Martes, 22 Enero 2013 17:46

A 20 años de aquél 21 de enero

Escrito por Silvina Suárez

Esta fecha no marca un cambio estacional. Sin embargo el 21/01/93 se llevo adelante la movilización más grande que se haya visto en Paraná en los últimos años del campo social. Un poco de historia, de esa historia que no figura en los manuales oficiales ni en los de las grandes editoriales.

Hasta ese momento las luchas populares, laborales o sindicales, estaban construyéndose con apenas muy frescos 9 años desde que la dictadura se había ocupado de aniquilar cualquier expresión de reclamos.

A pesar de eso la gente estaba dispuesta a repoblar los espacios. Bastaron cuatro dígitos: 8706, para poner en la calle miles de trabajadores peticionando sus derechos. El decreto 8706 dejaba en la calle a laburantes de manera arbitraría y quizás por eso llevó a disputar un espacio, la calle, que podía ser peligroso, era riesgoso, pero más grave era perder el trabajo.

Al igual que Moine ---gobernador de la provincia en ese momento y responsable de dicho decreto--- veníamos del campo laboral privado, él como patrón y yo como trabajadora, donde había una serie de conductas impensadas, tales como reclamar algo.

Ese 21/01/1993 yo venía de trabajar. Entraba a las 7hs., era cajera y salía cuando bajaba la demanda, a pesar de tener mi horario, sólo que las horas extras siempre eran necesarias. De ahí venía, cansada, con hambre, calor, sedienta; esperaba el cole para volver a casa, llevaba 40 minutos en la parada cuando me entero de la razón de dicha demora: el cole no pasaba por allí porque había una marcha. … ¿Una qué? UNA MARCHA.

SI, era una marcha, una revelación total para aquellos años y esa tarde tan calurosa de enero.

Era una columna de gente que avanzaba por calle Corrientes. Hacía solo eso: avanzaba. Comenzaba, salía de calle Colón y al caminar iban ocupando toda la calle, de cordón a cordón como cuando llueve; pero no era agua. Eran trabajadores reclamando por sus derechos. Para observar mejor me ubiqué en un alto que había de la catedral, dónde estaba antes esperando el colectivo de la línea 3. ¿Veía bien? ¿Eran trabajadores? Me refregué los ojos. Si señor, eran trabajadores despedidos por aquel decreto junto a sus familias. El resto eran trabajadores solidarizados con ellos y creo que público en general. Al frente traían una bandera verde con apenas tres letras, ATE. Después mis ojos se llenaron de lágrimas.

Ese 21/01 el cambio de estación lo hice yo. Supe que ese era mi lugar. Cansada, sedienta, hecha sopa de sudor y con hambre acompañe unas cuadras esa columna sabiendo qué no sería la última vez que caminaría con laburantes reclamando. Si bien ya estaba afiliada al Sindicato Empleados de Comercio, comencé a transitar el hermoso camino de ser militante.

Por aquellos años trabajaba, estudiaba y atendía mi casa. Era único sostén de familia, de eso me entere después. Mi marido había comenzado a trabajar de forma independiente y la “revolución productiva” se lo había llevado puesto. Al terminar mi carrera ---que fue ese mismo año--- ingresé al Estado (cuyos empleados habían protagonizado aquella marcha) como docente, bibliotecaria, y los primero que hice fue afiliarme a la AGMER. Al año siguiente ya era delegada.
20 años. Sigo siendo delegada. Sigo luchando y reclamando. UD. podrá decir que alguien que pasados 20 años está en el mismo lugar, no avanzó, no consiguió nada. ERROR. Aquellos trabajadores me enseñaron del orgullo de la lucha por los derechos, el orgullo de caminar con los compañeros, algunos se cansan, abandonan, traicionan; sin embargo hay otros, la mayoría, que continúan a nuestro lado marchando por las reivindicaciones de los trabajadores.

Publicado por Río Bravo el 22 de enero de 2013.