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Domingo, 08 Marzo 2020 19:28

Los femicidios pasan, les inútiles quedan

Escrito por José Amado

Desde 2017, una joven madre denuncia por violencia a su pareja. El Juzgado de Familia N°1 dispone algunas medidas y entrevistas, pero todo sigue igual. Un hombre con trabajo y una mujer desocupada a cargo del niño de ambos, sin una familia que la pueda contener. Violencia física, psíquica y sexual, amenazas y hostigamientos. En noviembre del año pasado, le manda un mensaje a su amiga: “Cuando termine muerta por culpa de él, puede ser que la Policía y el Juzgado hagan algo”. Lo sabía, porque así le sucedió a muchas. Dice basta y se separa. El 31 de enero pasado, el hombre casi le arroja ácido muriático en la cara. Ella lo denuncia. Al hombre le imponen restricciones que le son notificadas el 6 de febrero. La chica se refugia en la Casa de la Mujer de la Municipalidad, y sigue recibiendo amenazas al celular. Tiene que volver a verlo porque la Justicia fijó un régimen de visitas al niño, y porque el hombre tiene todavía cosas de ella. El 1° de marzo se encuentran en su casa. La ataca, no alcanza ni a activar el botón antipánico, y la mata. Tal como le había dicho varias veces: “Si no sos mía, no sos de nadie”.

Dirán que se hizo todo lo que estaba al alcance: medidas de restricción, alojamiento en un refugio.

Dirán que si el hombre tomó la decisión de matarla, y ella tomó la decisión de ir a su casa, no había cómo evitarlo.

El Poder Ejecutivo culpará a la Justicia por no haberlo metido preso antes.

La Justicia se exculpará con las escasas herramientas que tiene a su alcance.

La Legislatura nunca dice nada.

O ni siquiera. Dejarán que pase la tormenta y nadie se moverá de su cargo, como sucedió tantas veces. Si no que le pregunten, por ejemplo, a la familia de Carina Pérez, asesinada en 2014 en el barrio Mosconi, luego de radicar denuncia en la comisaría quinta y pedir auxilio en la Secretaría de la Mujer de la Provincia. Ni el comisario ni la secretaria tuvieron la dignidad de dar un paso al costado. En cada femicidio aparece la desidia del Estado.

La careta se les cae, pero no tardan en volver a ponérsela.

Tratar de conseguir alguna información sobre la investigación durante la semana en que Fátima estuvo desaparecida, fue una misión imposible. Desde el Gobierno de la provincia se bajó la orden de que nadie hablara, y que el fiscal pusiera la cara. En la Fiscalía apagaron los celulares o simplemente no los atendían. Silencio de radio de punta a punta.

También resultó difícil oír una voz crítica en la Semana de la Mujer, ante la desaparición de una joven y la detención de la expareja, sistemáticamente denunciado. La marcha convocada por las amigas de Fátima, el sábado a la mañana, tuvo muy escaso acompañamiento. Les voceres del feminismo con cargos públicos en la provincia, a lo sumo compartieron en Facebook el pedido de localización de Fátima. Ahora serán les primeres en criticar algún título periodístico desubicado.

En Entre Ríos se procura que ningún grito haga tambalear el status quo. Los femicidios pasan, les inútiles quedan.

La Municipalidad comunicó que no tuvo responsabilidad en el caso, que se hizo lo que se debía hacer cuando la chica fue al refugio. También dicen que “parece que nada alcanza”: no parece, es!!!. Y no es que nada alcanza. No alcanzan las escasas medidas que toman los gobiernos frente a un diario genocidio de mujeres.

Nicolás Martínez no saldrá de la cárcel nunca más en su vida. Y así dirán que se hizo Justicia. ¿De qué sirve la perpetua? En diciembre de 2012 salió la Ley de femicidios, que impone la máxima pena al hombre que mate a una mujer mediando violencia de género. ¿Algún femicida se contuvo por esta norma? Ninguno. Los crímenes de género aumentaron. Ya no se cuentan por año, se cuentan por hora: hoy es 1 cada 12.

¿Nadie pudo acompañarla a la casa de Martínez el domingo 1° de marzo? ¿Y el control de las medidas de restricción? ¿Alcanza con un techo donde dormir? ¿Cómo se contiene y ayuda a una mujer que está en la calle, con un hijo de cinco años? La dejaron sola.

A Fátima la mataron por ser mujer, joven, madre y pobre, en el orden que cada cual quiera.

Los que tienen que hacer algo y le pagan para ello, o hacen lo que pueden o no hacen lo suficiente, o no hacen nada. Y este femicidio no los va a cambiar: mañana, pasado y el resto del año, cada uno seguirá en su lugar. Lo importante será que Martínez quede preso y que nadie pierda su cargo. Es la misma película ante cada femicidio.

Las únicas y los únicos que hacen algo están todos los días en el campo de batalla. Entre muchas organizaciones sociales y no gubernamentales, solo dos ejemplos: los talleres, capacitaciones e intervenciones para prevenir la violencia, en la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario del barrio Antártida; y la Asociación Mujeres Luchadoras Positivas, con Mónica corriendo casi sola atrás de cada pedido de auxilio de una mujer desesperada.

El proyecto de Ley de emergencia en violencia de género para la provincia ha perdido estado parlamentario varias veces en los últimos años. De la boca hacia adentro, este problema no es una prioridad para nadie que ocupe un cargo en los poderes públicos.

Las marchas y protestan se concentran siempre en la explanada de Tribunales. Está bárbaro que les rompan todos los vidrios que quieran e insulten a funcionarios públicos perpetuos privilegiados con haberes siderales. Pero cruzando calle Laprida, en la Casa de Gobierno y en la Legislatura, también hay vidrios que piden un golpecito, a ver si alguien escarmenta. Ahí están los que deben tomar decisiones ya para frenar este genocidio.

Publicado por Río Bravo el 8 de marzo de 2020.

Modificado por última vez en Martes, 10 Marzo 2020 21:13

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