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Miércoles, 06 Abril 2011 18:48

El doble discurso no alcanza para embellecer el ajuste

Escrito por Lucio Saccardi
Si dice que es cebra, pero tiene pelo de cerdo, orejas de cerdo, patas de cerdo, cola de cerdo y buen tocino... ¿es cebra o cerdo?

 

A los subordinados sé tratarlos
con mano izquierda, les llamo camaradas,
ellos pregonan que soy muy campechano
y a cambio no me piden nunca nada.
(Joan Manuel Serrat)

 

Estoy convencido de que el travestismo político sigue vigente. Hay amigos que dicen que no es así, que ya fue, que es una moda de los ‘90 y que ahora la onda es ser nacional y popular. Confieso que la primera vez que me lo dijeron me alegré mucho, pensé en tanta gente amiga y y compañeros queridos que vivieron peleando contra tantas corrientes para mantener la coherencia en su compromiso con la nación y el pueblo. Al principio pensé que ahora todo se les haría más fácil.

 

Me llevó poco tiempo darme cuenta que lo que ahora se usa como nacional y popular ya es otra cosa, que vale más el envase que el contenido. El requisito de la nueva moda es, por ejemplo, citar a Jauretche para decir que “asesorarse con los técnicos del Fondo Monetario Internacional es lo mismo que ir al almacén con el manual del comprador escrito por el almacenero” y al mismo tiempo de decirlo, pedir asesoramiento al FMI. Ejemplos de ese tipo siguen sobrando y solemos ver más de un chancho enfundado en cuero de cebra.

 

Ahora bien, esta es una tendencia peor que la impuesta a fines del SXX. En los ‘90, llamábamos travestis políticos a aquellos que no tuvieron prurito en guardarse en un bolsillo los discursos “progresistas” de antes y enarbolar la más cruda bandera neoliberal. Era horrible verlos y escucharlos decir que se habían equivocado, que la culpa la tenían “los 40 años de estatismo” peronista, que “antes luchábamos para cambiar el sistema y ahora luchamos para entrar a él”, que Rojas y Alsogaray no eran tan malos tipos como se decía. Lo complicado es que hoy siguen pensando y actuando igual, mientras dicen que hacen todo lo contrario.

 

El doble discurso es el peor falseamiento de la realidad. Es el guante de terciopelo que oculta el puño de hierro. Como si así, los puñetazos fueran a doler menos.

 

Hay doble discurso cuando un gobierno que se dice nacional,  popular y democrático golpea en las zonas más sensibles y vulnerables. Pienso, por ejemplo en los alumnos de la escuela 188 de la Floresta, en los que siguen concurriendo y los que hace mucho no pisan un aula. A estos últimos los vemos todos los días: están en las esquinas de las avenidas haciendo malabarismos con pelotas de medias, lavando parabrisas en los semáforos, surcando las calles en los carritos cargados de papeles y botellas que otros tiran. Saben que la calle no es un buen lugar, pero allí pueden encontrar algo más que los dos pesos que vale su ración diaria del comedor escolar. No es difícil verlos. Me duelen desde que los veo y pienso que hay que hacer todo lo necesario para que puedan volver a la escuela. El gobierno de Urribarri también los ve y decidió que hay que hacer todo lo posible para que jamás regresen a su escuela y si llegaran a hacerlo, que allí no encuentren su lugar. Una vez les sirvió como propaganda que la Asignación Universal por Hijo ayudara a incrementar la matrícula escolar. Pero sin otro tipo de acciones de acompañamiento y apoyo, sin una reforma consensuada de las políticas educativas, sin aumento del presupuesto, aquel incremento de matrícula del año pasado duró un suspiro, apenas lo que demoraron en aparecer los primeros obstáculos a los nuevos alumnos.

 

La resolución 937, firmada la semana pasada entre gallos y medianoche, dispone la “recategorización” de un centenar y medio de escuelas entrerrianas. Lo que disimula esa recategorización es que implica el cierre de cargos docentes y directivos, de aulas y hasta posiblemente, de turnos. El bello nombre de “recategorización” esconde que donde antes, a duras penas, estudiaban 15 alumnos, ahora se amontonarán treinta. No falta atar muchos cabos para entender que si el problema era la deserción escolar, el remedio recetado por el CGE va a provocar más deserción.

 

La Presidenta del Consejo dice que es un trámite normal. Es penoso escuchar que ya “es normal” que las escuelas vayan quedando sin alumnos. Es falso que la mayoría de esos gurises no estén porque se han mudado a escuelas de otros barrios. Si bien hubo algunas migraciones masivas a nuevos barrios, con el consecuente pase de alumnos a otros establecimientos, acá lo que realmente pasó y sigue pasando es que los hijos de las familias más oprimidas no pueden seguir estudiando. Como en los 90', ellos siguen siendo la variable de ajuste y le sirven al estado para hacer una diferencia en el presupuesto. Lo saben el gobierno, la prensa alquilada y los funcionarios del CGE. Lo saben y lo ocultan. El silencio, la censura, la mentira y el querer vender gato al precio de liebre son el peor doble discurso. Los hechos desmienten cualquier verso por bien armado que esté; no pueden hacernos creer que es pradera de la sabana el barro de este chiquero.  

Publicado por Río Bravo el 06 de abril de 2011

Modificado por última vez en Miércoles, 06 Abril 2011 19:41

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