Jueves, 23 Febrero 2017 20:17

Carta a los profesores de mi hija

Escrito por Judit Ramírez

Con los salarios flacos y postergados, los docentes arrancan una vez más el año teniendo que dar pelea. Entre tantas críticas que reciben desde aquellos sectores que siempre los han atacado, vienen bien las palabras justas de una madre que sabe bien dónde está parada.

Como en cada inicio de ciclo lectivo con conflicto salarial, los docentes son puestos en la picota en el debate que instalan los medios masivos. Este año se conocieron además diversas amenazas a profesores en el marco del ejercicio de su trabajo, tanto a nivel nacional como en la provincia de Entre Ríos. 

En este contexto, se vuelve imperioso parar la moto, rescatar y valorizar aquello que hacen la mayoría de los trabajadores de la educación en las escuelas de todo el país. 

Judit Ramírez, madre de una egresada (2016) de la escuela secundaria Domingo F. Sarmiento, de la ciudad de Paraná, comparte con Río Bravo las palabras que escribió para dirigirse a los profesores de su hija y que bien podrían valer para describir (y reconocer) el trabajo de tantos otros docentes de la región. En tiempos en que dicho trabajo es cuestionado, vapuleado y atacado por diversos factores de poder (pero que además arrastran en esta desvalorización a algunos de quienes deberían pelear junto a los docentes en defensa de la educación pública); es un aporte que merece ser compartido, leído y discutido.

Carta a los profesores de mi hija -- Paraná, 30 de noviembre de 2016

Hoy es un día especial, mientras termina noviembre y la vorágine de estos tiempos nos apresura, he querido detenerme en este día, en esta etapa que termina y simplemente, disfrutar. 

Porque hay momentos en la vida en que las madres necesitamos esto. Simplemente, respirar profundo, soltar el aliento despacio, y permitirnos disfrutar.

Mirar hacia atrás y emocionarnos en esas imágenes que pasan volando. Imágenes de partos, de primeros pasos, de destetes y guardapolvos. Imágenes de juegos, de dientes caídos, de mochilas y tareas, de cambios de peinado y locuras en el pelo. Imágenes de piercing, de tatuajes y de estilos.

Y detener el tiempo en hoy… Y dar gracias.

Agradecer a quienes acompañaron ese crecimiento, a quienes asumieron la responsabilidad de enseñarles.

Quiero decir Gracias a los Profesores de mi hija. Eternamente GRACIAS. Porque lo hicieron Muy bien. 

Porque mientras las familias nos ocupamos de garantizar que tengan amor, cuidados, comida, ropa limpia, salud, vivienda, educación, proyectos.  Y muchas veces creemos que “les dimos todo”, no basta. No alcanza con todo eso.

Nuestros hijos necesitan más. Y mientras nosotros corremos para dárselos en este mundo cada vez más difícil, ellos quedan con otros. En la Escuela, con sus compañeros y con sus profesores que tienen la enorme tarea y responsabilidad de enseñarles, a cada uno de nuestros hijos, para que ese mundo difícil que nosotros no hemos podido cambiar no se les presente tan hostil. Para que puedan transformarlo, para que puedan estar preparados para inventar el mundo que sueñan. Ese, que nosotros no hemos podido aún.

Quiero darles las gracias a los preceptores que día a día la cuidaron, que se preocuparon si faltaba a clases, o que me enviaban una notita cuando salía antes o cuando entraba tarde. Porque en esa simple tarea, había un cuidado enorme de la integridad y la vida de mi hija.

Por las veces que le perdonaron una llegada tarde y en ese pequeño gesto había una consideración por la distancia que debía transitar para llegar a la escuela, o porque simplemente su cara de dormida los convencía. Y valoraron que estuviera en la escuela. 

Gracias por aquellas llamadas de atención, porque le enseñaron que había un trayecto que cuidar, y que no había que perderlo. Que su esfuerzo era valioso y tendría su recompensa.

Gracias a aquel profesor, que tan apasionadamente le transmitió ideas, que la fortalecieron y despertaron en ella el pensamiento crítico,  la sensibilidad hacia el otro, y el deseo de cambiar el mundo. Y aunque en casa tuvimos que resistir que viera mil veces esa película que él le sugirió, y nos repitiera solemnemente que los “hombres mueren, pero las ideas no”…aprendimos todos, que cuando el poder es tirano, y cuando las injusticias nos oprimen, por más que haya complicidad de los medios o el miedo nos haga pensar que no es posible, la mejor solución es unirnos y luchar. Fué muy grato escucharla y compartir largos debates en la mesa. Y saber, que aunque la Vida le presente injusticias, ella sabrá buscar la manera para vencerlas. Por eso, gracias.

Gracias a aquella profesora que no le perdonó que no cumpliera con la actividad o el Trabajo Práctico, porque aunque rezongara entre fórmulas y elementos, estaba aprendiendo el valor de la responsabilidad, del esfuerzo y la constancia.

Gracias a aquel profesor que le exigió más, y más, a pesar de que ella calculara que el promedio le daba para aprobar, “para zafar”, porque le transmitió que ella podía hacerlo mejor, que los desafíos siempre la harán crecer. 

Gracias a aquella profesora que le hizo tantas correcciones en su Trabajo de investigación, porque aunque se enojara y resignara horas de sueño y recreación, finalmente pudo sentir la satisfacción del trabajo terminado. Y en esa sensación, pude ver su amplia sonrisa por los logros alcanzados. En eso, aprendió que las cosas hechas con esfuerzo, son las que más se disfrutan. 

Gracias a todos los que día a día, mes a mes, año a año, la han acompañado y la han guiado. 

Gracias a todos los profesores de esta Escuela Pública, que le enseñaron con el ejemplo. Gracias en nombre de todos los padres.

Porque no sólo le enseñaron dentro de la escuela, sino también en la calle, defendiendo lo que consideraban justo. Defendiendo la educación que luego les darían dentro. Defendiendo la educación como derecho, no sólo de mi hija, y de los alumnos de la escuela. Sino el derecho de todos los estudiantes.

Y gracias, por la mejor lección de todas. La lección de la justicia y la dignidad.

Porque ustedes, les enseñaron a nuestros hijos que lo que está mal aquí, está mal en todos lados. Y que no importa si las malas acciones provienen del poder o la autoridad, les enseñaron que uno tiene el deber de denunciar lo que está mal. Que la dignidad de las personas es una cualidad que nos hace humanos y nadie puede avasallarla.

Que la justicia, aunque tarde, no debe convertirse en impunidad. Que la Escuela es el mejor lugar para enseñarles, que la hacen las personas y que debemos cuidarla entre todos. 

Gracias, porque aunque muchas veces su labor no tiene el reconocimiento que se merece, es bueno que sepan que las huellas que han dejado en las vidas de nuestros hijos no se borrarán. 

Y que los valores y enseñanzas que les han inculcado trascenderán las paredes de la Escuela, emprenderán vuelo y se multiplicarán en la Vida.

Por ellos, que ya egresan. Por los que vendrán y por las próximas generaciones. ¡Muchísimas gracias!

Judit Ramírez, Madre de una egresada.