentro de una caja de madera y vidrio. Sobre ella Ateo colocó una cinta negra que simboliza el luto por los trabajadores caídos en aquella jornada. Ateo la custodia con devoción, como el más preciado legado de Ángel…
“Quiero contar por qué está así la bandera… parece descuidada, cuando antes estaba hermosa y en muy buenas condiciones”, dice Ateo y se dispone a relatar:
“En la dictadura de Onganía sentí que tenía que irme, que era demasiada la persecución. Un día llego a casa, ya estaba casado, y papá estaba quemando la otra bandera, la de la FORA. Le pregunté qué estaba haciendo y me dijo: ‘Andan los milicos casa por casa y no me quiero morir en la cárcel’. Entonces le pedí que me  diera la bandera del 1º de Mayo y salí a caballo con la bandera envuelta para resguardarla. A una cuadra del Corsódromo estaban los milicos revisando casa por casa. Siempre hicimos quinta, entonces en el fondo del terrenito de Goldaracena y Maipú hice un pozo grande; envolví la bandera en varias capas de diario y bolsas plásticas; conté 16 pasos desde el paraíso, hice un planito y la enterré.  Me fui de Gualeguaychú y la bandera quedó enterrada ahí por más de 10 años. Cuando volví al tiempo, de vacaciones,  no la pude encontrar. La busqué y la busque, pero no la pude encontrar.”
 
¿Cuándo recuperó la bandera?
“Me volví a Buenos Aires. Allá una compañera socialista me dijo una vez, después que le conté que no podía encontrar la bandera del 1º de Mayo: Mirá Ateo, la tierra gira al revés de las agujas del reloj, vos buscala al revés de lo que dice en el mapa y la vas a encontrar. Cuando vine a Gualeguaychú de vacaciones hice ese trabajo y la encontré. Las raíces del paraíso habían roto las bolsas y es por eso que se puso fea en algunas partes. Volví con la última dictadura porque no me hallé para vivir en Buenos Aires y afortunadamente pude recuperar la bandera.”
 
Tendremos que recuperar también la historia, como a un tesoro muchas veces perdido…

* Por Paola Robles Duarte -especial para GUALEGUAYCHÚ a DIARIO-, reproducido por Río Bravo el 1º de mayo de 2012.

Modificado por última vez en Martes, 01 Mayo 2012 22:14